Cuencos de sangre

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Sinopsis

Cuencos de Sangre es una épica fantasía que te sumergirá en un mundo donde la magia y la política se entrelazan, y donde el destino de dos reinos pende de un hilo. Prepárate para una historia llena de acción, traición y un inminente conflicto que amenaza con sumir al mundo en una guerra devastadora. Mientras los ejércitos se preparan para la batalla, intrigas palaciegas y alianzas inesperadas sacuden los cimientos de ambos reinos. Antiguas deidades despiertan de su letargo, criaturas mágicas emergen de las sombras y los hechizos más oscuros se tejen en la oscuridad de la noche. En este escenario de intrigas políticas, batallas épicas y amor prohibido, los personajes deberán tomar decisiones difíciles que marcarán el destino de todo un reino. El equilibrio entre el bien y el mal se tambalea, y el caos amenaza con consumirlo todo.

Genero:
Fantasy/Action
Autor/a:
Yohandrys
Estado:
Extracto
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Las estrechas calles sucias y de piedra le evocaban los laberintos de los jardines de su hogar. La ciudad fantasma tenía casas quemadas o derrumbadas por completo y lo único que quedaba entero eran justamente las calles. Pero a pesar de que hace muchos años un terrible incendio que comenzó en el castillo acabó con todos los habitantes del lugar, Jenanne seguía sintiendo la presencia de todos ellos.

≪Hay ojos que me ven 一Había escuchados historias que las muertes fueron tan horrorosas que ni siquiera la diosa Seroll pudo llevarlos al descanso eterno一. Y yo estoy profanando este lugar.≫

Aunque era de día, el peligro que pasaba caminando sola no menguaba. Ni un alma le acompañaba, lo que le ponía mucho más ansiosa. Miró hacia atrás con el presentimiento de la seguían, pero solo la soledad del mediodía se veía. El astro estaba en su punto más alto y el calor le quemaba la piel a pesar de llevar puesta una capa con capucha para ocultar su identidad.

Tenía que llegar al castillo en ruinas, allí la esperaba la anciana sabia. Las ruinas se veían a los lejos, siendo devoradas por la naturaleza. El castillo, que en su momento fue uno grande y poderoso, era solo un montón de torres ennegrecidas y casetas con los techos derrumbados. El fuerte viento de las montañas susurraba entre las grietas tan fuerte que Jenanne podía escucharlas. ≪Fantasmas.≫ pensó caminando rápidamente ≪Son los fantasmas del castillo≫ Sin embargo, dentro todavía quedaba una sala en pie. Donde ella la esperaba.

Con mucho cuidado  de no lastimarse pasó por encima de un árbol caído. Ya el camino comenzaba a dejar de ser de piedra compacta, a ser un terreno desigual con huecos hacia las ruinas. Los árboles del bosque que crecieron después de la tragedia se mecían con igual fuerza a los chillidos que provenían del castillo. Eran los únicos sonidos que lograba escuchar. La vida había desaparecido para siempre.

Cruzó lo que alguna vez fue una puerta con rapidez. Grandes muros mohosos se alzaban a sus dos lados, con plantas trepadoras cubriendolas, donde el tiempo y la naturaleza habían tejido una tapicería de misterio. El suelo, alfombrado de hojas secas y musgo, crujía bajo sus pies, como si los pasos de generaciones pasadas resonaban aún en las entrañas de piedra. Había algunos charcos de agua en el suelo deteriorado.  A Jenanne nunca le dejaba de impresionar lo grande de las ruinas ni lo misteriosas que eran.  El aire estaba cargado de humedad y nostalgia mientras la luz del astro apenas lograba penetrar en las ramas de los árboles que atravesaban todo el castillo.

Solo una vela quedaba entera cuando Jenanne entró a la estancia. La llama era tenue, pero lograba iluminar el oscuro lugar. En el centro se encontraba la gran mesa dorada circular, cubierta de papiros y mapas, de lugares extraños y lejanos que ella solo podía llegar a imaginar.

≪Algún día≫  pensó con esperanza ≪Solo tengo que prepararme un poco más≫.

Miró una vez más a su espalda antes de cerrar la puerta y recostarse en ella. La sensación de agobio que le invadía cada vez que entraba a la estancia le hacía preguntarse por qué seguía viniendo. ≪Para prepararme≫ se dijo, intentando convencerse ≪estoy destinada a volar, lo sé.≫

Observó la mesa con cierta aprehensión. El material era de calidad, porque a pesar de los años no se había deteriorado ni podrido. Aunque no sabía con exactitud cuántos años tenía la mesa. Ni cuántos años tenía la anciana que estaba sentada en la cabecera, con los ojos cerrados y el largo cabello blanco. Desde donde estaba Jenanne pareciera que toda la luz emitida por la vela fuera consumida por ella, ya que en medio de toda la oscuridad su cuerpo resplandecía igual que una espada ante los rayos del Astro.

