𝙁𝙖𝙣𝙩𝙖𝙨𝙢𝙖║𝙃𝙖𝙮𝙖𝙩𝙤

Sinopsis

↳˳⸙;; ❝ A͜͡U͜͡ ᵕ̈ ೫˚∗: Un popular rumor corre entre los alumnos de la preparatoria; al igual que en todas las escuelas de estudio. Y ahora que las clases finalmente han llegado a su fin, el tranquilo presidente del consejo estudiantil se encontró perturbado por dicho rumor popular entre los estudiantes. Ahora que es su último día allí, al calmado presidente se le ocurrió una idea descabellada, invocar a dicho fantasma para comprobar que estos seres no existen. ¿Quién podría testificar la existencia de dichos seres?, no son más que simples rumores para atemorizar a los estudiantes... ︶꒦꒷♡꒷꒦︶ ︶꒦꒷♡꒷꒦︶︶꒦꒷♡꒷꒦︶ ━ 𝗔𝗗𝗩𝗘𝗥𝗧𝗘𝗡𝗖𝗜𝗔𝗦 ╰┈➤ Tw: Mención de violencia. ╰┈➤ No copiar. ╰┈➤ Prohibido adaptaciones. ╰┈➤ Un Fic de Fan para fan. ╰┈➤ Derechos de autor de los personajes, reservado al videojuego "Free Fire." De lo único que puedo ser considerada "autora" es de la trama. ︶꒦꒷♡꒷꒦︶ ︶꒦꒷♡꒷꒦︶︶꒦꒷♡꒷꒦︶ Con todo aquello aclarado, ¡Gracias! ━𝗞𝗶𝗿𝗮_𝟮𝟬𝟰𝟬

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
Kira_2040
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

┊┊┊┊ ➶ 🕯️。˚ ✧

Narrador Omnisciente


La preparatoria finalmente había llegado a su final, aquellos días donde los pasillos eran amonestados por estudiantes habían quedado atrás al igual que las tardes de reuniones y club's... Todo aquello ahora sería parte de un memorable pasado, era una época estudiantil que jamás volvería. Ahora, días de preparación lo esperaban... Días tortuosos de horas de estudio empezaban a pesar cruelmente.


Como un buen estudiante debía rendir el examen de ingreso para la aclamada “Universidad”.


—Cierto, debo regresar a casa.—recordó el joven, dejando de lado su nostálgica caminata sin sentido.


Los pasillos de la preparatoria ahora vacías le hicieron el fugaz recuerdo de cierto rumor arraigada a su preparatoria. Los rumores de un fantasma en el depósito abandonado, por supuesto, como en toda escuela en cualquier lugar del mundo. Allí residía una leyenda.

En todos sus años de estudio en esa preparatoria, él nunca creyó en dicho rumor...


Incluso ante las palabras de algunos conserjes que atestiguaban y apoyaban ese rumor, diciendo que habían podido vislumbrar la silueta de una estudiante en esa abandonada habitación. Personalmente, él creía que decían aquello para alimentar el temor entre los estudiantes y de esa manera evitar que los mismos hicieran sus fechorías en aquel abandonado depósito.


Mientras caminaba para ya dejar las instalaciones de la preparatoria, creyó ver algo de reojo... En ese instante detuvo su andar bruscamente, con poca delicadeza giró la vista donde creyó ver algo, más no encontró nada.


—Debí haber visto mal...—se dijo así mismo, estaba un poco inquieto Pero aludió a que quizás se estaba sugestionando... Un escalofrío lo recorrió al percatarse que realmente no había nadie en ese lado.


Suspiró un par de veces, tratando de relajarse un poco... Era irónico que se asustara o algo, considerando que él no le temía a nada no terrenal. Retomó su andar y mientras veía el pasillo, una idea cruzó su mente. ¿Y si él invocaba al fantasma?, la bombilla de la curiosidad se encendió y sus manos se volvieron puños. Aquello no era digno de él dado que él era el presidente del consejo estudiantil. Considerando que ya no quería saber nada sobre su cargo.

Sin embargo, cual pez él ya había picado el anzuelo. Analizó un poco su descabellada idea.


No era tan complicado saber lo que un ritual de invocación requería. Agregando que para su suerte... Contaba con el dinero suficiente para dichosos materiales, y hubiera seguido en su divagación mental si alguien no le hubiera hablado.


—Tierra llamado a Hayato. ¿Estás ahí?—aquella voz lo sacó de sus pensamientos ya concertados.—. hermano, he estado hablándote y parecía que dialogaba con la pared...


Hayato volteó a verlo con su clásica expresión y suspiró. Realmente no tenía ganas de lidiar con él.


—Bien, ahora que tengo tu atención.—el chico caminó a su par, bastante confiado.—. los chicos y yo hemos decidido pasar un rato en el karaoke...


—No se me apetece.—rechazó de plano; y no es que no le agradara la idea, bueno, no del todo, pero ya tenía planeado ir a ese depósito abandonado antes de abandonar la preparatoria para siempre.


—Será la última reunión de nuestro consejo estudiantil...—Wolfrah trató de convencerlo Pero falló estrepitosamente.—. oh, vamos...


—Creo que fuí claro.—negó nuevamente, está vez portando su ya conocido entrecejo fruncido.—. ¿No los conoceré?, van a beber como descosidos...


Wolfrah se rió ante esas palabras, por supuesto... Nada escapaba del presidente del consejo estudiantil, Hayato no mentía, planeaban divertirse un poco antes de meterse de cabeza en horas de estudio para lograr rendir el mendigo examen de admisión.


