Gears of war: secret invasion of Drifters

Sinopsis

Sinopsis: En un universo devastado por conflictos interminables, el poderoso Dr. Manhattan, cansado de la inmovilidad y la eternidad, decide intervenir en el destino de los mundos. Al descubrir un multiverso plagado de caos y esperanza, su atención se centra en un universo marcado por la guerra entre los humanos y los Locust, una raza surgida desde las profundidades de la tierra. Manipulando realidades y alterando la memoria colectiva, Manhattan transporta a la humanidad y sus enemigos a un nuevo mundo, recreando la ciudad de Jacinto como un bastión en medio del caos. Sin embargo, este mundo está plagado de tensiones entre las facciones humanas, la Coalición de Gobiernos Ordenados (CGO) y las Repúblicas Independientes (URI), cuyas ideologías divergentes dificultan la supervivencia conjunta ante un enemigo común. Mientras las fuerzas de los Ends y los Drifters convergen en este escenario, Manhattan observa desde las sombras, estudiando cómo estas civilizaciones luchan no solo contra sus enemigos, sino también contra las limitaciones de su propia naturaleza. ¿Podrá este nuevo orden coexistir en un equilibrio frágil, o será consumido por la misma destrucción que Manhattan intenta comprender?

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prologo

En un paraje desolado, bajo un cielo teñido de rosa, una figura humanoide de piel azul permanecía sentada en una roca. Completamente desnudo y sin mostrar ninguna emoción en su rostro, contemplaba el vacío del firmamento. No quedaba rastro de vida, y millones de años habían pasado desde la última vez que se había sentado allí. Él era el último ser vivo en un vasto universo muerto.

Dr. Manhattan, o Jon Osterman como alguna vez fue conocido, se levantó lentamente. Antes de convertirse en un ente poderoso, fue un científico en física, obligado por su padre a seguir una carrera que no deseaba. Su pasión, la relojería, había sido vista como una pérdida de tiempo, un capricho sin valor. Sin embargo, para Jon, ajustar las agujas del reloj era algo más que un pasatiempo; era una manera de dar sentido al tiempo mismo. Pero esos días estaban enterrados en un pasado lejano, y ahora, solo quedaba Dr. Manhattan, un ser destinado a vagar por todas las dimensiones de la existencia.

—Estoy harto de este mundo —murmuró, su voz resonando en la nada. Hacía tiempo que no sucedía nada, millones de años de inacción. Era hora de abandonar este mundo.

Con un movimiento de su mano derecha, abrió una brecha dimensional frente a él. En la brecha, se reflejaban diversas realidades, cada una ofreciéndole un vistazo a lo que podría ser. En la primera, un joven luchaba contra una bestia repugnante, vestido con un traje azul y una “S” en el pecho. Manhattan reconoció de inmediato que era una realidad de héroes, algo que le recordaba demasiado a su antiguo mundo. La descartó con un movimiento desinteresado.

Luego, observó una realidad donde luces amarillas y rojas se movían a supervelocidad, una danza caótica que no le intrigó. Continuó explorando las infinitas posibilidades, sin encontrar nada que capturara su atención.

Finalmente, encontró una realidad que lo hizo detenerse. Al entrar en la grieta, lo que vio fue devastación: ciudades destruidas, escombros sin vida, muerte por doquier. Manhattan alzó su mano derecha, en la que comenzó a brillar la luz intensa de una supernova, y miró hacia el pasado y el futuro de ese multiverso. El brillo se desvaneció cuando terminó su examen.

—La humanidad está destinada a crear destrucción en su camino... pero, al mismo tiempo, es capaz de generar esperanza —murmuró para sí mismo, pensativo—. Este ciclo sin fin lo he nombrado como metaverso. No importa si todo está perdido; siempre habrá una persona central en la existencia, alrededor de la cual giran todos los sucesos.

Esa persona, descubrió Manhattan, era Marcus Fenix. Al examinar diferentes líneas temporales y universos alternativos dentro de este vasto metaverso, siempre había algo que lo conectaba, directa o indirectamente, con todos los eventos importantes. Era como si la existencia misma dependiera de él.

Manhattan observaba el caos que sus intervenciones provocaban en el multiverso. Con cada cambio, la existencia misma parecía retorcerse, adaptándose y reaccionando a los nuevos patrones que él imponía. En un intento de estudiar más a fondo los efectos de sus acciones, creó un clon de sí mismo y lo envió a explorar otro multiverso. Este clon, con la precisión de una máquina, comenzó a reestructurar las realidades, probando los límites de la creación y destrucción simultánea de infinitos universos.

El punto de mayor relevancia en este proceso fue el Día de la Emergencia, un evento que simbolizaba la batalla eterna de la humanidad contra un enemigo que ellos mismos habían creado. El clon de Manhattan, siempre en busca de un equilibrio, encontró una realidad que se asemejaba al mundo anterior. Era un universo atrapado en una guerra eterna. Sin perder tiempo, el clon transmitió la información al Manhattan original.

