Agentes de Artemisa

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Sinopsis

La humanidad, luego de bordear la extinción total, se a visto forzada a cuestionar mucho de sus bases... o eso quisieran creer los gurús espirituales. El día a día sigue el mismo ritmo, solo con un toque algo distorsionado de un nuevo mineral astral y una fuerza de la ley que busca controlar el trafico del mismo.

Genero:
Action/Fantasy
Autor/a:
Derpy
Estado:
Completado
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Venta interrumpida

Luego de dos días de vigilancia continua a un bloque de departamentos a cualquiera se le duermen las piernas, o se le secan los ojos o comienza a cuestionar las decisiones de su vida, pero estos dos ya habían pasado esa etapa hace ya tiempo. Cinco días, cinco días y el objetivo aun sin aparecer. Luego de una extensa investigación de tres años sobre la producción, circulación y venta de sustancias ilícitas en colaboración con la DEA termino derivando al nombre de Antonino Petro, un camello de poco interés pero quien tenía que transportar lo que es probablemente la sustancia más codiciada en todo el mercado negro. Tres años para que todo esto termine en manos de estos dos agentes.

De la ventanilla del Chevrolet Caprice prestado por las fuerzas locales una mano de mujer sale arrojando una serpentinas vegetales. En su interior el agente Nero, Sosteniendo un par de papas fritas en sus dedos, mira a su compañera, la agente Fotia, con desagrado total.

-¡¿Que?!- Regresándole la mirada como si no entendiera el porqué, aunque ya sabía.

-Siempre desperdicias comida, solo pídela sin lechuga.- El agente señala la triplehipercombomegacarnetriplequeso® de su colega, o como el prefería llamarlo “la tapa arterias”.

-No quiero que me cobren extra.- Ella se preparó para darle un enorme mordisco que cualquier otro testigo esperaría una mandíbula dislocada, cualquier otro menos Nero que la a visto enfrentar retos más grandes y más grasosos.

-¿Cuantas veces tenemos que tener esta conversación?- Introdujo las papas en su boca y la bajo con agua carbonatada. -No te cobran extra por quitar ingredientes.-

Fotia paro con su intento de desafiar la anatomía humana solo para contestarle. -¿Pero sigues pagando lo mismo?-

-Si, pero...-

-Por lo que pagas la lechuga que no te dan.- Lo suelta con esa mirada arrogante de “No soy tan tonta como crees” típica de ella.

-No entiendo a dónde vas con esto.-

-Si sacas cuentas, al final pagas lo mismo por menos. Te están robando por tener gustos mejores al promedio.- Estira la mano para robar una de las papas de su colega pero el rápidamente las aleja de la zona de peligro.

-De todas maneras, es tirar comida.- Agarra de la bolsa compartida un sobrecito de kétchup y la abre con los dientes.

La joven mujer se enfada claramente de la mezquindad de su compañero, pero prosigue. -Son vegetales, crecen de la tierra, nada bueno puede salir de algo que come la mierda de los animales.- Termina con un rápido mordisco que llena sus mejillas como los de un pez globo.

La escena casi le saca una carcajada al agente, pero no cedería esta vez. -Sabes que la cebolla y el tomate son vegetales.-

-Ño io shoñ.- Responde con la boca llena.

-Lo son, no seas infantil y...-

Ella traga sonoramente y se limpia con un trozo de la bolsa del local de comida rápida. - Primero, el tomate es una fruta y segundo… no sé qué es la cebolla pero no es un vegetal.-

Sin deseo de que esta conversación se repitiera por los próximos años, hasta que llegue el día en que Fotia se atragantase por última vez, estaba a punto de corregirla cuando algo más desvió su atención.

Por solo unos instantes la mujer saboreo la victoria verbal cuando su compañero la tomo de hombro y la giro en dirección al edificio que se suponían que estaban vigilando. - ¡¿QUE HAS…?!- Con las palabras aun en la boca, noto al sujeto cargando un maletín plateado ingresando al susodicho lugar, aquel era Petro.

