VIENTO DEL DESIERTO [TAEKOOK]

Sinopsis

"Eres mío. Como el viento del desierto, refrescante y extasiante. Tan mío como yo seré tuyo..." Taehyung, un alfa que está a punto de heredar el imperio empresarial de su familia, se encuentra forzado a contraer matrimonio con un omega aparentemente similar a él, pero con creencias y costumbres que sobrepasan su entendimiento, para cerrar un trato millonario que le abrirá las puertas a la dirección general de su empresa. Jungkook, un omega regido por las tradiciones de su religión, acata con gusto el pedido de su padre, pues el perfil del alfa con el que aceptó su compromiso, lo cautivó aún a través de la pantalla. ¿Qué ocurrirá con el orgulloso alfa cuando descubra el dulzor de sus feromonas? ¿Seguirá reacio a la idea del matrimonio aún cuando aquel joven exuda belleza en su mirada? Taehyung no fue capaz de conocer su rostro en ningún momento, pero al verlo danzar con tanta sensibilidad la noche de su boda, termina por convencido de que ha sido la mejor decisión que pudo tomar. ONE SHOT OMEGAVERSE +18 TAEHYUNG TOP- ALFA JUNGKOOK BOTTOM- OMEGA ESTA HISTORIA ES DE MI TOTAL AUTORÍA, POR LO TANTO NO PERMITO, ACEPTO NI AUTORIZO NINGÚN TIPO DE COPIA Y/O ADAPTACIÓN.

Genero:
Romance/Erotica
Autor/a:
Ari Thv
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
5.0 3 reseñas
Clasificación por edades:
18+

01| VIENTO DEL DESIERTO

Al bajar del auto, Taehyung se encontró suspirando. Su semblante cansado, al igual que sus feromonas picosas daban aviso del mal humor que sentía; y como era de esperarse, buscó entre los bolsillos de su saco, aquel único cigarrillo que había alcanzado a esconder antes de salir de casa, encendiéndolo al instante en el que vio a su madre acercarse a él con un arreglo de flores blancas que recién habían pasado a recoger.


–¿Otra vez con esa mierda? —, inquirió su padre desde el otro extremo de la calle, lo que ocasionó que el joven alfa blanqueara los ojos, y le diera una profunda calada su tabaco—. Te dije explícitamente que al menos por hoy, debías dejar de fumar. Pero mira que te pasas todos mis consejos por el arco del triunfo, e incluso te teñiste el maldito cabello. ¿Es que acaso prefieres cederle tu lugar a tu hermano?


La mención de su hermano mayor lo hizo estremecer, e inconscientemente llevó sus dedos hasta sus cabellos, que, y para sorpresa de nadie, fueron teñidos de un gris azulado, por primera vez en su vida para demostrar lo inconforme que sentía con toda la situación.


–¿Mi presencia no es suficiente? —, respondió de mala gana, tirando el cigarrillo a medio quemar sobre el asfalto, para posteriormente molerlo con su suela—. No conforme con eso, también me han exprimido la tarjeta de crédito para comprarle obsequios a un omega que apenas y conozco de nombre; dado que no estoy de acuerdo, al menos debió comprarlos usted, y mi cabello se ve genial, para que lo sepa.


–¿Qué son para ti unos cuantos dólares menos? —, se burló Seokjin con una sonrisa, pasando por alto la seguridad con la que habló respecto a su apariencia, y roció sobre su ropa, al menos media botella del inhibidor —que había cargado en dado caso de que su hijo hiciera de las suyas— para ayudarlo a disimular el aroma agrio de sus feromonas, así como también, el olor del cigarrillo que acababa de fumar—. Ya te has hecho de una fortuna, gastar esa absurda cantidad en tu futuro esposo, es lo mínimo que puedes hacer. Compórtate como el alfa que eres, y no nos decepciones. El trato está a punto de firmarse, pero si el chico se niega, todo el empeño que he puesto, se irá a la basura, y tú, cachorro mío, no heredarás ni un solo centavo de mi fortuna, sólo para que lo sepas.


–Me sorprende que aún y en la época que vivimos, se pacten acuerdos con la condición de un matrimonio—, respondió entre mofas, dándole a su padre una sonrisa socarrona, y a su madre una mirada compasiva, pues, al igual que él, sus padres también fueron obligados a casarse en su juventud por las deudas obscenas de su abuelo materno, un trato justo del que floreció no sólo la estabilidad económica de los Choi, sino que también de un amor genuino que fue construyéndose con los años—. Ya estoy lo suficientemente mayor para verme envuelto en sus tretas, padre, pero heme aquí, pagando la dote de un omega que ni siquiera conozco y dándoles de comer a toda esa gente extraña. ¿Qué tienen de especial los dátiles con nuez? Sinceramente no lo entiendo.


–No necesitas entenderlo, simplemente debes respetarlo, porque son sus tradiciones y pronto formarás parte de ellas, te guste o no—, está vez habló su madre, mostrándose molesta por su expresión—. De esto depende tu posición en la empresa. Si quieres mantener el estilo de vida que llevas, te sugiero que obedezcas a tu padre y cumplas con tu palabra. ¿Realmente quieres que tu hermano eche a perder el patrimonio de tu padre por las faldas de su omega? Me importa un bledo tu cotidianidad libertina, estoy segura que en cuanto conozcas a ese muchacho tus deseos de ser eternamente soltero se irán directo al caño. Créeme, hijo mío—, su voz se volvió melosa, y discretamente, con cariño y delicadeza, acomodó su corbata azul y el cuello de su camisa—, ese muchacho es mucho más bello de lo que imaginé. Quizás y te llevas una sorpresa.


Namjoon, el mayor de sus hermanos, y según las leyes jamás escritas pero fielmente seguidas por años de tradición, era el legítimo heredero de YSK, Un alfa al igual que él, pero con el que únicamente se sentía unido por la sangre que compartían, pues, desde muy niños, existió una ardua rivalidad entre ellos, que había escalado a tal punto en el que no se dirigían la palabra ni por equivocación, pues, el mayor, además de ser ambicioso, se había unido a una familia con mala reputación, y su omega le comía la cabeza constantemente para acomodar el juego a su favor.


En su juventud, Taehyung se había resignado a ser el segundón de los Kim, pero dadas las circunstancias y espléndidas oportunidades de superarlo, se ensimismó con la idea de arrebatarle lo único que tenía por sentado, y si el matrimonio con el único hijo omega de los Jeon le abriría el paso a la ganarse la simpatía de los accionistas, entonces lo haría.


Sin más que decir al respecto, Taehyung tomó el ramo de flores, acomodó su cabello hacia atrás, y avanzó hacía la puerta, a sabiendas de que lo que encontraría allí dentro era la llave a su ascenso; siendo seguido por sus padres, y un puñado alfas más, quienes llevaban en sus manos los obsequios que su madre había seleccionado minuciosamente para el omega, y algunos dulces y postres que debía ofrecer como agradecimiento por ser recibido en casa de los Jeon.


Después de llamar al timbre, y esperar con impaciencia, la puerta fue abierta por Jeon JaeHyuk. Sus rasgos mestizos, al igual que su amable sonrisa, lo hicieron sentirse extraño. Quizás se debía al contraste que existía entre su porte y expresión, o tal vez, por aquella figura cubierta de pies a cabeza, que lo miraba con curiosidad desde las sombras de su progenitor, con unos intensos ojos verdes que lograron darle un vuelco a su puritano corazón, derrumbando en un instante todas sus creencias y convicciones.


¿Quién era él? Y lo más importante, ¿Por qué su lobo se enloqueció por su presencia?


–Salamu Alaikum—, saludó el alfa con fingida naturalidad, hasta cierto punto pareciendo monótono, cuando en realidad, había ensayado su pronunciación por días enteros; pues para ese encuentro había tenido que leer algunos artículos sobre la religión y costumbres de la familia, pero también reverenció a su mayor como dictaba su propia cultura.


