Whisper of the Heart

Sinopsis

"Mi querido Jeon JungKook..." . . . TaeHyung sabía que amaba a JungKook, pero, a pesar de ello, le aterraban sus propios sentimientos.

Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

ÚNICO

“Mi querido Jeon JungKook:


Sé que lo que menos debes querer en este momento es saber de mí y, créeme que, sí, en estos momentos me odias, aunque me duela, realmente lo entiendo. Pero, quizás, como un último acto egoísta de mi parte, no quiero tener un vacío más en el alma por palabras que cobardemente no he sido capaz de decir y por acciones que no he podido terminar de hacer. Si vas a leer esta carta o no, ya es algo que no puedo controlar, así que, solamente me queda esperar que el destino, aunque sea esta vez, esté de mi lado y mis palabras lleguen a tus manos. Pues, al igual que tú, creo en la importancia de la sanación, en la perduración del bienestar; en la búsqueda y la construcción de una solución que nos permita avanzar.

Cabe recalcar que, al no saber nada de tus sentimientos actuales hacía mí, porque como un completo cobarde me escapé de tu lado y te abandoné, no estoy buscando que me perdones y mucho menos, que vuelvas a quererme de la misma forma que antes. Por ello, saca mis sentimientos y a mí de la ecuación, y solo lee esto con atención. Aun cuando sé que ni eso me merezco. Asimismo, teniendo en cuenta mis acciones anteriores, sí es necesario que entre nosotros solo uno permanezca queriendo al otro, tal como creo sucede en estos momentos, asumiré mi responsabilidad y martirio, y, sin importar cuánto me duela, lo aceptaré de frente y sin rechistar.

Pues, en estos momentos, mi principal motivación es que no tengas ningún sentimiento negativo hacia ti mismo, porque Jeon JungKook, te puedo jurar con todo lo que fui, lo que soy y lo que seré que no lo mereces y que nada de esto es tu culpa. Asimismo, escribo esta carta porque sé que estás pensando que las personas de este mundo, en realidad, no son capaces de amar, pues, al final del día, lo único que saben es dañar. Por ende, te quiero decir que, desde el lado de esta moneda, sé que las personas a nuestro alrededor, aun amando con todo lo que son, pueden hacer demasiado daño. Porque esa es la esencia más pura del ser humano. Porque, como te dije alguna vez, para lograr ser primavera, significa que debemos aceptar el riesgo de convertirnos y ser el más crudo de los inviernos.

No obstante, pese a mi propia reflexión, siempre he creído que aquello no aplica en absoluto a ti. Porque a mis ojos, tú siempre serás primavera, quizás, tendrás tus días fríos. Tan fríos como el hielo que cala en lo más profundo de los huesos. Pero, aun así, JungKook, para mí siempre serás primavera. Hermoso, brillante y cálido. Una primavera que, lamentablemente, yo mismo he empujado a que se convierta en invierno. Ambos estamos lastimados por la misma situación, pero me he dado cuenta de que mayor ha sido el daño que te he provocado.

Por ello, me detuve a pensar detenidamente en cómo te has de haber sentido y, con gran pesar, me di cuenta de que mis acciones, pese a que ninguna de ellas se ha ejecutado con el fin de lastimarte, lo han hecho de igual modo. Y ello se debe a que, aún ante el gran afecto que te tengo, ocurrió porque, quizás, ya estaba lastimado y solo repliqué algo que estúpidamente ya había aprendido o, más bien, que me obligue a mí mismo a aprender. Posiblemente, te preguntarás: ¿Por qué lo hiciste, TaeHyung? JungKook, seré completamente sincero contigo. Porque tenía miedo. Demasiado miedo (y todavía lo tengo).

Estos largos y tortuosos días en los que he estado alejado de ti, estuve pensando seriamente en el momento en que me dijiste que me amabas. Mi cuerpo se congeló en aquel instante, y pese a lo dulce de aquel momento, pues, te veías completamente hermoso con las mejillas sonrosadas y la mirada evasiva, no reaccione acorde a mis verdaderos sentimientos, dejándome embaucar por mi traicionera mente y, tal como un estúpido cobarde lo habría hecho, te deje solo en aquel lugar con tus sentimientos en el aire, privándote de una respuesta real.

Antes que nada me gustaría aclarar un par de cosas que tu mente ya debe de haber comenzado a maquinar. No hay nada malo en ti, no te falta absolutamente nada. Eres todo aquello con lo que durante las noches puedo soñar e, incluso, doy por jurado que eres aún mucho más de lo que el mundo onírico puede querer replicar. Porque, JungKook, en ti no hay ningún problema. El problema está en mí, uno que no había aparecido de repente o porque te conocí. Es un problema que lleva años en mi interior y que me ha estado persiguiendo durante todo lo que recuerdo de mi vida.

