Personalizar legibilidad
Aa

Cuentos Calientes 1 [+18]

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

¿Alguna vez te ha pasado que quieres leer algo erótico, pero no engancharte en una historia interminable? A mí también. Y justo por eso nació Cuentos calientes: una serie de 12 relatos eróticos diseñados para encenderte desde la primera página. Descubre una variedad de temáticas y escenarios, todos unidos por un hilo conductor: el morbo, la pasión y escenas intensas, explícitas y sin censura. Son el escape perfecto y rápido para sumergirte en el deseo, atraparte y dejarte con el pulso acelerado. Deja volar tu imaginación. Tu momento de placer está a solo una página de distancia. NB✨

Estado:
Completado
Capítulos:
48
Rating
4.4 12 reseñas
Clasificación por edades:
18+

El viejo panadero · 1/6



En mi barrio había varias panaderías, unas más grandes que otras, pero mis padres siempre elegían una en particular. Decían que el pan de allí era el mejor y, desde que tenía uso de razón, cada fin de semana íbamos por pan fresco.

El dueño de esa panadería era Don Carlos, un señor mayor, aunque se notaba que en su juventud había sido todo un don Juan. Siempre me sonreía y me decía piropos cuando me veía. Y yo le seguía la corriente, pero no le hacía mucho caso porque me perturbaba un poco la manera en la que me miraba.

Como siempre iba con mis padres él disimulaba, pero luego, cuando yo era una adolescente, me mandaban sola por el pan y al viejo se le caía la baba al verme.

A medida que fui creciendo las miradas del viejo dejaron de molestarme. Al contrario, me encantaba ver como observaba mi cuerpo en crecimiento. Me alimentaba el ego saber que un señor mayor, como él, se derretía con solo mirarme.

En el colegio yo era bastante popular y había tenido varios novios, pero las miradas de este señor hacían latir mi corazón con morbo.

Recién había cumplido 18 años y tenía las hormonas alborotadas: pensaba en sexo todo el tiempo y con mi novio me desahogaba de vez en cuando. Pero a veces pensaba que los chicos de mi edad no tenían la experiencia para saber todo lo que le gustaba a una chica. Sentía mucha curiosidad por saber si el viejito era tan morboso como aparentaba.

Así que últimamente, cada vez que me tocaba ir por el pan me ponía un modelito sexy para provocar a Don Carlos. Era un juego que tenía con él y que solo yo sabía.

—Hola Don Carlos. ¿Me puede vender dos barras de pan? Por favor.

—Pero si es mi clienta preferida… —me dijo al verme—. ¿Cómo estás, Martita? Aunque, no me tienes que responder. Estás hermosa, como siempre.

—Ay, Don Carlos, usted siempre es tan cariñoso.

—¿Cómo no? Si siempre has sido una preciosidad. Te he visto crecer y convertirte en toda una mujercita. Me imagino que tienes muchos novios.

—No, Don Carlos. Mi papá no me deja tener novios.

—¿Cómo va a ser? Pobre niña.

La panadería estaba sola en ese momento, lo que permitió que el viejo panadero y yo conversáramos más tiempo de lo habitual.

—¿Y si usted fuera mi papá, me dejaría tener novio? —le pregunté, haciendo un puchero con la boca y poniendo las dos manos en el mostrador, juntando mis senos.

Mi vestido me llegaba justo al borde de mis pechos dejando un escote pronunciado y el viejo aprovechó para mirarme sin ninguna pena.

—Claro que sí, preciosa. Te dejaría hacer lo que quisieras.

—No invente, Don Carlos.

—¿Dime algo? Y que quede entre los dos ¿sí?

Me acerqué y me quedé pegada al mostrador con mis brazos apretados, para seguir mostrándole mi escote.

—Vale, dígame. ¿Qué quiere saber?

—¿Ya te dieron tu primer beso? En esa boquita tan linda que tienes.

—Don Carlos, ¿qué pregunta es esa? ¿No le estoy diciendo que mi papá no me deja tener novio?