Hubo un momento de silencio mientras se encontraba doblado a la mitad, lo que lo hizo sentir orgulloso, pero al ponerse de pie, no esperó que el señor Jeon se soltara a reír a carcajadas.


Desconcertado, vio como el viejo se coloreó de rojo desde el cuello hasta las orejas, incluso lo escuchó jadear por un poco de aire antes de girarse a su hijo, quién parecía igualmente afectado por su escandalosa risa, y pronunció:


–Hal samiet kayf astaqbalna? — ¿Escuchaste cómo nos saludó? —, inquirió con la voz entrecortada, hablando en un árabe limpio, como si aquella fuera su lengua madre.


–La tadhaka, laqad hawal jahdaan— No te rías, parece que se esforzó—, replicó entre risas el omega, pero empleando un tono mucho más bajo, tanto que, Taehyung no fue capaz de escucharlo con claridad.


–Aleikum salam—, respondió con sorna el alfa azabache, palmeando su hombro al mismo tiempo que negaba, y haciéndose a un lado para permitirles el paso a la sala de eventos—. Señores Kim, jamás imaginé que su hijo podría ser tan encantador. Por favor pasen, y pónganse cómodos. Mis esposas traerán la cena en un momento.


Seokjin y EunJi, ya conociendo el estado civil del hombre asintieron sin más, pero Taehyung, quedó perplejo con la noticia, y su desconcierto se hizo más evidente.


–¿Sus esposas, señor? —, inquirió con el ceño fruncido, caminando a la par del alfa hasta llegar a la estancia que tenía tres enormes sofás repletos de cojines, y que, para sorpresa de todos, estaba decorada y ambientada al estilo marroquí; el interior siendo muy distinto a la fachada que habían podido ver con anterioridad, pues se trataba, a simple vista, de una tradicional casa coreana—. Disculpe si mi pregunta le resulta incómoda.


–No te preocupes muchacho, no hay nada de lo que debas avergonzarte—, respondió JaeHyuk aligerando su tensión con una de sus típicas sonrisas—. Aún tienes mucho que aprender; y respondiendo a tu pregunta, tengo tres esposas, la primera de ellas, es la madre de mi único hijo omega, Alá mediante, tu futuro esposo—. Una vez dicho esto, se giró hacia su hijo, quién después del gracioso saludo del alfa pelinegro, se mantuvo en silencio detrás de su padre, mirándolo de soslayo a la espera de una nueva interacción—. Él es mi hijo, Jeon Jungkook—, lo presentó ante el alfa con orgullo en su voz, para después volver a enfocar su vista en el omega—. Hijo mío, él es Kim Taehyung, el heredero del grupo YSK.


Atraído por su aroma, y siguiendo los instintos de su lobo, el aludido caminó los pocos pasos que los separaban, su vista siempre manteniéndose fija en aquellos bellos luceros que brillaban cuál esmeralda, como hermosos jades que lo vieron temblar. Y fue su cercanía y completa atención lo que le permitió caer en cuenta de distintos detalles que antes había pasado por alto debido a la vergüenza, y lo precipitado que había resultado todo.


Jungkook llevaba ropas modestas, de telas frescas que cubrían celosamente desde su cuello hasta los pies; su cabello, invisible por el hiyab turquesa a juego con su vestimenta, sólo le permitía admirar las sombras en tonos tierras que le daban a su mirada aún más impacto del que ya poseía, y su aroma... Jamás en su vida había sido cautivado por las feromonas de un omega como en ese momento, pues era floral, indudablemente fresco. Rosas rojas en plena floración, dulces y apetitosas para el alfa que se removía ansioso en su interior.


Sus deseos más mundanos y primitivos salieron a flote cuando lo vio batir sus pestañas en su dirección, y los destellos de su lobo se hicieron presentes en sus iris, como si lo aceptara, como si al igual que él, comenzara a reconocerlo como su pareja.


Sin pensarlo siquiera un poco, tomó entre sus manos los delicados dedos del omega, provocando que éste se sobresaltara por su repentina acción, y que más de su aroma se dispersara en la habitación; pues sí bien, aquello no debería alarmar a su padre, o a ningún presente en sí, por supuesto que lo hacía sentir un tanto incómodo, más aún cuando el alfa besó su dorso, siendo ésta una demostración de afecto, un acto tan íntimo que no encajaba con las circunstancias de su primer encuentro.


–Es un placer conocerlo—, pronunció con sinceridad, mordiéndose el labio inferior a la espera de una respuesta que nunca llegó, pues el omega no emitió palabra alguna, simplemente sonrió, o eso le pareció, pues no podía ver más que sus párpados achicarse. Y tanto era su deleite imaginando su rostro y el contorno de su cuerpo, que tuvo que salir abruptamente de sus pensamientos cuando lo vio extender su mano en dirección al obsequio que aún cargaba consigo—. Claro—, dijo con torpeza, y dejó en sus manos el impecable arreglo de rosas—. He traído un par de cosas más, y deseo de todo corazón que sean de su agrado.


Jungkook asintió sin más, y Taehyung se giró en dirección al puñado de hombres que cargaban los obsequios del omega. Uno de ellos, colocó sobre la mesa de centro una canasta de dátiles con nueces, así como también, un par de postres y vinos para la cena. Los demás, fueron entregándole al joven, una a una las bolsas de regalo que contenían en su interior productos de alta gama, que, según su madre, eran indispensables para la cotidianidad de un omega, y que servirían para ganarse su corazón; lo cual, Taehyung no creyó posible sino hasta que sintió su aroma intensificar su dulzor.


Los sirvientes omegas que trabajaban en la casa de los anfitriones, se llevaron los obsequios hacía la segunda planta, acto que decepcionó al alfa, pues se encontraba deseando ver a Jungkook abrirlos y verificar por su cuenta, si era verdad que su madre había acertado en su elección.


–Lo hiciste bien—, felicitó el mayor de los Jeon, percatándose también de la felicidad en su hijo—. Ahora sentémonos un rato, me gustaría que se conocieran un poco antes de comer.


El lobo de Taehyung movió la cola y se tiró de espaldas al suelo cuando el señor Jeon los guio a un lugar medianamente apartado del resto, donde apenas y podían escucharse los murmullos de sus padres charlando amenamente sobre la indudable química que tenían sin siquiera entablar una conversación.


Al tomar asiento en uno de los tantos sofás de la estancia, el alfa realmente sintió su alma abandonar su cuerpo, pues los ojos del omega, aunque habían perdido la intensidad del inicio, lo miraban con atención, capturando en su memoria cada facción de su rostro, lo que logró avergonzarlo.


Cada uno debatía en su interior distintos aspectos referentes al otro, Jungkook, por su parte, se sentía un tanto avergonzado por no poder mostrarle su rostro, ansioso ante la idea de que quizás el alfa lo catalogaría como anticuado o ridículo, pues era de conocimiento público que llevar cubierto su rostro no era necesario, pero horas atrás, cuando su madre y la tercera esposa de su padre lo acicalaron para la ocasión, decidió portarlo únicamente para hacerlo perder la razón. Y vaya que lo logró, pues el alfa se notaba tenso, y su pie impactaba constantemente contra la alfombra del suelo.


–Me intriga el porqué has decidido llevar esto—, se animó a hablar el alfa después de extensos minutos en silencio, usando un tono seductor a medida que tocaba con la yema de sus dedos la tela de su hiyab, a lo que el omega reaccionó reacio, alejándose de su toque—. Discúlpame, no pretendía ser grosero. Sólo que tengo entendido que ya no es necesario esconder el rostro...


