PRÓLOGO
Sebastien Mint envuelto en una nueva polémica—leyó aquella revista. Estaba intentando esconderla de su manager, pero sabía que era inútil. Clara sabía todo lo que el muchacho hacía, desde que se levantaba hasta que se dormía.
Dejó salir un resoplido y clavó sus ojos en la noticia.
El chico del momento, Sebastien Mint, ha sido protagonista de una nueva polémica luego de que el pasado martes fue escoltado por la policía hasta la estación de la ciudad, tras haber estado envuelto en una pelea en un bar de California.
Recordemos que el cantante ha adoptado una fama muy repentina luego de su último éxito; ¿Será Sebastien Mint la próxima estrella? ¿O se hundirá en su minuto de fama...?
Ni siquiera quiso seguir leyendo. Era consciente de que hace unas semanas atrás no era conocido en casi ningún lugar, y ahora tenía unos cuantos millones de seguidores en sus redes sociales. Toda la fama repentina lo había aturdido. No sabía cómo lidiar con eso.
De la noche a la mañana, debía actuar de manera ejemplar, algo que nunca antes había hecho. Hasta hace poco, había sido expulsado de la universidad por saltarse unos cuantos protocolos... y ahora, sería el telonero de una de las cantantes más famosas del planeta. La idea le volaba la mente. Sabía que lo suyo era un golpe de suerte.
— ¿Qué cojones es esto, Sebastien?— a sus espaldas, la voz de Clara lo sacó de su ensimismamiento.
Ella llevaba la misma revista que él había estado intentando esconder. Se encontraban en la habitación de hotel de California, lugar donde tendría que presentarse al día siguiente.
A sus veinticuatro años, había muchas cosas que no había experimentado, y una de esas era viajar. Ahora que se había vuelto algo recurrente, le costaba acostumbrarse. Cada vez que lo hacía, le pillaba más miedo a las alturas, y terminaba en su habitación intentando mantenerse tranquilo hasta que le avisaban que tendría que pillar un avión de nuevo. La idea le provocaba náuseas.
Él posó los ojos en la revista e intentó verle el lado positivo; al menos, no salía mal. Incluso su mandíbula lucía definida y sus ojos encantadores.
De pronto, recordó que lo estaban por regañar.
— Puedo explicarlo...— aseguró él, pero Clara negó con el rostro.
— ¡Ya eres bastante adulto para comprender lo que está en juego, Sebastien! No puedes darte el lujo de ir por allí...
— Lo sé— intentó defenderse, pero le fue inútil. La mujer resopló.
— Si lo supieras, esto no sería un problema— ella intentó suavizar un poco el tono de su voz y se sentó a su lado con delicadeza.— Los medios no conocen tu pasado turbio, Sebastien.
— Ya lo sé.
— Y para la disquera, sólo eres una cara bonita.
El joven resopló. En el fondo, lo sabía, pero odiaba que se lo recordaran.
— No puedes dejar que descubran...
— No dejaré que suceda— murmuró, y miró a Clara a los ojos—. Lo prometo.
Ella esbozó una sonrisa que le preocupó. Conocía a Clara desde hace bastante tiempo, y sabía cuando estaba siendo sincera. En ese instante, definitivamente, no lo estaba siendo.
— ¿Qué?— preguntó él, a la defensiva. Sabía que se avecinaban noticias que no le gustarían.
— Hay una chica...
Sebastien negó de inmediato. No. Se rehusaba. Ya había hecho muchas cosas por mantener su estatus de chico respetable, y se había prometido que no involucraría a nadie más en ello. Pase lo que pase, no saldría con una chica por contrato.
— No, Clara— sentenció.
— Necesitan verte con alguien buena.
Una risa irónica se escapó de su boca. El muchacho abrió una cajetilla de cigarrillos, y, antes de que pueda siquiera intentar encender alguno, Clara se la quitó de las manos para lanzarla lejos.
Sebastien soltó un resoplido.
— Define buena.—Le pidió, lamentándose porque también había perdido la libertad de envenenarse el cuerpo a su antojo.
— ¿Yo que sé? Una chica lista, que no se meta en problemas, que ponga las manos al fuego por ti...
— Una chica que finja estar enamorada de mí— gruñó él. La mujer rodó los ojos.
— Avery es hija de uno de los directores de cine de California. Es activista por los derechos de los animales, Sebastien. Es perfecta...
— Ya te dije que no— zanjó—. Si voy a estar con una chica buena para la prensa, al menos será una que me guste.
Clara aceptó a regañadientes, no sin antes intentar una última cosa.
— Entonces, búscala tú.
Él frunció el ceño en su dirección. No comprendía porqué se lo había tomado tan literal, pero, con tal de terminar esa conversación, estaba dispuesto a darle en el gusto.
— Busca una chica que te guste. Una que te haga quedar bien con la prensa— insistió la mujer.
— Si lo hago, ¿dejarás de romperme los cojones?
Ella dudó. Le dio diversión, pero lo ocultó. Sebastien era joven, y a ella le agradaba que sus defensas se caían abajo rápido.
— Si. Busca a una chica lista, buena, y linda. Que dé una buena imagen y que te haga quedar bien a ti. Si esa muchacha te hace salir del hoyo en el que nos has metido, pues te prometo que dejaré de romperte los cojones mucho más tiempo del que debería.
Sebastien sintió una sensación de adrenalina recorrer su cuerpo. Era la primera vez que sentía que podía recuperar su libertad; deshacerse de Clara durante unos cuantas semanas. La quería fuera de su vista por un tiempo. Si esa era la única forma, estaba dispuesto a aceptarla.
Después de unos segundos, Sebastien estiró su mano en dirección a la mujer para que ella la tome, y con una media sonrisa, murmuró;
— Trato hecho.