Destino: San Diego

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Sinopsis

Ally acompaña a su esposo Mike en un viaje de trabajo a San Diego. Ambos contemplan la idea de explorar una nueva fantasía compartida que involucra a Ben, el compañero de trabajo de Mike, y el resultado termina sorprendiéndolos a ambos.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
AJ Pages
Estado:
Completado
Capítulos:
19
Rating
4.2 4 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1 - Ally

«Espera, Mike, creo que es aquí», dije, deteniéndome frente a un edificio sin nada que lo distinguiera. Miré de nuevo la dirección en mi teléfono tras notar la fila de gente esperando en la puerta.

Había un cartel en la fachada que anunciaba un despacho de abogados, pero supuse que estaba ahí para despistar. Encajaba con la temática de speakeasy del bar que buscábamos.

Mi marido volvió sobre sus pasos y echó un vistazo más atento.

«Sí, creo que tienes razón. Vale, le escribiré a Ben para decirle que ya estamos aquí».

Mientras Mike tecleaba un mensaje para su compañero de trabajo, yo miré a mi alrededor. Observaba a la gente mientras esperábamos en la fila.

Entonces, noté que un tipo alto y guapo, de nuestra edad, se acercaba sonriendo hacia nosotros.

«¡Ey!», dijo, uniéndose a la fila y dándole un golpe juguetón en el hombro a Mike.

«¡Oh, hola!», dijo Mike, bloqueando su teléfono y guardándolo en el bolsillo. Luego estrechó la mano del tipo, que debía de ser Ben, y le dio un abrazo de colegas. «¿Es este el sitio?»

«¡Sí, es aquí! Lo siento, quería llegar un poco antes para avanzar en la fila, pero tardé un rato en encontrar aparcamiento».

«No te preocupes», dijo Mike. Luego se giró hacia mí y me presentó a su compañero. «Ella es mi mujer, Ally».

«Hola, Ally, es un verdadero placer conocerte», dijo Ben, clavando en mí su sonrisa grande y cálida antes de atraerme en un abrazo.

Me sacaba una cabeza entera. La forma en que tuvo que inclinarse para rodearme hizo que sintiera un escalofrío antes siquiera de notar su pecho ancho y duro, su espalda musculosa o sentir sus brazos fuertes alrededor de mí.

«He oído hablar mucho de ti», añadió mientras se apartaba, sacándome de mi aturdimiento.

Miré a Mike, ladeando la cabeza con curiosidad, preguntándome qué le habría contado de mí. A menos que Ben solo estuviera siendo amable.

Fuera como fuese, decidí no darle más vueltas y simplemente dije: «Igualmente, un placer», mientras le devolvía la sonrisa.

Mientras esperábamos, los dos chicos se pusieron al día sobre sus horarios de trabajo para el fin de semana.

Su empresa organizaba una convención en la ciudad, que era el motivo de nuestro viaje. Yo me había apuntado porque nunca había estado en la ciudad antes, y Mike y yo planeábamos hacer algo de turismo entre sus turnos en la convención.

Intenté ser discreta mientras seguía examinando a Ben. Ellos hablaban de algún drama en su equipo, al que yo solo había prestado media atención cuando Mike me lo contó antes. Su pelo era ligeramente alborotado y castaño claro. Sus ojos parecían color avellana, aunque era difícil decirlo de noche. Cuando las farolas y las luces de los edificios cercanos lo enfocaban desde distintos ángulos, notaba motas verdes y bronce.

Mike y yo habíamos tomado un par de copas durante la cena, así que ya me sentía juguetona. A medida que la fila avanzaba y ellos miraban hacia adelante, me ajusté rápidamente la camisa y el sujetador, empujando mis tetas hacia arriba para marcar tanto escote como fuera posible.

La espera fue más corta de lo que hubiera imaginado. Tras apenas cinco minutos, llegamos al frente. El portero nos dejó pasar y de inmediato llegamos a una escalera poco iluminada que bajaba hacia un bar subterráneo ruidoso. Estaba bastante lleno y el ruido era ensordecedor; las voces competían con la música de una banda en directo que tocaba en uno de los extremos del lugar, que era largo y bastante estrecho.

Nos abrimos paso hasta la barra y pedimos algo de beber. No había muchas esperanzas de conseguir mesa, así que encontramos un hueco para apretujarnos y gritarnos por encima del ruido.

