Deseos prohibidos

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Sinopsis

En un reino medieval donde la paz se ve amenazada, Iker, un misterioso corsario con un oscuro pasado, regresa al palacio, desatando un torbellino de intrigas y secretos. Las princesas Alana y Candy, atrapadas entre el deber y el deseo, se enfrentan a nuevos pretendientes que podrían cambiar su destino. Mientras el rey Aigor lucha con la confianza y el peligro que representa Iker, el baile de la corte se convierte en el escenario perfecto para revelaciones inesperadas y romances prohibidos. ¿Podrán los corazones encontrar su camino en medio del caos, o el pasado de Iker arruinará todo lo que aman? Una historia de amor, traición y redención que mantendrá a los lectores al borde de sus asientos.

Genero:
Romance/Mystery
Autor/a:
Abigail
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

¿Quiénes son en realidad?


El sol de la mañana se filtraba a través de las cortinas de encaje del Palacio de Aethel, iluminando la habitación donde la reina Isadora, con el rostro bañado en sudor y la frente marcada por el dolor, daba a luz a su segunda hija.


-Es una niña, majestad- anunció la partera, con una sonrisa cálida.

-Una princesa hermosa, como su hermana-


El rey Aigor, un hombre alto y corpulento con ojos azules penetrantes, se acercó a la cama y tomó la mano de su esposa.


-Mi reina, eres una guerrera. Has dado a luz a otra princesa-


La reina Isadora, con un suspiro de alivio, sonrió débilmente.


-Llamémosla Candy, por su dulce aroma a caramelo-


-Alana ven a ver a tu hermanita- Dijo el rey.


Los ojos de Alana se iluminaron al ver a su hermana, a la cual había esperado por mucho tiempo.


-Les prometo que la cuidaré y seremos las mejores amigas- dijo Alana con una sonrisa entre sus labios.


Pasaron los años y Alana siempre cuidaba de su hermana, incluso había veces en las cuales regañaba a Candy por sus frecuentes travesuras.


-Alana, a pesar de que tengas 8 años, pareces una mamá- Decía la reina Isadora entre carcajadas gentiles.


Entre Candy y Alana había una diferencia de 3 años de edad. Candy, con su pelo rubio y esponjoso, sus ojos marrones claros y una piel blanca como la nieve, creció rodeada de lujos y comodidades. Su hermana mayor, Alana, una joven alta y esbelta con cabello castaño y ojos verdes, era su mejor amiga y confidente, aunque a veces le decía las cosas que hacía mal. Las dos princesas compartían juegos, secretos y sueños en los jardines del palacio.


Alana, con su carácter fuerte y su ambición inquebrantable, siempre fue la favorita de su padre. Candy, con su naturaleza más rebelde y un tanto reflexiva, disfrutaba de la compañía de su madre, quien le leía historias de aventuras y le enseñaba a jugar ajedrez.


Pasaron los años rápidamente hasta que Candy tenía 16 años y Alana 19, y un día pasa algo inesperado.


Unos de los sirvientes de la realeza se acercó para dar un mensaje importante al rey Aigor.


-Su majestad, un corsario y su hijo quieren hablar con usted. ¿Lo dejo pasar? –


-Déjalo que entre- dijo el rey.


Candy, que se encontraba paseando por el gran jardín del palacio, escuchó caudalosamente la conversación entre su padre y el sirviente.


Alana vio que Candy estaba escondida entre los arbustos espiando la sala del trono, entonces se acercó y acompañó a Candy.


- ¿Qué estás mirando? – Preguntó Alana.

-Shh, te pueden escuchar- Susurró Candy.


Vieron a un hombre alto y fornido, con una mirada penetrante. A su lado, un joven delgado y ágil, con ojos oscuros y una sonrisa pícara, le hacía una reverencia al rey Aigor.


-Majestad- dijo el hombre, con una voz áspera. -Soy Iker, corsario al servicio de su alteza. He venido a ofrecer mis servicios y los de mi hijo, Andersson, a su reino-


El rey Aigor, con una mirada inquisitiva, observó al corsario y a su hijo.


-Bienvenidos a Aethel – dijo con un tono firme. -Espero que sus servicios sean valiosos para nuestro reino-


Los corsarios eran piratas autorizados por un gobierno para atacar barcos enemigos. Eran una herramienta para la guerra naval, especialmente en los siglos XVI al XVIII, cuando la piratería era un problema común.


Los corsarios, también conocidos como bucaneros o piratas autorizados, ofrecían una variedad de servicios a los gobiernos que los patrocinaban. Estos servicios generalmente se centraban en la guerra naval y el comercio marítimo.


