🎄 Único. 🪅
El cuerpo de Jeonghan cayó agotado contra el sofá de la salita de estar repleta de cajas ahora vacías de los adornos de navidad. De pie frente al árbol bellamente decorado, su roomie; Joshua, observaba a detalle la estrella que brillaba al ras del techo pareciendo absolutamente satisfecho con su elección.
La mirada de Jeonghan se deslizó desde el atractivo rostro hasta su torso antes de bajar hacia su entrepierna, Joshua definitivamente tenía un gran Polo Norte ahí. Riéndose para sí mismo, recordó las tantas veces en las que su compañero de piso y él habían sobrepasado los límites, después de todo, ambos estaban solteros y sin ningún compromiso de por medio.
— Está un poco ladeada...
Habló, solo para molestarlo. El atractivo cuerpo de su amigo giró hacia él mientras se cruzaba de brazos exponiendo aquellos músculos deliciosos... Ese paquete era demasiado grande para envolverlo en papel de regalo.
— ¿Crees que puedes colocarla mejor, Jeonghannie?
— Creo que puedo decorar todos los pasillos mejor que tú.
Joshua se rio, demasiado entretenido con el jugueteo que, de alguna manera, le estaba ofreciendo.
— Puedes terminar aquí, entonces, aún faltan las guirnaldas y los muérdagos de afuera.
— ¿Y entonces estarás haciendo grandes bolas de nieve? Me gustan mucho aquellas.
Se mordió el labio antes de ofrecerle una sonrisa traviesa, sus ojos viajaron nuevamente a través de la anatomía contraria mostrándose satisfecho con el ligero resultado de sus coqueteos. Si bien no tenía una erección, el miembro de Joshua se marcaba a través de los pantalones grises de chándal que portaba; colgaban de sus caderas como un gran saco... Definitivamente eran buenos regalos.
— Seguro, cuando vuelva podemos beber ponche de huevo. Apresúrate, quiero todo limpio cuando termine.
Jeonghan sintió las piernas temblorosas, no solo por aquellas palabras. La petición de Joshua fue tajante, dura hasta el punto de que se sintió como una orden.
Casi se atoró con su saliva, su lengua trabándose al intentar murmurar una respuesta igual de elocuente.
— Sí, papi.
Joshua casi trastabilló en su camino hacia la puerta.
Jeonghan no quería a los aburridos elfos de Santa bajo el árbol. No podía recordar desde cuándo, pero lo único que sabía era que su compañero de hogar era su lista de deseos... Al mirarlo, solo podía pensar en navidad.
¿Y quién no? Con aquellos deliciosos bíceps abultándose mientras Joshua colocaba guirnaldas alrededor de la ventana frente al comedor; su camiseta levantándose lo suficiente dejando ver un poco de aquel abdomen deliciosamente marcado... No era solo la alegría navideña ni lujuria, Jeonghan genuinamente estaba enamorado de su amigo.
Se conocían desde hacía años, pero habían comenzado a dar rienda suelta a sus perversiones alrededor de dos, aproximadamente el tiempo que llevaban viviendo juntos. La idea de comenzar a ser una pareja no era del todo errónea... Joshua dejó de tener citas casi al mismo tiempo que él, pasaron casi todos sus momentos libres juntos, y ni hablar que hicieron cosas de novios sin tomar en cuenta todo el grandioso sexo. ¿Quizá sería su milagro navideño?
No pararía hasta descubrirlo.
Recogió todo en tiempo récord; guardando las cajas en los armarios, tirando la basura e inclusive preparando el asqueroso ponche de huevo que Joshua amaba, el sudor ligeramente perlando su frente cuando tomó un taburete de la cocina para colocar un muérdago bajo el umbral de la puerta perteneciente al dormitorio de su chico.
— Jeonghannie, ¿Ya terminaste?
La suave, ligeramente ronca voz de Joshua disminuyó al observar el piso impecable. Sorprendido, se adentró en el hogar que había construido con su mejor amigo, sus preciosos ojos entrecerrándose al notar que Jeonghan inclusive había pasado el trapeador.
— Está bien, ¿Qué es lo que quieres a cambio por tu gran sacrificio?
Pasó a través de la sala, su ceño frunciéndose al notar la sudadera ajena contra el suelo.
— ¿Han?
Recogió la prenda suspirando al notar que había un rastro de prendas por todo el pasillo hacia los dormitorios. Jeonghan esperó afuera de la habitación, casi tiritando de frío al estar vestido únicamente con una camisa de Joshua.
Cuando le vio venir con su ropa entre las manos, se quitó los calcetines en el momento justo en el que el contrario se paró frente a él. Los bonitos ojos de Joshua le observaron con detenimiento de los pies a la cabeza, esa mirada curiosa pronto se endureció, demasiado absorto en sus clavículas y hombro descubiertos.
— Dejaste esto en tu camino.
— Era un regalo... Ya que será navidad...
Joshua se rio, la hermosa y amplía sonrisa hizo al corazón de Jeonghan bombear como loco.
— Qué niño tan malo, Jeonghannie... Tu ropa sucia y tirada por el piso no es un regalo.
— Sin embargo, recuerdo que dijiste que te gustan más mis calcetines en el suelo.
Aquel recordatorio hizo a su amigo tensarse, Jeonghan observó su cuerpo de nuevo; por fin, el pene de Joshua le saludaba erecto bajo sus pantalones. No pudo evitar extenderle los brazos para tomarle de las muñecas y juntar sus cuerpos tanto como sus posiciones les permitían.
— Déjame calentarte... Pasaste mucho tiempo en la nieve.