—No seas amargado.—insistió mientras veía al presidente.—. solo será un poco de diversión, además, te irás a casa.


—Uhm.., no.—negó metiendo sus manos a sus bolsillos.—. no iré a casa, ahórrate ese discurso acerca de mi aburrida vida.


—... Que terco, dios...—aquejó el de pelo teñidos mientras tecleaba en su teléfono.—. sabía que no querrías venir...—susurró mientras agarraba el hombro de Hayato y ponía el celular en frente.


Fue rápido, la foto tomó desprevenido a Hayato, por supuesto... Su amigo era algo considerado como... "Chico popular", así que no tuvo muchas opciones realmente.


—Esa chica... Uh, ¿Cómo se llamaba?—comentó guardando su teléfono y mirando a Hayato, quien no estaba para nada a gusto.—. Kapella... ¿Así se llamaba?


—¿Qué?


—Sí, cómo sea... Esa chica que cantó en el festival este año.—trató de recordar sin éxito alguno.—. ah, sí. Ella dijo que quería tu presencia en el Karaoke.


Hayato se quedó callado mientras veía la puesta del sol, aquella amarillenta luz bañando las blancas paredes.


—No me interesa.—rechazó más firme que antes.—. tengo cosas que hacer, si no importa... Me voy retirando.


Wolfrah miró la espalda del samurái y lanzó una carcajada. Claro, existían chicas a las que les gustaba la áspera personalidad del calmado presidente. Personalmente no las entendía y menos las juzgaba. Hayato era popular entre las jóvenes que buscaban una relación "Chico bueno y chica mala".


Aunque al correcto presidente Hayato no le gustaban las mujeres problemáticas, incluso dudaba de que le gustarán las mujeres... No lo mal entiendan, nunca lo ha visto enamorado o saliendo con alguna chica de la institución ni mucho menos de otras instituciones.


—¡Hayato!, ¡Estemos en contacto!—gritó desde el pasillo, no obtuvo respuesta pero sabía que mantendría el contacto con el recto presidente.



Volviendo con el honorable espadachín, él estaba en la tienda de convivencia. Comprando velas y algunas de esas cosas que necesitaría para su ritual, por supuesto dió un vistazo a Google y confirmó los accesorios principales.


—Señor, disculpe, ¿Tiene algún folleto sobre informática?—preguntó con su canasta de compras en mano. El ancianito lo miró mal y soltó un vago suspiro.


—Claro, en el pasillo de revistas informativas.—señaló con pesadez, el viejito ya sabía para qué requería ese libreto de informática, los del barrio ya sabían de ese rumor... Acerca del fantasma en esa preparatoria.—. ay... Estos jóvenes...


Hayato por su parte buscó un libreto convincente. Preguntándose si aquello le interesaría al fantasma de ese dichoso cuarto abandonado. Esperaba que sí. Con decisión tomó dos libretos y los colocó en su canasta, en seguida fue a la caja y pagó la compra.


Al salir de la tienda de convivencia vió la puesta de sol, aquella brillante estrella estaba más oculta y las estrellas menores empezaban a adornar ese oscuro manto que pretendía empezar a envolver el cielo.


—Se hará tarde...—aquejó en voz baja, en seguida se coló y sin ser visto se metió entre los pasillos para lograr llegar hasta esa zona, la madera bajo sus pies rechinó y se mezcló con el tenso silencio... La preparatoria estaba desolada y eso era de cierta forma... Exasperante.


Una vez llegó a su destino, con calma buscó las llaves en su bolsillo y con cuidado abrió la puerta, un chirrido salió de las bisagras y asustado soltó la manija, miró a todos lados para asegurarse de no haber sido descubierto. Con el corazón acelerado abrió la puerta y el polvo lo hizo estornudar.


Un poco indeciso entró en el depósito y cerró la puerta, intentó encender el interruptor pero falló. Ese lugar apestaba a humedad así que sin mucha opción encendió su linterna, caminó un poco por la habitación desolada y estornudó.


Allí no había nada aterrador. Solo banquetas rotas, grafitis y algunos cigarros esparcidos por el suelo. Las ventanas estaban con telarañas y quizás eso le daba el aspecto sucio y tenebroso, pero fuera de eso nada de aquella daba miedo realmente.


Alumbró el suelo y no halló nada más que suciedad. Hizo de turista unos minutos y se encontró decepcionado, hasta que su linterna alumbró algo en el suelo de madera, una oxidada manija sobresalía cuál punta de un barco hundido. Parpadeó y dejó la bolsa de compras en el suelo.


Curioso se arrodilló en el suelo y movió los papeles esparcidos allí, encontró una rara puerta cubierta por la mesa... Aquella mesa que parecía frágil, como si al moverla está pudiera desbaratarse. Incluso un infante de siete años podría tirarlo.


—Woah... Que asqueroso...—se quejó moviendo esos papeles, tratando de encontrar los límites de esa puerta en el suelo. Una vez liberó esa zona; sorprendentemente esa mesa no se quebró.


Intentó tirar de la puerta en el suelo y solo se quedó con la manija oxidada en su mano. Suspiró profundamente para no romper algo y ser descubierto... Algo gritaba que debía mover esa puerta. No quería irse de ahí sin abrir esa puerta, no había nada que Hayato no pudiera.


Miró alrededor de la puerta y vió pintura roja, ¿Eso era pintura roja?, esperaba que sí... Alumbró un poco con su linterna y vió velas tiradas debajo del armario de puerta rota. Quizás algunos estudiantes se habían metido allí para poder ver a ese dichoso fantasma.


