Introducción

Orfanato Lirio Blanco. Diez campanadas resuenan en la noche, anunciando la hora de apagar las luces. Los chiquillos ya no corretean entre los enormes pinos que rodean hospicio, y tampoco queda ningún adolescente por los pasillos de los edificios. Hace ya dos horas que las hermanas han acostado a las pequeñas, y ahora comprueban que las más mayores estén en sus respectivas habitaciones.
Las dos novicias recorren el pasillo del ala derecha del segundo piso, en el edificio al oeste de los terrenos, apagando todas las luces a su paso. No falta nadie. Finalmente, llegan a la escalera que lleva al desván: un lugar viejo y sucio. Suben los escalones lentamente, escuchando los crujidos de la vetusta madera bajo sus pies, hasta llegar a una puerta antigua y mal cuidada. La abren y comprueban que la última de sus tuteladas está en su alcoba. Las luces están apagadas, y ella ya está acostada en su lecho.
Las novicias se miran satisfechas y se marchan silenciosamente: en la residencia de las chicas está todo en orden. Descienden la chirriante escalera, y se dirigen al edificio contiguo, al este, para comenzar la ronda en la residencia de los chicos.