«¿Y bien? ¿Qué te parece San Diego hasta ahora?», me preguntó Ben.

«¡Es genial!», dije entusiasmada, sintiendo el calor de los primeros sorbos de mi cóctel de tequila. «No esperaba que se sintiera tan tropical».

«Sí, se pone bastante húmedo», respondió él, sonriendo y bebiendo un sorbo de su cerveza.

Su mirada pareció quedarse en mi escote un segundo más de la cuenta, pero luego miró hacia otro lado y me pregunté si me lo habría imaginado.

«Este sitio es muy divertido», dije, haciendo un gesto hacia el speakeasy de estilo años 20.

Mi brazo extendido casi choca con unas chicas que celebraban una despedida de soltera, que pasaban a nuestro lado de camino a los baños.

«Está claro que todo el mundo está de acuerdo contigo», dijo Mike, con los ojos clavados en las chicas de la despedida.

«Siento lo de la gente. Supongo que se ha convertido en una trampa para turistas», respondió Ben.

«A mí me gusta», dije, queriendo mantener el tono positivo. «La música es divertida y mi bebida está deliciosa».

«Sí, son famosos por sus cócteles. ¿Cuál has pedido?», preguntó Ben señalando mi vaso.

«Creo que se llama 'Dulce pero no demasiado'», respondí encogiéndome de hombros. «Normalmente busco cualquier cosa que lleve tequila».

«Buena elección», dijo sonriendo. «De hecho, hay un bar de tequila genial a la vuelta de la esquina que podríamos visitar también, si es lo que te gusta. Tienen casi cualquier variedad de tequila, agave o mezcal que puedas imaginar».

«Oh, oh», bromeó Mike, lanzándome una sonrisa pícara mientras bebía otro sorbo de su whisky.

«Eso suena a problemas para mí», dije, mientras sentía cómo el calor subía por mis mejillas.

«¿Ah, sí?», preguntó Ben, con un brillo de intriga en los ojos.

Definitivamente ya estaba sintiendo los efectos, y me tentaba coquetear un poco más. Aunque quizá la culpa fuera más de mi atracción por Ben que del tequila.

«Me puedo poner un poco salvaje si bebo demasiado tequila. Más que con cualquier otro alcohol, por alguna razón».

«Vale, pues supongo que depende de lo salvaje que quieras ponerte esta noche», dijo Ben con una sonrisa pícara.

No estaba segura de si pretendía ser tan descarado, pero me reí para quitarle hierro al asunto delante de Mike, mientras mi coño palpitaba.

Entonces sentí la mano de Ben en mi codo, acercándome a él. Tuve un momento de pánico al pensar que me iba a besar o algo así. Pero seguí su mirada hacia atrás y me di cuenta de que solo me estaba apartando porque alguien más pasaba por detrás de camino a los baños. Fue un gesto lo suficientemente inocente, pero en mi estado de excitación, me recorrió un escalofrío involuntario por toda la espalda.

La mirada de Ben y la forma en que me sonrió me hicieron saber que se había dado cuenta.

«¿El bar de tequila es un poco más tranquilo que este?», preguntó Mike, que parecía ajeno a lo que pasaba.

«Sí, por lo que recuerdo, es bastante relajado», respondió Ben.

«Vámonos entonces. Voy a cerrar nuestra cuenta».

Dicho esto, Mike se alejó entre la multitud hacia la barra.

Sentí una tensión palpable en cuanto Ben y yo nos quedamos «solos» entre tanta gente.

«¿Tienes algún tequila favorito?», preguntó, ignorando la tensión o sin darse cuenta.

«La verdad es que no», contesté, tragando saliva y sacudiendo la cabeza, intentando salir de mi ensimismamiento. «No soy una experta. Es solo que es el único alcohol que soporto».

«Entiendo», se rio entre dientes.

Siguió un silencio algo incómodo antes de que Ben continuara, quizá convenciéndose de decir algo más.

«¿Lo de salvaje es solo un efecto secundario agradable, entonces?»

«Sí, parece que siempre garantiza un buen rato».

«No hay nada de malo en eso», dijo Ben. Luego me guiñó un ojo mientras daba otro sorbo a su cerveza.

Le devolví la sonrisa, sonrojada, esperando que la luz tenue ocultara mi reacción.