Sus manos serpentearon a través de los antebrazos y bíceps ajenos, clavó sus uñas romas en esa piel dorada y deliciosa hasta apoyar sus dígitos contra los fuertes hombros, de los cuales tiró para atraerlo a un pequeño beso.
— Eres un mañoso, Jeonghannie. Hay un muérdago en mi entrada.
Fue su turno de reír, el aliento de Joshua le hizo cosquillas en los labios.
— Por eso el beso, tonto. No tendrás a otro chico caliente bajo el mismo, de todos modos.
— Creo que solo te quiero a ti bajo mi muérdago.
Tras ello, Joshua lo besó de verdad; mordió suavemente su labio inferior para adentrar su lengua en la propia, pronto demandando y exigiendo sumisión que Jeonghan le otorgó a duras penas.
Escalofríos recorrieron su espina dorsal cuando las grandes manos ajenas se deshicieron nuevamente de su ropa para posarse en su cintura, juntando pecho contra pecho sin dejar de besarlo y haciéndole sentir como si millones de copos de nieve cayeran incesantes en su estómago con cada vaivén de sus labios.
No rompieron el contacto entre sus bocas al caminar hacia la cama, el fuerte agarre de su compañero guiándolo sin problemas hasta que la blanda superficie del colchón tocó su espalda de manera delicada.
— Joshua...
Gimió tan pronto el aludido rompió el ósculo para repartir algunos más pequeños contra su mandíbula en dirección a su cuello.
— Lo sé, Hannie. Yo también lo siento, y en lo que a mí respecta... Fuiste mío desde el primer momento en el que te vi. ¿Tienes más preguntas o ya puedo follarte?
— Ninguna... amor.
Joshua levantó la cabeza de su cuerpo, sus ojos tan brillosos como intensos al conectar con los propios. Se quedaron un momento en silencio, igualando sus respiraciones.
— Dilo de nuevo.
— ¿Amor?
El precioso hombre sonrió, inclinándose para besarle la nariz de la forma más cariñosa posible. Después lo hizo con su frente, terminó en sus labios; mordiéndolos tan sensual que no pudo abstenerse de gemir nuevamente.
— Sí, mi amor.
Jeonghan pensó que tendrían sexo suave, algo romántico dadas las declaraciones anteriores. Sin duda, eso fue bastante equivocado.
Joshua lo torturó entre besos y caricias conforme tres de sus dedos empujaban incesantes en su interior, estirándolo para recibir su miembro. Retiró las prendas de ambos con suma calma, disfrutando de los espasmos acompañados de lloriqueos que no podían dejar su boca ante tal placer provocado.
Cuando estuvo a punto de correrse aquellos largos dígitos salieron de su agujero, haciéndole sollozar al sentirse inquieto e insatisfecho.
— Calma, cariño. Estoy listo para follarte de verdad, ¿No eres un buen chico? Obediente y educado... Tan hermoso.
Jeonghan se pavoneó con los cumplidos, balbuceando pequeños “sí” mientras sus manos jugueteaban con los pectorales de su ya oficial pareja. Sus pulgares hicieron girar aquellos pezones endurecidos, escuchó a Joshua gruñir.
Tal vez, aquello fue el incentivo suficiente para que el contrario lo girase dejándolo boca abajo contra el colchón. Satisfecho, comenzó a colocar su mejilla contra las almohadas, siendo interrumpido por las fuertes manos ajenas.
— No, cariño, papi no va a follarte así. Mi lindo ángel merece algo mejor, ¿No crees?
No esperó respuesta alguna, Jeonghan fue colocado como un muñeco en la postura que Joshua deseaba; en cuclillas sobre el colchón, la parte superior de su cuerpo en curva hacia abajo y fuera de la cama. Su novio se aseguró de colocarle las manos contra el suelo, con la cabeza colgando y permitiéndole observar bajo la cama.
— ¿Cómo demonios eres tan pulcro? No hay polvo debajo...
Reemplazó sus últimas palabras con un suave grito cuando Joshua le alzó un poco más las caderas para introducirse en él. Jeonghan intentó aferrarse a aquel miembro, apretándole con sus paredes húmedas gracias al lubricante.
Ambos gimieron al unísono tan pronto el contrario llegó al fondo, su glande haciendo apenas cosquillas contra su próstata. Joder, Jeonghan amaba lo grande que era y se lo hizo saber al apoyar casi todo su peso sobre sus manos; follándose de tal manera desesperada que podía escuchar los jadeos entrecortados del chico con el que compartía la cama.
Joshua le dejó hacer, disfrutando de la vista que le ofrecía: su miembro lubricado y sin condón entrando y saliendo de aquellos suaves glúteos.
Hasta que necesito poseer, tomar y adorar. Tras un azote, le clavó las manos en sus caderas deteniendo sus movimientos, haciéndose cargo al empujarse en embistes tan duros como rápidos que les hicieron perder la noción del espacio-tiempo. Podía sentir la presión de su sangre en la cabeza con cada empuje de las caderas ajenas. Aquel largo y grueso eje torturándolo de la manera más deliciosa, sus ojos poniéndose en blanco hasta hacerle cerrar los párpados cuando todo detrás de ellos se volvió multicolor.
Llegó a su orgasmo en un suave gritito, su cuerpo relajándose y dejándose caer agradeciendo los reflejos de Joshua, quien le sostuvo y dejó de vuelta contra la cama. Nunca se dio cuenta si se había corrido también, pues el sueño lo noqueó de inmediato.
Soñó con ser el protagonista de su película navideña favorita, con su propio milagro de navidad rodeándole la cintura en un abrazo.