Cuestión de tiempo

Sinopsis

La vida de Helmut Zemo ha sido dificil. Desde su infancia con un padre maltratador, su adolescencia desatada y adultes joven complicada, que penso que al ser un hombre casado nada podría empeorar, pero la vida le demostro que si.

Genero:
Drama/Romance
Autor/a:
Sunfloweer
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Aun no es tiempo

Los fines de semana acostumbraban a juntarse con sus amigos para cenar. Algo que durante su juventud no habrían podido hacer dado a sus vidas tan ajetreadas, tan distintas y difíciles. Hubo un tiempo en que su vida fue una montaña rusa de situaciones tan intensas pero que le llenaron de tanta sabiduría, experiencias y vivencias, que ahora que se había convertido en un aburrido carrusel, lento y repetitivo no encontraba salida ni explicación a su tristeza.

Cocinaba un pastel de vainilla hundido en sus pensamientos, movía con una pequeña espátula de madera esa mezcla de frutos rojos que con azúcar se transformaban lentamente en una mermelada. Sus ojos no se separaban del menjurje que poco a poco invadía su casa de un olor dulzón.

Su vida en ese momento era una envidiable, todos a su alrededor alardeaban de lo mucho que su matrimonio, su trabajo e incluso su estabilidad emocional les inspiraban a buscar eso en sus vidas. Pero él sabía que todo era una simple fachada de lo que realmente sucedía dentro de su casa en esos momentos. Apago el fuego y retiro el sartén con su mermelada de la estufa, dejándolo en reposo, reviso el pan que se horneaba y al ver que faltaba poco para que estuviese decidió arreglar la terraza, ya que pronto sus invitados llegarían y había mandado a James por algunas cosas que había olvidado comprar.

Preparar una fiesta sorpresa estaba entre todas las cosas que no deseaba hacer en esos momentos, adornar, hornear o cocinar, sus energías eran escasas y en lo poco que quería gastarlas era estar en cama leyendo, aunque siendo más honesto, estaría llorando como cada minuto desde que todos sus intentos por procrear habían empezado. Eso ya hacía 5 años.

—¿Cómo va el pastel? — cuestiono su esposo dejando bolsas en la terraza acercándose al castaño para dejarle un beso de bienvenida en sus labios.

—Va en proceso…

Jame sabía perfectamente por lo que Helmut pasaba. Debía pensar dos veces el que responder, como hacer las cosas, como preguntar lo que sea que fuese a preguntar, no era algo que le gustase, pero tampoco era algo que juzgar, entendía esos cambios de humor que solo había visto pocas veces en la vida de Helmut, pero que, en esta ocasión se había quedado con ellos más tiempo del que esperaba.

—Yo cuido el pastel, ve a tomar un baño y cambiarte, tienes el cabello lleno de harina— comento acariciando la espalda del castaño y beso su frente intentando animarlo un poco.

No respondió, o al menos no con palabras, asintió sonriendo un poco tras las atenciones cálidas del de zafiros en calma, quito el delantal que adornaba sus caderas y dejo todo acomodado para subir con calma hasta su habitación. Apenas serían las 4 de la tarde, tenía una hora y media exacta para quedar listo y terminar el pastel, por lo que decidió dejar su mente en calma, tomo su dosis diaria de antidepresivos, un analgésico para el dolor de cabeza que comenzaba a reinar en su cien y así se dirigió al baño.

Bajo el chorro de agua caliente, sus cabellos caían por su frente la cual tenía recargada en uno de sus brazos mientras era abrazado por el fluido ardiente que le hacía sentir un alivio acogedor, relajaba sus músculos y arrancaba de sus orbes algunas lagrimas silenciosas y dolorosas que se mezclaban con el agua que corría con prisa al desagüe. La razón por la que todos eran tan considerados con él era por simple lastima. El lo sabía. No necesitaba ser adivino, sus miradas, sus acciones, la manera en que era tratado por sus seres más cercanos, como si fuera de cristal y en cualquier momento pudiese romperse, lo cuidaban tanto y evitaban tanto lastimarlo que no se daban cuenta de lo roto que ya se encontraba.

El vació en su vientre solo le recordaba la realidad en la que vivía, el duelo que no lograba asimilar, el dolor que le calaba hasta los huesos y que no comprendía poque se había alojado en su pecho de forma permanente sin pedir su opinión. Era lógico que aquello sucediera, en terapía trataban de ayudarle, pero en cada sesión Helmut no era capaza de externar todo el dolor que sentía después de perder a la única persona que lo amaba por sobre todas las cosas.