Aunque su actitud podría parecer hosca y poco agradable, lo cierto era que Jungkook se encontraba perdido en la melodía se su voz, tenerlo tan cerca, respirando su fragancia natural, logró que su corazón se acelerara, y su mente se perdiera en el momento que por poco rechaza la pedida de su mano. Fueron pocos días los que tuvo para prepararse mentalmente para su encuentro, y aceptó la idea de su padre únicamente cuando éste le mostró algunas fotografías tomadas por la prensa, donde podía verse un tanto distorsionada la imagen del alfa, pero jamás opacando la belleza natural que exudaba su existencia. Verlo cara a cara era un mundo completamente distinto, se atrevería a decir que surreal.


–Yo quise hacerlo—, lo interrumpió tajante cuando logró salir de su ensoñación, su voz no concordando con el avasallante huracán de emociones y sensaciones que estaba experimentando, pero manteniendo la mano firme para no darle al alfa una idea equivocada—. Me gusta pensar en lo ansioso que estás por conocer mi rostro. Quizás pienses que tengo alguna deformidad, o que soy tan feo que no merece la pena casarse conmigo. En otras palabras, te estoy poniendo a prueba.


–¿No crees que es injusto que tú puedas verme, y yo a ti no? —, contraatacó arqueando una ceja—. Si tu intención es que desista, lamento decirte que no será así. La unión entre nuestras familias me abrirá las puertas a la dirección general de la empresa de mi familia, pero, no tiene que ser tan malo, y tampoco debemos armar un alboroto por esto, ¿no crees? Ahora que te conozco, mis intereses han cambiado un poco, pues un omega como tú es difícil de encontrar. Si supieras lo que sentí al verte hace un momento, quizás entenderías que podría vivir toda una eternidad sin ver tu rostro, y seguiría deseándote con la misma intensidad.


Acalorado por su declaración, Jungkook giró su rostro en otra dirección, incapaz de sostenerle la mirada, o afrontar su palabrería desvergonzada.


Era cierto que tenía sus dudas respecto a la propuesta forzada, conocía de las malas lenguas lo descarado que era el alfa respecto a sus conquistas, sin embargo, mentiría si dijera que no sentía lo mismo que él. En cuanto cruzó el umbral su lobo se descolocó por su presencia, y estuvo a punto de mostrarle el cuello en sumisión.


¿Realmente podría haber amor en una relación que había sido pactada por sus padres?


¿Era eso lo que deseaba para su vida?


Quizás unirse a un alfa que le atraía sería mejor opción que casarse con alguien a quien ni siquiera podría llegar a desear.


Al verlo dudar, el alfa, desbordando desesperanza y osadía se atrevió a sostener una de sus manos, llevando sus dedos anillandos hasta sus labios para dejar un casto beso sobre éstos; transmitiéndole un poco de calor, de seguridad, y cuando volvió a mirarlo, simplemente sonrió.


–No lo pienses más, puedo notar el anhelo en tus ojos, y la aprobación de tu lobo a través de tu aroma—, mencionó con fingida seguridad, porque realmente se encontraba desesperado por una respuesta positiva, un comportamiento extraño para alguien osado como el—. Me encantaría conocerte, y que me conozcas también. Soy más que todo aquello que seguramente has escuchado de mí, no soy rumores y especulaciones sin fundamento. Si te casas conmigo, prometo darte más de lo que puedas poseer, incluyéndome a mí. Soy sincero, admito que me interesa el beneficio de nuestro matrimonio, pero tú también lo haces, te deseo, a ti y todo lo que implica estar a tu lado.


–No seas sinvergüenza—, le dijo con reproche, zafándose de su cálido tacto para juntar sus manos sobre sus muslos—. No me sirve de nada la miel de tus palabras.


–Créeme Jungkook, soy más que sólo palabras, me encanta la acción...


–Es hora de cenar, joven Kim—. Preso del pánico por la doble interpretación que encontró en sus palabras y semblante, Jungkook se levantó del sofá sin volver a mirarlo, pues temía que se percatara del rubor en sus mejillas—. Hablemos más tarde.


Dejándolo con la palabra en la boca, Taehyung vio como el omega se perdía en la cocina del lugar, de dónde salieron después tres hermosas mujeres con un velo sobre su cabeza y enormes charolas en sus manos para comenzar a servir la mesa principal, y aquella otra del otro extremo de la sala.


Malhumorado por su intento fallido, suspiró lleno de frustración y tomó asiento a un lado de su padre, frente a JaeHyuk quien le daba la espalda a la mesa donde se encontraban los omegas, quienes, después de un momento invitaron a su madre a tomar asiento junto a ellos, pues su padre, siguiendo las antiguas tradiciones, no permitía que ningún alfa ajeno a su familia comiera en la misma mesa que sus esposas, y en ese caso, tampoco con su hijo.


–Esto es nuevo—, comentó EunJi una vez que HyunJoo, la segunda esposa de JaeHyuk, y JiHyun, la última en integrarse a la familia, se sentaran a su alrededor—. Jamás comí lejos de mi alfa.


–Espero que no le incomode—, añadió la madre de Jungkook, HyeKyo, quién se encontraba a su costado—. Mi esposo puede llegar a ser bastante celoso con nosotras, nos cuida mucho.


–Oh no, para nada—, se excusó con una sonrisa tensa—. Lo respeto mucho, sólo me pareció un poco extraño.


–Es usted muy bella—, está vez habló la más joven del trío—. Tenía muchas ganas de conocerla, señora Kim, mi nombre es JiHyun, la tercera esposa de Jeon JaeHyuk, un gusto.


–El gusto es mío, JiHyun—, respondió con sinceridad y su mirada cayó en la omega mayor, aquella que suponía sería la segunda esposa, pero qué, y para su sorpresa era quien portaba con orgullo la marca del alfa anfitrión—. Usted debe ser HyunJoo, ¿No es así?


–Lo soy—, su voz salió áspera al igual que la mirada que le lanzó—. Desafortunadamente la segunda esposa.


Al escucharla hablar Jungkook rodó los ojos al cielo, fastidiado por su actitud y los constantes comentarios cargados de desprecio a su madre y su desdichada posición en la familia.


Según dictaban sus costumbres, cualquier alfa con el poder adquisitivo para sustentar los gastos de más de una esposa bajo el cobijo de su apellido, y por supuesto, con la aprobación de la primera esposa, podía contraer nupcias con tres omegas; la primera de ellas, era quien comúnmente llevaba su marca, y quién regía con autoridad sobre el resto. En casos especiales como ese, era la segunda mujer quien llevaba la marca del alfa, y quién a base de engaños sedujo el oído de la primera mujer para aceptarla en su casa, acto que, fue un completo caos de principio a fin, pues la madre de Jungkook tuvo que enfrentarse a innumerables riñas y dolencias emocionales por la ponzoña que destilaba HyunJoo, quién le robó más que sólo la atención de su esposo, dejándole sobre la unión de su cuello una cicatriz gris y la imposibilidad de engendrar, Jungkook siendo la excepción, claro está.


–Señora Kim—, acotó con audacia Jungkook, ya sabiendo que se avecinaba una de las tan comunes disputas entre él y la omega mayor—, por lo que me comentó creí que su hijo no quería casarse conmigo, pero hace un momento...


–Uh, sí—, respondió EunJi, agradeciéndole a JiHyun cuando le sirvió un poco de café—. Mi Taehyung puede llegar a ser un hombre necio cuando tratan de imponerse a su voluntad, pero, al igual que tú, pude notar su interés en ti. Si te soy honesta pensé que haría alguna estupidez para evitar el compromiso, pero míralo, parece querer agradarle a tu padre.


