Capitulo 1
"Te casaras con Amos"
Esas cuatros palabras que salieron de la boca de su tío resonaron en la mente de Aeron como un destino ineludible. Su vida y sueños fueron sepultados bajo esa decisión tomada sin su consulta, sin siquiera considerar sus propios deseos.
Todavía podia sentir la sensación agonizante que aplastaba su pecho dificultandole respirar, tan similar a la que sintió la vez que su madre le había dado la noticia de que su padre se había muerto. El deseaba estarlo ahora.
Aeron lo sabía, prácticamente lo adivino en el momento que los ojos de su primo brillaron con la noticia de su casta. Sabía que Amos siempre había tenido una fijación obsesiva y enfermiza con el desde muy pequeños, pero no quiso aceptarlo. Se negaba a creer que el primo que una vez había admirado por su fuerza y valía lo veia con otros ojos, más allá de los lazos familiares.
Aún así jamas pensó que a su primo se le ocurriría pedir su mano y mucho menos que su tío este de acuerdo con eso.
"La boda será en cinco lunas, así tendrás tiempo para prepararte para tu nueva vida."
Cerro sus ojos con fuerza ¿Cómo pudo ser tan ingenuo? se pregunto que pecado tan atroz había cometido para que los dioses lo castigarán de esa manera ¿Por qué le estaban quitando toda su felicidad?
Desde entonces había pasado noches en vela, sin dormir, y su estómago retumbaba de hambre. Se había encerrado en los aposentos de su padre, el único lugar que consideraba seguro en el Septo de Piedras, por qué allí, el aroma de su progenitor aún persistía, como un consuelo en medio de la tormenta. Las velas parpadeaban en las esquinas, proyectando sombras danzantes sobre las paredes de piedra. El silencio era opresivo, solo interrumpido por el ocasional crujido de la madera o el lejano eco de pasos en los pasillos.
Aeron nunca se había sentido tan solo.
Enfrentándose al espejo que colgaba en la pared opuesta. Su marco dorado, una vez imponente, mostraba signos de desgaste, al igual que el cristal que reflejaba su imagen. Sus ojos verdes, normalmente llenos de esperanza, ahora reflejaban una mezcla de ira, impotencia y tristeza. Sus labios finos temblaron mientras miraba su reflejo demacrado. El rostro que veía no era el de un futuro Caballero, como había soñado. En cambio, era el de un Omega atrapado en una red de alianzas familiares, un peón en un juego que no había elegido.
Su piel naturalmente bronceada ahora estaba pálida y parecía aún más frágil bajo la luz del día. Las ojeras oscurecían sus ojos, marcando noches de insomnio y lágrimas contenidas. Su cabello, que siempre estaba cuidado y brillante, estaba desaliñado, sin vida, opaco... la noticia le había arrancado la belleza de su juventud.
La espada de su padre descansaba sobre la cabecera de la cama, como un testigo silencioso de su destino. Aeron la contempló con ojos vidriosos. Aquella hoja afilada, forjada con esmero y pasión, había sido el orgullo de su padre. La misma espada que había defendido los ideales de la Casa Bracken durante generaciones.
"Serás un gran Alfa, mejor caballero que cualquiera de Las Tierras de los Rios. Serás mi orgullo, Aeron", le había dicho su padre. Aeron recordaba el brillo en los ojos de su progenitor, la confianza que había depositado en él.
Había soñado con portar esa espada en batalla, defender a su familia y su tierra. Pero ahora, como un Omega, sus sueños se habían desmoronado. La espada ahora sería un recordatorio constante de su fracaso, de su incapacidad para cumplir con las expectativas de su padre.
Las lágrimas cayeron y él las limpió con fuerza. Volvió hasta la cama y gritó contra la almohada, intentando liberar de su cuerpo la agonía que lo consumía lentamente. Las palabras de su padre lo destrozaban por dentro.
— No puedo ser tu orgullo, papá... Lo siento — su voz salió quebrada por el llanto y los gritos. La opresión en su pecho dolía; quería desaparecer, necesitaba arrancarse la sensación de impotencia del alma que estaba sintiendo desde que se presentó como un Omega hace algunas semanas.