一Pensé que no ibas a venir hoy 一murmuró lady Marena, alisando una tela bordada一. Estás tan preciosa como siempre.

一Sigue teniendo los ojos cerrados, lady Marena 一le dijo con toda la amabilidad que era capaz, sentándose en el otro extremo de la mesa. Sentarse cerca de ella nunca había sido una opción.

一Sigo diciendote que no tengo necesidad de ver para saber lo que pasa.

Y lo creía.

Jenanne miró  a su alrededor, pero como todo el tiempo solo alcanzó a ver oscuridad y sombras. Sabía que allí estaban miles de documentos cubiertos de polvo y quizás hasta excremento de rata. O de otro animal peor. Apartó la mirada y colocó las manos en la superficie de la mesa, sintiendo el usual cosquilleo en su espalda recorriéndole todo el cuerpo.

一¿Tienes los ojos cerrados, querida? 一preguntó Lady Marena.

一Sí 一respondió.

Lady Marena sonrió, sabiendo que mentía.

一Cierra los ojos, por favor 一pidió, dejando la tela bordada a un lado.

一¿Puedo mantenerlos abiertos esta vez? Sueño mejor de esa manera. En mi cuarto voy a lugares inimaginables.

一Son fantasías creadas por ti, querida, de lo que tú quieres ver 一replicó lady Marena一. Y no estás aquí para lo que quieras ver y oír, sino para lo que debes. Cualquiera puede inventarse una historia y convencerse de que es verdadera.

一No soy un sabio escritor, mi señora 一respondió Janenna.

Lady Marena levantó un poco las comisuras de sus labios.

一Y ellos inventan basándose en lo que han oído y leído del Mundo Conocido.

Jenanne no estaba de acuerdo, y de hecho quería refutar, pero un impulso mayor a ella le obligó a cerrar los ojos. Pronto fue consciente de sus otros sentidos, específicamente el auditivo, y percibió con mucha más claridad los sonidos que había en la estancia. Le pareció oír la risa efímera de una persona y los murmullos de una camada de ratas. El agudo sonido de un silbido y la queja de lo que parecía ser las ramas de un árbol siendo azotado por el viento. La temperatura también bajó casi como si estuviera en medio de una tormenta.

一Esto no se parece a las otras sesiones 一le dijo Jenanne un poco asustada.

一Porque no va a hacer como las otras sesiones. 一Lady Marena extendió un brazo y tomó un papiro de entre los muchos que había en la mesa. Jenanne escuchó cómo le quitó el lazo que lo mantenía cerrado antes de extenderlo con las dos manos一. Ya es momento de que comiences a ver el mundo tal cual como es y cómo quieres. Eres muy joven así que no puedo culparte por tener cierta inocencia. En realidad me parece poético, querida. Solo que tiempos oscuros se acercan, van a explotar guerras por todos los rincones de este reino y el vecino y los que están más allá de nuestra fronteras. Van a volver las viejas costumbres.

一La reina Mara va a mantenernos a salvo.

一Eso espero. Su magnificencia tiene el destino sellado, como todos los reyes de Samor, pero no dudo que va a hacer todo lo posible para garantizar la paz en medio de todo el caos que sacude el reino.

Jenanne asintió, convencida en las palabras de la anciana. El reino no se encontraba en el mejor momento luego del asesinato atroz del rey. La tensión en el ambiente era palpable. Todos afuera esperaban que ocurriera algo, pero Jenanne seguía sin saber el qué.

一¿Qué sabes… sobre los sacrificios que se han hecho en el mundo? 一inquirió Lady Marena, sacándola de su ensimismamiento.

一¿Sacrificios?

一Sí, querida.

一¿Sacrificios divinos? ¿Sacrificios humanos?  一preguntó, ya que no lo terminaba de entender.

一Eso mismo.

一No me agrada mucho pensar sobre eso. Me parece terrible.

一Son actos terribles, pero necesarios. 一El tono en el que lo dijo le dio a entender a Jenanne que hablaba en serio一. Los sacrificios siempre han sido parte fundamental en las bases de todas las creencias del mundo conocido 一comenzó a contar一. No hay ningún dios al que no se le hayan hecho ofrendas para mantenerlo contento o buscar favores.

一A la benigna diosa Seroll nunca se le han hecho ofrendas 一replicó Jenanne, abriendo los ojos.

一Cierra los ojos 一chistó la anciana en voz dura一, y respecto a lo que dices, sí, tienes razón. En esta era, nunca se le han hecho ofrendas a la diosa Seroll, pero se le hicieron. Y va a llegar el momento en el que eso tiene que volver a pasar.

