Killer William

Sinopsis

Guiado por una voz que lo impulsa a matar para proteger a quienes ama, se enfrenta a un dilema mortal cuando se enamora del agente del FBI encargado de atraparlo.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

prologue

El día había sido largo, demasiado largo. Louis sentía como si una pesada losa lo oprimiera desde la mañana, con cada paso volviéndose más densa, más sofocante. La rutina, la asfixiante monotonía del trabajo y la universidad, lo estaba arrastrando a un abismo de agotamiento y desesperación. Se levantaba antes del amanecer y regresaba a casa cuando el sol ya había huido, una rutina tan implacable que apenas le daba espacio para respirar.

Cada correo sin contestar, cada tarea que se acumulaba en su escritorio y las interminables expectativas que caían sobre sus hombros parecían arrastrarlo más allá de sus propios límites.

Ese día, el mal humor había comenzado con algo tan trivial como un café derramado sobre sus apuntes, pero había ido creciendo, acumulándose en su pecho, hasta que sentía la necesidad de gritar. Gritar por toda la impotencia que lo asfixiaba, por el cansancio que había erosionado sus nervios y por la sensación de que todo lo que hacía nunca era suficiente. Todo lo que quería era parar. Detenerse, respirar, escapar de una existencia que lo estaba devorando vivo.

Pero la gota que derramó el vaso llegó aquella tarde, cuando su hermana, con los ojos enrojecidos y la voz temblorosa, se atrevió a contarle lo que había estado soportando. El abuso, el bullying, lo hubiese podido soportar, aunque con rabia, con un odio mal disimulado hacia los idiotas que se atrevían a hacerle daño. Pero cuando las palabras "me tocó" escaparon de los labios de su hermana, algo en él se quebró. Ya no era solo el cansancio o el mal humor. Era furia. Una furia tan antigua y visceral que le quemaba las entrañas.

Louis no pudo más y tampoco lo intentó. No se trataba solo de proteger a su hermana, era algo más profundo, más oscuro. Era el desencadenante de meses de estrés acumulado, de frustración contenida. Fue una decisión que tomó sin pensar, un impulso tan natural como lo era respirar.

Se enteró de dónde estaba ese malnacido, y sin dudarlo, fue a buscarlo.

La fiesta estaba en pleno apogeo cuando llegó, con la música estridente y los cuerpos moviéndose bajo luces intermitentes. Louis entró como un espectro en esa marea de jóvenes despreocupados, ajenos a la tempestad que hervía dentro de él. Se movió entre la multitud, con los ojos clavados en un solo objetivo. Lo avistó, riendo con su grupo de amigos lo cuales un momento después se alejaron uno a uno dejándole solo y completamente inconsciente de lo que se avecinaba.

Louis lo observó, lo estudió. Cada uno de sus gestos, cada una de sus risas le repugnaba más con cada segundo que pasaba. Veía a su hermana, aterrorizada, frágil, en cada sonrisa arrogante de ese tipo. Apretó los puños, dejando que sus uñas se clavaran en las palmas de sus manos mientras esperaba el momento adecuado.

El chico se separó de su grupo por completo para ir al baño, y Louis lo siguió. No había duda en su mente, solo una certeza fría y nítida. Las luces del pasillo eran más tenues, y el ruido de la fiesta se desvanecía a medida que avanzaban, aislándolos del resto del mundo. Cuando finalmente estuvieron solos, Louis no dijo nada al principio. Solo lo miró, con esa furia latente en sus ojos que el chico no tardó en percibir.

—¿Qué carajo quieres? —. le espetó el otro, con una sonrisa despectiva que solo sirvió para encender más la llama dentro de Louis.

—¿Te parece gracioso? —. preguntó Louis, con la voz baja, tensa y contenida. —.¿ Tocarla? ¿Humillarla?

El chico se rió, pero fue una risa completamente nerviosa, como si de repente entendiera que algo no estaba bien. —No sé de qué hablas.

—Claro que lo sabes.

Y antes de que el chico pudiera reaccionar, Louis ya estaba sobre él. El primer golpe fue rápido, certero, dirigido a la garganta, cortándole el aliento de un solo golpe. El chico cayó al suelo, jadeando, mientras intentaba ponerse en pie, pero Louis no lo dejó. Lo empujó contra la pared, con una fuerza que no sabía que tenía, y sacó el punzal que había escondido en su chaqueta. El metal frío brilló un segundo bajo las luces antes de hundirse en la carne del chico.

La primera puñalada fue rápida, como un acto reflejo. Pero la segunda... y la tercera... y la cuarta... esas las sintió. Sintió cada corte, cada vez que la hoja atravesaba piel, músculo y hueso. Los gritos del chico fueron ahogados rápidamente por la sangre que comenzaba a burbujear en su garganta. Louis se dejó llevar por la furia, por la justicia torcida que sentía en ese momento. No era suficiente. Tenía que asegurarse de que no hubiera vuelta atrás.

Cuando el cuchillo quedó manchado y el cuerpo del chico se estremecía en el suelo, Louis no se detuvo. Sacó el cable grueso que había preparado, lo enrolló alrededor del cuello del chico y tiró con todas sus fuerzas. Los ojos del chico se abrieron de par en par, su rostro enrojeció, y sus manos se movieron frenéticamente, intentando aflojar el cable, pero Louis apretó más, sintiendo cómo la vida se escapaba lentamente del cuerpo bajo él.

La última exhalación fue débil, apenas un susurro. Y luego, completo silencio. Louis se quedó allí, con las manos temblando aún alrededor del cable, respirando con dificultad mientras su corazón latía con una furia salvaje.

La fiesta continuaba, ajena a lo que acababa de suceder. Louis soltó el cuerpo, retrocediendo un paso mientras observaba lo que había hecho. No sentía remordimiento alguno.

Solo una calma extraña, una tranquilidad que no había sentido en mucho tiempo.

Había hecho lo que debía. Había protegido a su hermana. Y en ese momento, eso era lo único que importaba.