Bajo Su Sombra | Monty x Freddy

Sinopsis

Monty tenía un problema: Los ojos azules no salían de su mente. ¿Qué le provocaba Fazbear? Cuando existe un abismo entre la curiosidad, la simple atracción, y... lo que estaba surgiendo en él. ▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄ Montgomery Gator, un joven músico solista, recibe una invitación para unirse a la banda Glam Rock como reemplazo después de que su bajista original, Bonnie, desapareciera misteriosamente. Para cumplir su sueño, Montgomery debe lidiar con las extrañas sensaciones que le provoca el vocalista, Freddy Fazbear, y al mismo tiempo enfrentarse a la expectativa de llenar el vacío que dejó su predecesor. En su camino descubre las heridas que dejó la extraña desaparición, envolviéndose en una red de incógnitas que parecen no tener fin. Pronto deberá decidir si realmente desea conocer la verdad detrás de la tragedia o si prefiere enfrentar las consecuencias de continuar viviendo bajo su sombra. ▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄▀▄ Human AU | Todos son humanos | Ilustración: @sei_jurou25

Genero:
Drama/Romance
Autor/a:
devilmoth
Estado:
En proceso
Capítulos:
8
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Sensaciones

—Ese Freddy me vuelve loco.

En la penumbra de su sala, la televisión iluminaba a un Montgomery ebrio y solitario. Las botellas vacías de cerveza y el cenicero desbordado en el centro de la mesa auxiliar gritaban desorden.

La banda Glam Rock se transmitía en vivo, llegando a millones de espectadores alrededor del mundo. En el centro, el vocalista entonaba a la perfección mientras sus ojos azules resaltaban en primer plano.

La melodía que emanaba de los altavoces fue interrumpida por un gruñido en la habitación.

—Malditos sean sus ojos... —murmuró Montgomery, enderezándose en el asiento y acercándose la bebida a sus labios—. Siempre me... ¡Carajo!

La botella se estrelló en el centro del televisor, rompiéndose escandalosamente. Las gotas de cerveza caían por la pantalla, distorsionando la imagen perfecta del motivo de su conflicto: Freddy Fazbear.

—¿Cómo mierda voy a llegar ahí si no dejo de sentir... —soltó un suspiro—, lo que sea que siento por tipos como él?

Se llevó una mano a su rostro y se levantó de su asiento con dificultad.

Las cartas de disqueras tapizaban el suelo como una colección de firmas rechazadas.

Montgomery se aproximó a la ventana y sacó otro cigarrillo. El fuego iluminó sus atormentados ojos carmesí por un segundo, antes de regresar a la familiar oscuridad.

Al querer mirar hacia afuera, se encontró con su reflejo en el vidrio sucio. El faro amarillo de la calle aclaraba su gesto duro y lo desalineado de su cabello medio largo.

Se observó mientras el humo salía por sus fosas nasales, envolviendo su rostro.

—Solo eres un marica —le dijo a su reflejo, soltando otra bocanada—. Así no llegarás.

Extinguió violentamente el cigarrillo recién encendido contra la ventana y se dio la media vuelta para apagar el aparato que continuaba transmitiendo el concierto.

La habitación, pequeña y humilde, careció de vida con la salida de Montgomery.


Al día siguiente, el sol del mediodía caía sobre sus pesados párpados, acalorando su descanso. La pantalla intermitente de su celular, en el suelo, notificaba severas llamadas perdidas.

Espabiló lentamente, bufando, y se levantó a prepararse para lo que le queda del día. Otra audición lo esperaba y todavía no perdía la esperanza de despegar como solista.

Llegó al lugar de la cita acomodándose la correa del bajo que colgaba en su espalda. En la puerta lo aguardaba otro de sus problemas.

La figura femenina se mantenía de pie frente a él. Su abundante cabello dorado reflejaba la luz de la tarde, y sus ojos verdes, intensos y expresivos, lo miraban con ilusión mientras se aproximaba. Sus labios anchos y rosados acentuaban una sonrisa.

La presencia de Vanessa irradiaba una belleza extraordinaria, capturando la atención de todos quienes la rodeaban. Menos la de Montgomery.

—¡Te estuve llamando! —Vanessa se aproximó a abrazarlo—. Logré convencerlos de esperarte un poco más.

Montgomery se obligó a responder el gesto y fingió una sonrisa, asintiendo.

—Recuerda, solo debes ser tú mismo —continuó la chica, rompiendo el abrazo.

«Si fuera yo mismo, no estaría contigo». Pensó el otro, luego de escucharla.

El beso de pico que recibió le resultó molesto, pero, como siempre, logró disimularlo ante ella con éxito.

Sorpresivamente, su desagrado había pasado inadvertido durante el tiempo que llevaba forzando esta falsa relación. Por supuesto, Vanessa no sabía que era falsa.

Ansiaba el día en que todo terminara, sólo debía soportar un poco más.

La audición a la que estaba a punto de entrar era una esperanza para acabar con esta situación. Entonces, recuperando el coraje, tomó de la mano a su compañera y se adentró en el edificio.


La sesión finalizó con un escueto apretón de manos entre él y los productores.

Ahí tenía su respuesta: No lo llamarían.

La tensa pareja subió al taxi que los esperaba afuera del estudio. Viajaron en silencio hasta que Vanessa se compadeció del desánimo del rechazado y sugirió.

—¿Quieres venir conmigo? Los chicos aún están ensayando para el concierto de esta noche.

La idea de ver a los Glam Rock revitalizó a Montgomery.

Las conexiones de Vanessa le resultaban muy convenientes, pues era el único puente entre su incipiente carrera musical y su ídolo más grande.

—Bon siempre me pone de buenas —respondió asintiendo con la cabeza.

