Cautivo

Sinopsis

Nunca fuiste consciente de ello... pero siempre estuviste encerrado, siguiendo reglas impuestas por otros, sin derecho a la libertad que jamás supiste que tenías... cautivo.

Genero:
Scifi/Other
Autor/a:
EnSintonia
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

Las contracciones llegaban con más frecuencia, el aire comenzaba a faltar, su cadera dolía estirándose cada vez más. Lágrimas caían sin control, mordió con fuerza la mordaza pujando de nuevo, su entrada sangraba, desgarrada, algo comenzó a asomarse, pujo con más fuerza ahogando sus gritos. Un pequeño bulto salió cubierto de un material blanco y espeso mezclado con su sangre, respiro agitado, estaba cansado, pero el alivió de su cuerpo duro poco, un nuevo dolor pulzante lo atormento. Instintivamente empezó a pujar otra vez.

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El tiempo pasó de forma lenta, muy lenta, abrumandolo. Hizo unos últimos esfuerzos, otro bulto salió, soltó la mordaza para regular su respiración, quería desmayar, su cuerpo le exigía descansar, pero se controló, sus cachorros eran prioridad. Estiró sus manos débilmente, respiro hondo, con dificultad los tomó en brazos, ambos bebés presentaban notables deformidades, una extremidad extra o la falta de una, pero eso nunca había sido algo de mucha relevancia para él, sólo le importaba algo, que vivieran, cosa que no fue posible, los cachorros no respiraban, estaban fríos, muertos. Nacieron muertos, como todos los demás.

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Su mente quedo en blanco por un instante, procesando. Dolor, un remolino de emociones lo inundó, quería gritar, llorar amargamente por su pérdida, pero su cuerpo no lo permitió producto del excesivo cansancio. Se limitó a limpiar lo mejor que pudo con su pelaje los fluidos que todavía los cubrían, con torpe delicadeza. Al finalizar aquello se recostó en el suelo importandole muy poco el frío, la humedad y repugnante suciedad que presentaba, apego a los cachorros en su pecho, brindándoles calor, los abrazos protectoramente. Ellos no podían sentir, lo sabía bien, pero no quería separarse de ellos, nunca, su instinto así se lo dictaba...

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Pasos hacían eco por los pasillos desolados, manchados con sangre ya seca por el paso del tiempo. Un cuerpo aterradoramente grande se movía entre las sombras, firme, su cola azotaba el suelo con frecuencia. Se detuvo en la entrada, el olor a sangre fresca inundó sus fosas nazales, dio un breve vistazo, localizó de inmediato lo que buscaba. Se adentro en la celda hasta el fondo, rodeó lentamente el cuerpo desangrado tirado en el suelo, unos pequeños bultos sobresalían de sus brazos, acercó su mano tomando ambos bultos sin mucho esfuerzo. Lo supo enseguida, muertos. Otra vez, sus cachorros estaban muertos.

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Un amenazante gruñido se escuchó, su ilusión una vez más se hacía pedazos, su cola azotó el suelo con violencia, frustrado. Miró nuevamente a los cachorros, cerró su mano con fuerza, los pequeños cuerpos no soportaron la tensión. Sangre salpicó el lugar, órganos y extremidades volaron por el aire, una escena bastante grotesca se formó. Abrió su mano, ambos bultos destrozados cayeron al suelo, no le importó en lo absoluto, su atención se dirigió al can, ocupando su cola lo levanto, posición el cuerpo inconsciente en la pared, las cadenas crujieron al ser estiradas, el cuerpo quedó colgado en la pared, como de costumbre.

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Observó detenidamente el cuerpo colgado, una escalofriante sonrisa apareció en su rostro. Sus cachorros estaban muertos, si, pero necesitaba vivos para cumplir su tan ansiada ilusión. Un nuevo embarazo, su sonrisa se amplio, era bastante divertido hacer eso con él, escuchar sus súplicas, gritos y llanto hasta el desmayo, ese era su castigo como hereje. Más algo lo fastidiaba, nunca mostraba algún tipo de odio o rencor después, algo extraño, pero conocía el porque de ese actuar y lo ocuparía a su favor cuando sea necesario.

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—Perro estúpido...

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Abrió sus ojos con dificultad para luego volverlos a cerrar, el cansancio seguía presente en su sistema. No podía sentir el suelo, debía estar encadenado. Abrió los ojos de golpe, ¡sus cachorros!, miró su alrededor angustiado, esperando que siguieran por ahí, encogió sus orejas espantado, los cuerpos mutilados de sus cachorros yacían en el suelo, agacho la cabeza derrotado, pequeñas lágrimas brotaron de sus ojos. Debió suponerlo, siempre pasaba, se maldijo mentalmente por quedarse dormido, esos carroñeros solían pasar por su celda a menudo, hambrientos. Sus cachorros habían sido víctimas de esas pestes, una vez más...

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Leves gruñidos se escuchaban desde el interior de aquella celda, el can mordió sus labios, su estómago pedía a gritos alimentó, pero no tenía opción, recibía alimentó una vez cada ciertos días, nunca era suficiente. Su estómago rugía sin control, su vista se nubló, se sentía mareado, el hambre siempre lo consumía, obligandolo a hacer cosas bastante desagradables. Escuchó un chillido, un ratón pasaba por la celda, su cuerpo se abalanzó instintivamente, desesperado, pero fue retenido por las cadenas, se retorcio violentamente, luchando, solo consiguió gastar la poca energía que había recuperado.

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Paró de luchar, su cuerpo perdió fuerza. El ratón ya no estaba, el hambre lo estaba volviendo loco, pero tenía que soportar, debía de hacerlo, el felino volvería, no sabía cuando, pero lo haría. Sus visitas siempre lo alegraban, porque estaría con un amigo, aunque no entendía bien eso que hacía con él algunas veces, le dolía demasiado, pero aquello podía crear vida, tener un bebé era un sentimiento indescriptible, su instinto siempre reaccionaba de la misma forma, debía cuidar a sus cachorros, pero lamentablemente nacían muertos. Desvío la mirada hacía la pila de extremidades, ya no sentía nada al verles en ese estado...