一¿Por qué?

一Porque es el ciclo de la vida, querida. Van a volver las viejas costumbres. 一Lady Marena dio un golpe en la mesa con su mano, y la mente de Janenna dejó de estar en blanco para llenarse de imágenes.

En ella, una multitud de personas se arremolinaba  en torno a un altar de madera podrido. Alrededor, no había más que un valle seco lleno de árboles con ramas desnudas, oscuro y ventoso. Jenanne supo enseguida que era un lugar peligroso. Echó un vistazo de soslayo hacia detrás del alto altar y vislumbró a lo lejos  una especie de construcción en medio de las cabezas y las puntas de los árboles muertos. Parecía un castillo. Miró hacia abajo, pero solo vio pies sucios con las uñas partidas cubiertos de sandalias trenzadas en una especie de tiras de cuero.

≪Otro mundo desconocido≫ La idea le agradaba tanto como cuando imaginaba las historias en su cuarto. Pero a diferencia de encuentros anteriores, no había árboles con conciencia propia ni héroes valerosos que vivieron hacía ya tantos años que solo quedaban canciones de sus proezas. ≪Parece oscuro y aterrador, como la historia del guerrero Azul que luchó contra la bruja de Pregitia.≫

Una vez más, estaba dentro del cuerpo de una persona. Hizo el amague de levantar los brazos pero no ocurrió. Las del desconocido estaban atadas, y  en su lugar, la persona alzó el rostro y profirió un grito desgarrador, que provocó el estremecimiento en la conciencia de Jenanne.

一¡Eitar falos virea! 一exclamó una niña a su lado, rapada y vestida con una túnica roja. En sus manos llevaba una daga de punta alargada.

一¡Eitar falos virea! 一gritó otro niño al otro lado, con el mismo aspecto y la misma daga.

La multitud se unió al grito de los infantes, unos mirando el altar y otros mirándola a ella. O él. La persona volvió a gritar de dolor, y fue entonces se dio cuenta que detrás estaba un hombre de aspecto horrible con una gran cicatriz que le comenzaba en la frente, iba por el ojo y seguía bajando hasta más allá del inusual vestuario que cargaba, llevando una lanza con la que iba pinchando la espalda del hombre obligándolo a caminar.

A Jenanne se le escapó un grito ahogado de puro terror al caer en cuenta de lo que estaba ocurriendo.

≪Un sacrificio divino≫ De esto era de lo que estaba hablando lady Marena. ≪Lo van a sacrificar y yo estoy dentro de su cuerpo≫. Sintió sus propias manos agarrarse del borde de la mesa, aunque las manos del hombre siguieran atadas y su rostro alzado al cielo, con su eterno grito agónico.

La multitud de personas totalmente calvas, algunas desnudas y otras con la extraña vestimenta, se hacían a un lado con sonrisas perversas. Jenanne observó de un lado a otro con verdadero miedo, notando que en cada momento que pasaba, todo se volvía más turbio y oscuro. Y que todo iba sintiéndose como si en verdad su cuerpo, su presencia, estuviera allí y no con lady Marena.

Pero no, estaba en la sala, y eso que estaba experimentando era un recuerdo, de otro mundo, de otra época.

≪Concentrate≫ Incluso podría ser un mundo de mentira. Lady Marena en muchas ocasiones anteriores le había cumplido el deseo de llevarla a lugares que nunca habían existido, solo para complacer su capricho de vivir los cuentos de los sabios escritores. ≪Lady Marena me lo dijo. Estoy destinada a volar≫

Una mujer de piel oscura y con los ojos completamente blancos, se acercó con sutileza a su lado. Se encontraba desnuda, con marcas sangrantes en los brazos y parte del cráneo. Adelantó el paso de los niños y se colocó frente a ella, o él, caminando de espalda. Sus ojos eran grandes en comparación a la cara y completamente blancos con algunas venas dilatadas. En sus manos faltaban algunos dedos, pero a Jenanne le pareció ver que en su lugar había una especie de garras hechas de un material parecido al hueso.

El hombre se detuvo en seco, respirando con dificultad.   

De pronto, la mujer se le abalanzó encima. Jenanne apenas logró soltar un grito de terror antes de sentir cómo las garras de la mano mutilada le desgarraban la piel, profundamente enterradas. Con la otra mano la salvaje le hacía daño en el cuello, chillando de gozo.

No entendía nada. ¿Por qué le hacían eso? Sabía de dioses crueles que bebían de la sangre de inocentes y disfrutaban de la miseria de las personas, pero nunca imaginó que llegaría a ser así de horroroso. A la diosa Seroll se le hacían bailes, vigilias, banquetes deliciosos y clamores donde todos se sentían a gusto.