Pasó algunos minutos tratando de ver qué había debajo de esa puerta, tratando de levantar la, por suerte logró manipular la cerradura con un objeto que estaba ahí. Hayato era necio como una mula, así que después de un cuarto de hora logró levantar esa puerta... Gracias al polvo estornudó como si alergia tuviera.


—Deberían limpiar este chiquero...—gruñó mientras alumbraba abajo... Oscuro, apestaba a humedad y eso era asqueroso.—. realmente deberían limpiar está zona...


Por supuesto, recordó su bolsa y la tomó, en seguida volvió a ese compartimento secreto y pisó el primer escalón... Pronto sus oídos captaron cierto sonido y volteó a ver a todas partes, creyó que escuchaba cosas y detuvo su descender. ¿Realmente iba a realizar un ritual?


—...Yo, no le temo a nada...—se motivó mientras lograba bajar completamente a ese sótano. Mierda, realmente apestaba horrible, al grado en que juraba sentir ese olor en la punta de su lengua.—. oh...


Allí definitivamente también era un almacén. Con su linterna recorrió todo el área... Había polvo a más no poder. Las telarañas cubrían prácticamente todo el área y... Hacía un frío de muerte a pesar de que no tenía ventanas por las que el viento pudiera soplar.


Sin mucho que perder recorrió las esquinas hasta que vió ropa rasgada... Ropa de una fémina. Su corazón se detuvo durante unos segundos, su mente creando toda una escena de... Agresión, agresión sexual. Tragó duro y la sensación de pesadez se instaló en su cuerpo.


Mantuvo su distancia de aquella ropa, bueno... Retazos en realidad. Buscó un área y encontró algo más.


Por el suelo que había recorrido había pintura roja, o eso quería pensar... No era demasiado pero era el suficiente para hacerlo sentir extraño. Trató de relajarse y en seguida limpió un poco cierto área para poder iniciar su ritual y largarse de una vez por todas.


Hayato era consciente de que no podía simplemente salir corriendo de allí, no cuando ya prácticamente estaba metido de cuatro patas en el asunto.


—Los rumores dicen que es un fantasma o... Un vampiro.—se recordó así mismo.—. quizás la pintura roja es para hacerles creer que es... Sangre.


Intentó convencerse así mismo mientras sacaba sus velas de la bolsa. Su linterna era su única compañía mientras armaba todo el ritual para su invocación... Sin embargo, a pesar de que estaba solo, sentía una mirada punzante en su nuca...


—No haré nada malo.—habló al aire mientras buscaba su encendedor.—. lo prometo...


Aunque realmente, no sabía si un ritual era considerado malo... Él no creía en los fantasmas o seres sobrenaturales, solo estaba ahí porque nunca más volvería. Con cuidado encendió las velas y usó la vela derretida para fijar las en el suelo. Esto para evitar que se cayeran y muriera calcinado.


Su pentagrama de invocación ya estaba trazado en el suelo... Por supuesto debía estar calmado, así que decidió ignorar esa sensación en sus hombros... Al terminar de ya tener todo listo, meditó un poco. Cerró los ojos y empezó su ritual.


La pesadez en sus hombros empezó a ser más notable, Hayato podía sentir ese ardor en su nuca, quizás estaba alucinando... Su mente repetía una y otra vez que no estaba allí para lastimar a nadie... Sin embargo su boca seguía recitando su ritual sin detenimiento.


Una vez terminó de recitar su ritual, tomó la navaja que había traído consigo. Miró las velas y suspiró suavemente, un poco indeciso extendió su dedo índice en medio de las velas y la hoja acarició su piel crudamente. Quizás un poco muy fuerte pues el objeto punzo cortante lo hizo temblar.


Las gotas de sangre cayeron en el círculo y la pesadez en sus hombros se intensificó. Era como si algo estuviera tratando de hundir lo en la madera. Rápidamente arrojó la navaja lejos de su alcance, fuera lo que fuera, apretaba sus hombros cada vez más fuerte. Era como si esa cosa le tuviera miedo.


Lo supo porque ese picor se detuvo unos segundos. En vista de esa señal, Hayato volvió a recitar su ritual, sus ojos se mantuvieron cerrados mientras apretaba sus nudillos, podía jurar que nunca había estado tan tenso en toda su vida. Ni siquiera en su exámen final estuvo tan tenso como en ese momento.


Al terminar de recitar su ritual, no ocurrió nada durante unos pocos segundos. Luego, una fuerte brisa azotó todo el lugar y el portazo lo hizo saltar, no conforme con eso, el polvo lo hizo estornudar varias veces.


Con ligero temor tomó su linterna y alumbró a todos lados, carajo, sentía sus piernas frías y hasta sus tripas tensas.


Quizás no había puesto esa puerta bien... Regresó la vista al frente y las velas parecían querer apagarse. Tragó en seco cuando el férreo olor azotó su nariz. A ese punto realmente, ya no podía decir que no creía en fantasmas, y mucho menos decir que no estaba asustado. Aquello era poco para describir su emoción, él estaba aterrado.


Frunció sus labios y recitó una última vez ese ritual, solo que está vez añadió algo. Algo que logró que las velas no se apagaran.


—Disculpa. Te he traído un folleto de informática.—susurró a duras penas... Entonces la pesadez en sus hombros se esfumó, las velas parpadearon un poco y frente a él una siniestra silueta se reveló.


La respiración de Hayato se atascó en su garganta. La presencia frente a él era... Malditamente escalofriante... Una vieja sábana con manchas rojizas flotaba frente a él. Flotaba, ese algo... Fuera lo que fuera, ahora estaba justo frente a él.


