Prólogo
FLORENCIA, ITALIA
MAURIZIO
— ¡Debes dejar esas estupideces ya, Maurizio! —grita mi madre luego de darme una bofetada—. ¡Pura basura de maricas que no sirve para nada! ¡Mi hijo no es un marica! —Su mano me golpea, pero esta vez con el puño con tanta fuerza que me hace caer al piso—. ¡Esto se acabó! —Hace pedazos el cuento que hice para Geo, ha tenido su primera menstruación y la ha pasado fatal, mamá la ha golpeado e insultado, odio cuando hace eso y solo quería hacerla sentir mejor—. Te dije que vas a ser policía como tu primo ¿Entendido?
—Pero... —Me mira en advertencia y agacho la cabeza.
Nunca desobedezcas a tu madre.
No repliques sino quieres más golpes.
Hay que ser obedientes y portarse bien.
—Entendido —respondo, sintiendo mi cara arder por el golpe, ella se va y me quedo mirando las hojas rotas en el piso, siempre que me descubre escribiendo es lo mismo, lo destroza todo. Tal vez ya no deba hacerlo más, así no volverán a pegarme ni meteré en problemas a Geo, sé que mamá tal vez la golpee de nuevo por mi culpa.
Esa tarde cuando Geo llega del colegio casi llora al verme, pero no dice nada para no provocar a mamá, cuando papá llega a casa solo pone algo frío en mi mejilla y nos sentamos a cenar sin hablar de mis golpes o la razón por la que los obtuve.
Nunca se habla de los golpes.
Los golpes se curan con los días y no ha pasado nada.
Tal vez los golpes físicos sí se curan, pero… ¿Y los golpes del corazón quién los cura?
A veces quisiera salir corriendo y alejarme, escapar de ese infierno, pero pienso en Geo, amo a mi hermana más que a nada en el mundo y ella está enferma del corazón.
No puedo simplemente dejarla sola.
En la noche se escabulle a mi cuarto y llora al verme: — ¿Por qué te pegó?
—Ya sabes que cualquier cosa la altera —respondo, no quiero se sienta mal ni crea es su culpa—. ¿Cómo te sientes? —Hace una mueca de dolor
—Duele mucho, pero dice mamá que debo sufrir por el simple hecho de ser mujer y que debo aprender que nosotras siempre sufrimos, tal vez tenga razón. —Suspira con algo de dificultad por su enfermedad.
—No creo que debamos sufrir siempre, no es justo —me quejo, pero ella solo se acomoda en la cama y me hace poner la cabeza en sus piernas.
—Es lo que nos toca, Mau... Dios sabrá las razones. —Acaricia mi cabello y empieza a cantarme en voz muy baja, solo cierro los ojos, mi debilidad son precisamente esos cariños en el cabello y la cara, siempre me hacen sentir mejor—. ¿Consigues chocolate mañana? —Abro un ojo y ella sonríe.
—No prometo nada, pero haré lo posible...
—¡Te amo! —Besa mi frente.
—También te amo, princesa Geo. —Y no miento, amo a mi hermana y dentro de todo nuestro infierno al menos nos tenemos el uno al otro.
No sé bien cuándo ni por qué empezaron los golpes, solo sé que una vez que empezaron no han parado. De nada sirve que yo sea casi tan alto como mi mamá, no puedo hacer nada. Por alguna razón nuestras golpizas están enlazadas, a veces trato de ser yo quien reciba los golpes, me da miedo por su enfermedad algún día no lo soporte y se vaya, no quiero que me abandone.
—Siempre juntos, Mau —murmura dejando un beso en mi frente antes de escabullirse de vuelta a su cuarto.
— ¡Sabía que estarías ahí como la hija de Satanás y del pecado! —escucho el grito de mamá y corro desesperado, pero ya es tarde, la puerta tiene seguro.
— ¡No le pegues, por favor! —grito aporreando la puerta—. ¡No le pegues, mamá!
— ¡Es tu hermano, maldita provocadora! —Su voz resuena a través de las paredes y no paro de golpear la puerta y tratar de abrirla, pero nada parece funcionar.
— ¡Por favor, basta! ¡Basta! —suplico incesantemente al escuchar a Geo empezar a gritar por los golpes.
— ¡Mamá, me duele! —Corro por papá quién está sentado en el cuarto con el rostro enterrado entre sus manos.
— ¡Papá, haz algo! —Me mira conteniendo sus propias emociones mientras niega con la cabeza — ¡Te lo suplico, haz algo! —Caigo de rodillas con lágrimas en mi rostro y papá me abraza, lo empujo porque sé que no va a ayudarme, nunca nos ayuda, solo nos cuida los golpes después, pero... ¿Es suficiente?
