Hermoso cachorro
Lunes, cinco de la mañana, suena la alarma, me levanto, me ducho, me organizo, desayuno, salgo de casa, me voy a trabajar.
Mismo día, cuatro de la tarde, llego cansado después de un día de trabajo, veo un rato la tele mientras descanso los pies, vuelvo a ducharme, ceno y voy a la cama ya que mañana tengo que madrugar otra vez.
No puedo dormir, miro el techo a oscuras de mi habitación y digo:
- Tengo 35 años, aún no tengo familia, ni tengo amigos, siento que no tengo nada interesante en mi vida, hago lo mismo todos los días, durante años, llevo con la misma rutina.
Exhalo aburrido y cierro los ojos, sigo sin poder conciliar el sueño y mi mente no para de pensar.
Me giro a un lado y digo:
- Siento que el tiempo se me está acabando, no tengo una razón por la que luchar, ni siquiera tengo sueños o ilusiones que me motiven, simplemente, no tengo nada.
Cogí el móvil y vi que eran las once de la noche.
Me levanté, me puse un chándal, las zapatillas y salí a tomar el aire.
Caminé sin rumbo, necesitaba andar y meditar un rato.
Levanté la vista al cielo y estaba totalmente despejado,
- ¡Qué noche tan bonita!
sonreí y admiré las estrellas, que casualmente llevaba mucho tiempo sin observar,
- Dios mío, ¿Qué hago?, ¿Cuál es mi propósito para esta vida?, la amo, pero, me siento aburrido y cansado de la misma rutina.
Mientras hablaba al cielo, unas lágrimas brotaron de mis ojos.
- Ayúdame señor, no me siento feliz, perdóname por decirte estás cosas, sé que mi vida es maravillosa y es un regalo hermoso de tu parte, qui...
De pronto, una estrella fugaz alumbró por un breve momento el firmamento, cruzando de un lado a otro.
Llevaba muchos años sin ver una.
Cerré los ojos y recordé que debía pedir un deseo:
- Dios mío, envíame una razón para seguir adelante, para luchar, no quiero seguir siendo el muerto viviente que siento que soy.
Volví a abrir los ojos, había caminado sin darme cuenta un buen tramo, di la vuelta y me disponía volver a casa, pero unos tiernos ladridos a mí derecha llamaron mi atención.
No sé de dónde salió aquél precioso animalito, parecía un osezno, cubierto de pelo y su cola estaba enrollada cómo un caracol.
- cachorro, ¿Dónde están tus dueños?
Le Preguntaba, mientras me acercaba lentamente a él para no asustarle, mientras tanto, seguía con sus dulces ladridos y daba giros completos en su sitio, parecía feliz de verme.
Le acaricié la cabeza, se tumbó boca arriba y le acaricié la panza.
Miré a mi alrededor, no había nadie, ni un vehículo ni luces encendidas de alguna casa.
- ¿ Qué hago contigo?
no podía dejar ese pequeñajo en la calle.
- Hagamos un trato.
Le decía mientras movía mi dedo índice.
- Vienes esta noche a casa, es tarde, pero mañana buscamos a tus dueños.
¿Vale?
Lo cogí en brazos, era aún muy pequeño, bastante peludito, inocente y juguetón.
Entramos en casa, le di agua y un poco de arroz que tenía y le preparé una cama improvisada con sábanas.
Se tumbó, sentí que estaba cómodo y yo me acosté a dormir.
Sentí su respiración toda la noche, le sentí tranquilo, me sentí acompañado y feliz.