Bailando en el Abismo || Sanzu Haruchiyo

Sinopsis

En Tokio, Japón en una zona marcada por la oscuridad y el peligro, Akane, Una joven que fue abandonada a temprana edad, se encuentra atrapada en un mundo que nunca imaginó. Una noche, su vida da un giro inesperado cuando descubre ser la hermana menor de un lider de una mafia muy peligrosa

Genero:
Other
Autor/a:
Crystal♡
Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

1 | El sol ya no ilumina

Akane||Pasado                                                 


El sol se filtraba a través de las cortinas de la habitación de Akane, creando patrones dorados en el suelo. Con apenas seis años, ella estaba sentada en el suelo, rodeada de crayones, hojas de papel y peluches, Se concentraba en dibujar un mundo lleno de colores: árboles altos, un cielo azul y un enorme sol que le sonrie. Su madre siempre le decía que su imaginación era una bendición, y Akane le creia. Sin embargo, esa mañana había un silencio extraño en la casa que hacia incomodar a Akane, La puerta del dormitorio de su madre estaba entreabierta, y Akane podía escuchar el susurro de voces apagadas. Su corazón latía con fuerza, una mezcla de curiosidad e inquietud. Se levantó, dejando atrás su mundo de colores, y se acercó a la puerta. Al mirar dentro, vio a su madre hablando con un hombre que no reconocía. Su rostro estaba pálido y sus ojos parecían perdidos en pensamientos lejanos. Akane sintió un nudo en el estómago; algo no estaba bien. —No puedo seguir así, ella me da asco —dijo su madre con voz temblorosa—. Necesito ser libre. Akane no entendía del todo lo que eso significaba. Su madre siempre había sido su refugio, la persona que la abrazaba cuando tenía miedo y la llenaba de historias antes de dormir. Pero ahora, algo se rompía en el pecho de Akane . Con el corazón acelerado, Akane retrocedió, temiendo descubrir más. Se sentó nuevamente en el suelo, tratando de concentrarse en su dibujo. Sin embargo, los colores comenzaron a desvanecerse, ella ya no era la misma, mientras una sensación fría invadía su pecho. El resto del día transcurrió lentamente. Cada hora parecía una eternidad mientras Akane esperaba que su madre saliera de la habitación. Cuando finalmente lo hizo, llevaba una maleta pequeña que parecía desproporcionada para todo lo que significaba para ella: recuerdos, risas compartidas y sueños por cumplir. Akane levantó la vista, sus ojos brillando con confusión e inocencia. —Mamá… ¿a dónde vas? —preguntó con voz temblorosa. Su madre se agachó a su altura y le acarició el cabello suavemente. Era un gesto que siempre le había gustado; sin embargo, hoy tenía un aire triste y distante. —Akane… —comenzó su madre—. A veces las personas necesitan hacer cosas difíciles para encontrar su camino. Te amo mucho, pero tengo que irme por un tiempo, yo te prometo que volvere. Akane sintió que el mundo se desmoronaba a su alrededor. Las palabras "te amo" resonaban vacías en sus oídos mientras trataba de comprender lo que estaba sucediendo. —Pero… ¿por qué? ¡No quiero que te vayas! —exclamó mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. Su madre tomó su mano y la apretó suavemente. —Siempre estaré contigo en tu corazón —dijo mientras una lágrima caía por su mejilla—. Eres una niña fuerte y valiente. Prometo que volveré dijo y se agacho para tocar sus mejillas. Akane quería creerle; quería aferrarse a esas palabras como si fueran un salvavidas en medio de una tormenta. Pero las palabras no podían llenar el vacío que se formaba en su pecho. La maleta parecía pesar más que nunca mientras su madre se alejaba hacia la puerta. Cuando finalmente salió al pasillo, Akane dio un paso adelante y gritó: —¡Mamá! ¡No me dejes- Pero ya era demasiado tarde; la puerta se cerró tras ella con un golpe sordo que resonó como un eco interminable. Akane cayó al suelo con el corazon roto, abrazándose a sí misma mientras las lágrimas caían sin control. El sol ya no iluminaba la habitación; todo había quedado envuelto en sombras. En ese momento crucial de su vida, comprendió que el amor podía ser tan hermoso como doloroso y que la soledad era una oscuridad que ahora la acompañaría siempre. Los días siguientes fueron una mezcla confusa de emociones para Akane. Cada mañana despertaba con la esperanza de ver a su madre entrar por la puerta con esa sonrisa cálida que tanto adoraba. Pero cada día era igual; solo encontraba silencio y vacío a su alrededor. Su abuela llegó poco después para hacerse cargo de ella. Aunque era amable y cariñosa, Akane sentía que nada podía reemplazar a su madre. A menudo se sentaba junto a la ventana mirando hacia afuera, deseando ver aparecer esa figura familiar en el horizonte. Una tarde lluviosa decidió salir al jardín trasero donde solía jugar con su madre. El aire fresco le recordaba los momentos felices pasados allí: risas compartidas mientras corrían jugando como niñas o hacían pequeñas manualidades con hojas caídas. Sin embargo, ahora solo había silencio acompañado del suave sonido de las gotas cayendo sobre el césped mojado. Se sentó bajo un árbol grande y comenzó a dibujar en su cuaderno nuevamente. Esta vez no eran paisajes alegres; los trazos eran oscuros y desordenados, reflejando el torbellino emocional dentro de ella. Cada línea parecía contar una historia diferente sobre la tristeza y la pérdida. Mientras dibujaba, sintió una presencia familiar detrás de ella; era su abuela. —¿Qué haces aquí sola? —preguntó suavemente. Akane miró hacia arriba con los ojos llenos de lágrimas. —Dibujo… —respondió con voz entrecortada— Pero no puedo hacerlo bien sin mamá… Su abuela se sentó junto a ella y miró los dibujos esparcidos por el suelo: figuras distorsionadas y colores oscuros predominaban sobre los brillantes tonos que antes llenaban sus páginas. —A veces es difícil expresar lo que sentimos —dijo su abuela—. Pero recuerda que está bien sentir tristeza; es parte del amor también. Akane asintió lentamente mientras escuchaba las palabras reconfortantes de su abuela; sin embargo, aún sentía ese vacío profundo dentro suyo. Los días continuaron pasando como hojas arrastradas por el viento; cada uno traía consigo nuevas emociones pero también más preguntas sin respuesta sobre dónde estaba su mamá y cuándo volvería a estar juntas otra vez. Una noche especialmente oscura, mientras miraba por la ventana las estrellas titilantes en el cielo, Akane decidió escribirle una carta a su madre: *Querida mamá,*  *Te extraño mucho cada día.*  *Me siento sola sin ti.*  *¿Cuándo volverás?*  *Te prometo ser fuerte como me dijiste.* *Pero cuando pienso que tal vez no volvere a verte la tristeza puede mas que yo*  *Con amor,*  *Tu pequeña Akane.* Con lágrimas cayendo sobre el papel arrugado, con esperanza en su corazón: tal vez algún día llegaría hasta ella como un mensaje perdido entre las estrellas. Con cada día transcurrido aprendió poco a poco cómo canalizar ese dolor en algo productivo: comenzó a pintar paredes vacías llenándolas con colores vivos e historias imaginarias donde ella siempre estaba acompañada por su madre sonriente.