Para Helmut, su madre era su todo, antes de James claramente. Su infancia había sido dura, Amelía Zemo, su adorada madre era la luz de su vida, aquella que lo mantenía fuerte y que, de no ser por James, habría muerto junto con ella hacía cinco años.

El sonido de autos pasar lo regreso a la realidad, abrió sus ojos viendo las baldosas del suelo distorsionadas por las lagrimas que sus ojos retenían y sin muchas energías mejor se baño para dejar de pensar en el pasado. Tallo con pereza su piel, enjabono sus cabellos y se enjuago como si el si quiera moverse le pesara. Cerro las llaves de agua para salir de la regadera notando que había bastante vapor en el cuarto de baño. Seco lentamente su cuerpo aun con la bruma de dudas rondando por su mente y cuando al fin decidió hacer de nuevo esa prueba lo detuvieron.

—Hoy no— Pidió James al encontrarlo con esa caja entre sus manos, Helmut se detuvo viendo la prueba de embarazo aun empaquetada y lo regreso a su lugar aun más decaído. —Hoy pasaremos una noche agradable con nuestros amigos…— le pidió sin dejar de ver el reflejo acongojado de su esposo, tomo su rostro entre sus manos buscando un poco de contacto visual por parte del castaño hasta que lo logro, notando en sus orbes color miel derramando esa profunda tristeza que le abrumaba —No llores cariños…

—¿Por qué no? Estoy roto…soy un omega roto…— respondió sonriendo amargamente, sonrisa que poco a poco se deformaba por el dolor que le provocaba fingir que aquello no le importaba tanto.

—No estas roto…solo aun no es tiempo

Tan pronto contesto dejo un largo beso en los labios de su pareja, lo encamino al exterior del cuarto de baño llevándole en dirección a la cama donde le hizo sentar para después cepillar su cabello lentamente, mientras que el reflejo de Helmut le mostraba como poco a poco la vida de su esposo se escapaba de entre sus manos.

Era una imagen tan lejana a lo que imaginaban del matrimonio.

El timbre sonó obligándoles a bajar. Zemo como siempre, solo tomó aire antes de abrir la puerta y al hacerlo, una cálida sonrisa se posó en sus labios siendo observado intensamente por James.

—tío James…tío Helm — Se escucho la pequeña voz de Peter, el hijo de sus mejores amigos, el cual tuvieron cuando aun estaban en la universidad, tenía 7 años y era muy apegado al matrimonio Barnes, por lo que saludo de inmediato a ambos, más energético que de costumbre para después darle el paso a sus amigos.

—Espero no hayas cocinado mucho hoy Helmut no quiero llevar a casa para desayunar— se quejó en una pequeña broma Anthony Stark, mejor amigo del castaño a quien abrazo con gusto y aun cuando fue uno corto, un olor empalagoso pico su nariz.

—Tranquilo no tendrás el honor de llevarte mis sobras en esta ocasión…Steve ¿Qué traes puesto

—Hoy fue día de ir disfrazado al trabajo de princesa y Elsa no quiso decepcionar a su reino— bromeo de nuevo el castaño caminando en dirección a la mesa donde acomodaron todo.

Peter al ser el sobrino consentido de Helmut, se fe corriendo a la oficina del castaño donde le tenían acondicionado con una consola de videojuegos, juegos de mesa, libretas para colorear viejos que ya casi no tocaba y algunos libros infantiles, precisamente para tenerlo en un lugar seguro mientras los adultos conversaban en el piso de abajo.

—¿Cómo van? — cuestiono Steve a James cuando su esposo se había alejado a la terraza con el otro castaño esperando no ser escuchado por el más gruñón.

—Mientras no tenga un positivo en su mano nada va a mejorar

—¿Y los estudios que se hicieron? ¿No mejoraron las cosas?

Pero las expresiones de James le respondían antes de que este lo hiciera.

—No le he mostrado los resultados, le pedí a Strange que los revisara y aun no me ha dado respuesta…

—Entonces solo falta esperar, sé que Stephen hará todo lo que este en sus manos por que la respuesta sea positiva para ustedes…

Y con esas buenas vibras por parte de su mejor amigo, pudo sentir un poco de alivio en su espalda, mientras veía a Helmut a lo lejos conversando con Tony, de las pocas veces que le veía un poco relajado o al menos lo disimulaba demasiado bien. No pasó mucho tiempo cuando el timbre volvió a sonar, llenando su casa de risas. Los segundos en llegar fueron Nath y Bruce, quienes se conocieron gracias a Stark, después llegaron los Strange, quienes…realmente eran invitados porque el omega del matrimonio, Everett, era jefe de James, este no era tan unido al grupo debido a que no toleraba a Anthony.

