Precipicio
Después de la muerte no hay nada...
Eso pensaba Jimin mientras el viento helado le cortaba el rostro en el instante en que saltó, esperando que el vacío lo envolviera. Sin embargo, cuando abrió los ojos, aún seguía respirando.
Jimin, es un estudiante universitario en Seúl, llevaba demasiado tiempo atrapado en una vida que sentía que no era suya. Su rutina se dividía entre clases extenuantes y un trabajo de medio tiempo que apenas le permitía cubrir lo básico. A esto se sumaba una relación desgastante que se arrastraba desde hacía cuatro años, un vínculo tóxico que lo atrapaba en discusiones interminables y silencios que dolían más que cualquier palabra. Su hogar no era un refugio; los problemas familiares parecían seguirlo donde fuera, envolviéndolo en una tensión constante, repitiéndose como una mala canción que el ya había aprendido a tolerar. Con la nicotina como única compañía, Jimin buscaba una calma que en realidad nunca llegaba.
Su vida parecía deslizarse por una pendiente, una espiral que lo arrastraba cada vez mas lejos de lo que alguna vez quiso ser. Cada día era una lucha por mantener las apariencias, pero por dentro sentía que algo se quebraba lentamente. Los pensamientos oscuros lo acechaban, recordándole que todo el esfuerzo, todo el dolor, parecía no tener sentido. Aquella noche, esa sensación lo sobrepasó, y una decisión se arraigó en su mente con una claridad aterradora: quizás la única forma de encontrar paz era dejando todo atrás.
La noche en Seúl era igual a tantas otras: la ciudad no se detenía, indiferente a su desesperación. A su alrededor, las luces de neón titilaban en silencio, ajenas a su existencia. Gente iba y venía, ocupada en su rutina, sin notar la figura solitaria que caminaba en dirección al acantilado. La brisa de octubre le helaba la piel, pero Jimin apenas lo notaba; en sus oídos, solo resonaban los latidos frenéticos de su propio corazón.
Su teléfono sonó una y otra vez, pero él ignoró las llamadas, los mensajes, cualquier intento de conexión. Solo tenía un propósito aquella noche, y nada lo apartaría de él. Mientras avanzaba hacia el borde, su mente se sumergía en un abismo de pensamientos, cada uno más destructivo que el anterior.
Y entonces, finalmente, llegó al borde. Miró hacia el vacío, su escape, su liberación. Todo lo demás dejó de importar, y en aquel momento creyó que, al lanzarse, encontraría por fin el descanso que tanto anhelaba.
Pero , en la oscuridad no siempre se encuentra la paz... y alguien mas lo estaba observando desde las sombras.