A ese punto ni siquiera podía respirar, era como si ese férreo olor estuviera ahogando lo muy lentamente. No solo eso, algo estaba invadiendo sus emociones, algo desesperante, desgarrador... Desolador.


—¿Para mí?—esa pregunta rompió la tensión e hizo que Hayato se congelara en su lugar. Esa voz era como un susurro ahogado.—. disculpa...


Hayato no habló, no volvió en sí hasta que todo le cayó de golpe. No sabía discernir si aquella cosa fuera hombre o mujer, esto debido a lo raro que era toda la situación.


—Sí...—a penas afirmó y retrocedió. El libreto aún debajo de su mano mientras veía a esa manifestación.


—... No... Estás mintiendo.—esa voz ahogada nuevamente resonó en el área y Hayato apretó el libreto, aquella ahogante sensación empezaba nuevamente a intentar privarlo del oxígeno.—. ¡Sólo quieres hacerme daño!, ¡Me quieres hacer daño!


—¡No!—se apresuró a calmarse, a duras penas había logrado hablar. La sensación ahogante estaba ahí, tratando de ahorcarlo. Y para el colmo, no sabía quién estaba más asustado, si él, o esa cosa.—. lo prometo.., no vine a lastimar a nadie... Lo juro.


Esa entidad, o fantasma, lo que fuera, se detuvo y se quedó quieta... Cómo si estuviera mirando a Hayato a través de esas viejas sábanas. Y con cada segundo que pasaba, Hayato solo podía pensar que eso se volvería una escena del crimen. Todo porque tuvo la absurda valentía para desafiar lo desconocido.


—¿Lo juras..?—preguntó esa cosa mientras descendía hasta rozar el suelo con las sábanas. Hayato asintió y esa cosa lo miró, la sensación ahogante nuevamente se detuvo.—. dijiste que tenías algo para mí...


Hayato sentía su corazón latiendo rápido, como si hubiera sido reportado o como si algo fuera a matarlo, con cuidado decidió extender el libreto, cerró los ojos con miedo mientras el fantasma tomaba el libreto de sus manos.


—Uhm...—escuchó al fantasma suspirar... Solo entonces abrió sus ojos, las sábanas le daban la espalda mientras abría el folleto de informática. Retrocedió un poco y vió las manchas con bastante atención. ¿Eso era sangre?, ¿A este punto seguía vivo?—. ¿Esto es... Para mí?


Era irónico que aquella entidad dijera eso con calma cuando Hayato sentía su propia alma querer dejar su cuerpo, estaba impresionado, no esperaba que su ritual fuera a dar resultados...


—Sí, lo compré para ti.


—Uhm... ¿Por qué harías... Eso?


Se quedó sin palabras mientras esa cosa volteaba a verlo... Suponía que ese fantasma era responsable de ese ardor que sintió en su nuca antes del ritual. Y también dedujo que la pesadez en sus hombros... Era esa cosa. Le atribuía también su falta de aire por momentos.


—¿Por qué no haría eso?—devolvió la pregunta con calma fingida. Miró al fantasma y quiso hacer preguntas, irónico cuando hace minutos sentía que se ahogaba. Ante la falta de respuestas se dió el atrevimiento a detallarla.—. bueno... ¿Cómo te llamas?


—Uhm... Lo siento, lo he olvidado.—se disculpó, okey, ese era un avance para Hayato.—. ah... Pasó muchísimo tiempo...


—Vale. Entiendo eso...—Hayato miró las velas y miró nuevamente las sábanas frente a él.—. me llamo Hayato.


—¿Hayato..?—repitió mientras dejaba el libreto en el suelo e inspeccionba al muchacho frente suyo..—. bien... ¿Qué haces aquí?


Hayato se quedó callado, no podía decirle que iría a poner a prueba su existencia, no quería morir...


—Solo... Vine a traerte ese folleto...—explicó un poco nervioso.—. porque... Quería saber si... No sé, querrías, ¿Ser amigos?


El fantasma se quedó quieto mientras lo miraba. Hayato no podía sentirse más incómodo. ¿Amigos?, ¿Realmente no había otra estúpida excusa para salvar su trasero?


—¿Por qué?—había pasado tanto tiempo desde que había visto a alguien ahí, quiere decir, ha escuchado cosas arriba, pero nunca los vió realmente. Por miedo...—. ¿Por qué quieres ser mi amigo?


Hayato se quedó quieto, no esperaba llegar tan lejos. ¿Qué podía decirle?, ni siquiera estaba realmente interesado pero no quería morir allí.


—En realidad... Quería conocerte...—admitió sintiéndose bastante incómodo, quizás hubiera sido mejor si en lugar de hacer ese ritual, hubiera ido a ese karaoke.


—Entiendo...—sin más que decir, las sábanas empezaban a desaparecer bajo la atenta mirada del chico. Dejándole sin aliento al ver a una joven frente a él.—. está soy yo...


Hayato se quedó mudo, porque él pensaba que todo el tiempo estuvo hablando con un fantasma, jamás creyó que fuera una mujer, y honestamente, estaba sorprendido por ese cambio tan abrupto.


Ya no veía las viejas sábanas, frente a él ahora estaba una bella joven de cabellera morada y con puntas verdes... Aquella joven era poseedora de unos preciosos ojos violáceos. Vaya... Imaginaba que a esa edad era en la que había fallecido.


—Oh, eres una... Una chica...—sus ojos viajaron por el "cuerpo" ajeno y vio el vestido de esa chica, estaba rasgado por algunas partes... Un vestido blanco rasgado, hecho jirones prácticamente...


