El Rey

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Sinopsis

Freya Blackwood vivía una vida perfecta, pero tras atravesar problemas sentimentales, un encuentro con Alphonse Kingsman, un poderoso multimillonario conocido por conseguir siempre lo que quiere, puso su mundo patas arriba. Lo que comenzó como un encuentro de una noche se convirtió rápidamente en un tórrido romance, dejando a Freya atrapada entre su novio de toda la vida y la innegable atracción que siente por Alphonse. Entre secretos, juegos de poder y un deseo que amenaza con desmoronarlo todo, Freya deberá decidir quién posee realmente su corazón y si está dispuesta a pagar el precio. ¿Se rendirá ante un hombre que lo controla todo o luchará por recuperar su vida bajo sus propias condiciones?

Estado:
Completado
Capítulos:
52
Rating
4.8 8 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

"Sé que debí decir que no

Pero él es irresistible

Tan cerca y tan íntimo

Ahora es ineludible

Apenas puedo respirar

Más que solo algo físico

Más profundo que lo espiritual

Sus maneras son poderosas

Y me resultan irresistibles"

-Jessica Simpson



Freya estaba sentada al borde de la cama, observando a Lucas mientras se movía por el apartamento que compartían. Se preparaba para su viaje de negocios. Lucas es alto, de complexión atlética y delgada, con un cabello castaño claro que siempre lucía peinado sin esfuerzo. Sus ojos marrones tenían un aire cálido y encantador que lo hacía parecer sincero y confiable. Vestía bien y proyectaba seguridad y soltura en cada paso; solía usar camisas entalladas o chaquetas de cuero que le daban un aire relajado pero impecable. Su maleta estaba abierta en el suelo con la ropa doblada cuidadosamente, y su maletín estaba apoyado contra la pared. Se veía tranquilo y satisfecho, mientras Freya intentaba ignorar la leve inquietud que crecía en su interior desde hacía algunas semanas. Algo no terminaba de encajar, pero ella había descartado esos pensamientos, convenciéndose de que solo era su imaginación.

Sin embargo, esa noche, aquel presentimiento era demasiado fuerte como para ignorarlo. Cuando Lucas entró a la ducha y dejó su teléfono desbloqueado y descuidado sobre la mesita de noche, la tentación pudo más que ella. Su corazón se aceleró al tomarlo y sus manos temblaron levemente mientras revisaba sus mensajes. No sabía qué esperaba encontrar, pero en el momento en que sus ojos se posaron en una serie de mensajes íntimos, su mundo se vino abajo.

Ahí estaba, escrito en blanco y negro: mensajes de otra mujer. No eran solo amistosos ni casuales. Eran explícitos, íntimos e innegablemente incriminatorios. El estómago se le revolvió al leer los intercambios coquetos, los encuentros ocultos y las confesiones secretas que destruían los cimientos mismos de su relación.

«¿Cuánto tiempo llevará esto?», se preguntó, con la mente dando vueltas mientras la realidad la golpeaba como un puñetazo en el estómago. Aquello no era solo un error. Era una traición que duraba quién sabe cuánto tiempo.

A Freya se le cerró la garganta y el pecho le subía y bajaba mientras luchaba por contener la oleada de emociones que amenazaba con superarla. Pero necesitaba pruebas. Antes de que sus manos temblorosas soltaran el teléfono, tomó el suyo y le sacó varias fotos a los mensajes incriminatorios. La evidencia ya estaba guardada, inmortalizada en la galería de su teléfono; un recuerdo doloroso del hombre que creía conocer.

Apenas tuvo tiempo de ocultar su teléfono y dejar el de él en la mesita de noche cuando escuchó que la ducha se apagaba. Su corazón latía con fuerza y trató de tranquilizarse, obligándose a respirar con calma. «Mantén la calma», se dijo a sí misma. «No dejes que se dé cuenta».

Momentos después, Lucas salió del baño con una toalla alrededor de la cintura y el cabello aún húmedo. Le dedicó una sonrisa, la misma que siempre le daba, como si nada hubiera cambiado, como si no cargara con el peso de una aventura secreta detrás de esos ojos cálidos.

—Oye, cielo, me voy en un rato —dijo él con naturalidad, estirándose para recoger su ropa. Freya lo observaba con el corazón pesado y la mente confundida por todo lo que acababa de descubrir.

Forzó una sonrisa y sintió cómo se le apretaba la garganta con cada palabra que se guardaba. —Está bien. Que tengas buen viaje.

Lucas se inclinó y le dio un beso en la frente. —Te voy a extrañar —dijo suavemente, rozando su piel con los labios como si no acabara de destrozar su mundo.

Freya quería gritar, empujarlo lejos y exigirle respuestas. Pero se quedó en silencio. No podía derrumbarse. No ahora. No frente a él. Tenía que ser fuerte. Se mordió el labio y asintió mientras él se alejaba, tomaba su maleta y se dirigía a la puerta.

—Te llamo cuando aterrice —dijo él con un gesto despreocupado, desapareciendo por el pasillo.

En cuanto la puerta se cerró tras él, las piernas de Freya cedieron. Se desplomó en el suelo, con el cuerpo temblando mientras los sollozos que había estado reprimiendo estallaban por fin. El dolor la golpeó como una ola, arrastrándola y hundiéndola. Se cubrió el rostro con las manos mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas, ante la realidad de lo que acababa de suceder.

Cinco años. Habían estado juntos cinco años y, en todo ese tiempo, ella le había dado todo. Su tiempo, su lealtad, su corazón. Había rechazado a otros hombres que le coqueteaban y nunca se le pasó por la cabeza estar con nadie más, porque creía que Lucas era el indicado. Había sido fiel durante cada momento difícil, siempre dispuesta a ceder y a fortalecer su relación.