Corro a la cocina por un cuchillo para intentar destrabar la puerta, ya Geo no grita, puedo escuchar los golpes, trato y trato hasta que la puerta cede y veo a mi hermana hecha un ovillo en el piso dando la espalda a la puerta.
—¡Geo! —Corro a su lado, pero mamá me empuja con fuerza—. ¡Geo, mírame!
— ¡Deja de sufrir por ella! —La mano de mi madre me golpea de nuevo y solo necesito ver que mi hermana se mueve, que me mire.
— ¡Geovanna, por favor! —Le suplico y levanta su brazo con dificultad—. Dime algo…
— Es… es…toy… bi…en —pronuncia entre sollozos con evidente dificultad.
— ¡Los hombres no lloran! —ruge mi madre furiosa y tensa mi cabello con fuerza—. Esa provocadora hija de Satanás se lo merece, es la serpiente que busca provocarte para que peques. —La miro horrorizado.
¿Por qué cree eso?
Tiene la enfermiza idea que Geo quiere provocarme, eso es atroz.
—Vuelve a tu cuarto. —Tensa tan fuerte que me hace caer de rodillas y me arrastra por el piso hasta el cuarto, mi madre es enorme y tiene mucha fuerza.
Tal vez algún día pueda vencerla.
*-*-*-*
—¿Estás segura, Geo? ¿Monja? —cuestiono a solo días de que ella empiece el noviciado, todo por una loca promesa de nuestra madre cuando la operaron para ponerle finalmente su desfibrilador.
—Es el designio de Dios, ha salvado mi vida y yo debo retribuirle con mi servicio como su sierva —recita como en una especie de cántico automático y mi corazón duele por ella.
He visto como poco a poco la chispa de mi hermana se ha ido apagando y temo que con esto ella nunca vuelva a ser la misma.
—No hay que cuestionar nada, Maurizio…
—Pero no es lo que tú quieres, Geo. ¿Tú qué quieres? —Fija sus ojos azules en mí y puedo ver el tormento en ellos, sus ojos son como una ventana a su alma, siempre transparentes.
— Lo que yo quiera no viene al caso, Maurizio, la decisión está tomada y seguiré las reglas ¿O se te olvida lo que pasa si no cumplo las reglas? —Hace una mueca de desagrado y asiento, ambos pasamos menos tiempo en casa, yo en la policía y ella como interna en el convento, lo que ha reducido las golpizas, ya a mí no me toca, pero Geo sigue siendo vulnerable.
— ¿Todo bien, mis muchachos? —La tía Manuela aparece en casa con una bandeja de comida, Geo corre a abrazarla, ella es como una madre, una madre amorosa que intentó por todos los medios ayudarnos, pero nunca nada pudo concretar algo.
— Te amo, tía… —Mi tía sonríe y la aprieta más, ve a Geo como una hija, a ambos, tanto ella como el tío Pepe a veces parecen más nuestros padres que los propios.
— También te amo, mi niña, mucho. —Besa su frente y me mira con un guiño.
— Yo también las amo… A ambas.
Un par de días después me atrevo a hacer algo un poco radical, pero mi hermana cumple la mayoría de edad y al menos quiero que tenga unas horas como una chica normal antes de internarse para siempre en ese convento.
“Solo un par de gotas para que se duerman, no les va a pasar nada y tendremos unas horas para celebrar a la princesa…”
Sonrío al recordar las palabras de mi amigo Leonardo cuando me dio las gotas, está como loco por mi hermana y busca hablar con ella tanto como puede en cada visita, de ser diferentes las cosas, ellos podrían salir y mi hermana podría ser una chica normal de 18 años. Pero las cosas no son normales y hay que aprovechar lo poco que se puede.
Pongo las gotas en el té de mis padres esa noche y me aseguro de que están bien dormidos a la medianoche, busco el cupcake que mi tía Manuela ha hecho y que he escondido para ese momento, busco a mi hermana quien me mira con una sonrisa brillante cuando le canto el “Feliz cumpleaños” no tengo su voz de ángel, pero la intención es lo que cuenta ¿Cierto?
Ella no puede creer cuando le digo que vamos a salir, se alista rápido y al bajar es Leonardo quien nos espera, Geo se sonroja al verlo y él se pone nervioso, yo solo sacudo la cabeza y la hago subir al auto. Cuando llegamos al lugar me siento contento que le guste la sorpresa, algunas de las chicas con las que estudia y varios de mis amigos están ahí para celebrarla.