El omega se giró en dirección al alfa, quién charlaba amenamente con su progenitor, pero al sentir su atención puesta en él, fijó sus ojos en los propios; una mirada tan intensa y profunda que logró erizarle la piel y que una sonrisa naciera desde sus centros. Debía admitir que el alfa superó por completo sus expectativas, y la corta conversación que mantuvieron seguía presente en su memoria, pero, había algo que lograba llamar su atención más que ese porte varonil, y era el hecho de saber que Kim Taehyung no era el legítimo heredero del grupo YSK. Le parecía extraño que Seokjin, decidiera entregarle a su segundo hijo en lugar de su primogénito, del cual desconocía su identidad, pero conocía su existencia, así como también de aquella alfa que seguía sus pasos, siendo la hija menor del matrimonio, a quien también se le veía bastante interesada en el despacho de dirección general.


¿Qué tenía Taehyung de especial para evocar esa protección y preferencia por parte de sus padres?


¿Estaría arriesgando mucho si lo aceptaba?


Y lo más importante, ¿Realmente podría mantener su atención?


–¿Él eligió mis obsequios? —, preguntó sin dejar de mirarlo, seduciéndolo desde la distancia con los destellos de su lobo y las dulces feromonas que su parte animal no paraba de soltar—. Sea sincera conmigo, le prometo que no me molestaré.


–Quizás le ayudé un poco—, admitió entre risas la omega, sintiéndose orgullosa por el interés que había despertado su hijo en el menor de los Jeon—. O tal vez demasiado. Mi hijo pasa mucho tiempo en la empresa, y aunque no me enorgullece decirlo, compitiendo con su hermano mayor para tomar el puesto de su padre, así que tuve que echarle una mano.


–¿No será el joven Taehyung quién herede la dirección de su empresa? —, preguntó JiHyun, sorbiendo el café servido en su taza de porcelana—. Creí que era él el mayor de sus hijos.


–No, tengo tres hijos—, respondió entre suspiros; y Jungkook volvió a centrar su mirada en ella, escuchando con claridad el gruñido que el alfa soltó al perder su atención—. Namjoon es el mayor, seguido de Taehyung, y por último SeJeong, todos alfas para mí desgracia. Me hubiera encantado que al menos mi hija fuera omega, aunque debo admitir que me hubiera sido imposible contenerla. Namjoon y Taehyung suelen llevarse mal desde cachorros, era constante verlos pelear por nuestra atención y competir entre ellos para demostrar que eran los mejores. Seokjin y yo creímos que su relación cambiaría con el tiempo, pero la situación escaló tan alto que ya no pudimos hacer nada al respecto. Amo a mis hijos por igual, pero Nam ha hecho cosas que no puedo perdonarle, así que, y respondiendo a tu pregunta, será Taehyung quién herede el puesto de su padre.


–Eso quiere decir que nuestro Jungkookie será el primer esposo de un hombre importante en este país—. Sin ocultar su emoción, JiHyun extendió sus manos para tomar las del aludido, siendo correspondido con la misma euforia—. Es grandioso, querido, estarás lleno de lujos y estoy segura de que le darás hijos preciosos.


–Guarda silencio JiHyun—, soltó mordaz HyunJoo, ganándose una mala cara por todos los presentes en la mesa—. La señora Kim pensará que no tienes modales.


–No se preocupe—, acotó EunJi con la misma ferocidad al notar la tensión de Jungkook y su madre—. Tengo entendido que JiHyun es muy joven, es obvio que para su edad su comportamiento le parezca infantil, pero a mí me resulta lindo que demuestre su gozo hacia la felicidad de Jungkook.


–¿Insinúa algo, señora mía?


–Nada de lo que está pensando.


Un extraño sentimiento de calidez y pertenencia se apoderó del corazón de Jungkook, pues durante toda su vida, había sido su madre la única que abogaba por él y JiHyun, una omega que apenas y le llevaba unos cuantos años de ventaja. Su padre, aunque lo adoraba jamás logró ponerle un alto a su segunda esposa, y que EunJi sin tener algún parentesco sanguíneo los defendiera con tanta convicción logró hacer que sus dudas respecto al matrimonio se disiparan.


Con una sonrisa socarrona ensombreciendo su rostro, se retiró finalmente su hiyab, tomó con delicadeza la mano huesuda de la señora a su costado y se armó de valor para abandonar su apellido. Estaba seguro que, si tenía a los Kim de su lado, él y su madre podrían vivir tranquilamente hasta que tuvieran que abandonar el plano terrenal; y lo decidió, miró a EunJi a los ojos y erradicó cualquier rastro de furia en su semblante.


–Comamos, madre—, le dijo haciendo énfasis en la última palabra—, no le demos importancia a circunstancias que simplemente no valen la pena.


Después de agradecer por los alimentos servidos en sus platos y comer hasta sentir sus estómagos satisfechos, los sirvientes de la casa limpiaron las mesas tan rápido que ninguno de los presentes pudo notarlos.


HyeKyo, al igual que Jungkook fueron llamados a la sala principal, donde JaeHyuk besó sus frentes con cariño para posteriormente incitar a su invitado a pedir la mano de su hijo, quién tras devorar sus alimentos volvió a colocarse correctamente su hiyab.


–Jeon Jungkook—, comenzó a decirle Taehyung, alentado por la presencia de sus padres, y la facilidad con la que Jungkook tomó sus manos al mencionar su nombre; y se arrodilló frente a él, sacó la caja de terciopelo negro de su saco y le mostró al omega el anillo de oro blanco alrededor de una hermosa amatista—, si me lo permites... Quiero tomarte como esposo y hacer de tus días absoluta felicidad. Por favor, cásate conmigo y aprendamos juntos el significado de una prospera unión.


Su madre a sus espaldas, al igual que la madre del alfa, soltaron un agudo sollozo ante tan romántica escena, pero sus rostros se desfiguraron al ver a Jungkook negar.


–Me gustaría hablar sobre algo primero, joven Kim—, comentó el omega con la voz suave, sonriendo por el desconcierto plasmado en la mirada del alfa arrodillado a sus pies.


–¡Jungkook! —, intervino con severidad su padre.


–Está bien—, suspiró Taehyung tras levantarse del suelo—, si me lo permite señor, me gustaría charlar con su hijo en privado.


Aunque dudoso JaeHyuk asintió, persuadido por el susurro de su esposa, quién colgaba de su brazo.


–Lan 'afeal 'aya shay' khatiin, 'aeidki—. No haré nada incorrecto, lo prometo—, le dijo Jungkook a su padre una vez que pasó a su lado.


—'Atamanaa dhalik—. Eso espero—, respondió el alfa en un susurro antes de verlos perderse por la puerta que dirigía al jardín de la casa.


Al alejarse del bullicio, con el viento fresco de la noche y bajo el brillo de las estrellas, Jungkook se detuvo frente al estanque de peces, siendo seguido por un avergonzado alfa.


–¿Por qué me has traído aquí? —, inquirió molesto el peligris, sintiendo a su lobo retorcerse en su interior por la cruel negativa a su propuesta—. ¿No querías avergonzarme más?


–Como ya te dije, me gustaría hablar algo contigo antes de aceptar o rechazar tu propuesta—, se excusó el omega sin atreverse a mirarlo—. Dejando de lado la inversión que hará mi padre a tu empresa, ¿Qué estás dispuesto a hacer por mí?


–¿A qué te refieres?


–No soy sólo un objeto al que pueden vender y comprar, joven Kim, yo también soy una persona—, su voz frágil al igual que sus ojos acuosos fueron acompañados con la amargura de su aroma. Limpiando sus lágrimas con rapidez, se giró en su dirección, encontrándose con su etéreo rostro apenas iluminado por una pequeña farola a la distancia—. Soy un omega que ha anhelado el día de mi boda desde que soy niño, si no estás dispuesto a nada por mí, entonces no perderé mi tiempo en alguien como tú.