El aposento parecía encogerse a su alrededor, la sensación de asfixia era insoportable. Se acercó a la ventana despacio para tomar un poco de aire, abrió las cortinas y las luz del día lástimo sus ojos rojos e inchados pero no le impidió ver el exterior, el patio interior seguía allí, inmutable. Las flores, los árboles, todo parecía ajeno a su tormento. Y aún que la idea había cruzado miles de veces por su cabeza tentandolo, Aeron sabía que no podía escapar. La alianza con Amos, el matrimonio político que sellaría su destino, lo aprisionaba como las murallas del castillo.
— Por favor ayudame — murmuró.— ¿Que debo hacer, padre?
La respuesta no llegó. Solo el silencio del aposento y el eco de sus propias palabras.
La puerta de los aposentos se abrió con un chirrido, y Aeron giró hacia ella, encontrándose con la figura delicada de su madre, Lady Elena. Su cabello era una cascada de tonos dorados, estaba recogido en un peinado impecable. Los ojos verdes de su madre, tan parecidos a los suyos, reflejaban una mezcla de preocupación y determinación.
— Madre — susurró Aeron.— Por favor, detén esto. No quiero casarme con Amos, por favor, mamá.
— Oh, hijo...
Lady Elena tomó a su hijo de los hombros y le dio un pequeño abrazo. Aeron se refugió en sus brazos, sintiéndose como un niño desesperado. Pero el abrazo no duró mucho tiempo; ella lo apartó con delicadeza y le apartó los cabellos de la cara, guiándolo para que ambos tomaran asiento en la cama.
Elena suspiró, buscando las palabras adecuadas. Ella, más que nadie en el castillo, comprendía lo que Aeron estaba pasando. Había vivido una situación similar muchos años atrás. Sin embargo, la diferencia entre ellos era abismal. Mientras ella había sido preparada toda su vida para cumplir con los deberes y obligaciones de ser un Omega, su esposo había insistido en entrenar a su hijo como un Alfa, a pesar de los rasgos notorios que indicaban que Aeron posiblemente sería un Omega.
Se culpaba a sí misma por no haber sido más firme en la crianza de su hijo y por no haber enfrentado a su difunto marido.
— Yo... Yo no tengo el poder para cambiar esto, Aeron. Tu tío ya ha tomado una decisión — acarició los cabellos de su hijo con ternura, viendo cómo el pequeño omega cerraba los ojos con fuerza.
— No quiero esto, mamá...
— Lo sé, hijo.
— Quería ser un Caballero como mi padre.— Aeron protestó.— Eso es lo que él quería para mí, no esto.
— Tu padre estaría orgulloso de ti, sin importar tu destino — respondió Lady Elena con voz firme.— Ser un caballero no es la única forma de tener honor, Aeron. Hay muchas maneras de servir a nuestra familia y a nuestra tierra.
— ¿Pariendo a los hijos de mi propio primo?
— Aeron — su madre lo reprendió —. Eres un omega, no puedes ignorar tu responsabilidad.
Aeron apretó los puños.— ¿Y qué hay de mis sueños? ¿De lo que yo quiero?
— La libertad es un lujo que no todos pueden permitirse — dijo Lady Elena.— Eres un Omega de una casa noble, y eso conlleva deberes y sacrificios. Debes aceptar tu destino con gratitud, no con resentimiento.
— ¿Gratitud? — Aeron sintió que la rabia lo consumía. — ¿Cómo puedo estar agradecido por un matrimonio que no elegí? ¡Es mi maldito primo, mamá! ¿No ves lo enfermo que es eso?
Lady Elena suspiró.
— Amos es un buen hombre — dijo—. Lo conoces desde la infancia. No serás entregado a un desconocido en tierras lejanas. Eso es un privilegio que muchos no tienen.
Aeron no podía creer las palabras de su madre.
— Eres joven, Aeron. Entiendo tu rabia y enojo. Pasé por lo mismo que tú, y sé que no lo ves de esa manera ahora, pero no tienes idea de la suerte que tienes al casarte con alguien que conoces y, además, poder permanecer en tu hogar, con tu familia.
Aeron nego con la cabeza frenéticamente, no quiso escuchar más y salió corriendo de los aposentos. Necesitaba escapar, sentía que se ahogaba. Lady Elena corrió tras él, gritando que se detuviera, pero antes de que pudiera alcanzarlo, Amos se interpuso en su camino.
— Dale espacio, tía. Todo esto es demasiado para él; debe procesarlo poco a poco. ...
...