-Cuéntenme, ¿Qué los trae por aquí? – Preguntó el rey Aigor.


El corsario miró al rey directamente a los ojos.


-Bueno, su majestad, tengo que serle sincero y honesto. Yo era un corsario que había cometido actos de piratería en el pasado y justo por esa razón no podía encontrar un hogar en otros reinos. Mi hijo había sido testigo de las crueldades que cometía.

-Hasta que un día él mismo hizo que abriera los ojos. Sé que cometí muchos errores, pero estoy dispuesto a empezar de nuevo y ser mejor de lo que fui ayer- Dijo con voz determinante.


Por un momento la sala del trono se quedó en un profundo silencio.


-Tienes suerte de que no sea un rey insensible, por eso te daré una oportunidad, y escucha bien lo que voy a decir- Dijo el rey Aigor, con una voz fría y dominante. -En cuanto me entere que cometiste algún acto de traición contra mi reino y llegues a desaprovechar esta oportunidad que te estoy brindando, asegúrate muerto.

-Le aseguro de que eso no sucederá, le doy mi palabra- Dijo Iker.


Entonces las hermanas que se encontraban escondidas detrás del gran arbusto del jardín, compartieron miradas.


-Tengo un mal presentimiento de esto- Dijo Alana.


-Ash, tú siempre tan amargada, ve el lado positivo. Ahora nuestro padre podrá atacar barcos enemigos o barcos neutrales involucrados en el comercio con el enemigo- Afirmó Candy.


De pronto, aparecieron las damas de compañía de las dos hermanas, Layla y Amelia. Quienes las ayudaban en sus quehaceres y compartían historias, se podría decir que eran como amigas.


Layla, la dama de compañía de Alana, llegó al palacio cuando tenía 14 años de edad, la misma edad de Alana en ese entonces, fue recomendada por su inteligencia, educación y habilidades sociales.


En cambio, Amelia, la dama de compañía de Candy, también llegó al palacio a la misma edad de Candy, 14 años, pero se convirtió en dama de compañía por conexiones familiares.


Esto quiere decir que las damas de compañía de las dos hermanas tienen la misma edad que ellas.


Alana y Candy se dieron cuenta de la presencia de Layla y Amelia, y salieron rápidamente de su escondite.


-Hola chicas, ¿qué las trae por aquí? Está muy bonito el paisaje, ¿verdad? - Dijo Candy fingiendo demencia.

-Tonta, deja de hacerte la que no sabe nada-

-Chicas, ignórenla, simplemente estábamos investigando un poquito qué es lo que está pasando en la sala del trono- Dijo Alana.


Layla sonrió sutilmente.


- ¿Y qué es lo que está pasando? - Preguntó.

-Bueno, estábamos escuchando que llegaron un corsario y su hijo a ofrecer sus servicios- Respondió Candy.

-Si es así, puede ser que el rey organice una velada de bienvenida para ellos- Afirmó Amelia.

-Tienes razón, mi padre busca cualquier motivo para organizar eventos especiales- Comentó Alana.


Los ojos de Candy se iluminaron al escuchar que habrá una fiesta.


-Tienen tanta razón. ¿Qué hacemos acá? Debemos estar alistándonos para la fiesta- Dijo Candy con una gran sonrisa dibujada en su rostro.


Entonces, Candy agarró a Amelia de su muñeca y la llevó a su aposento.


- ¡Nos vemos chicas! - Dijo Amelia a lo lejos.


-Pero aún no se confirma nada- Afirmó Layla.

-Candy es una persona bastante impaciente-


De pronto vieron salir a un sirviente de la sala del trono.


-Sir, ¿qué está sucediendo? – Preguntó Alana.

-Al parecer el rey hará otro evento especial, señorita princesa, me mandó a llamar a su madre- Respondió el sirviente.

-Gracias, puede retirarse-

-Ya está confirmado- Dijo Layla.


Pues el evento no era muy grande, solo se realizó con las personas más cercanas a la familia y los miembros de la corte.


Se realizó en la noche como a las 7:00 pm. A esa hora poco a poco iban llegando los invitados.


Alana a esa hora ya estaba lista, y recibía cálidamente a sus parientes. Ella lucía un vestido de color azul claro que tenía un corpiño ajustado con un escote de hombros caídos. La falda era de tul y tenía varias capas. El vestido estaba adornado con encaje floral. Realmente era un vestido muy elegante y romántico.


Su maquillaje se veía muy natural y sutil. Los ojos tenían un poco de sombra de ojos marrón claro y delineador negro. Las pestañas estaban largas y rizadas. Las cejas estaban bien definidas. Los labios tenían un color nude brillante. La piel tenía un brillo natural y estaba bien hidratada.