Pero ahora, sentía que cada instante de esos cinco años no había sido más que una mentira. Una fachada cuidadosamente construida que Lucas había estado desmoronando a sus espaldas, pieza por pieza. Cada beso, cada promesa y cada "te amo" estaban manchados. Todo estaba arruinado por saber que él se había estado entregando a otra persona.

A Freya se le apretó más la garganta y le dolió el pecho por el peso de sus emociones, pero se negó a seguir llorando. No por él. Él no merecía sus lágrimas.

Con un estallido de rabia, agarró su teléfono e intentó bloquear su número, pero la mano le temblaba. La gélida furia que había estado hirviendo bajo la superficie afloró, cortante y fría, como si el daño fuera demasiado reciente para dejar entrar calidez alguna. La traición aún estaba fresca y la hería más con cada segundo que pasaba. ¿Cómo pudo haber sido tan estúpida como para confiar plenamente en él?

Antes de que pudiera seguir hundiéndose, su teléfono vibró en su mano. Era un mensaje de Sofia, su mejor amiga.

—Hola, ¿cómo va todo? ¿Estás bien?

Freya miró la pantalla un momento, sin saber cómo responder. Pero necesitaba contárselo a alguien. Necesitaba decirlo en voz alta.

Sus dedos se movieron por la pantalla, escribiendo las palabras que aún no había pronunciado:

—Me puso los cuernos.

Pasó un momento antes de que llegara la respuesta.

*”Esta noche salimos. No acepto un no por respuesta. Lo necesitas”.

Freya miró el mensaje por un segundo. Una parte de ella quería quedarse en casa, acurrucarse en la cama y dejar que la oscuridad la consumiera. Pero la otra parte —la parte furiosa, la que quería olvidar— necesitaba aquello. Necesitaba dejar de pensar en Lucas. Dejar de sentirse como una tonta.

Respiró hondo, escribió un simple "Está bien" y empezó a arreglarse.


Unas horas más tarde, Freya se encontraba embutida en un ajustado vestido negro, rodeada por sus amigas más cercanas en un club de striptease de lujo llamado **The Red Lounge**. No era su ambiente habitual, pero esa noche no se trataba de hacer lo esperado. Se trataba de olvidar a Lucas. De olvidar el dolor. De olvidar cuánto lo había amado y cómo él había destruido ese amor con sus mentiras.

—Freya, te ves increíble —dijo Layla apretándole la mano mientras entraban al club, iluminado por luces de neón—. Lucas es un completo idiota por haberte engañado. Eres una mujer valiosa y esta noche te lo vamos a recordar.

Freya sonrió débilmente, agradeciendo los intentos de sus amigas por animarla, aunque el dolor en su pecho seguía ahí, instalado con terquedad. No podía dejar de pensar en lo ciega que había estado, en lo ingenua. ¿Cómo no había visto las señales?

—Debí habérmelo imaginado —murmuró Freya mientras se acomodaban en una mesa cerca de la barra—. Debí verlo venir. Siempre tenía alguna excusa, alguna razón para no pasar tiempo conmigo. Yo estaba… demasiado enamorada para notarlo.

—Freya, basta —la interrumpió su otra amiga, Sofia, negando con la cabeza—. Estabas siendo una buena novia. Confiabas en él. No es algo por lo que debas sentirte culpable. Es *su* culpa. Él es quien te engañó, no tú.

Layla asintió. —Exacto. No hiciste nada malo. Él solo es una basura mentirosa y estarás mejor sin él.

Freya se mordió el labio, tratando de contener la oleada de emociones. La ira, el dolor, la traición. Todo se arremolinaba dentro de ella, un cóctel tóxico que no lograba sacudirse. Pero no dejaría que Lucas ganara. No dejaría que arruinara su noche.

El club estaba lleno del ritmo palpitante de la música y luces de neón intermitentes. Las bailarinas se movían en los postes y la gente parecía perdida en la embriagadora mezcla de tragos y desenfreno. Freya se bebió su tercer trago y sintió el calor del alcohol en sus venas. Sus inhibiciones se soltaban con cada sorbo, y la rabia helada de su pecho empezó a derretirse, aunque fuera un poco.

—¡Olvida a ese imbécil! —dijo Layla levantando su copa—. ¡Esta noche es solo para ti!

Freya soltó una carcajada, con la voz un poco arrastrada, y chocó su copa contra la de sus amigas. Se sentía bien reír, aunque solo fuera por un momento. Miró a la gente, las luces, las bailarinas, la música; todo estaba muy vivo y vibrante. Por primera vez en todo el día, sintió que tal vez, solo tal vez, podría superar aquello. Que quizás Lucas no valía tanto dolor.

—Y tanto que es para ti —añadió Sofia, terminándose su propia bebida—. Es un perdedor, Freya. Y esta noche le vas a demostrar que no lo necesitas.

Freya volvió a sonreír, esta vez de forma más genuina. Había sido tan fiel y dedicada, pero todo lo había desperdiciado en alguien que no lo merecía. Tal vez esta salida, esta noche salvaje y alocada, era justo lo que necesitaba. Soltarse, olvidar y recuperar una parte de sí misma que Lucas le había arrebatado.

Mientras se tomaba otro trago, sintió que la habitación empezaba a dar vueltas un poco, pero no le importó. Sus amigas la animaban, la música retumbaba y, por primera vez desde que descubrió la traición de Lucas, Freya sintió algo más que dolor.

Quizás, después de todo, por fin podía ser libre de él.