—Sí, pero que no te dejen es precisamente lo que hace que quieras hacerlo, ¿o me equivoco? —me dijo, bajando la mirada a mis labios y luego a mi escote.

No le respondí enseguida, pero le sonreí picarona.

—Lo sabía… sabía que en el fondo eras toda una juguetona.

Él se volteó y me buscó las dos barras de pan, las metió en la bolsa y me las entregó.

—Aquí tienes, bonita.

—Gracias, Don Carlos. Y ahora soy yo la que quiere preguntarle algo.

—Dime, Martita.

—Me apetece uno de esos pastelitos de crema —le dije, señalándolos—, pero solo me alcanza para pagarle los panes. ¿Le podría pagar después?

—Claro que sí, preciosa —lo tomó de la exhibición, lo empaquetó y me lo entregó—. Cuando quieras me puedes pagar.

—Gracias, Don Carlos. Es usted un amor.

Le entregué las monedas del pago de los panes y él tomó mi mano y se la llevó a la boca para besarla.

—Cuando quieras más pastelitos me dices y te doy los que quieras, ¿sí?

Me despedí de él y salí con mi pastelito gratis y muy feliz de haber provocado al viejo verde.

Ahora sabía muy bien que tendría pastelitos gratis por un buen rato. Solo tenía que venir con un vestido corto, un escote pronunciado y listo. El viejo caía rendido a mis pies.

Pasaron varias semanas en donde iba a la panadería religiosamente por las dos barras de pan y salía con mi pastelito gratis. El viejito no dejaba de lanzarme preguntas sobre mi vida privada muy subidas de tono y eso me encantaba. Me hacía preguntas como…

¿Los besos que te da tu novio son con o sin lengua?; ¿Te ha tocado esos pechos tan lindos que tienes?; ¿Para ver a tu novio te pones esos vestidos tan sexys o solo es para mí?… y a mí me gustaba muchísimo provocarlo con mis respuestas igual de traviesas.

Se le notaba que su respiración se agitaba cada vez que nos poníamos intensos con esas conversaciones.

Un sábado por la mañana, mi madre me mandó a la panadería y, encantada, me vestí para la ocasión. Al llegar lo vi un poco alterado con la clientela que había. La panadería estaba a tope de gente. Me puse a mirar lo que tenía en el mostrador y me quedé de última a propósito, para que me atendiera y pudiéramos conversar un rato, como siempre lo hacíamos.

—Don Carlos, hoy está a tope.

—Sí, preciosa. Los sábados son así de intensos. Y cuéntame, ¿qué vienes a pedirme hoy?

—Las dos barras de pan de siempre, Don Carlos.

—¿Y no quieres más nada? Tengo pastelitos de crema recién hechos, que sé que te encantan. ¿Quieres uno?

—Usted me quiere engordar ¿verdad?

—No, preciosa. ¿Cómo vas a decir eso? Solo que me gusta saber que te comes mi cremita.

—Entonces ¿no cree que esté gorda? —le dije, e hice caso omiso a su comentario con doble sentido.

—A ver date una vueltecita, pero mejor ven aquí a donde estoy, detrás del mostrador, para verte bien.

Caminé hasta donde estaba la entrada del mostrador y le sonreí, porque lo tenía donde quería, viendo con lujuria todo mi cuerpo. Hoy quizá me lleve algo más que un pastelito a casa.

—No, mi niña. Yo no te veo nada gorda, pero ahora que me fijo bien lo que sí veo es que te desarrollaste muy bien. Tienes un cuerpecito muy bonito.

—¿Eso cree? Yo aún veo mis senos muy pequeños —le dije, acercando mis brazos para resaltar más mi escote.

—Son perfectos, Martita. Pero claro, así con el vestido es difícil saberlo…

—Don Carlos, qué atrevido se ha vuelto. ¿Me está diciendo que quiere que le muestre mis senos? —le pregunté en un susurro.