— Y solo porque estás acompañada de nosotros, eh. —Le entrego una botella de cerveza para que la pruebe, Leonardo la mira con una sonrisa boba mientras ella observa la botella y la huele con curiosidad antes de dar el primer sorbo, arruga la cara y se sacude, solo puedo reírme.
— No me gusta como sabe. —Frunce el ceño, da otro sorbo para comprobar y le entrega la botella a Leonardo.
— La princesa tiene el paladar fino —dice mirándola fijamente, mi hermana se sonroja y yo empujo a Leonardo—. ¿Por qué la violencia, hermano?
— Gracias a los dos por esta noche. —Geo nos envuelve a ambos entre sus brazos y nos da un beso en la mejilla a cada uno—. Los adoro y no saben cuánto significa esto… —Su voz se quiebra un poco.
— Una noche para recordar, princesa Geo, a veces los recuerdos nos ayudan a sobrellevar mejor las cosas. —Le guiña un ojo y yo no puedo ver más empalague de esos dos.
— Te la encargo. —Lo apunto con mi dedo—. Y nada de sobrepasarte porque tendremos problemas —le advierto y veo la emoción en los ojos de mi hermana, solo por ella hago esto, por ella y para que sea feliz al menos unas horas.
*-*-*-*
Ese ha sido un buen día, un muy buen día, finalmente pudimos atrapar a un malnacido que le encantaba robar a las mujeres en los autobuses, nos han dado un bono por eso y estoy contento. Manejo a casa emocionado porque quiero compartir la noticia con mi esposa Nadia, he salido más temprano y le llevo flores, me gusta consentirla, llevamos un par de años juntos y la amo. Creo que ha sido la única buena cosa que ha salido de una presentación de mujeres por parte de mi madre, quien durante años quiso emparejarme con todas las chicas de la iglesia, pero Nadia es diferente.
Ella con sus ojos marrones y larga cabellera castaña me cautivaron, sin contar su sonrisa, aunque también tiene un carácter fuerte y demandante cuando quiere, más de una vez he salido con las tablas en la cabeza cuando discutimos, pero haría cualquier cosa por ella. Por eso he trabajado más, cada día, por eso me endeudé para comprar esa casa para nosotros, para darle un techo donde vivir decente y donde tal vez en algún momento formemos una familia. Por eso trabajo más, para darle lo que se merece, lo que ella repite siempre que merece: Ser una princesa.
Entro con cuidado para sorprenderla, pero veo su ropa regada en el piso de la sala y un cinturón de hombre, todo mi cuerpo se tensa y se pone alerta. Se despierta ese instinto que te enseñan a desarrollar en la policía, ese instinto de que algo va mal, de que las cosas pueden cambiar. Camino casi con temor siguiendo la hilera de prendas de ropa hasta nuestro cuarto, mi corazón late tan rápido que puedo sentirlo en la garganta, en mis oídos ¡Mierda!
Miro mis manos temblar al girar el pomo de la puerta e indudablemente escucho sus gemidos, conozco esos gemidos y termino de abrir la puerta, me quedo helado, estático, en shock, ahí está mi esposa, mi Nadia teniendo sexo con mi primo Norberto, gimiendo como… Ni siquiera puedo describir el asco que siento, el ácido que sube por mi garganta con las náuseas que la escena me ocasiona.
¿Por qué?
— ¡Maldito hijo de perra! —grito y la rabia se apodera de mí, en ese momento todo se me nubla y solo tomo a ese desgraciado y lo alzo, puedo destrozarlo si quisiera, lo arrastro por el piso, pero logra hacerme tambalear, empezamos estos frenéticos golpes y escucho a Nadia gritar sin entender una sola palabra
— ¡Ella me prefiere porque eres un pusilánime que nuca va a lograr nada! —Escupe sangre al piso y miro a Nadia que sigue medio desnuda.
— Ya no siento nada por ti, Maurizio, te has vuelto un aburrido y ya ni el sexo es bueno. —Sus palabras tan crueles se sienten como ácido siendo vertido en mi corazón hecho pedazos, ahora entiendo a Geo cuando decía que su corazón podía doler y ser insoportable.
El mío propio se acaba de hacer pedazos y por la persona que amo.
Mi Nadia.
— ¿Por qué, Nadia? ¿No me amas?
— Solo me casé contigo para poder salir de mi casa y dejar el infierno con mis padres —dice con fastidio y no reconozco a la mujer que tengo en frente.
¿Nunca la conocí?
—Además, Norberto ha escalado más rápido que tú en la policía, puede darme una mejor vida, la vida que me merezco… —Una vez más sus palabras se clavan en mi pecho y abren la herida hasta el punto de que siento puedo irme al piso de lo mucho que duele esto.