Manhattan, sin vacilar, transportó a toda la humanidad y a los Locust hacia este nuevo mundo. Observó por última vez el multiverso que ahora se sumía en un caos de posibilidades infinitas, antes de abrir la brecha que lo llevaría a su destino.

Al llegar al nuevo mundo, Manhattan se encontró rodeado de un vasto bosque, intacto y virgen, como si nunca hubiera sido tocado por la civilización. Con un gesto de su mano derecha, un brillo intenso floreció en sus ojos, iluminando su rostro inexpresivo.

—No percibo un solo mañana —murmuró, con la voz teñida de una calma inquietante—. Veo múltiples resultados, diferentes contextos, y situaciones que se superponen.

Miró a su alrededor, como si buscara alguna alteración en el tejido mismo de la realidad. Su mirada penetrante parecía atravesar cada partícula del aire.

—No soy el único que altera los mundos —añadió, reflexionando en voz alta—. Estos seres... tienen limitaciones, pero las desafían con cada intento de cambiar su destino.

Su mente, vasta e infinita, comparó la situación con la paradoja cuántica del Gato de Schrödinger. Manhattan recordó cómo un gato, dentro de una caja sellada, podría estar vivo y muerto al mismo tiempo, dependiendo de la detección o no de un electrón. Dos resultados imposibles coexistiendo en una única realidad. El universo, pensó, constantemente se resiginifica para crear realidades paralelas, cada una representando un resultado diferente de un suceso cuántico. Y ahora, en este nuevo mundo, estaba presenciando algo similar: dos mundos paralelos que se influenciaban mutuamente.

Manhattan se desvaneció de la escena y apareció en una habitación blanca, aparentemente infinita, con múltiples puertas a su alrededor. En el centro de la habitación, un escritorio solitario sostenía la figura de un hombre sentado. Manhattan lo observó con detenimiento.

—Murasaki... —susurró para sí mismo—, ayuda a un mundo a no ser conquistado por fuerzas malignas.

Se mantuvo intangible, fuera del alcance de cualquier percepción mortal, y adelantó su observación en el tiempo, viendo a Murasaki discutiendo acaloradamente con una mujer que se hacía llamar Easy. Esta mujer, fría y ambiciosa, planeaba conquistar el mundo para su propio beneficio. Manhattan, tras una breve reflexión, decidió intervenir para salvar ese mundo.

Viajó más atrás en el tiempo, hasta un punto en el que el pilar de ese metaverso apenas había comenzado a tocar el mundo en cuestión. Encontró una zona alejada de todo conflicto y, con un gesto de su mano derecha, recreó la ciudad de Jacinto en su totalidad. Los edificios, las calles, todo surgió de la nada, como si siempre hubiera estado allí. Alzó la mano hacia el cielo y en la atmósfera del planeta aparecieron tres satélites, listos para activar el “Martillo del Alba” en cualquier momento. Con un movimiento suave de su mano izquierda, materializó la CSG (Coalición de Gobiernos Ordenados) junto con suficientes provisiones para que pudieran sobrevivir un tiempo sin necesidad de buscar alimentos.

Alteró ligeramente las mentes y recuerdos de todos, implantando la falsa memoria de que aún no habían explorado todo el planeta, haciéndoles creer que aún estaban en su propio mundo. Satisfecho con sus cambios, desapareció de la ciudad y reapareció en una montaña lo suficientemente alejada de Jacinto y del conflicto entre los Ends y los Drifters.

Debajo de esa montaña, recreo la hondonada y todos los túneles conectados, llenándolos de Locust, incluido su líder, la Reina Myrrah. Implanto en ellos recuerdos falsos, impulsados a explorar todo el planeta. Ahora, Manhattan se convertiría en un observador, vigilando como estas dos facciones interactuaban en este mundo. Solo intervendría si fuera necesario, como un científico que estudia la fauna en su hábitat natural. Y asi, sin mas despareció del lugar, dejando que el nuevo orden se estableciera.

Fin

Traigo mi fanfic aquí a Inkitt, por si acaso pasa algo con mi cuenta en Wattpad. Si me quieren buscar, tengo el mismo nombre de usuario. También subiré aquí otros de mis fanfics, como un respaldo de mis obras. Y, igualmente, las tendré en cuenta cuando algunas estén más avanzadas, para subirlas por aquí, y de vez en cuando subiré una original aquí primero.

Ahora, para no perder mucho tiempo, bien, si alguno no entiende las referencias, son mis anteriores fanfics. Explicaré un poco de qué va esta historia. Será un poco más filosófica y ética, sobre la indiferencia de Manhattan hacia la vida, y cada facción presentada tendrá protagonismo por igual, no habrá una más relevante que la otra; honestamente, las cuatro son interesantes a su modo. Todos estarán bajo la perspectiva de Manhattan, y habrá interacciones de más personajes dentro de la obra.

Es una de mis creaciones que más disfruto hacer y escribir, juntando algo que me gusta, que es la filosofía. Habrá referencias a autores y un poco de ciencia. Si van a hacer una reseña o crítica, que sea con respeto y de forma objetiva y constructiva; no quiero odio sin sentido. Sin más relleno, parezco un anime genérico terminando el final.

Sin más, adiós mi populus.