—Yo solo digo que así es difícil darte una respuesta, mi niña —me respondió, sonriente.

Me acerqué a él y tomé su mano grande y callosa. La subí a mi cuello y poco a poco la fui bajando por encima de mi vestido, sobre mi pecho.

—¿Y así? ¿Cree que pueda saberlo?

—Ay Martita… así tengo una idea, pero sigo sin poderte responder con propiedad —me dijo el muy sinvergüenza, mientras me masajeaba un pecho y luego el otro.

Nuestras miradas se conectaron y, como vio que no le quité la mano, sino que le sonreí ante su descaro, con su dedo índice y pulgar apretó mis pezones, reaccionando inmediatamente a su contacto, marcándolos sobre el vestido. Un jadeo escapó de mi boca, pero tuvimos que interrumpir el momento cuando vimos que llegaba un cliente.

Salí del mostrador, un poco sobresaltada por su caricia y por casi ser vistos en esa situación tan comprometedora.

Pero eso no me daba miedo, al contrario, me estaban gustando las visitas al panadero últimamente.

—Espérame que atienda a este cliente, ¿sí? No te vayas para darte el pastelito —me dijo y se alejó para atender a la persona que, por cierto, pidió media panadería.

Cuando finalmente se fue, Don Carlos se acercó y me preguntó si ya había elegido alguno.

—Mi favorito, Don Carlos. El que tiene esa cremita especial.

Él me miró con sus ojos cargados de lujuria y lo buscó, lo empaquetó y cuando me lo fue a entregar, me dijo…

—Martita, ya son varios pastelitos los que te has comido y aún no he recibido un pago. La próxima vez que vengas sin dinero tendremos que arreglarlo de alguna manera, ¿no crees?

—Tiene razón, Don Carlos. Discúlpeme que no le he pagado, pero pensaba que no le iba a cobrar a su clienta favorita.

—Yo vivo de este trabajito, mi niña. Tengo que cobrar por todo.

—Vale, si la próxima vez que venga no tengo cómo pagarle, hacemos algún arreglo, no se preocupe.

—Te estaré esperando entonces.

Llegué a mi casa ese día un poco perturbada. El juego con el viejo panadero me estaba gustando más de lo que había imaginado. Al principio solo quería provocarlo un poco, pero viendo como entraba al juego tan fácilmente me había dejado queriendo más.

El fin de semana no dejé de pensar en él y hasta tuve un sueño húmedo con él como protagonista. Me desperté más que excitada y con ganas de verlo.

Creo que mis hormonas me están jugando una mala pasada. Siempre me habían gustado los chicos de mi edad, pero es que la manera como me miraba y me decía cosas sucias disfrazadas de inocentes, me tenía un poco cachonda. ¿A quién engaño? Me tenía cachonda perdida.

Cuando fui a la cocina a desayunar me encontré a mi madre preparando el listado de las compras que hacía todas las semanas. Me dijo que iría al supermercado y que yo debía ir a la panadería. Era mi tarea de todos los fines de semana. Ir a visitar a Don Carlos y yo estaba feliz de hacerlo.

Cuando me estaba vistiendo para ir a la panadería, luego bañarme y perfumarme, recordé lo que me dijo el viejo, de cobrarme los pastelitos.

Busqué en mi armario un vestido corto, pegado a mi cuerpo y me esmeré más de lo normal para estar bien provocativa para mi panadero favorito. Me puse un tanga muy pequeño y me eché mi perfume favorito. No quería pasar desapercibida hoy.

Llegué a la panadería y la encontré llena de gente, como la última vez, así que esperé pacientemente mi turno. Don Carlos me vio y me sonrió a lo lejos. Yo le sonreí de vuelta y me puse a pasear por los pasillos haciendo tiempo. Cuando vi que quedaba poca gente, me acerqué.

—Martita, ¿qué se te ofrece, mi niña?

—Lo de siempre, Don Carlos.

—En seguida.

