Capítulo 1: El eco de la soledad
Viktor se encontraba en su refugio, un antiguo castillo en ruinas que una vez había sido un bastión de poder para su raza. Las paredes, ahora cubiertas de hiedra y sombras, resonaban con los ecos de un pasado glorioso. En el silencio, el único sonido era el suave tintineo de la copa de vino que sostenía, un rojo profundo que reflejaba la luz de las llamas que chisporroteaban en la chimenea. El ambiente era opresivo, una mezcla de nostalgia y desesperanza que lo envolvía como un manto oscuro.
Desde la última gran guerra, que había arrasado su mundo, Viktor había aprendido a vivir en la penumbra. Era el último de los vampiros, una especie casi extinta, condenada por sus propios pecados. La inmortalidad, que una vez había sido un regalo, se había convertido en una carga insoportable. Había visto caer a sus hermanos y hermanas, uno tras otro, hasta que solo él quedó. La soledad lo consumía, pero su naturaleza le impedía sucumbir a la muerte.