Todos pasaron a la terraza donde una mesa ovalada les esperaba. Helmut estaba sentado entre Stark y Ross. Antes le preocuparía que estos no se lanzaran comentarios pasivo-agresivos, pero ahora no podía tolerar los temas de conversación que no podía compartir con su mejor amigo, mucho menos disfrutar. Los temas sobre embarazos, niños o crianza o le caían nada bien a su autoestima, era como si lo pisotearan con sus anécdotas sobre sus embarazos, incluso muchas veces llegaban a decir que Helmut sería esa tío solterón llena de gatos, dado a que se encargaba de hacer creer a los demás que no quería tener hijos cuando moría por uno.

Por lo que no le quedaba de otra más que beber de su vino incomodo y seguir la charla sintiendo como sus ojos picaban, su garganta se apretaba y batallaba para pasar el trago de vino, sin olvidar su cigarrillo que le ayudaría a pasar esa sintomatología, pero no podía fumar ya que Everett estaba en cinta y no era un monstro sin corazón.

—¿Y cuanto te falta? — cuestiono al de cabello grisáceos regresando a la platica como si su mente jamás hubiera divagado.

—Casi 4 meses, apenas se nota…— respondió calmado mientras ponía su mejor cara —Es algo pequeña aun y comienza a moverse…¿Quieres tocar?

Pero eso era imposible de si quiera pensarlo, Helmut dejo su copa casi estampándola en la mesa levantándose de una —No gracias… — musito disculpándose con todos los presentes ya que iría por el postre diagonal sorpresa para Tony.

Las miradas entre James, Tony y Steve no faltaron, como si tuviesen una discusión, una que no necesitaba palabras que llevo a James a levantarse para ayudar a Helmut a traer el postre y se dirigió a la cocina donde encontró a su esposo con una botella de vino elevada sobre su cabeza mientras bebía de esta con desespero. —¿Te ayudo con el pastel? — cuestiono sobresaltando al castaño quien bajo la botella de la que tomaba de inmediato y limpiando su boca solo asintió —Espero la sorpresa le guste a Tony…—

—También yo, no pase horas en la cocina para nada— Una sonrisa apareció en su rostro al escuchar algo tan típicamente arisco por parte de Helmut.

—Anda vamos pues…no hagas esperar a tus invitados…

Sus ánimos no duraron mucho, puesto al llegar con el pastel ya con las velas encendidas, solo veían a todos felicitaban a los Stark, quienes solo les faltaba saltar de la felicidad, aun sin saber que pasaba el matrimonio Barnes se acerco dejando el enorme pastel rojo con decorados dorados sobre la mesa.

—¡Buck, voy a ser papá otra vez!

Aquella noticia simplemente opaco por completo la repostería que con una hermosa caligrafía decía ¨Feliz cumpleaños Tony¨

—¿Otra vez? — cuestiono Helmut con sarna sorprendiendo a Anthony que le veía extrañado a lo que rápido con una sonrisa solo lo abrazo felicitándolo.

Era como si la vida se encargarse de recordarle que el no nació para ser feliz. O que simplemente jamás sería capaz de tener todo lo que quisiera, o no lo que el dinero no pudiera comprar. La cena siguió después de un brindis de celebración, de nuevo el tema de la maternidad había aparecido en la mesa sin ganas de irse, dejando a un Helmut mudo escuchando el gozo de los demás mientras divagaba en sus pensamientos destructivos en su contra.

Todo era risas, calidez y armonía hasta que la oscuridad reino en esa mediana casa de los suburbios londinenses, dejando un sentimiento lúgubre por los pasillos que daban fin en un triste panorama de donde antes se encontraba un grupo de personas celebrando, dejando ver solo a un pecoso castillo con un cigarrillo entre sus labios y su mirada perdida en el horizonte.

—Peter…te busco para despedirse de ti— hablo james tratando de desviar el tema.

Y era lo que odiaba de cada junta. Todos ignoraban eso, que su hogar que empezó lleno de esperanzas poco a poco fue menguando ante la desesperación. El anhelo, el deseo, el amor que sobraba para darle a una personita, uno que, al pasó al que iban…jamás existiría.

Tal vez estaba siendo egoísta y duro consigo mismo, o con James, pero había días en los que Helmut no permitía que los pequeños momentos de felicidad le ayudaran a avanzar.

—Helmut…

—Lo se…aun no es tiempo…lo se