–¿No te parece que me estás juzgando apresuradamente? —, inquirió con la ceja arqueada y la mandíbula apretada por lo sensible de su semblante.


–¿Apresuradamente? —, vociferó con una risa—. Estás pidiendo la mano de un omega a quien ni siquiera le has visto el rostro sólo para asegurar tu posición en la empresa de tu padre, y lo entiendo, créeme que sí, pero no pienso compartir mi vida con alguien que me ve únicamente como una moneda de cambio.


–¿Hay alguien más? —, rabió al imaginarlo, pero sus celos se apaciguaron cuando vio al omega negar con diversión—. Sí lo que quieres escuchar es que me encuentro perdidamente enamorado de ti, no lo diré, no te mentiré de esa manera, pero lo que sí puedo asegurarte, es que mi lobo te desea de una manera tan absurda que no soy capaz de comprenderlo. No me interesa si jamás me muestras más que tus ojos, voy a demostrarte que puedo ser todo lo que desees.


–¿Qué hay de mi dote?


–¿Qué es lo que deseas?


–No, joven Taehyung, dime, ¿Qué estás dispuesto a darme? —, su cuerpo comenzó a acercarse peligrosamente al ajeno, tanto que sintió embriagarse con su fragancia, que debido a la molestia se había intensificado—. ¿Podrás mantener tus ojos puestos únicamente en mí? ¿Me llenarías las manos de oro si así lo quisiera?


–Cualquier cosa—, jadeó, repentinamente excitado y con el juicio perdido por la dulzura de las rosas en su aroma, por su cercanía y esos ojos que suplicaban por su tacto que no se negó a darle, pues acarició superficialmente y sobre la tela del hiyab su mejilla—. Puedes pedirme el mundo, y yo lo conquistaré para ti.


–No quiero que haya más esposas—, susurró sobre sus labios, jamás rompiendo el contacto visual—. Si vas a casarte conmigo seré tu único omega, llevaré tu marca y traeré al mundo a tus cachorros, seré un fiel compañero, siempre y cuando me des lo mismo a cambio. Quiero ser el único para ti sin importar nada más, si estás dispuesto...


–Lo estoy—, respondió precipitadamente, aspirando con fuerza para intentar bajarse la picazón de querer besarlo—. Estoy dispuesto a todo.


–¿Es así? —, inquirió con sorna, acariciando con la yema de sus dedos la piel trigueña de su rostro, y bajando débilmente por sus anchos hombros donde dejo un juguetón apretón—. También quiero una propiedad fuera del país a mi nombre, y la promesa de que me protegerás a mí y a mi familia si algún día lo necesitamos.


–¿Planeas algo, omega?


–Sólo casarme contigo.


–No puedes deshacerte de mí ahora que sé que serás mío—, antes de que pudiera retractarse, Taehyung, con una sonrisa victoriosa tomó las manos del omega para colocar sobre su anular izquierdo la promesa violeta, y tras besar la piedra preciosa, sonrió mientras lo miraba—. Nos espera una vida juntos, Jungkook.


–Alá mediante así será.


Después de aquello Taehyung se tomó un momento para volver adentro, pues Jungkook había ocasionado que sus instintos reprimidos y primitivos salieran a flote con solo tenerlo cerca, y no queriendo darles una idea equivocada a su futuro suegro y sus propios padres, esperó hasta que la sangre en su entrepierna volviera a circular con normalidad por el resto de su cuerpo.


Al volver, sonrientes y tomados de la mano, fueron objeto de abrazos y sonrisas acompañadas de felicitaciones. Las omegas presentes, a excepción de una, lloraron abrazadas por la dicha que les provocaba la idea de ver a Jungkook comenzar a formar una familia; y los alfas, brindaron por la unión de sus familias y acciones empresariales.


El festejo, aunque efímero e íntimo, finalizó pasada la media noche, cuando Jungkook junto a su madre subieron a sus respectivas habitaciones tras despedirse de sus invitados, y JaeHyuk, como buen alfa y padre de familia, se aseguró de inducirle miedo a su futuro yerno.


–Pagaré por su boda si no te molesta—, comentó enérgico mientras lo abrazaba por los hombros—. Jungkook es mi único hijo omega, así que me hace ilusión ser yo quien pague por la ceremonia.


–No tengo inconveniente alguno—, respondió Taehyung igualando su sonrisa—, sólo que, esperaba tener una recepción aparte después de nuestra boda oficial. Me gustaría que mis amigos me vieran firmar ante el juez mi matrimonio con su hijo.


–¡Por supuesto! Me encanta la idea, y estoy seguro de que a mí Jungkookie le hará ilusión también, después de todo, estamos fusionando no solo nuestras familias, sino que también, nuestras culturas.


–Amigo mío—, está vez habló Seokjin, tomando al alfa por los hombros para separarlo de su hijo—. ¿Tienes pensada alguna fecha para que se lleve a cabo la boda?


–Si mi hijo quiere, mañana mismo estaremos en el consulado marroquí, pero, dado a que tenemos que organizar la ceremonia, lo mejor será esperar hasta la próxima luna llena. ¿Les parece bien?


–Jamás estuve tan de acuerdo—, le dijo Taehyung—, por nuestra parte, padre, nos encargaremos de todo lo demás. Nos veremos en unos días.


–Serás un buen alfa para mi cachorro, Taehyung, lo sé.


–Lo seré, padre—, su sonrisa no disminuyó su brillo cuando se inclinó para despedirse—, le estaré eternamente agradecido por permitirme entrar a su familia.


–Créeme, muchacho, fue Jungkook quién te ha elegido, porque aunque no lo creas, mi cachorro ha rechazado a más alfas de los que puedo recordar, eres afortunado.


–Lo soy.


[...]


Los días posteriores a la primera y única reunión de los prometidos, ambas familias se vieron envueltas en múltiples actividades que los llenaron de estrés. Entre la confección de sus trajes para las ceremonias que tendrían, y la comida que ofrecerían a sus invitados; el esperado día llegó más rápido de lo previsto, comenzando así, con la ceremonia de henna, donde las omegas de su familia pintaron las manos de Jungkook con diversos símbolos, que según sus creencias le traería felicidad y prosperidad en su matrimonio; así mismo, cuando el sol salió por el horizonte al día siguiente, JaeHyuk y sus tres hijos alfas, partieron junto al omega hacia el consulado marroquí, donde Taehyung los esperaba con su padre y hermana, éstos actuando como testigos cuando finalmente firmaron su alianza, y volvieron a casa de los Jeon para llevar a cabo el festejo que duraría únicamente dos días, contando la ceremonia de henna, pues, los ahora esposos, decidieron invitar únicamente a personas realmente valiosas e importantes para ese día.


Portando un hermoso atuendo rojo, Jungkook disfrutó de la atención brindada por sus amigos y parientes, bañado en oro y cubriendo su rostro incluso después de las súplicas de su esposo para dejarle conocerlo completamente, y así, entre risas y rodeado de agradable música, la primera noche calló.


Taehyung esperanzado a tener a su esposo para sí mismo, se llevó la terrible sorpresa de que no compartirían ni siquiera habitación, pues JaeHyuk, lo frenó en seco cuando intentó entrar a la habitación del omega para pasar la noche.


–Esto debe ser una puta broma—, gruñó malhumorado el peligris, una vez que su suegro terminó de explicarle que debía dormir junto a otro de sus hijos —un alfa que era sólo dos años mayor que Jungkook—, como dictaba la tradición.


El omega entre risas y mofas por ver a su esposo desquiciado por la idea de compartir la cama con otro alfa, se acercó hasta él, acarició sus hombros tensos y le regaló una sonrisa que, debido a su hiyab, no pudo ver.


–Si eres paciente, prometo que cuando vayamos a casa te daré un obsequio de bodas.