Pero fruncí el ceño al verlo hoy más serio de lo normal. No sabía si era que le pasaba algo ¿o será que ya no le gustaba?

—¿Le pasa algo Don Carlos? Lo veo muy serio —le pregunté, cuando me entregó los panes.

—No mi niña, es solo que hoy he estado trabajando mucho en la producción de un pedido grande que me hicieron y tuve que entregarlo bien temprano en la mañana. Solo estoy cansado.

—Ah, vale. Y yo que me había puesto bonita para venir a verlo.

—Martita, tú siempre estás muy bonita. Eres lo más bonito del barrio.

—No sea mentiroso, Don Carlos.

—No digo mentiras, es la verdad.

—Si fuera tan bonita como dice, no tendría que pagar por los pastelitos de cremita que tanto me gustan.

—Para que veas que te digo la verdad, hoy te vas a llevar dos —dijo, y comenzó a empaquetarlos.

—No traje dinero, Don Carlos. Mejor no me los entregue, porque no sé cómo pagarle…

—Ay mi niña, ahora que está abierta la panadería no puedo cobrarte como quiero.

—¿Y cómo quiere cobrarme? —le pregunté y se me aceleró el corazón esperando que me dijera cómo quería recibir el pago.

—Digamos que necesito quitarme un poco de estrés de encima. No sé qué pudieras hacer para ayudarme.

Me gustó que me dejara tomar el control de la situación, así que le pregunté en voz baja:

—¿Le gustó tocarme el otro día mis pechos, Don Carlos?

—Sí, claro que me gustó, Martita.

—Entonces puedo dejar que los vea. Si quiere, claro. Así tendrá un incentivo para acabar el día.

—Me gusta mucho esa propuesta, Martita. Ven a mi despacho antes que venga alguien.

Lo seguí y entramos a una oficina pequeña, en donde solamente cabíamos los dos. Cerró la puerta y dejó los pastelitos que me había empaquetado en la pequeña mesa que había allí y se sentó.

—A ver, mi niña. Muéstrame, a ver si se me quita este estrés que cargo.

Lo tomé de las manos y las puse sobre la tela del vestido, utilizándolas para que sus dedos bajaran lentamente mi vestido, que al ser sin tirantes cayó muy rápido a mi cintura. No tenía puesto brasier así que quedé expuesta enseguida.

—Hermosa. Como los imaginé. Tan bonitos y redonditos.

Comenzó a tocarlos y a acariciar mis pezones haciendo lo mismo que el otro día, apretando con el pulgar y el índice, lanzando con ello una corriente de placer a mi entrepierna.

—¿Le gustan, Don Carlos?

—Sí, mi niña. Me encantan. ¿Los puedo probar?

—¿Cómo, Don Carlos?

—Pasando mi lengüita…

—Es usted un atrevido. El trato solo era mostrárselos…

—Vale, ya lo sé. Pero te has llevado muchos pastelitos gratis, así pagas una parte de la deuda.

—Está bien.

Él agarró el envoltorio de los pastelitos que estaban en la mesa y lo rompió, sacando uno para meter el dedo en la crema y sin esperar más tiempo, lo pasó por un pezón y luego repitió lo mismo y lo pasó por el otro.

—Ahora sí voy a entender por qué te gustan tanto mis pastelitos.

Se acercó a mi pecho y pasó su lengua pervertida por mis pezones, saboreando su crema en cada uno y dándome un placer intenso.

Ese viejito sí que sabía cómo prenderme. Pero cuando estábamos metidos en nuestra nube de placer, sentimos un ruido y él se apartó.

—Umm, lo siento, mi niña. Tengo que salir. Regresaré cuando no haya nadie.

Me dio dos lametones más en los pezones erectos y luego me subió el vestido, sonriéndome.

—Gracias por dejarme probarte, mi niña. Sabes delicioso.

Y se fue dejándome más que excitada y babeada. Me acomodé el vestido y me senté en la silla esperando que me dijera cuándo podría salir. Nadie podía verme o se enteraría todo el barrio y mis padres, que es lo que menos quería.