一No todos los lugares son iguales, querida 一le dijo una vez lady Marena一. No todas las personas son buenas. Ni tú eres tan buena.

Pero lo era, si no, ¿por qué se compadecía de ese hombre? Las personas malas no tenían sentimientos.

La salvaje se alejó con el rostro manchado de sangre. La lengua, dividida en dos, se paseó por todos sus agrietados labios. En las garras de los huesos había trozos de carne. El hombre ya había dejado de gritar, pero no por falta de ganas, advirtió Jenanne. ≪Ya no tiene más fuerza≫.

El verdugo lo levantó sin nada de cuidado. Con la misma lanza lo obligó a caminar hacia el altar. Los niños y la salvaje habían desaparecido. En su lugar, justo en el centro del altar y sentado delante de una estatua grotesca malformada, se encontraba un alto hombre peludo. Estaba cubierto de cabello, largo y sucio. La barba llegaba hasta su pies y  su pelo hasta los talones. Incluso las manos estaban cubiertas.

一Mo inre`s luz cheate mainra 一recitó con una voz rasposa, en un idioma desconocido一. Izka la murine von jia. ¡Guuhijo inre´s! ¡Guuhijo inre´s! ¡Guuhijo inre´s!

La multitud siguió el canto a gritos. El hombre subió con dificultad la escalera siendo eficazmente seguido. Jenanne podía escuchar su respiración agitada e incluso podía sentir su miedo, su dolor y su rabia. O el suyo. A ese punto ya no sabía si lo que sentía provenía del hombre o era de ella junto a Lady Marena.

Con un último empujón terminó de subir la escalera. El hombre peludo se inclinó hasta que pudo ver sus ojos, blancos y vacíos, iguales a los de la salvaje. Podía ver que estaba susurrando algo, pero la abundante barba no le permitía ver bien los detalles. Sin embargo, las personas sí, porque otra ronda de gritos explotó.

La sangre fluía sin interrupciones de todas las heridas en el cuerpo. Al mirar hacia abajo Jenanne vio como un colgajo de piel de la mejilla se mecía a la par de sus movimientos erráticos. Se escuchó a sí misma gritar con fuerza mientras el hombre era obligado a arrodillarse. Le dolieron las rodillas, donde el hueso se lograba ver. Antes de que pudiera pensar un poco más, el verdugo con la lanza se la clavó sin miramientos desde la espalda. El corazón salió disparado de la punta.

Cuando todo estaba oscuro, Jenanne supo que ya había salido del trance. Lady Marena seguía imperturbable en su silla con los ojos cerrados y la postura erguida. En cambio ella estaba en suelo, con las manos en su cuello. Le ardía esa zona y le dolían las uñas de su delicada mano.

≪Me dice daño. Nunca me había lastimado en las sesiones≫

一¿Por qué… por qué me hizo esto? 一preguntó con la garganta desgarrada.

一Yo no te hice nada, querida.

Jenanne se levantó. Todo su cuerpo temblaba y no era por el frío en la habitación.

一Me llevó a ese lugar horrible. ¡No tenía motivos!

一¿Acaso no querías conocer todos los rincones del mundo? 一inquirió la anciana.

一Sí, pero…

一Entonces vas a conocer todos los que deseas 一la interrumpió一. Ya pasamos por esos lugares hermosos llenos de héroes valerosos y mujeres guerreras, donde el amor triunfa y los buenos modales forjan la sociedad… ahora vamos a embargarte en los lugares oscuros, donde los actos atroces son el elixir de civilizaciones.

一No quiero 一se negó Jenanne, caminando hacia la puerta一. Esto no fue lo que usted me prometió. ¡No deseo ver a la gente morir!

La única vela que aportaba un poco de luz en medio de toda esa oscuridad terminó por apagarse. Sin embargo, no fue sumida por la negrura. Seguía habiendo una gran fuente de luz proveniente de la otra persona con ella. 

一Estás destinada a volar 一repitió la frase que le dijo la primera vez que la vio. Todo su presencia brillaba, tanto que Jenanne no era capaz de verla sin lastimarse. Cerró los ojos sobrecogida一, pero para eso tienes que sentir y vivir como nadie.

Cayó sobre sus rodillas, aún con los ojos firmemente cerrados. Ahora tenía una idea de por qué nunca había abierto los ojos. Buscó sin respuesta el pomo de la puerta detrás de ella.

一Sacrificios divinos 一dijo Lady Marena con suma tranquilidad, casi gozosa一, uno de los actos más crueles y al mismo tiempo tan benignos. En un mundo donde todos estamos regidos bajo el mando de los dioses, ¿qué importa la vida de unos cuantos si con eso se logra preservar la de millones?