Sombras de Poder.
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La noche estaba oscura y húmeda. Koume Gojo caminaba en silencio, apartada de la comitiva de hechiceros que habían sido enviados en una misión para rastrear la presencia de espíritus malditos en el bosque. No era una misión importante, como siempre, pues desde pequeña había sido relegada a tareas menores debido a su falta de energía maldita. Sabía que era la decepción de su clan, pero había aprendido a vivir con ello, aunque cada día en su interior crecía el deseo de escapar de esa vida, de ser libre.
De repente, un peso invisible cayó sobre el bosque. La atmósfera se volvió densa y sofocante, y Koume sintió un escalofrío recorrer su espalda. Todo se detuvo. Las criaturas nocturnas enmudecieron, el viento cesó, y una opresiva oscuridad se cernió sobre ella. Koume dio un paso atrás, el miedo aferrándose a sus entraña. (una voz grave y burlona resonó a su alrededor) “Vaya, vaya… ¿Qué tenemos aquí? Un ratón perdido en la trampa de un gato.”
Koume levantó la vista y allí, a pocos pasos, emergiendo de la penumbra, apareció una figura alta y siniestra. Su piel pálida estaba decorada con marcas negras que parecían moverse en la penumbra, y sus ojos, rojos y brillantes, la miraban con un desprecio casi palpable.
-con voz temblorosa-“Tú… eres… Sukuna.”
Él soltó una carcajada que resonó como un trueno en el silencio del bosque.
“Parece que hasta los insectos saben pronunciar mi nombre. Qué honor.” -Se inclina un poco, mirándola con burla- "¿Acaso tu querido clan Gojo te mandó aquí como un sacrificio? Porque a decir verdad… no pareces capaz de luchar ni contra una maldición de bajo nivel.”
Koume sintió el peso de esas palabras. Sabía que no era fuerte, que no era valorada en su propio clan, pero escucharlo de un ser tan despiadado como Sukuna le provocaba una mezcla de rabia e impotencia.
-Tratando de sonar firme- “No me subestimes. Tal vez no tenga energía maldita, pero sé defenderme.”
-arqueando una ceja, visiblemente entretenido- "¿Defenderte?" -ríe- "¿Con qué? ¿Con esa insignificante esperanza que llevas dentro? ¿O acaso piensas vencerme con tus palabras, pequeña Gojo?”
Sin previo aviso, Sukuna dio un paso hacia ella, y en un abrir y cerrar de ojos, apareció justo frente a Koume. Su mano se cerró alrededor de su garganta, y la levantó sin esfuerzo, obligándola a mirarlo a los ojos. Koume sentía cómo el aire le faltaba, pero no apartó la vista de sus ojos, resistiéndose a mostrar miedo.
-con una sonrisa cruel- “¿Ves, pequeña Gojo? Esa impotencia que sientes… esa debilidad que te carcome. Esa es tu verdadera naturaleza. No eres nada, solo una sombra de tu querido hermano Satoru. Una sombra inútil y olvidada.”
Las palabras de Sukuna atravesaron a Koume como cuchillas. La desesperación, la vergüenza y la rabia se entremezclaban en su pecho. Durante años había soportado el peso de ser “la hermana débil”, “la vergüenza del clan Gojo”. Pero escuchar esas palabras en labios de una maldición tan poderosa le recordaba lo insignificante que era a los ojos de todos.
-con dificultad, pero con determinación- “No… no tienes idea de lo que soy capaz… no sabes nada de mí.”
-apretando más su agarre, una sonrisa sádica en su rostro- “¿Capaz? Oh, pequeña… he vivido siglos, he visto a los más poderosos caer ante mí. ¿Tú? Ni siquiera eres digna de un segundo pensamiento.”
Sin embargo, a pesar de su crueldad, algo en las palabras de Koume le llamó la atención. La obstinación de esa chica, que a pesar de ser frágil y sin poderes, aún mantenía una mirada desafiante, lo intriga. Lentamente, aflojó su agarre, permitiéndole respirar nuevamente, aunque sin soltarla del todo.
“Pero quizás, solo quizás, podría encontrarle algún uso a una Gojo tan… peculiar.”
Koume se apoyó en sus rodillas, tratando de recuperar el aliento. Estaba exhausta, pero la curiosidad en sus palabras despertaba algo en ella. ¿Por qué alguien como él estaría interesado en ella? Sukuna la observó en silencio, una mezcla de burla y algo parecido a la diversión danzando en sus ojos.
-con voz rota, pero desafiante- “¿Por qué… por qué te interesaría alguien sin poder?”
Sukuna se inclinó hacia ella, sus palabras frías como el acero.
“Porque a veces, los seres más insignificantes son los que pueden causar la mayor destrucción… si saben qué puertas tocar. Y tú, Koume Gojo, pareces tener muchas puertas sin abrir.”
Koume lo miró confundida, pero al mismo tiempo, la propuesta resonaba en su mente. Sabía que no debía confiar en Sukuna, que todo lo que él decía estaba teñido de maldad y manipulación. Pero… si le daba el poder para liberarse del yugo de su clan, de esa vida en la que era constantemente subestimada, ¿valía la pena escuchar sus palabras?