Luego de 10 minutos esperando, el viejito apareció y me dijo que ya podía salir.

—Bueno, mi niña, ¿quedamos pendientes para el resto del pago?

—Me parece bien, pero ¿qué quiere esta vez, Don Carlos? ¿Cómo quiere que termine de pagarle?

—Bueno, yo estaba pensando que por el estrés de estos últimos días, me vendría bien un masaje. Con eso bastaría.

—Vale, me parece bien —pensé que se me insinuaría con otra cosa, pero con un masaje podía lidiar.

—Cierro a las tres de la tarde, ¿crees que puedas venir a las 3:30?

—Sí, a esa hora puedo venir.

—Bueno preciosa, te guardo aquí los pastelitos y nos los comemos juntos después del masaje, ¿sí?

—Está bien, Don Carlos.

—Ah y otra cosa… déjate ese vestidito que te queda muy bonito mi niña.

Le sonreí, guiñándole un ojo y me volteé para salir de la panadería moviendo mis caderas.

Sabía que los ojos del viejo estaban clavados en mi trasero ahora mismo y eso me encantaba.

Al llegar a casa, no veía la hora de regresar a la panadería para ver qué tipo de masaje quería Don Carlos. La expectativa me estaba matando y no podía negar que aquel preámbulo en su oficina me había dejado muy excitada.


.

.

.

NB ✨

¡Cuéntale a Ninfadora P. Brown lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

27

Me encanta

Divertido

3

Divertido

Picante

34

Picante

Suspense

6

Suspense

Emotivo

4

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

6

Alentador

Impactante

1

Impactante

Bien escrito

7

Bien escrito

Trama absorbente

3

Trama absorbente

Buenos personajes

4

Buenos personajes

Diálogos potentes

11

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

Charly's Weihnachten

T.M: Ich kann es gar nicht anders sagen also ich liebe diese Geschichte einfach. Sie hat für mich einfach alles was es braucht. Sie hat mich einfach mitgenommen auf eine echt schöne Reise. Danke❤️

Leer ahora
Die Wölfe von Welby

maryketteler: Ich bin von diesem Roman sehr angetan. Es handelt sich um eine wunderschöne Geschichte, die durch ein tolles Happy End abgeschlossen wird.

Leer ahora
Stripped Shadows

bm: Sehr gutes Schreiben. War total in der Geschichte und habe mitgefiebert, wie es weiter geht. Konnte das Buch kaum zur Seite legen Sehr spannend geschrieben. Freue mich auf Band 2 Hätte gern das Ruby mit Beiden lebt.Und es fehlen noch sehr viel Antworten

Leer ahora
Alpha’s Claim

Fiona Walker: A thoroughly enjoyable story with a slightly different take on werewolves. I loved his commitment to his mate and her open mindedness.

Leer ahora
The Dating Deal

Deonna: Hannah and Nate for the win! Gerald needs his own book. ❤️🩶

Leer ahora
Ruthless Lord

Victoria: Hi,I analyzed your work, and I think it has a very unique and engaging storytelling style. The way you present your ideas and emotions really stands out. By the way are you currently working on any other stories or writing projects?

Leer ahora
Mated to the Wrong Alpha

Victoria: Hi,I analyzed your work, and I think it has a very unique and engaging storytelling style. The way you present your ideas and emotions really stands out. By the way are you currently working on any other stories or writing projects?

Leer ahora
Bloodlines

Victoria: Hi,I analyzed your work, and I think it has a very unique and engaging storytelling style. The way you present your ideas and emotions really stands out. By the way are you currently working on any other stories or writing projects?

Leer ahora
Legacy: Ghost

Obsidian: I liked the story. It was great in its own way. I'm the type that likes the night clubs, the cities, the dark allies. It might be a little on the light side for me (the other side would be the dark side) but overall, its a good read. Also, a little short, but as a writer who tends to rush things mys...

Leer ahora