El Jardinero del Mundo: El Mundo Caído

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Sinopsis

En un mundo al borde del olvido, donde las sombras han devorado casi todo rastro de vida, solo una isla resiste, iluminada por un fulgor moribundo. Veridiano, un jardinero que jamás imaginó verse en el centro del conflicto, es la última esperanza para restaurar el equilibrio. Atrapado entre misterios antiguos y fuerzas oscuras que amenazan con consumir el último destello de luz, Veridiano deberá atravesar los confines de lo desconocido, enfrentándose a desafíos que pondrán a prueba no solo su fuerza, sino su propia identidad. Si él falla, la última esperanza se desvanecerá... y el mundo caerá para siempre en la oscuridad.

Genero:
Fantasy/Adventure
Autor/a:
Kbeowulf
Estado:
En proceso
Capítulos:
16
Rating
5.0 3 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1: El Misterio del Palacio






Las tinieblas cubrían el cielo, envolviendo el mundo en la negrura. Las islas fragmentadas flotaban en el vacío, restos dispersos de lo que alguna vez fue. Ahora, las sombras dominaban, separando los pedazos de un mundo colgante, condenado al olvido. En medio de esa oscuridad, una única isla resistía: su protección, una cúpula de luz que apenas titilaba como una vela agonizante, cada día más débil. Las criaturas sombrías, silenciosas y pacientes, inertes en los bordes, aguardando el momento de su caída.

Dentro de esta isla, en los restos de un palacio que alguna vez fue grandioso, un modesto jardín florecía. Era un oasis de color en un mundo que se marchita. Ahí, entre arbustos cuidados y flores de cristal, se encontraba Veridiano. A primera vista, parecía un joven en sus veinte y tantos años, no muy alto, delgado, con piel clara y cabello castaño. A pesar de la quietud que lo rodeaba, su expresión reflejaba una profunda preocupación, como si cargara con el peso de algo más grande que él mismo. Sus manos estaban cubiertas de tierra mientras trabajaba en los últimos vestigios de vida bajo su cuidado. Aunque se llamaba a sí mismo el Jardinero del Mundo, sentía que ese título se volvía cada día más vacío, como el mundo mismo.

Dejó sus herramientas al suelo, secándose la frente con el dorso de la mano, cuando un ruido rompió la calma del jardín. Giró de inmediato, alerta y vio a Grass correr hacia él, con sus crines verdes ondeando mientras se acercaba a toda velocidad.

Grass, un pequeño caballo del tamaño de un gato, con cuerpo ágil y ojos vivaces, casi siempre estaba lleno de una traviesa curiosidad, pero esta vez algo en su comportamiento era distinto. Saltaba y chillaba con desesperación.

—¿Qué sucede? —preguntó Veridiano, aunque ya en su interior sabía que algo grave se avecinaba. Grass rara vez se agitaba sin motivo.

El pequeño ser dio vueltas a su alrededor en círculos frenéticos antes de correr hacia el palacio, girando la cabeza de vez en cuando para asegurarse de que lo seguía. Sin más dilación y con una creciente sensación de urgencia, Veridiano lo siguió a través de los pasillos gastados por el tiempo.

Grass había estado husmeando en los lugares prohibidos del palacio, aquellos donde Veridiano prefería no aventurarse. Eran las antiguas habitaciones de Die, el dios creador, lugares oscuros que resonaban con una energía que Veridiano evitaba. Eran zonas llenas de símbolos, pasillos que parecían catacumbas más que parte de un hogar. El joven Jardinero no quería ni imaginar lo que Die había guardado ahí. Grass, sin embargo, tenía un espíritu inquieto, su curiosidad lo había llevado más allá de lo permitido.

Las sombras parecían moverse con vida propia en estas áreas abandonadas. Los símbolos se alzaban como recordatorios de un poder que Veridiano apenas comprendía. Lo guió hacia una puerta que no se había tocado en años. Estaba marcada con unos sellos, poderosos y antiguos.

Grass saltaba alrededor de la puerta, rascando con sus pequeñas patas y chillando con insistencia.

—¿Aquí? —murmuró Veridiano, acercándose con cautela.

Grass se detuvo abruptamente, inclinando la cabeza hacia un lado, escuchando algo que Veridiano no percibía al principio. El joven se acercó más y entonces lo escuchó también: un leve crujido detrás de la puerta, como si algo dentro se estuviera rompiendo. El sonido era apenas perceptible, pero lo suficientemente extraño como para hacer que sus pelos se erizaran.

Su primer instinto fue retroceder. Aquella puerta llevaba siglos cerrada, protegida por los sellos del dios. No había razón para abrirla ahora, ningún motivo para liberar lo que fuera que había sido encerrado. Sin embargo, algo en el aire lo instaba a seguir. Una vibración, casi imperceptible, le recorrió los huesos, empujándolo hacia adelante.

Respiró hondo, sintiendo el peso de su decisión. Alzó las manos hacia los símbolos tallados, y dejó que la luz fluya desde sus dedos hacia los sellos, que comenzaron a desvanecerse con una facilidad inquietante. Era como si la puerta hubiera estado esperando ser abierta, como si el poder que la contenía estuviera más débil de lo que había imaginado.

Con un crujido profundo y resonante, la puerta se abrió, revelando una cámara oscura y silenciosa. Un aire frío y denso lo envolvió, llenando la estancia de una sensación sofocante. A lo lejos, en el centro de la habitación, un cristal descansaba, su brillo tenue apenas perceptible en la oscuridad. Dentro del cristal, una figura femenina permanecía inmóvil, suspendida en el tiempo.

Veridiano dio un paso hacia adelante, hipnotizado por la figura. Cada fibra de su ser le decía que había algo poderoso, antiguo y peligroso en esa sala, no pudo evitar acercarse. Su corazón latía con fuerza, mientras la energía en la cámara parecía pulsar a medida que se acercaba al cristal.

—¿Eres tú quien ha venido a liberarme? —En el momento que posó su mano sobre el, una voz resonó en su mente, suave pero cargada de una autoridad inmensa.

Retrocedió instintivamente. El cristal comenzó a agrietarse cuando un destello cegador llenó la habitación. Veridiano entrecerró los ojos, sintiendo la fuerza del poder que estaba siendo liberado. Sabía, en ese momento, que había cruzado un umbral del que no había vuelta atrás.

La figura dentro del cristal se movió, lenta y deliberadamente, como si despertara después de un largo sueño. Los ojos de la diosa se abrieron, brillando con una intensidad que superaba cualquier luz que Veridiano hubiera visto antes.

¿Qué he hecho? —susurró para sí mismo mientras el cristal se rompía por completo, liberando a la diosa de su prisión.

Los ojos de la diosa lo miraron con una intensidad imposible de ignorar. Algo en su interior despertó junto a ella, una conexión que no comprendía pero que no podía negar. Veridiano entendió en ese instante que el destino del mundo no solo estaba en sus manos, sino que ahora también estaba ligado a la criatura que había liberado.


Hola, querido lector. Subo este pequeño fragmento para leer tus comentarios. ¿Te dan ganas de seguir leyendo? Tengo la novela en desarrollo, con la estructura completa y las ideas de los capítulos. A medida que la vaya desarrollando, iré subiendo fragmentos y completando los capítulos. Me interesa saber si va por buen camino, así que comenta lo que pienses. ¡Gracias por leer!