Una vez que Mike volvió, subimos las escaleras y salimos por la puerta secreta, donde todavía había una larga fila de gente esperando para entrar. Ben nos guio hacia el siguiente bar y nos abrimos paso por la concurrida acera.

Afortunadamente, el bar de tequila estaba a la vuelta de la esquina, tal como prometió.

«¡Aquí estamos!», dijo Ben, haciéndonos un gesto a Mike y a mí para que entráramos delante.

Mike pasó primero. Cuando Ben me siguió, apoyó la mano en la parte baja de mi espalda, provocando que otro hormigueo me recorriera la columna y una sensación de palpitación entre las piernas.

Fue un toque casual, pero me puso muchísimo saber que lo estaba haciendo, literalmente, a espaldas de mi marido.

Al detenernos en la entrada, me incliné hacia atrás buscando el contacto de Ben para ver si conseguía que me tocara el culo «por accidente». Pero, cuando el camarero nos llevó a una mesa alta cerca de la barra, retiró la mano para que pudiéramos sentarnos todos.

Era una mesa pequeña y nuestras rodillas chocaban al sentarnos en los taburetes. Mike y yo estábamos juntos, y Ben al otro lado, frente a mí. Nos tomamos nuestro tiempo para mirar la carta y la camarera nos hizo algunas recomendaciones para empezar.

«Ofrecemos una tabla de degustación, con muestras de tres licores de la carta», explicó.

«Menos mal que te tengo a ti para que me lleves al hotel», bromeé, apretando el brazo de Mike.

Noté de reojo que Ben observaba la interacción.

«No sería la primera vez», bromeó Mike.

Decidimos pedir cada uno una tabla de degustación. Cuando llegaron las bebidas, intenté ir despacio, alternando sorbos de agua con el alcohol. Aun así, podía sentir cómo me afectaba mientras charlábamos y bebíamos.

Sentía la piel sensible y con hormigueo. Me incliné hacia adelante sobre la mesa de modo que mis pechos descansaran sobre mi antebrazo, realzando el escote. Luego comencé a acariciarme el brazo suavemente con las yemas de los dedos, haciéndome cosquillas y rozando mi pezón a través de la blusa con el lado del pulgar. Lo hacía porque me sentía bien, pero también miraba a Ben cada pocos instantes, esperando pillarlo mirando.

Después de un rato, el tequila me convenció para subir de nivel. Abrí las piernas debajo de la mesa, haciendo que mi falda corta subiera un poco. Hice ver que me ajustaba en el taburete, acomodándome y abriendo más las piernas, y luego choqué mi rodilla con la de Ben.

«Oh, lo siento», dije, inclinándome para mirar debajo de la mesa y asegurarme de que, efectivamente, había sido su rodilla la que había tocado. Esperaba que fuera una pista para que él también mirara hacia abajo y, quizás, echara un vistazo debajo de mi falda.

«No te preocupes», dijo Ben, sin dejar que eso interrumpiera el hilo de la conversación.

Pero entonces, en lugar de apartar mi rodilla, me incliné hacia adelante, rozando su pierna con la mía.

Tras una breve mirada hacia mí, Ben metió la mano debajo de la mesa y rozó mi rodilla con las yemas de los dedos.

Una vez más, me incliné hacia su contacto, animándole a seguir.

Al principio dudó, y noté cómo sus mejillas se encendían. Tras acariciarme la rodilla con el pulgar unas cuantas veces, descansó su mano en mi pierna, justo encima, y me apretó con suavidad.

Hice mi siguiente movimiento bajando la mano para posarla sobre la suya, guiándola hacia arriba.

De alguna manera, ninguno de los dos permitió que la conversación perdiera ritmo mientras Ben seguía frotando, deslizando su mano entre mis muslos. El cosquilleo de sus dedos sobre mi piel sensible hizo que mi respiración se acelerara y mi coño palpitara y se contrajera. En ese momento, quería que siguiera hasta que sus dedos estuvieran dentro de mí.

Notaba que él intentaba llegar tan arriba como se atrevía sin hacer que sus movimientos fueran demasiado obvios, y me mordí el labio para no sonreír demasiado.

Queriendo más, me levanté y me disculpé para ir al baño, planeando tocarme y tratar de correrme para liberar parte de la tensión.