Esta parte de la historia es muy confusa de explicar. Pero, más o menos, va así. El problema comenzó a aparecer cuando, a la edad de seis años, le pedí a la niña que me parecía linda que fuera mi novia. Al día siguiente, le llevé unas flores que había cortado del jardín de mi madre y, al verme, corrió hacía mí gritando que me quería. Aquellas palabras me hicieron sentir tan incómodo que tiré las flores al suelo y antes de que llegara, salí corriendo mientras lloraba completamente desconsolado porque no quería que estuviera a mi lado. Ese mismo problema tuve a los doce años cuando los primeros pensamientos sobre mi orientación sexual aparecieron y, pese a la evidencia innegable, terminé destruyendo su existencia y el mínimo rastro de lo que no pude terminar, quedaron sepultados y reprimidos en lo más profundo de mi mente.

El problema siguió latente a los catorce años, cuando al encontrar bonito a un niño de mi salón, me obligué a no solo a borrarlo de mi memoria, sino que, a su vez, ignorar por completo su simple presencia. El mismo problema continuó cuando a los dieciséis, la mayoría de mis amigos y compañeros salían a comer helado o al cine con la persona que les gustaba, haciéndome sentir apartado de aquel oleaje social mientras, nuevamente, me escondía e ignoraba la simple existencia de a quien, en el aquel entonces, tanto quería. El problema persistió cuando a mis dieciocho años el chico que me gustaba, por fin, se fijó en mí y, llámalo auto sabotaje o simple tontería, pero, al igual que a los anteriores, lo termine alejando de mí.

Y ese problema ha estado presente incluso hoy en día. Cuando a mis veintiocho años, por fin, me permití enamorarme de una forma que, incluso mientras escribo estas palabras, considero completamente inalcanzable. Cuando conocí al chico más perfecto que mis ojos mortales pudieron haber visto sonreír, brillar y ser él mismo. Un chico de presencia tan dulce y cálida como sentir el tacto de un tímido rayo de sol sobre la piel en medio de un día nublado. Con una sonrisa, siempre siendo una curva gentil y sincera que alumbra cualquier habitación o lugar donde estuviera, logrando, quizás, de forma demasiado poética, tener el poder de sanar las heridas más profundas de aquellos que la vieran.

Un chico poseedor de unos grandes ojos del marrón más cálido, suave y sumamente profundo, los cuales, parecen contener universos enteros, con más de un millón de estrellas y llenos de misterios y promesas jamás antes susurradas. Cada movimiento suyo era una danza grácil, llena de una elegancia innata que parecía casi sobrenatural. Su risa, un sonido melodioso y contagioso, podía levantar el ánimo de cualquiera y convertir el día más gris en una brillante y espléndida sinfonía de colores. No solo era hermoso por fuera; su alma brillaba con una bondad y una dulzura que lo hacían verdaderamente único y extraordinario.

No sé si a este punto te habrás dado cuenta, mi JungKookie. Pero, aquel chico que me ha robado el sueño, el alma y el corazón, no es ningún otro más que tú. Y siempre has sido, eres y serás tú. Por ello, imagínate mi sorpresa al saber que el mayor de mis deseos se había cumplido, y, pese a lo mucho que todo mi ser me gritaba porque fuera honesto, aquel problema hizo acto de presencia impidiendo que me refugiara en tus brazos mientras instauraba en mi mente el más cruel y mortífero de los pensamientos: jamás serás suficiente.

Este problema es algo que, a lo largo de mi vida, siempre supe que estaba ahí, y pese a su desesperante existencia, en un acto cobarde o de simple supervivencia, preferí ignorarlo con tal de seguir viviendo con una falsa tranquilidad mi día a día. No obstante, por ahí dicen que mientras más seguimos reprimiendo e ignorando nuestros propios sentimientos, estos crecen y crecen, hasta llegar a un punto en que todo se vuelve tan grande y pesado, que nos termina alcanzando en el momento menos esperado. Y, he de confesar, que a mí ya me ha atrapado.

El problema es que tengo miedo. Tengo miedo de quedarme solo. Tengo miedo de ser lastimado. De terminar siendo odiado por aquellos a quienes quiero. De cometer un error y no ser perdonado. De amar y, pese a ser correspondido, terminar siendo profundamente abandonado. Me aterra el simple hecho no ser suficiente para que alguien, aunque sea por una vez en mi vida, elija quedarse a mi lado. Tengo miedo de mis propios sentimientos y lo que su simple existencia puede acarrear al ser liberados. Me asusta la idea de abrir mi corazón y encontrarme con una respuesta que solo deje un nuevo vacío en mi vida. De confiar ciegamente todo lo que soy y terminar siendo cruelmente destrozado.

Le tengo tanto miedo a amar que, aun cuando uno de mis más grandes anhelos es integrarme en las tormentosas fauces del amor y llegar a sentirlo en todo su esplendor, la simple idea me hace temblar y querer escapar. Este miedo, no me hace sentir con verdadera felicidad aquellas mariposas en el estómago, ni me permite disfrutar la sensación de nerviosismo cuando estás a mi alrededor. Esta sensación es un miedo que no me deja vivir en completa felicidad aquello que todos, aunque sea una vez, han disfrutado. Porque en vez de hacerle frente, simplemente, me quedé mirando como hacía estragos en mi mente y me dejaba adentrarme al camino que siempre consideré el más fácil.