Nero dejo las papas en la bolsa, se limpió el aceite y las migas de las manos antes de salir del coche. Mientras Fotia engullo su triplehipercombomegacarnetriplequeso® de tres mordiscos y salió con la bebida aun en la mano. Ambos agentes tomaron sus armas y rápidamente llegaron a la entrada. El joven agente alzó la mano para golpear la puerta, pero le interrumpió el ruidoso sorbo de gaseosa que su compañera estaba dando. De un solo manotazo se la tiro al suelo, ella por su parte se limpió la salsa y grasa de sus manos en el pantalón de su compañero. Ambos se miraron con el odio que solo la mutua confianza puede permitir demostrar. La puerta se abrió y del otro lado una señora de piel morena, cabello de nido plateado y una piel arrugada como un tronco los resabio.

Nero le mostró rápidamente sus credenciales e inmediatamente la puerta empezó a cerrarse, sin embargo, el agente puso su pie, en medio. -Señora, somos agentes federales.- Gimió el joven por la presión ejercida en su pie-. -Esto podría considerarse entorpecimiento de la justicia, hágase a un lado.-

La señora claramente asustada. -Lo siento, señor, no leo bien sin mis lentes y pensé que era un ladrón.- Su disculpa fue con el tono de abuelita lastimera más forzado que hayan escuchado, sin mencionar que llevaba sus anteojos puestos.

Nero suspira. -Solo... eh... salga a comprar sus víveres y nos olvidaremos del asunto.- Pensando para sí mismo que no le pagan lo suficiente para esto.

-Pero necesito mi cartera.-La señora da la vuelta de forma torpe y a paso lento se va al interior. -Y mi bolso. Y mi...-

La agente la toma del antebrazo y la gira en dirección a la salida. -La tienda está afuera, abuelita.- Con un tono que fue todo menos reconfortante.

Al verse echada del sitio, la abuelita se fue de las cercanías sorprendentemente rápido para la edad que aparentaba. Ambos agentes, sin perder más tiempo, ingresaron y subieron las escaleras. Sabían que la venta se daría en la habitación N°1408. Recorrieron lo más rápido y silencioso posible.

La agente Fotia mete su mano dentro de su saco para sacar un tubo metálico, a poco de abrirlo es parada por el brazo de Nero que ya se le marcaba el enfado en su rostro.

-¡No!… al menos aun no.-

Pocas cosas podía hacer la agente cuando su compañero hacia ese gesto de “no hagas estupideces, estúpida”. Guardo el cilindro y refunfuño. -Ñio, aun ñio.- Pero aun podía irritarlo más en estos casos.

Sin más retrasos, ambos llegan a la entrada de la habitación. Una puerta endeble y que ha visto mejores días los separaba de otra misión cumplida. Se posicionan a ambos lados del marco, con armas en mano y asienten el uno al otro antes de proseguir.

Nero toma la iniciativa, patea la puerta, pero inmediatamente se deja caer para un costado al ser recibido por una montaña de músculos armado con una escopeta recortada, los perdigones le rozan el pecho dejando jirones donde tenía su corbata y mostrando el chaleco antibalas ligero que llevaba abajo. El animal de gimnasio de dos zancadas sale del portal con intención de rematarlo, pero lo único que encuentra es el frio acero de la pistola de Fotia apoyado sobre su nuca. Antes de que su mente pudiera procesarlo, restos de materia cerebral, astillas de hueso y sangre bañan al agente que aun palmeaba su pecho por si tenía una herida abierta. Al caer la montaña de testosterona, Nero le lanza una mirada de odio a su compañera solo para que ella le sacara la lengua juguetonamente.

La joven agente rápidamente se asoma por la puerta y ejecuta de un disparo en la frente a dos sujetos armados, pero a un tercero la bala le erra por milésimas mientras salía al balcón. Maldice al no poder romper su racha de disparos perfectos y emprende la persecución sin su colega.

El agente por su lado se incorpora y recuperando el aliento, su compañera ya estaba adelantada y por la ausencia del maletín supone que aún se está escapando con él.