–¿Qué clase de obsequio? —, aunque irritado, la oferta le interesó más de lo que debería, y se giró para mirarlo, alzando las cejas por la idea que se le cruzó por la mente—. ¿Es éste un intento más por seducirme?


–Es una sorpresa—, respondió acompañado de una risita—. Ve y cuida de mi hermano, seguro que se llevan bien.


–Me parece una atrocidad pasar mi noche de bodas con otro alfa en lugar de mi omega—, dijo soltando un gruñido, pero sobando el puente de su nariz al saberse incapaz de hacer algo al respecto—. Espero que valga la pena.


–Créeme, lo hará...


Con esa promesa y el dulzón aroma de su esposo impregnado en su ropa, Taehyung se despidió de él con un beso en su frente, y se adentró de mala gana a la habitación indicada por su suegro, donde no solo encontró al mayor de los Jeon, sino que también, al otro par, los temidos gemelos —que, y según su nulo criterio, deberían estar cursando el preescolar—, a la espera de su cuñado.


–Diosa, ¿Por qué me haces esto?


Jeon HaeIn, el mayor de los tres, soltó una risita por su expresión, y le hizo espacio en su tendido en el suelo para que tomara asiento.


–Si te sirve de algo—, comentó HaeIn—, yo tampoco quería dormir contigo.


–¡Yo sí!


–¡Yo también!


Se escuchó a los gemelos hablar al unísono, HyoSeop, y HaRam, dos enérgicos alfas, hijos de JiHyun, y que contrario a lo que pensó Taehyung, tenían ya sus siete años cumplidos.


–Nos espera una larga noche—, dijo Taehyung en rendición, tomando asiento donde su cuñado le había indicado—. Ciertamente no esperaba terminar mi día de esta manera, mucho menos siendo la noche de mi boda.


–No te sobrepases—, le advirtió HaeIn con fingida molestia—. Sé lo que deseas hacerle a mi hermano.


–¿Qué quiere hacerle a Jungkookie?—, inquirió HyoSeop, secundado por HaRam.


–Solo un par de cosas—, les dijo un acalorado Taehyung—. Cómo darle un beso, por ejemplo...


–Claro—, se burló el mayor de los Jeon.


Aunque al principio pensó que su noche sería aburrida y muy incómoda fue todo lo contrario, sus cuñados se aseguraron de hacerlo sentir cómodo y también, le contaron un par de cosas sobre su esposo, como su color favorito y sus gustos extraños respecto a la comida. De esa manera, a sabiendas de la maravillosa familia que había ganado, durmió plácidamente hasta la mañana siguiente.


Después de desayunar en familia, esta vez formando parte de la única mesa servida y en compañía de las tres omegas en aquella casa, JaeHyuk llevó al matrimonio a dónde sería el nuevo hogar de su hijo.


–Mi cachorro, te deseo eterna felicidad—, dijo entre suspiros el alfa, dejando un casto beso sobre los nudillos del omega para posteriormente dejar sus manos sobre las del peligris—. Cuídalo con tu vida si es que aprecias respirar.


–Gracias, padre, por educar y traer al mundo a mi esposo, le prometo que lo haré inmensamente feliz.


El llanto en padre e hijo se hizo presente cuando JaeHyuk finalmente se despidió del omega y abandonó la enorme casa que Taehyung había comprado exclusivamente para su esposo; la cual permanecía intacta, con pocos muebles y mula decoración para permitirle a Jungkook encargarse de darle los detalles que quisiera a su nuevo hogar.


–¿Quieres ver el lugar? —, inquirió el peligris cuando Jungkook dejó de llorar, y lo vio asentir—. Espero que no me haya equivocado al dejar vacío todo, pero quería que fueras tú quien eligiera las decoraciones y muebles.


–¿Es por complacerme o sólo tienes mal gusto? —, se burló mientras limpiaba el resto de lágrimas en sus pómulos.


–Quizás ambas.


Con una sonrisa tímida, el omega extendió su mano aún teñida por la henna hacía el alfa, quien lo ayudó a levantarse del sofá y lo guio por los pasillos de la casa; la cual poseía diez habitaciones con baño completo, dos patios, y un sótano. Las paredes altas y blancas le daban al lugar una vista espaciosa y limpia, así como el patio trasero, que poseía un jardín de rosas rojas, recién plantadas.


–¿No crees que es un poco muy grande? —, preguntó Jungkook tocando una de las tantas rosas del jardín, sintiendo a Taehyung a sus espaldas mirándolo con atención—. ¿Planeas tener muchas visitas?


–Son para llenarlas de cachorros—, respondió burlón, ganándose una mirada furiosa por parte del omega—. La elegí para ti, pero si no te gusta entonces podemos buscar algo más cómodo y sencillo.


–Sería una pena abandonar este jardín. Mi madre dice que mi aroma es...


–Como las rosas—, lo interrumpió el alfa posando su barbilla sobre su hombro—. Por eso pedí que las plantaran, desde que te conocí se han vuelto mis favoritas.


Con una sonrisa y guiado por los instintos de su lobo y la dulzura de sus palabras, Jungkook recargó su cabeza sobre la impropia y permanecieron de ese modo por un largo rato, mirando el espectáculo natural del cielo pintarse de los cálidos colores del atardecer, abrazados de su aroma y el anhelo de sus partes lobunas por pertenecerse mutuamente.


–¿Recuerdas lo que te dije ayer? —, preguntó Jungkook usando un tono bajo, a lo que recibió una gutural afirmación—. ¿Quieres...? ¿Quieres que te lo dé?


–Si quieres darme mi obsequio ahora, por mí está bien, pero dime, ¿Qué es?


–Para eso necesito que tomes una ducha y me esperes en nuestra habitación, ¿Podrías hacerlo?


–Sí—, su respuesta fue más una pregunta que una afirmación, pues no sé imaginaba que pudiera darle el omega que necesitará de aquello—. De hecho, me tomé la libertad de ambientar nuestra habitación, espero que no te importe.


–Ansío verla entonces, así sabré si realmente tienes mal gusto.


–Si es de tu agrado, ¿Podrías permitirme conocerte?


–¿Te refieres a mi rostro? —, Taehyung asintió—. Lo pensaré, mientras tanto, espérame en la habitación, ¿Sí? Tengo que preparar un par de cosas...


–Me iré ahora—, lo calló dejando un beso sobre su frente—, te estaré esperando...


[...]


Una extraña melodía se adueñó de sus sentidos, como si quisiera transportarlo a las profundidades del desierto arrasador y sofocante, pero tan sutil como la sombra que logró impacientar a su lobo, como la esencia dulce y fresca de las rosas intensificándose hasta adueñarse por completo de la habitación, hasta mezclarse con la propia y adentrarse en su piel; arrancándole también la noción del tiempo y espacio, pues verlo emerger del umbral sus ojos no pudieron apartarse más de él, de su sensualidad e inocencia, de su insolencia al mostrarse de ese modo, cuál agua de oasis a la espera de un alma en desespero y sedienta como él.


Con sus manos al aire, presumiendo de las pulseras y todas las joyas doradas que adornaban su cuerpo, Jungkook se deslizó con cautela rítmica por lo ancho de la habitación, postrándose frente a la cama con un inmaculado atuendo blanco, delicadas telas de harén que apenas y lograban cubrir su sexo; sus brazos, muslos, y vientre, a excepción de la mitad de su rostro fueron visibles. Piel tan blanca y tersa que provocaron el sudor excesivo en sus palmas, una picazón por tocarlo que estuvo a punto de estallar; pero al verlo moverse con tanta gracia y pasión, despertaron su curiosidad, se mordió la lengua y controló sus impulsos de abalanzarse contra él, y besar su pecho que al igual que el resto de su cuerpo se limitaba a ser cubierto por finas cadenas de oro; o quizás, averiguar de dónde se sostenía la joya que se ceñía sobre su muslo derecho.


