Double Renunciation ❈ YCJH (YeChan x JaeHan)

Sinopsis

La renuncia es resignarse unilateralmente a algo de manera voluntaria. Apartarse de lo que se posee, siendo liberatoria y abdicativa. Tras analizarlo con detenimiento, fue el camino que tomó.

Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

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El nombre y la imagen de una persona ocupaba sus pensamientos a diario. No importaba que estuviera saturado de trabajo y de otras responsabilidades a nivel personal. Siempre destinaba un espacio para dedicarle con toda libertad a aquel joven universitario que hacía latir su corazón con fuerza. 

Aún cuando con plena conciencia sabía que Yechan no estaba interesado en él, Jaehan no dejaba de emocionarse cada vez que lo veía.

Sonrió levemente mientras su mano sujetaba el mouse que se deslizaba de un lado a otro sobre la alfombrilla encima de su escritorio, buscando el archivo deseado en su computadora, aquella campaña en la que había trabajado y que mantenía una fuente de inspiración con nombre y apellido.

Jaehan no deseaba rendirse tan fácil, desafortunadamente, todos sus intentos para que el joven pudiera conocerlo y al mismo tiempo, tuviera la oportunidad de hacerse más cercano a él, siempre fracasaban. 

No importaba lo que dijera o hiciera, la respuesta era una negativa.

Incluso por su carrera a fin a la que él había estudiado, buscaba que el menor pudiera orientarlo en ciertos detalles como una especie de oportunidad que le permitiera pasar tiempo con él, omitiendo el hecho de que Jaehan tenía todas las herramientas para hacerlo por sí solo. 

¿Te gustaría ayudarme con la revisión de un proyecto? 

Estoy ocupado con la escuela.

¿Me permites unas horas de tu día?

Mi tiempo es limitado.

Quiero invitarte a salir.

Tengo planes.

—¿No vas a darte por vencido? 

La voz de Hangyeom lo hizo cerrar el archivo. 

Jaehan condujo como de costumbre a la institución que visitaba desde unos meses atrás. Su mano giró el volante en la tan conocida avenida en la que el tránsito estaba desahogado a pesar de ser una zona estudiantil y coincidir con la hora de la salida. Estacionó el auto y activó el freno de mano eléctrico mientras aguardaba la llegada de Yechan.

Lo único que aún lo mantenía cerca del joven era eso, acudir por él y llevarlo a casa, lo que también le representaba una sensación de alivio al saber que llegaba sano y salvo a su hogar. Tan solo se trataba de unos minutos los que compartía a su lado, pero le bastaban para sentirse feliz por un momento. 

A unos metros, el chico por el que Jaehan esperaba, se convirtió en el objeto de burla de sus amigos.

—Tu niñero ya llegó.

Yechan rodó los ojos mientras se abría paso entre sus amistades que no dejaban de reír. Desde que acabaron su última clase, habían sacado el tema de conversación y Yechan los había ignorado con la finalidad de que terminaran aburriéndose. Pensó que había funcionado hasta que llegaron a la salida de la universidad y nuevamente lo atacaron. 

El comentario era tan repetitivo que finalmente lo fastidió. Sus pasos fueron acelerados mientras llegaba al automóvil, dejando atrás la gracia que le hacia a sus amigos su situación. En cuanto subió al coche, arremetió contra Jaehan. 

—Mis amigos se burlan porque siempre vienes por mí. Te llaman mi niñero y yo no soy un niño. 

El mayor comprendió la molestia e intentó aligerar el ambiente mientras sus manos sostenían el volante. 

—Solo busco que llegues bien a casa. Tal vez puedo esperarte en un punto lejos de aquí para que no me vean. 

Yechan que miraba al frente, giró su cabeza mostrando un rostro endurecido. Su propia mochila que permanecía encima de sus piernas, estaba recibiendo el castigo al apretarla fuertemente. 

—Estamos en distintas etapas de nuestras vidas y no pareces entenderlo. 

Y ahí estaba de nuevo, el tema de la edad. Yechan generalmente expresaba su disgusto por esa diferencia entre ambos, misma que Jaehan intentaba pasar por alto aunque fuera una constante en sus conversaciones. Mantuvo su serenidad al hablar. 

—Entiendo que somos de edades diferentes y que eso te incomoda.

El joven terminó aventando su mochila a sus pies con furia y apretó la mandíbula. Jaehan enfocó su mirada en el menor que le mostró su total aversión, distinta a la que generalmente le dedicaba. Estaba cargada de otro significado que Yechan le hizo saber. 

—Solo deja de interesarte y preocuparte por mí, no te lo pedí. Ya no quiero que sigas apareciendo esperando que algo cambie. Estoy cansado de tu presencia. 

Jaehan no parpadeó por un instante y casi de inmediato, dirigió su vista al frente, observando a algunos estudiantes retirarse de la universidad, entre ellos, a los que identificó como los amigos del menor. 

Ya no respondió al reclamo como lo había hecho con anterioridad e ignoró la punzada de dolor en su pecho que se expandió como una mancha sombría.

El simple hecho de tragar saliva le representó una dificultad. No deseaba permitir que afectara su estado de ánimo, pero por más que trató de frenarlo, falló. Haciendo uso de su propia autocontención, logró mantener una aparente serenidad que le costó más de lo que esperaba. 

Enseguida puso en marcha el vehículo. Su atención se mantuvo en conducir mientras su mente divagaba en lo dicho por el menor. 

Condujo hasta la casa de Yechan en completo silencio. Comúnmente acostumbraba a poner la radio para hacer más a meno el viaje ya que el menor no solía hablarle mucho cada vez que le hacia una pregunta; sin embargo, dadas las circunstancias, ya no sucedió.

Tras algunos minutos transitando por las diversas calles, llegaron a su destino.

En el momento que el menor se agachó para tomar su mochila, Jaehan dejó salir su voz, completamente neutral, sin ningún tinte de emoción, manteniendo su vista al frente.

—Entendí todo. Este niñero dejará de aparecer.

Yechan no dijo nada, simplemente descendió del automóvil no creyendo que Jaehan hablara en serio. Ya muchas veces había expresado su inconformidad y el mayor seguía apareciendo.

En cuanto estuvo fuera, vio el coche desaparecer y entró con normalidad a su casa. 

Mientras tanto, Jaehan regresó a su departamento completamente abatido. El camino de vuelta igualmente fue silencioso, a excepción de algunos suspiros que llegaron a resonar en su vehículo. En los semáforos en rojo, llegó a pasar la mano por su rostro, teniendo una lucha en su interior que supo en que acabaría. 

Al llegar a su hogar, no fue directo a su habitación sino que se recargó sobre la puerta. Su espalda percibió el frío material a través de la tela de su ropa, pero no le importó. Aflojó el nudo en su corbata e inclinando su cabeza hacia atrás, pronunció las palabras que respondían la pregunta de Hangyeom. 

—Me doy por vencido.