A pesar de mencionar al famoso bajista en su respuesta, Montgomery sabía que había algo que lo interesaba todavía más.

La posibilidad de interactuar con Freddy lo llenaba de una adrenalina indescriptible. No lograba comprenderlo, pero le causaba sensaciones que no conseguía replicar con nada ni nadie. Y vaya que lo había intentado.

Adicto a las emociones fuertes, las alimentaba a la primera oportunidad.

Vanessa sonrió y le dio las indicaciones al taxista para dirigirse a su nuevo destino.

Una sonrisa incontenible se formó en los perforados labios de Montgomery, por lo que recargó su brazo en la ventana para ocultarla con su mano.

Nadie podía saber lo que le causaba un hombre. Pero ese no era cualquier hombre, era la celebridad del momento.


El complejo en el que ensayaba la banda era enorme, pero bien organizado. Técnicos, coordinadores y asistentes caminaban absortos en sus tareas, esquivándose entre sí.

Montgomery caminaba detrás de Vanessa, curioso por el equipo de sonido que se sacudía por los graves de las pruebas.

Aunque sus ojos se paseaban por todo el recinto, su mente estaba en otro lugar. No lo admitiría, pero estaba nervioso.

—¡Vanessa!

Una voz aguda lo aterrizó de golpe, sobresaltándolo. Conocía su origen, así que se giró para verla.

Tal como lo esperaba, se trataba de Chica, la alegre y albina guitarrista que corría en su dirección con los brazos abiertos.

—¡Vanessa! ¡Qué bueno que llegas! —Chica tomó a su mánager por los hombros, sacudiéndola un poco—. ¡Me muero de hambre y mi asistente se niega a ordenar pizza!

Montgomery soltó una risa, llamando la atención de la joven desesperada.

—Lo siento, Monty —apenada, soltó a su víctima y se dirigió hacia él—, qué grosero de mi parte no saludarte.

—Olvídalo —contestó sonriendo sin abandonar su semblante rudo—. Es imperdonable que te dejen sin comer.

—¿Verdad? —continuó chirriando—. ¡Por favor, Vanessa, no puedo subir al escenario con el estómago vacío!

Vanessa reaccionó apartándola un poco para tomar aire.

—Ya mismo me encargo de que comas algo —la tranquilizó con autoridad—. ¿Dónde están los demás?

Satisfecha con su respuesta, Chica la abrazó brevemente y luego los llevó con el resto de la banda.


Las notas del bajo cimbraban en el pecho de Montgomery a medida que se acercaba. Frente a él, absorto en su instrumento, su ídolo ensayaba en un rincón con los ojos cerrados.

Contemplaba su impecable técnica manteniendo una distancia no invasiva.

O eso intentaba.

—Aprecio que no quieras interrumpir, pero un saludo sería menos escalofriante que quedarte mirando en silencio —Bonnie habló sin abrir los ojos ni dejar de tocar—. ¿Cómo estás, Monty?

Avergonzado, respondió con inusual timidez.

—Ya sabes... Todavía no proceso que te conozco en persona.

Bonnie detuvo la vibración de las cuerdas con una mano y finalmente lo miró, dedicándole una sonrisa cálida. Luego preguntó entusiasta.

—¿Trajiste tu bajo?

Montgomery desvió la mirada.

—No podría competir contigo —dijo, luchando por mantener su imagen estoica—. Hoy no.

A pesar de su sonrisa, el famoso notó la desmotivación de Montgomery.

Sospechando que se trataba de otra firma rechazada, se levantó para apoyarlo, dejando su instrumento de lado. Puso una mano en su espalda y lo guio para avanzar a la par.

Caminaron por unos minutos, compartiendo palabras en privado.

Montgomery podía sentirse intimidado por la grandeza de su héroe, pero sus palabras eran las únicas que escuchaba cuando se trataba de orientación.

Lo admiraba profundamente. Veía en él una guía, un faro en su camino musical, pues era quien había logrado todo lo que él no. Al menos por ahora, como le gustaba pensar.

Esta complicidad existía hace relativamente poco. Sus conversaciones a menudo consistían en una dinámica de “el que habla mucho” y “el que solo escucha”. Sobra decir que, ante alguien tan importante, Montgomery era un hombre de pocas palabras.

Así pues, le planteaba su conflicto, y Bonnie parecía saber exactamente qué decir.

Sin embargo, se reservaba algunas cosas para sí mismo. Como lo eran sus dolorosas creencias y sus cuestionables decisiones. De este modo, la asesoría del día de hoy dejaba fuera el tema de Vanessa y lo harto que estaba de mantener las apariencias ante la industria con tal de tener una oportunidad.

Había escuchado tantas veces que su imagen no empataba con los ideales de las casas productoras, que terminó recurriendo a un plan detestable, incluso para sí mismo.

En este punto, haría lo que sea para saltar a la fama.

Inesperadamente, Bonnie pareció dar en el clavo cuando interrumpió al ver regresar a Chica con una enorme bolsa de comida en las manos.

—¡Mi novio adora esas hamburguesas! —gritó el mentor—. ¡Chiquita, por favor, guárdame dos!

«¿Novio?». Pensó Montgomery.

Fue todo lo que escuchó.

Viniendo de su ídolo, esto lo dejó atónito. Además de juzgarse severamente por asumir que Bonnie tendría una novia y no un novio, se atrevió a explorar un súbito pensamiento que se manifestó en su mente:

Si su héroe podía amar libremente, ¿por qué él no?

—Yo se las llevo.

Una voz grave y aterciopelada sacó a Montgomery de sus pensamientos, atrapando su atención de inmediato.

El rubor fue instantáneo, sintió un cosquilleo en su abdomen mientras su corazón se disparaba de cero a cien en un latido.

La adrenalina se había hecho presente.