—Pregúntame...—ordenó mirando a la pared.—. mi nombre... Vuelve a preguntar.


—Ah, claro... Uh.—su corazón bajó hasta sus pies y subió de golpe.—. ¿Cómo... Te llamas?


—Mi nombre...—tarareó mientras jugaba con el borde de su "vestido"—. mi nombre es Moco.


El chico se quedó inmóvil, mirando a la inofensiva joven con bastante atención. Realmente parecía que no fuera a lastimar a nadie... Parecía más bien, bastante tranquila.


—Entiendo. El gusto es mío.—dejándose llevar extendió la mano en dirección a la fantasma y para su sorpresa, ella tomó su mano. Lo más sorprendente es que hubo un contacto, él tocó la frígida mano de esa chica... Aquello le hizo preguntarse cuánto tiempo había pasado fallecida.


—Bien... ¿Quieres... Hacer más preguntas?—inquirió la fantasma, Hayato no tuvo que decir, ¿Qué diría?, ¿Cómo murió..?, no consideraba que fuera un tema cómodo del cual dialogar. Pero tampoco deseaba quedarse callado.


—Sí.—afirmó viendo a la chica agarrar el libreto, podía ver esos dedos fantasmales tomar el libreto, real... Todo era real.


—Está bien... Te escucho.—aceptó con cierta calma, sin embargo, Hayato aún estaba tenso por toda la interacción, estaba demasiado absorto, viendo esos pálidos dedos sostener el libreto.


Se mantuvo en silencio unos segundos, observando la vestimenta de la joven, ¿Murió con esa ropa?, el vestido parecía blanco... ¿Era un vestido de graduación?


—No quiero ser inoportuno pero...—hizo una breve pausa, aún tenso.—. el vestido... ¿Es con lo que has muerto?


El fantasma no dijo nada, pero podía ver la fuerza con la que sostenía el libreto... Parecía ofendida.


—No respondas, si no quieres.


Hayato estaba tenso, de tanto silencio mientras ella dejaba el libreto de lado. Lo miró y suspiró.


—Sí...—respondió bastante apenada, no esperaba esa pregunta... Había muerto ya hace mucho tiempo...—. morí la noche de mi graduación...


Hayato parpadeó un par de veces, sorprendido por aquella declaración, los rumores decían que el "vampiro" o "fastasma", era alguien solitario... No tenía sentido que estuviera en ese compartimiento. Tarareó un poco y vió nuevamente esas manchas rojizas cubiertas de polvo... Por supuesto, la sangre no era fácil de ocultar.


—... ¿Cómo moriste?—preguntó viendo las velas... Aún no podía procesar del todo la situación, Pero suponía que aún debía estar vivo.—. quiero decir... ¿Cómo terminaste aquí?


La joven fastasma no dijo nada, solo miró las velas, realmente no quería hablar sobre eso... Sin embargo, había pasado tanto tiempo sola, tanto tiempo en ese limbo sin poder descansar. Estaba atrapada en el limbo de la vida y la muerte...


—Uhm. Es incómodo de explicar...—evitó el tema mientras flotaba por el lugar, realmente había pasado tiempo, ¿Cuándo se junto tanto polvo en ese lugar?—. no recuerdo cómo morí.


—Ah, claro... Eh, imagino que pasó mucho tiempo...—Hayato se sintió incómodo, viendo a la joven flotar, realmente era un fantasma... Sin embargo, ya debía irse. No sabía cómo tomaría eso el fantasma, no sabía cuánto tiempo había pasado, Pero seguro afuera ya estaba oscuro...


—Sí...—afirmó mientras veía cierta silla, los recuerdos azotaron su fantasmal memoria y desvío la mirada bruscamente. Eso no pasó desapercibido del espadachín y se acercó a ella.


—¿Realmente no recuerdas cómo has... Muerto?—preguntó nuevamente mientras alumbraba el área. A Moco se le formó un nudo en la garganta, claro que recordaba como había muerto, su muerte era la razón por la que ella estaba atrapada en ese lugar, atrapada en ese maldito limbo sin poder descansar... Condenada a existir como un no vivo.


—No tenía amigos.—susurró ella mientras le daba la espalda al chico.—. siempre estaba metida en mis estudios... Lo suficiente como para no tener vida social...—exclamó recorriendo el área.—. me molestaban por lo mismo, mis padres trabajaban todo el tiempo... Nunca me incitaron a llevar amigos a mi casa, así que no me importaba tenerlos realmente.


El silencio se levantó entre los dos mientras la joven detenía su recorrido sobre la silla... Esa silla que tanto odiaba.


—Como me molestaban... Un día les dije que quería ser su amiga, entonces... Me aceptaron, o eso pensé.—susurró arrodillándose al lado de la silla añeja.—. me pedían las tareas... Normalmente los trabajos en equipo los hacía yo... Pero me seguían molestando, decían que "es un juego"


Hayato apretó sus manos, la mierda del bullying escolar incluso ocurría actualmente, y nadie hacia nada... El nudo en su garganta se apretó de tal forma que se estaba ahogando de rabia.


—Los profesores nunca dijeron nada... Creyeron que solo estábamos "jugando"—Hayato soltó una risa amarga, ¿Cómo diablos se jugaba de aquella forma?, el acoso escolar era real...—. y como mis padres nunca estaban en casa, nunca se dieron cuenta de lo que me pasaba...


Hayato parpadeó un par de veces y suspiró. ¿Por qué los adultos siempre estaban ausentes?, él cómo presidente, había hecho bastantes cosas a favor de los "marginados". Pero aún así, recordaba perfectamente los comentarios de los maestros...