—Nadia… —Quiero acercarme, pero ella me rechaza—. ¿Desde cuándo? —pregunto sin siquiera querer saber la respuesta, tal vez soy masoquista. Tal vez siga creyendo que esto es una pesadilla y voy a despertar en cualquier momento.
— Eso no importa, igual siempre supe que no eras el hombre para mí, solo necesitaba de ti para poder salir de casa con alguien que mis padres aprobaran, lo hice, ya conseguí lo que quería y no te necesito, nunca serás suficiente para mí, eres un don nadie conformista que no vale nada…
Ácido…
Del ácido más corrosivo del mundo se sienten sus palabras.
El más filoso puñal se clava en mi pecho con su mirada fría.
¿Tan ciego estaba?
¿Cómo nunca me di cuenta?
Y cuando ella se acerca para revisarlo, salgo corriendo de ahí y vomito hasta el alma en la entrada, vacío mi estómago y las lágrimas de ira y tristeza salen sin poder controlarlas ¿Por qué tanta crueldad? ¿Por qué el engaño?
— ¿Ves? Eres un cursi blandengue. —Su voz me sobresalta y la veo parada en la puerta mirando todo con asco, mirándome con asco. De verdad nunca conocí a esta mujer. Me usó y nunca me di cuenta ¿Cómo fui tan ciego?
¡Porque te enamoraste como un imbécil!
¡Eso pasó!
— A ninguna mujer le gusta un hombre así… —Suelta su veneno y vuelve a la casa.
¿No le bastó con engañarme?
¿Qué pretende clavando más profundo el puñal?
Manejo sin rumbo fijo por largo rato intentando calmarme, pienso en volver y matarlo, pero luego pienso en que eso truncaría toda mi carrera, le daría un infarto a mi madre y un gran dolor a mi hermana y a mi papá. Manejo hasta el único lugar donde sé que pueden recibirme y escucharme: La iglesia.
Es Andrés quien me recibe y enseguida llama a Geovanna, entre ambos me llevan a la sacristía para tener privacidad y me permito llorar mientras les cuento lo sucedido, Geovanna farfulla en todos los idiomas que conoce y sé que no es nada agradable lo que dice, pero ella fue la primera en advertirme que no me casar, que Nadia no era buena para mí, me lo repitió hasta el cansancio, incluso Nadia no soporta a Geo, eso debió darme una pista ¿Verdad?
Pero ahí fui yo de necio a meterme de cabeza con ella que supo engañarme para que me enamorara, yo caí, caí como un idiota y le entregué todo, hasta mi corazón, ella lo hizo añicos y no sabía que una traición así podía doler tanto. Nunca nadie te dice lo mucho que esto duele.
— Esa mujer no vale la pena, aquí eres tú el valioso, Mau, llora y sufre tu dolor, sácalo todo para que puedas levantarte y seguir adelante, Dios va a darte la fortaleza y aquí estamos nosotros para apoyarte, aquí me tienes cuando me necesites siempre, Mau, tienes mi hombro para llorar, mis manos para sostenerte cuando no puedas más, incluso mi corazón si el tuyo no quiere latir porque duele mucho… —Veo en sus ojos tanto dolor como el que yo siento, sé que verme sufrir la hace sufrir también.
—Dios le da a sus mejores guerreros las batallas más difíciles, Maurizio… —Andrés se sienta a mi lado y pone su mano en mi hombro, ese hombre siempre sabe qué decir y como consolar a cualquiera—. El Señor sabrá bendecirte cuando el momento sea correcto, encontrarás a la mujer para ti, la que sepa valorar el hombre que eres y todo lo que esa mujer no supo ver y que te hacen grande…
— Eso que dice Andrés es cierto, el tiempo de nuestro Dios es perfecto y todo pasa a su debido momento, llegará a ti alguien especial ¿Y sabes por qué? —Niego con la cabeza—. Porque eres un hombre especial, eres dulce, eres noble, eres atento, detallista, romántico, va a llegar esa mujer que sepa apreciar todo eso, que lo valore y que te cuide, que te ame con todo, que se entregue a ti, así como tú lo hiciste, solo que esta vez será correspondido y será maravilloso, y yo tendré sobrinos para consentir… —Sonrío por sus palabras y la abrazo, la abrazo con fuerza.
Gracias a mi Dios por tener a Geo como mi hermana.
Estaría perdido sin ella.
— El dolor pasará, Mau, te harás más fuerte y saldrás adelante…
Tal vez salga adelante, pero… ¿Dejará mi corazón de doler alguna vez?