Resultó extasiante verlo bailar, demasiado excitante por el simple hecho de ser el único espectador, por sentirse el motivo de tan sensuales movimientos que en su vida espero evocar. Cada giro era acompañado por el flamante aleteo de Isis, por el sonido de las monedas en su pareo al sacudir sus caderas que lo tenían tenso, atento y ansioso.


En ningún momento lo vio dudar, su cuerpo entero exudaba sensualidad, entrega, pasión y sumisión. Sus hermosos pastizales llenos de vida, jamás dejaron de seguirlo, asegurándole de ese modo, que era por y para él; le sonreía con picardía aún a sabiendas de que continuaba oculto en el anonimato de su velo, y se movía con seguridad, con experiencia. Osado, poderoso y entregado, siendo uno con la música que lo envolvía en su danza.


Durante unos cortos segundos, cuando la melodía volvió a tornarse serena y bajó la intensidad respecto al ritmo, Jungkook demostró seducción absoluta, se acercó peligrosamente a su cuerpo y osciló con tocarlo, con permitirle acariciarlo, pero cuando Taehyung elevó su diestra a la espera de conocer la suavidad de su rostro, su pecho y sus caderas se sacudieron con agresividad, y la música cambió al instante, obligando al omega a alejarse de su tacto y volver al centro de la habitación. Serpenteando su figura con excelsa creatividad y delicadeza, sus pies descalzos conocieron cada rincón de la alfombra que lo sostenía, sus pupilas dilatadas lo examinaron por completo, desde sus cabellos húmedos y perfectamente peinados hacia atrás, su camisa de seda negra ligeramente abierta del pecho, hasta el constante impacto de su planta contra el suelo. Taehyung estaba ansioso, y Jungkook lo supo, sentía la tensión de sus hombros como propios, el dolor de su labio al ser apresado, y las feromonas picosas de su excitación adentrándose por cada poro de su piel, evocando un calor en su vientre que se extendió por cada fibra de su cuerpo, hasta hacerlo lubricar, su propia erección se endureció, y avergonzado se dio la vuelta, mostrándole sus caderas en un lento vaivén.


Su espalda se arqueó mientras ondeaba sus brazos hacia atrás, y no se detuvo hasta volver a encontrarse con la oscuridad de sus ojos.


En ese momento con tan cautivante imagen, el alfa decidió rendirse a sus deseos, la sangre caliente de su cuerpo se mantenía acumulada en su entrepierna, apresada por la molesta tela de su pantalón y ropa interior. Sin vergüenza alguna, y queriendo burlarse de la misma manera en la que él lo hacía, se deshizo de la presión y liberó su virilidad al aire.


Las mejillas de Jungkook pronto se tiñeron de carmín, pero verlo agitar su mano en su sexo al ritmo de sus movimientos, solo lo incitaron a más, sus feromonas dulces se dispararon, y el almizcle de sus centros comenzó a escurrirse cuál valle por sus piernas.


Para el final de la melodía, sin parar de bailar, cansado y al borde del jadeo, Jungkook finalmente cedió ante los deseos de su esposo. Se arrodilló a sus pies y lo miró con dulzura, inclinando ligeramente la cabeza para indicarle el broche que sostenía el velo que lo tenía oculto de su mirada. Taehyung, al comprenderlo, retiró la tela con premura, haciéndola caer sobre sus muslos.


Sin vacilar y con los ojos llenos de expectativa el omega esperó una reacción positiva a la belleza de su rostro, una que llegó en conjunto de un beso que le robó el aliento, agresivo y arrasador. Podía sentir la lengua del alfa adentrándose a explorar los rincones que ni siquiera él conocía, sus manos fuertes y pesadas lo acariciaban celosas, y de pronto lo sintió por todas partes, por su cabello ligeramente largo y despeinado por la danza, sus hombros y su mentón, que lo obligaron a mirarlo directamente a los ojos.


–Abre la boca y sopórtalo—, pronunció el alfa con un deje autoritario, su voz de mando mezclándose entre cada sílaba, y su pulgar derecho adentrándose ligeramente para rozar sus dientes inferiores—. Hazte responsable de tu alfa.


Lo cierto era que no estaba en sus planes someterlo de tal manera, incitarlo a hacer algo con lo que quizás no estaba familiarizado le parecía atroz, pero le era inevitable no desear sentir la humedad de sus labios, sus dientes rozando su sexo y su glande golpeando sin piedad alguna el límite de su garganta. Por ese motivo, cegado por el deseo y la desesperanza de liberarse hasta que su semilla corriera por su lengua, abandonó su barbilla para tomar un puñado de sus cabellos, jalando con fuerza medida su cabeza para abrir su boca y meter su pene de una sola vez en su calidez.


Jungkook gimió sorprendido, sus ojos se cristalizaron al instante en el que se sintió sofocado, pero su entrada lubricó de sobremanera y sus feromonas se intensificaron aún más cuando escuchó a su esposo gruñir de placer. Su boca estaba siendo cruelmente tomada, las venas resbalan por su lengua, palpitando deseosas por toda la sangre acumulada. No existía ápice de piedad, Taehyung lo tomó con pasión y no paró hasta que su nariz acarició su vello púbico, pero lejos de disgustarle aquella frenética experiencia, se encontró a sí mismo ahuecando las mejillas para succionarlo, para tomarlo sin apartar su mirada de él en ningún momento, a la espera de algo.


–Así, precioso, así—, gruñó entre jadeos, como si hubiera comprendido la súplica silenciosa, y acarició su mejilla sin apartar sus ojos del deleite que era ver su pene perderse por completo en su boca, por sus labios rojos e hinchados, por el sudor de su frente consecuencia de su esfuerzo, y la avidez con la que intentaba seguir su propio ritmo—. Eres un buen omega.


En ese momento, cuando su garganta intentó emitir un ronroneo, el azabache se corrió sin siquiera tocarse, ensuciando su ropa y dejando una mancha sobre la alfombra a sus pies.


Su éxtasis provocó que su garganta se cerrará por mera inercia, sus ojos se blanquearon y echó la cabeza hacía atrás. La imagen tan caótica y erótica por poco provocó el orgasmo del alfa, quién reacio a entregarle en ese momento sus fluidos, sacó su erección con un movimiento brusco, permitiéndole aspirar una gloriosa cantidad de oxigeno mezclado con la oxitocina y el aroma de ambos.


Entre jadeos, Taehyung se agachó para besarlo, saboreando su propio sabor cuando su tímida lengua se unió a la danza. Lo tomó con delicadeza por los brazos y lo ayudó a sentarse en su regazo.


Su deseo era más que evidente, así como el contento por conocer cada facción de su rostro; la dureza de su pene, brilloso por el exceso de saliva y pegajoso por su propio lubricante, palpitó con anticipación, y sus manos actuaron cuál cuerdas, aprisionándolo en su pecho para poder tocarlo a gozo.


Con las palmas abiertas, Taehyung se dedicó a acariciar sus muslos, hasta dejar que sus curiosos dedos viajarán hacia el centro de su placer, que para su sorpresa estaba totalmente libre de alguna prenda que lo cubriera. La corrugada entrada lo recibió con gusto y contracciones a la nada, húmeda y lista para abrirse camino dentro.


Aún sin música ni ritmo, Jungkook movió sus caderas en busca de más contacto, lo que provocó que Taehyung gruñera de soberbia, victorioso por saberse el primer alfa en tocar el virgen orificio, por evocar tanta desesperanza por sus manos, por sus besos y su sexo.