—Unas semanas antes de la graduación, mis "amigos", dejaron de acosarme... Así que pensé que finalmente era parte de ellos...—la fantasma se puso de pie y se movió por todo el área.—. después del baile... El día de graduación, nos quedamos hasta tarde, pues dijeron que había una última prueba... Dijeron que, era una prueba de amistad.


Hayato se quedó quieto mientras ella empezaba a relatar ese día de graduación con más detalle. Podía vislumbrar la nostalgia en esos violáceos ojos. ¿Cómo alguien podía acosar a una muchacha como ella?, escuchó atentamente... Y conforme escuchaba, el nudo en su garganta se ajustaba terriblemente... La pesadez volvió a su cuerpo y tuvo que bajar la vista al suelo, imaginando todo lo que ella le estaba contando.


—Cuando llegamos a este depósito, entramos todos.—hizo señas a la puerta y Hayato lo entendió todo.—. me asusté cuando empezaron a susurrar entre ellos... Entonces, cuando dibujaron todos esos símbolos en el suelo, intenté salir con excusas tontas, pero no me dejaron ir...


Él apretó la mandíbula... El enojo que empezaba a hervir bajo su piel era tal que estaba haciendo lo posible por no golpear algo, no quería asustar a la joven fantasma...


—Entonces entendí algo, ellos jamás fueron mis amigos...—sentenció mientras veía la silla... Pronto, el suelo se humedeció con sus propias lágrimas. El fantasma estaba llorando.—. uno de ellos me cubrió el rostro con una sábana... Grité, pero nadie vino, nadie me escuchó...


El joven sentía el nudo en su garganta, como si la desesperación de la joven se hiciera la suya... No podía imaginar la clase de daños que ella sufrió mientras estaba viva.


—Forcejee, pero me amarraron las manos... Luego, escuché que empezaban a recitar esas raras palabras... También, escuché su frustración, no... Más bien lo sentí.—tomó aquella silla vieja y se paró detrás de ella.—. me amarraron a esta silla con una cuerda adicional... Por mucho que luché, no pude hacer mucho, el oxígeno bajo las sábanas era sofocante... No podía respirar bien y estaba asustada.


El silencio se levantó unos segundos mientras el joven parecía presenciar toda esa escena. Pero aún no se explicaba, ¿Por qué había ropa rasgada?


—Como el ritual no dió resultados, los chicos estaban enojados...—susurró ella, apretando la madera con sus fantasmales dedos.—. entonces, creo que alguien quiso ver bajo mi vestido...


—¿Qué?—Hayato no tenía más palabras para decir... Podía sentir el dolor, la frustración... El Miedo y la repulsión... Todo aquello hizo que su garganta se ahogara en un enojo vibrante.


—Sí... Bueno, me resistí y grité, pero ellos solo se reían... Dijeron que era gracioso—Moco intentó restarle importancia pero esas palabras pesaban en los hombros de Hayato.—. mi vestido se rasgó, me estaban tocando por mucho que les pedía que no lo hicieran, pero... Cuando iban a tocarme más allá, de repente escuché gritos... Gritos desesperados. Parecía que su ritual...


En ese momento ella sintió su garganta ser cerrada, no podía hablar más, hablar de cómo había muerto era traumatizante... Porque sentía que estaba reviviendo todo eso, como si su alma volviera a pasar por todo eso, entonces el chico se acercó un poco a la joven.


Se dió cuenta de algo, ese fantasma... No era realmente malo, más bien era víctima de personas de negro corazón personas de un pútrido corazón. No era que quisiera estar ahí, no tenía opción. Hayato, con cuidado abrazó a la chica fantasma... Sus dedos rozaron su espalda.


Fría, su piel era tan fría como la nevada... No quería imaginar el miedo, el pavor por el cual ella había pasado antes de finalmente morir...


—Yo... No quería morir...—susurró la joven, dejando que el humano la abrazara.—. yo no quería morir... ¡No quería morir!, pero... Pero...


Esas palabras estrangularon la garganta de Hayato, pero en ningún momento dudó. ¿Cómo podría dudar después de toda esa historia?, ¿Cómo podría sentir miedo de una joven que había luchado hasta el final?, ¿Cómo?, no podía simplemente odiar... A ella no. A sus abusadores sí...


—Pero me entregaron...—finalmente susurró entre lágrimas.—. intenté escapar, traté de subir por las escaleras pero me empujaron... La silla se rompió y... Sentí dolor...—hizo una breve pausa, sintiendo como ese humano se aferraba a ella de forma desesperada.—. sentía que me arrastraban pero no podía ver nada...


El silencio gobernó nuevamente mientras Hayato abrazaba a la joven, sintiendo esa desesperación palpitando en su cuello, como si él fuera quien estuviera viviendo todo lo que esa joven fantasma relataba. Era como si esos sentimientos se arraigaran a su noble corazón.


—Entonces... La sangre...


—Es mía.—respondió mientras se alejaba un poco.—. bueno... Mientras esa cosa, fuera lo que fuera, trataba de engullir me, me arrastré en el suelo, grité... Pero al final morí.


Hayato observó como la fantasma limpiaba el polvo, la sangre seca salió a relucir y él desvío la mirada. Aquella ahogante sensación finalmente se alejó de su cuerpo. Estaba anonadado por toda la historia del origen de esa fantasma, quizás más que molesto.


—... Cuando abrí mis ojos... Sólo vi como cerraban este lugar.—finalizó mientras veía la puerta.—. entonces, cada cierto tiempo... Vienen algunas personas y caminan arriba.


