El Bulto

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Sinopsis

Un par de novios que de repente se habían quedado desamparados en una carretera; pulsaron sus respectivos teléfonos para llamar a sus parientes, pero en aquel paraje no había cobertura; los dos estaban a la orilla de un bosque (la moto en la que habían llegado no podía arrancar); ambos, mientras caminaban por ese desolado sendero, poco antes de que cayera la noche, vislumbraron algo, más allá de unos matorrales, una cabaña. Éste es el preámbulo de su encuentro con una criatura que nunca antes habían visto y la que tampoco habían escuchado mencionar.

Estado:
Completado
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

El Bulto


©️ Carlos Trujillo Morales


Ella y yo atravesábamos el bosque; serían las 5 de la tarde. Ambos al mismo tiempo habíamos advertido entre la floresta una cabaña de paredes grises y techo negro. Ella de lo más alegre me señaló cómo por una esquina del tejado salía un humo blanco. Una chimenea, sí, pero ¿quién sería el habitante? El camino no era tan corto como creíamos —ella estaba cansada y yo tenía hambre—, corrimos, no la acabábamos de encontrar y ya nos desesperaba la espesura, estaba oscureciendo, mira tú en qué lugar y cuándo se nos rompió la moto; el silencio de aquel lugar se interrumpía una y otra vez con el lamento de los pájaros junto con el graznido de la lechuza; y para qué hablar del miedo que ella le tenía a los perros jíbaros y a los hurones... Lloramos, suspiramos, corríamos, nos faltaba el aire, hasta que en el otro extremo de una claridad encontramos al fin esa dichosa casucha.

Ella ni siquiera había tocado la puerta cuando las bisagras dieron un chirrido de llanto; aquella hoja de tres tablas se nos había abierto sola, lentamente, revelándonos una mesa rústica con dos taburetes en medio de un espacio despejado; enfrente de la misma estaba el pedregal de la chimenea; escuchamos cómo burbujeaba  el agua dentro de un enorme caldero. En un rincón, detrás de una cortina pintada de tizne, vimos la punta de una cama. Saludamos. Nadie nos respondió. Caminamos hacia el dormitorio y vimos que aquel camastro de sábanas empercudidas estaba solo, con los trapos revueltos.

Aquella olla al rojo vivo despedía un aroma de varias yerbas con carne de cerdo; la olla tenía las paredes al rojo vivo y la humareda que llenaba el lugar, sin que mediaran palabras nos empujaba a salir.

A la salida de la choza, detrás de un velo de humo, apareció la silueta de una criatura peluda, alta y corpulenta que nos tendía unas manazas de gorila con unas garras de león bien afiladas. "Yo soy el bulto. Vengan a mí y les mostraré el Reino de los Cielos"  —hablaba con una voz temblorosa y aflautada. Corrimos. Sus pezuñas una y otra vez arañaban nuestras piernas.