No obstante, mientras observaba aquella foto nuestra sobre el escritorio, me di cuenta que el camino fácil no siempre terminará convirtiéndose en el correcto. Ante tal reflexión ese día ocurrió algo que, desde mi punto de vista, es realmente maravilloso. Porque por primera vez, me encontré queriendo fervientemente luchar contra la fuerte corriente de mi problema. Porque, sin siquiera saberlo, fuiste la primera persona que me impulsó a arreglar poquito a poquito aquello que sentía. Siempre has hecho lo que fuera por mí, y yo, sin importar que una parte de mí se desarmara en el proceso, quería empezar a hacerlo también por ti.

Porque cuando se trata de ti, no hay ninguna montaña demasiado inclinada que no me atrevería a escalar. Cuando se trata de ti, no hay camino difícil que no me atrevería a cruzar con tal de llegar a ti. Porque conocerte fue un movimiento del mismo universo. Fue una historia creada por él solo para nosotros. Quizás, se dio cuenta de aquel largo tiempo en el que solamente me limite a dar vueltas, incapaz de encontrar y ver el final del camino. Hasta que llegaste tú a mostrarme la salida de ese extraño y cruel laberinto. Eres mi luz, mi salvación.

Sé que anteriormente expuse que, aunque me doliera, aceptaría a ojos cerrados lo que decidieras. No obstante, me di cuenta de que, egoístamente, tengo la esperanza de que me perdones y me permitas ser aquello que necesitas. Por ello, pese a lo incierto de nuestro destino, te entrego mi alma y te pido que aceptes mis disculpas. Unas que vienen de lo más profundo de mi existencia y, las cuales, son únicamente para ti, porque, pese a todos mis intentos por evitarlo, terminé haciéndote daño.

Discúlpame por no ser capaz de mencionar ninguna palabra la primera vez que te vi.

Discúlpame por haber quedado hipnotizado por tu presencia.

Discúlpame por no poder evitar apreciar tu belleza.

Discúlpame por haber deseado escuchar tu voz nuevamente y no haber hecho nada para que me dirigieras de nuevo la palabra.

Discúlpame por querer que me miraras.

Discúlpame por no dejar de mirarte.

Discúlpame por haberme escapado también ese día.

Discúlpame por qué, pese a buscarte los siguientes días, cuando te vi no tuve la suficiente valentía para acercarme.

Discúlpame por haber chocado, intencionalmente, contigo ese día.

Discúlpame por no contarte que no había dejado de pensar en ti, día y noche, desde el momento en que te vi aquel día.

Discúlpame por nunca haberte dicho que eres lo mejor que me ha pasado en la vida.

Discúlpame por adorarte con locura.

Discúlpame por no decir lo mucho que siempre he amado tus ojos.

Discúlpame por no decirte lo mucho que adoro tus locuras.

Discúlpame por no ser sincero y decirte que en ti, veo a la más linda de las estrellas.

Discúlpame por no decir que desde el primer día te vi de forma distinta.

Discúlpame por saber que eres todo lo que quiero en mi vida.

Discúlpame por haber desorganizado nuestro día a día.

Discúlpame por dejarme guiar por el miedo y arrepentirme de haberte conocido durante el transcurso de estos días.

Discúlpame por no haberte abrazado aún más cuando podía.

Discúlpame por intentar salir de tu vida.

Discúlpame por haber intentado borrar lo que por ti sentía.

Discúlpame por querer enterrar lo mucho que te quería.

Discúlpame por querer quedarme a tu lado.

Discúlpame porque, pese a todos mis intentos, no soy capaz de olvidarte.

Discúlpame por nunca haberte dicho que me aterra el amor.

Discúlpame por no ser capaz de aceptar que sin ti me perdía.

Discúlpame porque en realidad de pronto lo sabía, pero no lo reconocía.

Discúlpame por no ser valiente.

Discúlpame por sentirme insuficiente.

Discúlpame por ser cobarde.

Discúlpame por haberte abandonado ese día.

Discúlpame por dejarte solo con tus sentimientos.

Discúlpame por no haberte dado una respuesta.

Discúlpame por haberme demorado tanto.

Discúlpame por no ser sincero.

Discúlpame por no ser capaz de gritarte lo que sentía.

Discúlpame porque, quizás, ahora ya es demasiado tarde.

Discúlpame por no haber dicho que…

Yo, Kim TaeHyung, te amo con locura.”

Jungkook dejó caer la carta sobre la mesa de centro de su sala. Las lágrimas descendían en completo descontrol por sus mejillas mientras su respiración se volvía cada vez más y más errática.

—¿Por qué? —preguntó al silencio de esa fría mañana—. ¿Por qué ahora?

Dejó caer el peso de su cuerpo en el respaldo del sillón. Sin poder creer nada de lo que había leído. Sin poder creer que la respuesta que tanto su corazón había ansiado escuchar en aquel entonces, por fin había llegado.

No obstante, lo había hecho demasiado tarde. Seis meses tarde.