Hayato suspiró y se arrodilló en el suelo, estaba seguro de que no hubo justicia contra esas personas que literalmente asesinaron a una joven en un estúpido ritual de mierda.


—¿Viste cintas amarillas?—cuestionó en voz hueca.—. quiero decir, rodeando esta área.


—¿Mhm?, no... Nada parecido a eso.—negó mientras flotaba a su alrededor.—. ¿Estás enojado?—le preguntó flotando a su lado.—. bueno... También estoy enojada conmigo.


—No, no estoy enojado...—mintió mientras veía a la joven flotar a su lado.—. no estoy enojado contigo.


—¿Por qué?—cuestionó directa, Hayato miró esos ojos violáceos y cerró los ojos. Seguro en un buen tiempo no la olvidaría.—. quiero decir... Fuí ingenua, prácticamente caminé sola a mi muerte.


—No.—negó mientras se ponía de pie.—. no fue tu culpa confiar en esos bastardos.


Hayato suspiró profundamente, no podía relajarse, era como si la rabia, la tristeza, el miedo y el odio se hubieran apoderado de su cuerpo. Aunque él no había vivido nada de eso, sentía que debía hacer algo. No podría vivir en paz si simplemente olvidara lo que había ocurrido allí.


—Señorita Moco, ¿Recuerdas los nombres de esas personas?—preguntó mirándola, en cambio ella se alejó y flotó un poco al círculo que Hayato había trazado para su ritual.


—No del todo...—dijo calmada mientras flotaba a su lado.—. morí hace muchísimos años... Es, sería imposible que recordara.—mintió.


En cambio Hayato suspiró, por supuesto, ella no recordaba cuándo había muerto. Miró nuevamente el suelo, realmente había un montón de sangre esparcida por ese polvoriento almacén.


—¿Tus papás..?


Moco se quedó callada, no le gustaba hablar de ellos, pero en cierta forma los extrañaba, estaba sola... Atrapada en ese frío y apestoso sótano.


—Seguro murieron...—murmuró mirando las cuatro paredes en las que estaba atrapada.—. los ví una vez acá... Dejaron flores y... Solo se fueron.


Fue suficiente, era obvio que seguro le dieron alguna clase de carpetazo a su caso. Estaba seguro de que esos bastardos no se arrepentían de lo que le hicieron a la señorita Moco... Esa clase de personas seguro siguieron sus vidas como si nada. ¿Cómo podían haber hecho eso?

Las lágrimas se juntaron en sus ojos y pronto empezaron a surcar su rostro, aunque no quería ser afectado, el escuchar todo eso le había afectado fuertemente.


—Estás sintiendo lo que yo siento.—Moco habló mientras empezaba a flotar a su alrededor.—. perdón...


Eso solo empeoró el estado del chico que sin temor alguno se aferró a la fantasma. Quien solo encontró cómodo darle pequeñas palmaditas en el hombro.


—Hey, relájate...—pidió mientras Hayato ocultaba su rostro en su pálido y frío cuello.—. está bien... Hayato...


—No.—negó mientras intentaba calmar su llanto.—. no estás bien, moriste de una forma cruel, y vengo yo... A preguntar como si nada... Yo soy quien debería pedir perdón, no tú.


Moco se quedó sin palabras, en todos esos meses y años en que estuvo atrapada, nadie se había compadecido tanto de ella, no era una lástima que molestaba, era una lástima que la hacía sentir acompañada... Quizás comprendida. Solo entonces correspondió el abrazo. Por primera vez en años, sentía que su carga era compartida con una persona que mostraba genuino interés por ella, a pesar de que era una fantasma...


A pesar de que no estaba viva, finalmente alguien la veía, alguien que realmente la estaba mirando a ella.


—Perdón, me dejé llevar.—el joven se apartó y limpió sus propias lágrimas... Se sintió bastante avergonzado.—. me preguntaba... Si querrías ser amigos.


—¿Uh?, pero yo soy un fantasma, yo morí. ¿Por qué querrías ser mi amigo?—cuestionó mientras veía atentamente al joven.


—Dijiste que no tenías amigos, ¿No?—inquirió mientras observaba ese par de ojos violáceos, como si una galaxia residiera en ellos.—. yo puedo ser tu amigo, señorita Moco.


La joven fantasma se quedó callada un momento y simplemente dió un par de vueltas alrededor del chico. Como si aquella idea la emocionara. A pesar de que ya había muerto, había alguien que deseaba ser su amigo, y ese joven parecía ser realmente amable... No como esos bastardos que la empujaron en un ritual y acabaron con su patética vida.


—Está bien, seamos amigos.—su frígida mano tomó la de Hayato y tiró ligeramente de él. Aquel contacto no molestó al chico, al contrario...—. ¿Vendrás a verme?, paso todas las noches rondando la escuela. También suelo ir a los alrededores a cuidar de los gatitos abandonados.—explicó bastante feliz. Hayato apretó su mano fantasmal y una sonrisa se dibujó en su sereno rostro.—. ¿Qué ocurre?


—Sabía... Que no eras un fantasma malo, señorita Moco.—respondió mientras sostenía aquella gélida mano.—. ¿Cuidas de gatitos?


—Claro... En el templo de dos cuadras acá, dejan algunos víveres como ofrenda, es fácil tomarlos de ahí y dárselos a los gatitos.—explicó sin mucho rodeo en realidad.—. alguna de las noches podemos... Alimentarlos juntos.