Ni rápido ni perezoso, sus labios comenzaron a recorrer la dulzura de su cuello, mordisqueó y lamió el lóbulo de su oreja para finalmente llegar a sus pezones, que fueron descubiertos al hacer a un lado las cadenas; sus dientes los apresaron con hambre hasta dejarlos enrojecido e hinchados. Un agudo gemido dolorido se hizo presente, por lo cual tuvo que aliviar el ardor provocado con su lengua ensalivada, distrayéndolo también de la intromisión de sus falanges, pues sus dedos se unieron a su labor.


Sediento, su dedo medio se abrió paso entre sus centros, seguido de uno más, y otro después de ese, expandiéndolo de manera apresurada para poder acariciar con la yema aquella protuberancia escondida que lo hizo temblar, y llegar al límite, donde la membrana fina de carnosidad lo esperaba ansiosa, deseosa por ser rasgada con la parte más sensible de su pene. La única prueba de que Jungkook era casto, y que realmente sería él el primer hombre en tomarlo.


Después de un par de besos más, de caricias que carecían de pudor, Taehyung pudo sentirlo retorcerse sobre sí, sus uñas se clavaron sobre la piel de sus hombros, y su cabeza se echó hacía atrás, clamando su nombre con los labios ligeramente abiertos, y un fino hilo de saliva mezclada con sus fluidos escurriendo por su barbilla.


Eran simples toques, pero las sensaciones parecían ser explosivas debido a su reciente orgasmo. Jungkook lo llamaba entre suspiros, meciéndose como minutos atrás sobre su erección, suplicando por algo que estaba más que dispuesto a darle no solo por esa noche, sino por el resto de su vida.


Con sus feromonas danzando en el aire que entraban por sus fosas nasales cuál oxígeno puro, hicieron a su lobo gruñir con posesión y desesperado por más de su calor, lo tumbó de espaldas contra el colchón mullido y cubierto por sábanas de seda del mismo tono virginal y puro de su atuendo.


Los botones de su camisa volaron por la habitación al arrancarla con premura, exponiendo los músculos de su pecho y abdomen. Sus pantalones, al igual que su molesta ropa interior, fueron arrojados al suelo, dejándolo completamente desnudo cuando se levantó sólo para mofarse de su virilidad, para imponer su presencia rebosante de supremacía y mostrarle lo que provocó su sensual danza que aún lo tenía volando por lo alto; lo excitado que se sentía al tenerlo a su entera disposición, y lo ansioso que estaba por hacerlo suyo.


En ese momento Taehyung realmente agradecía haberse envuelto en ese embrollo, pues aunque tuvo sus dudas respecto a todo lo que significaba atarse de por vida a alguien más, Jeon Jungkook resultó ser la rosa más bella de cualquier jardín, una joya que cuidaría con recelo hasta el final de sus días; pues no solo era su hermosura natural la que lo cautivó, sino su esencia, su presencia y cercanía, sus labios, sus ojos, y su cuerpo tonificado; quizás el timbre amable en su voz, o el ardiente deseo que despertaba en él con tan solo mirarlo a los ojos.


–Eres mío, hermosamente mío—, gruñó sobre sus labios, meciéndose sobre su vientre desnudo, y llenando su ombligo de su esencia, con la cual marcaría cada espacio de su cuerpo—. Como el viento del desierto, refrescante y extasiante. Tan mío como yo seré tuyo.


Jungkook lo miró con los ojos brillosos. Hermosos jades haciendo aparición cuando el ámbar de su lobo lo reclamó en ese instante, y sonrió, mostró sus dientes antes de acariciarle el rostro con cariño.


–Sí.


Y no hizo falta que mencionara nada más, pues el alfa volvió a adueñarse de sus labios ahora más hinchados que antes, y al igual que él, con sus manos acunando su rostro se meció con insistencia, cada vez más fuerte e intenso para aliviar, aunque fuera un poco, la picazón en de su sexo; pero no fue suficiente, lo supo cuando el omega abrió sus piernas para hacerle espacio entre ellas, entregándose totalmente a su merced, a los oscuros deseos que se apoderaron por completo de su razón. Pero volvió a acariciarlo por completo, a besar cada rincón de su cuerpo hasta que no quedó ni un milímetro sin ser explorado, sin ser reclamado como propio.


Con su diestra masajeo su erección, expandiendo en cada movimiento el presemen por todo su grosor, a lo largo de éste hasta bajar a sus testículos. Sin prisa, pero sin detenerse, fue acercando la cabeza hinchada al orificio ya dilatado y listo de su esposo, y gimió ronco cuando su glande barrió sus paredes, cuando se empapó de sus dulces fluidos que tan ansioso estaba por probar. Salivó por mera expectativa, pero no se detuvo en ningún momento, aunque Jungkook le suplicó que lo hiciera, y gritara hasta rasgarse la garganta por el dolor provocado en su entrada, Taehyung llegó hasta el final, rasgó el himen en una estocada certera, y descansó en la cumbre de su cuello solo cuando sus testículos chocaron contra la piel de sus nalgas.


Sin una pizca de pureza en su cuerpo, sus ojos cristalinos soltaron gruesas lágrimas saladas, rodando una a una por sus pómulos, pero no más que eso, pues, aunque jadeante y ansioso, Taehyung salió de su escondite para limpiarlas con su lengua, y cuando dejó de llorar ambos se tomaron un momento para recuperar el aliento, para acostumbrarse la sensación de unión en sus cuerpos. Sus frentes sudorosas se unieron por un instante para mirarse a gozo, para transmitirse a través de su mirada las hermosas sensaciones que provocan su cercanía, y volvieron a besarse, olvidándose así del dolor, con excelsa dedicación, con absoluta entrega y devoción.


Una vez que se sintieron listos para continuar, la pesada mano del peligris comenzó un vaivén lento sobre la erección de su omega, y lentamente todo comenzó a convertirse en un placer inexplicable, que hizo al azabache suplicar por más, a retorcerse sobre la cama, arañar su espalda desnuda y morder sus labios.


–Quiero más—, pronunció con la voz temblando, con las pupilas dilatadas y los labios apenas separados—. Dame más…


Gruñendo, con el ceño fruncido y el calor de su celo provocado invadiendo su cuerpo, el alfa meció sus caderas con brutalidad, enterrándose cada vez más dentro de él, acariciándolo y besándolo por todas partes, marcándolo con sus feromonas hasta que se impregnaron por completo en su piel, y no hubo rastro alguno de otra esencia.


Tanta fue su euforia, que lo inevitable terminó por suceder, sus colmillos brotaron de sus encías, y su nudo amenazó con formarse en su interior.


Un instinto tan primitivo como ese, era poco común en la actualidad. Taehyung, al ser el alfa más cotizado en la sociedad, habría salido corriendo en ese mismo instante si la persona debajo suyo no fuera Jungkook, pero aquello ni siquiera logró cruzarle por la mente, pues el omega lo tenía preso entre sus piernas, con sus pantorrillas sujetándolo y acercándolo para que se hundiera más adentro.


Su omega pedía por él mientras deliraba de placer.


–Márcame—, suplicó el azabache entre jadeos, con los ojos en blanco y la boca entreabierta clamando su nombre con cada estocada propinada en lo más profundo de su cuerpo, inclinando la cabeza a un lado para dejar libre la unión de su cuello, aquel lugar donde su glándula de olor esperaba ser poseída por el alfa que había elegido para formar una familia—. Márcame alfa, quiero tu nudo, quiero a tus cachorros. Hazme tuyo para siempre…


Sus iris brillaron cuál oro puro, su lengua repleta de espesa saliva cargada de feromonas, prepararon el terreno de su cuello, donde el aroma a rosas era intenso, dulce y provocativo. Sin detener los envistes, Taehyung clavó sus dientes hasta donde su mandíbula se lo permitió, hasta que el sabor a hierro inundó su gusto, y sus aromas se mezclaron para convertirse en uno solo.