Ya eran las 7:40 y los músicos contratados por la reina empezaban a deleitar a los invitados con música instrumental.


Y todo esto se estaba llevando a cabo en el salón de baile.


De pronto su padre anunció que había llegado la familia Armas a la ceremonia, lo cual había causado intriga en Alana ya que nunca había escuchado de ella.


- ¿Tienes idea de quiénes conforman esa familia? – Preguntó Alana a Layla.

-No, pero escuché por ahí que es reconocida por sus matrimonios estratégicos-

-Puede ser que tu padre los haya invitado para, ya sabes…- Afirmó Layla con una sonrisa pícara.

-Ni lo pienses, no creo que mi padre haga algo así-


Por un momento Layla se queda mirando a un chico fijamente.


- ¿Por qué lo miras tanto? Te gusta- Preguntó Alana.

Layla sonrió un tanto avergonzada.

-Bueno, es algo atractivo, ¿no crees? –

-No te lo voy a negar, pero dejemos de mirarlo así, va a pensar mal- Dijo Alana.


Cuando eran las 8:00 pm, Amelia fue a saludarlas.


- ¿Y mi hermana? - Preguntó Alana.

-Ya está por bajar, me dijo que me adelantara-


De pronto Candy bajó por las escaleras con un vestido de un hermoso color lila, con un diseño de un solo hombro y una falda con capas de tul que le dan un toque romántico y elegante. El corpiño tiene un detalle de pliegues que le da una textura interesante, y está adornado con una flor de tela en el hombro. La falda es muy voluminosa y tiene un corte que la hace lucir realmente como una princesa. Sus ojos tenían un delineador negro que se extiende en un ángulo agudo hacia afuera, y la sombra de ojos se difuminaba hacia arriba en un tono marrón claro. Las pestañas estaban largas y rizadas, y se puede ver un poco de brillo en el párpado. Los labios tenían un color rojo mate. La piel parecía limpia y radiante.


-Te ves muy bonita- Dijo Alana con un brillo en sus ojos.

-Gracias hermanita-


Pasó cierto tiempo y Candy decidió beber algo, se acercó a la mesa en la cual se encontraban las bebidas y sorpresivamente apareció Andersson a su lado.


Candy le sonrió y optó por agarrar su bebida y retirarse.


-No me dijiste tu nombre- Dijo Andersson.

-No me preguntaste- Afirmó Candy.


Andersson sonrió de manera pícara.


-Entonces, ¿Cómo te llamas? –

-Me llamo Candy Miller, ¿y tú? –

-Andersson Boss, mucho gusto-


De pronto los músicos empezaron a tocar una música lenta y elegante, un vals.


- ¿Me concedes esta pieza, princesa Miller? – Preguntó mientras hacía una reverencia.

- ¿Por qué no? - Respondió.


Entonces empezaron a bailar al ritmo de la música, Alana pudo ver a lo lejos esa escena.


-Candy no pierde el tiempo-


Luego se le acercó el chico que tanto estaban mirando Layla y Alana, y le invitó a bailar también.


Alana volteó a ver a Layla, y esta le guiñó.


Mientras bailaban Candy y Andersson, se hacían preguntas para conocerse mejor. Como qué edad tienen, qué les gusta, cosas así.


Por eso podemos saber que Andersson es un año mayor que Candy, tiene 17.


Lo mismo pasaba con Alana y el chico misterioso, resulta que se llama Leo Armas y tiene 21 años. Alana no le tomó importancia a esos detalles, tampoco que se fuera a enamorar de él.


Las parejas tenían una buena conexión, pero creían que era lo suficiente para que se enamoren.


Llegó el turno de cambiar parejas y justo intercambiaron entre ellos no más, algo dentro de ellos les decía que necesitaban estar juntos por más tiempo. Los cuatro no paraban de ver a su pareja con otra persona, la música empezaba a ir más rápido, y más crecía sus ganas de volver a tocarse, daban vueltas y vueltas, no paraban, no se quitaban la mirada de encima, se veían de reojo tratando de disimular, pero era inevitable.


Cuando al fin terminó la música, se quedaron paralizados mirándose fijamente uno al otro.


Los cuatro optaron por reírse y no decir nada.


La música se apaga, dejando un silencio expectante en el salón de baile. Alana y Leo se miran fijamente, ambos con una sensación de confusión y atracción. Candy y Andersson también se miran, con una mezcla de curiosidad y deseo.


Y en ese silencio que había entre los cuatro, sentían que una voz les decía “¿quiénes son realmente?”