Pisándole los talones, ella llega a la parte exterior para ver como el sujeto salta de balcón en balcón alargando la distancia entre ellos. Avanza un puñado de metros al ritmo del fugitivo, pero para en seco cuando nota en el suelo una jeringa usada, causándole cierta inquietud, por puro instinto pega su espalda a uno de los muros justo cuando un pedazo del borde de la pared del tamaño de su cabeza es arrancado. Con el corazón golpeando la jaula de su pecho, saca apresuradamente el cilindro de su saco, desenrosca la tapa y una sola pastilla cae en su palma. La traga en seco y a los pocos segundos los colores se vuelven más saturados, más vivos, una sensación de calor recorre su cuerpo junto al sabor metálico en su boca, sus pupilas se dilatan. Se arma de valor y continua con el parkour, pero ya sin tener a su objetivo a la vista, solo el retumbar de los muros no muy lejos. Al llegar al último balcón ve un hueco que atraviesa el cuarto como si un animal hubiera chocado contra él. Voltea para ver a su compañero a solo un par de balcones de distancia.

-¡Ya se metió esa mierda!- Grita la agente a todo pulmón.

El joven ante la noticia no pareciese haber perdido la calma que amerita estas situaciones, le hace un ademán a su compañera para que continúen la persecución y se mete al cuarto más cercano para acortar distancia. Empuja a una pareja que, siguiendo su curiosidad, se interponen en su camino. Mientras cambia el cargador de su pistola por uno con balas de punta azul, era insultado en un idioma que no entendía. Nero se adentró en el edificio, yendo por los pasillos. Al ver a su derecha hace contacto visual con Petro quien se escapaba con el maletín. En la fracción de segundo que para Nero fue una eternidad, el traficante hace un ademan con la mano, e inmediatamente un trozo de cerámica es arrancado del suelo y arrojado en su dirección por una fuerza invisible, por fortuna o inexperiencia del agresor, el proyectil solo daño su hombro izquierdo, ante el terrible dolor que sentía, Nero se lanzó a una esquina para refugiarse de otro posible ataque. Tras tomarse un respiro, y reanudar su ataque, realizo 2 detonaciones de su arma, viéndose sorprendido al ver como ante sus ojos la pared al lado de su enemigo se estira de forma antinatural, bloqueando ambos disparos, tras esto, Petro hizo una nueva barricada, solo para seguir corriendo.

Fotia no tiene ni la mitad de los problemas que su compañero, la gente simplemente se aleja de donde se dirige, más de uno haciendo una señal de la cruz al verla. Al llegar al área común, ve como la rata hace un esfuerzo mental en alterar la estructura del edificio sin terminar romperla, aprovecha su distracción, y de sus manos ungidas en llamas libera su ira ardiente en forma de una bocanada de fuego. El sujeto grita en agonía al sentir su cómo la carne de su brazo es carbonizada ante sus ojos, el rugido de dolor hace vibrar el aire, cosa que aturde a la mujer por un momento, siendo aprovechado por el fugitivo, quien le da un derechazo directo a la mandíbula, causando que esta sea lanzada contra un muro agrietándolo ligeramente, y causándole severos mareos a Fotia.

Mientras todo esto sucedía, Nero cruza los pasillos, esquivando la barricada, un grito amortiguado por las paredes le causa una terrible migraña, pero se recompone en pocos segundos. Cuando dobla en la esquina se encuentra de frente con Petro, disparando su arma nuevamente, impactando en el hombro derecho del fugitivo. Este acto, causo un nuevo grito impulsado por energía psíquica, afectando a todos en el edificio, Fotia, quien era la más próxima a Petro, empieza a sangrar de ojos y oídos. Por parte del agente, sufre solo el sangrado de oídos, siendo privado temporalmente de sus sentidos, apunta nuevamente, pero con una postura más firme y determinada, listo para terminar con lo que había empezado. —BANG— El disparo impacta directo en la nuca del fugitivo, estallando en una nube de vapor azul y sangre salpicando las paredes. El aullido termina abruptamente y la neblina azul se condensa rápidamente en una diminuta perla… cayendo al suelo.

El ambiente se atenúa repentinamente, el murmullo de los inquilinos rápidamente inunda el pasillo, conforme salían a ver lo que había ocurrido. Primero que nada, Nero se acerca a Fotia y le extiende su brazo sano, ella lo mira y sonríe. Toma con firmeza del brazo a su colega y se incorpora con un gruñido. Con ambos de pie, el agente toma la perla y el maletín, mientras ella se estira un poco. Ambos miran los alrededores y el desastre causado por ambos.

-¿Nos van a regañar verdad? Pregunta ella.

-No lo dudes- Responde el con un suspiro agobio total.