Hayato solo sonrió y suspiró. No se arrepentía de nada. Había conocido un fantasma que había sido asesinada cruelmente, una joven a la que se le había arrebatado la vida de una forma bastante cruel.


—Vendrás...¿No?—Moco le preguntó nuevamente, en cambio el joven asintió.—. ¡Yeih!


Sin embargo, el sonido de su celular le hizo el crudo recuerdo del tiempo en que había pasado encerrado en ese sótano, tosió un poco y soltó la mano de la joven fantasma.


—Diablos, debo volver a mi hogar...—dijo un poco alterado, un montón de mensajes llegaron a su celular y soltó su teléfono de lo caliente que estaba.—. ¿Cuánto tiempo pasó?


En cambio Moco simplemente flotaba a su lado, aún luciendo su joven apariencia.


—Señorita Moco, debo irme. Mis papás estarán preocupados por mí.—empezó explicar mientras cogía el otro libreto y se lo entregaba.—. esto también es para tí.


—Oh, gracias.


—Sí, uhm...—entonces se detuvo. Si se fuera... Debería dejarla allí, sola nuevamente.—. yo... Vendré a verte.


—¿En serio?, ¿Lo prometes?—la joven preguntó mientras Hayato volvía a tomar su teléfono del suelo.


—Por supuesto, ahora somos amigos... Vendré a verte.


—¡Genial!, estaré esperándote.—la fantasma rondó una vez más a su alrededor y Hayato apretó su bolso. ¿Por qué estaba prometiendo eso?, él ya había terminado la preparatoria, ¿Cómo iba a verla?, no tendría una forma de volver a acceder ahí... ¿Qué estaba diciendo?


Pero... ¿Qué importaba?, volvería a verla, de una forma u otra. Su mente le recordó cierta actividad de la cual el viejo director le habló. "Actividad de apoyo", ahora que lo pensaba, él no quería hacer esa estúpida actividad, sin embargo, ahora que lo pensaba con calma...

Realizar aquella actividad sería una oportunidad para verla sin duda alguna.


—Vendré a verte sin falta. Te lo prometo, señorita Moco.—prometió y en seguida colocó la bolsa de compras en su bolsillo.


Moco flotó a su lado y le brindó una cálida sonrisa, ahora que lo notaba, ella brillaba tenuemente... Imaginaba que era porque su alma estaba atrapada en ese lugar... Su corazón se apretó ante esa idea, la señorita Moco no lograba descansar debido a ese ritual.


¿Realmente era así?, ¿O estaba esperando alguna clase de venganza?, si fuera de aquella forma.

Apretó su bolso, entonces pensó que él podría ayudarla a descansar en paz, ¿Pero cómo la ayudaría?, ¿Cómo?, ella no recordaba cuando falleció... Pero si existiera la mínima posibilidad de ayudarla con algo... Por supuesto que lo haría.

Sin dudar se volvería su verdugo si eso significaba la libertad de su ahora amiga.


—¿Hayato?—ella inquirió al notar la intensa mirada del joven sobre su persona.—. ¿Todo está bien?


—Sí.—afirmó viendo a la joven con bastante atención.—. vendré a verte...


—Estaré esperándote.—con calma flotó hasta el círculo dibujado por el joven, luego cogió los libretos y sonrió genuinamente.—. ¡Nos vemos!


Entonces, antes de que Hayato pudiera decirle algo más, un fuerte ventarrón azotó el lugar y provocó que tosiera debido al polvo del lugar...

Para cuando abrió sus ojos, las velas de su ritual ya se habían derretido por completo y no había rastro alguno de la joven fantasma.


—¿Señorita... Moco?—interrogó al aire, más no hubo respuesta alguna... Retrocedió un par de pasos y chocó contra la escalera. Aquellos folletos que había adquirido ya no estaban ahí.


Eso confirmó que toda aquella interacción había sido real, ahora era amigo de una fantasma... De la fantasma que vivía en la preparatoria.


—Nos... Nos vemos, señorita Moco.—susurró juntando sus palmas para rezar por ella, sorprendentemente ya no sentía miedo, aquella pesadez no volvió a él y lo mejor... Seguía vivo.


Al terminar su rezo, alumbró su camino hasta las escaleras y subió, sin muchos problemas movió aquella puerta —que durante su ritual— se había cerrado abruptamente. Una vez fuera, cerró aquella puerta y abandonó el depósito.


Con una calma ajena a él, dejó las instalaciones de la preparatoria y caminó por las calles, buscando aquel santuario que Moco le había indicado.

Cuando lo encontró, sonrió de lado y tres pares de ojos se asomaron cuando movió el ala de cierta caja de cartón.


—Están grandes.—comentó viendo a los gatos verlo con cierto odio.—. calma, una amiga me dijo que... Habían pequeños acá.


Aún así, los gatos escaparon y se ocultaron de las manos que pretendían tomarlos.


—¿Les suena una joven de cabellos morados?—interrogó, pero aún así, los gatitos se mantuvieron ocultos.—. está bien... Volveré por ustedes también.


Con aquella promesa, Hayato acomodó aquella caja de cartón y suspiró profundamente. Realmente ya se había hecho de noche... Observó el cielo nocturno, el manto estelar cubriendo el cielo entero. Aquello le recordó a los ojos de esa joven... Aunque quizás... Sus ojos parecerían más un atardecer cálido, esos donde el sol y el manto nocturno se encontraban y danzaban juntos unos pocos minutos para después despedirse hasta el día siguiente.


Definitivamente volvería a su preparatoria, de una forma... U otra. Todo para cumplir la promesa que había realizado a ese amable fantasma.


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