Aeron llegó hasta el valle donde se encontraba el viejo molino, cerca del río. Se dejó caer sobre la hierba, su pecho agitado por el llanto y la frustración. Gritó al cielo, maldiciendo su destino y a todos los dioses que lo habían abandonado. El río fluía a su lado, sus aguas cristalinas reflejando su desesperación.
En ese momento, cuando Aeron creía que no podía sentirse más atrapado, una voz burlona lo interrumpió.
— ¿Qué tenemos aquí? — dijo el desconocido, su tono lleno de desprecio.— La pequeña puta de los Bracken.
El omega se puso de pie, limpiándose las lágrimas con rabia. Frente a él estaba un Alfa Blackwood, miembro de la familia rival. Su cabello oscuro y sus ojos fríos eran un contraste evidente con la apariencia dorada de Aeron.
— Vete a la mierda, Blackwood.— Aeron le escupió, pretendía hacerlo en la cara, pero por la distancia, el escupitajo solo había llegado al pecho del chico.
En un día normal, Aeron solo habría caminado en dirección opuesta, evitando el conflicto, pero hoy estaba lleno de furia. Ya se sentía lo suficientemente humillado como para soportar las burlas de un Blackwood.
Se giró para marcharse, pero un jalón en su cabello lo hizo caer al suelo de golpe. Gritó por el impacto y entonces una patada en su estómago le sacó el aliento. En un movimiento rápido, agarró un puñado de tierra, pasto, ramitas y algunas piedras, y lo arrojó en dirección a la cara del Alfa que intentaba ponerse encima de él. Aeron sonrió con suficiencia cuando escuchó los gritos del Alfa quejándose. Se incorporó y pudo ver al Blackwood frotando sus ojos con fuerza, intentando sacar la tierra de sus ojos. Aprovechó el momento de distracción para correr, pero nuevamente un jalón de pelo lo derribó al piso otra vez.
— ¡Ya deja en paz mi cabello, maldito hijo de puta!
Aeron no sabía de dónde salía tanta valentía. Las feromonas del Alfa lo mareaban, a pesar de estar aguantando la respiración. Comenzaba a afectar a su Omega, pero aún así luchaba con todas sus fuerzas. No iba a doblegarse ante el imbécil.
— ¡Te voy a matar, puta de mierda! — el Alfa gruñó mientras aún lo sostenía del cabello. Aeron pateaba al aire, se retorcía y arañaba la muñeca del Alfa con las uñas, las cuales agradecía tener largas.
Cuando el Alfa lo guió más adentro del territorio de los Blackwood, Aeron tuvo la horrible sensación de que una vez que cruzara el bosque, ya no saldría de ahí nunca más. Una de sus patadas impactó en el miembro del chico, y entonces lo escuchó gritar y lanzarse al suelo. Como aún lo sostenía del cabello, cayeron juntos, y los golpes volvieron en ambas direcciones.
La lucha se intensificó. Aeron se defendía con uñas y dientes, pero el Alfa Blackwood era implacable. Cada golpe, cada patada, lo dejaba sin fuerzas. Aeron sentía la presión aplastante en su pecho, la tierra fría bajo su espalda.
Finalmente, el Alfa logró aprisionarlo. Aeron gruñó de dolor y frustración. Su mente giraba, buscando una salida, pero estaba atrapado. El aroma del Alfa llenaba sus sentidos, y aunque luchaba contra las feromonas, su cuerpo respondía de manera instintiva.
— ¿Qué harás ahora, pequeña puta de mierda? — susurró el Alfa, su aliento caliente en el rostro de Aeron.
Aeron cerró los ojos con fuerza, esperando el golpe final. Pero nunca llegó. En lugar de eso, vio cómo el Alfa Blackwood lo miraba con sorpresa reflejada en su rostro. Se levantó rápidamente, alejándose de Aeron como si fuera la peor de las pestes.
— ¡Lárgate de aquí! — gruñó el Alfa, su voz llena de furia.
Aeron permaneció confundido, tirado en el suelo. Inhaló profundamente y, en ese momento, percibió un aroma embriagador. Era una mezcla de especias y un toque de tierra húmeda. Pero también había algo más, algo dulce y frutal.
Aeron jadeo.
No.
No puede ser.
La ironía no escapó a su mente aturdida. Ser pareja de un Blackwood era lo último que le faltaba.