One Shots

Sinopsis

One shots de tokyo revengers

Genero:
Drama/Fantasy
Autor/a:
RossetDLuccy
Estado:
Completado
Capítulos:
31
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Flores


La brisa de la mañana acariciaba suavemente los pétalos de las flores que llenaban la tienda de Takemichi. Aunque las flores de cerezo, con sus delicados pétalos rosados, siempre habían sido sus favoritas, últimamente había algo que capturaba su atención de forma inquietante. Los ramos de lycoris radiata, con su intenso color rojo y su apariencia casi etérea, habían comenzado a llegar de manera misteriosa. Al principio, Takemichi pensó que se trataba de una amenaza. Después de todo, estas flores estaban ligadas a la muerte y los campos de batalla. Pero, poco a poco, esa inquietud se transformó en curiosidad.


Había algo más en esos ramos. Algo que no podía ignorar.


Takemichi, mientras acomodaba con delicadeza las rosas en un pedido, no pudo evitar que su mente vagara hacia las lycoris. ¿Quién las enviaba? ¿Por qué? Cada flor parecía tener un propósito, pero nunca había una tarjeta ni un mensaje. Solo los intensos y vibrantes pétalos rojos, como si fueran una advertencia velada. Pero, a pesar de todo, comenzaba a sentirse... protegido por ellas. Como si cada vez que recibía un ramo, el mundo fuera un poco menos hostil, aunque no entendiera por qué.


La campanilla de la puerta sonó, rompiendo el suave silencio de la tienda. Al levantar la mirada, sus ojos se encontraron con dos figuras que entraban, cada una irradiando una presencia diferente, pero igualmente imponente. El primero, un joven de cabello rubio y ojos oscuros, que parecía sonreírle con una familiaridad desconcertante. El segundo, más alto, con cabello teñido y una mirada afilada, lo observaba con una intensidad casi penetrante.


Takemichi dejó de respirar por un momento. Algo en ellos... lo inquietaba profundamente.


El primero en hablar fue el rubio. -Han pasado muchos años, Takemichi. Aunque parece que lo has olvidado.


-¿Nos conocemos? -La pregunta salió antes de que pudiera detenerse, y de inmediato sintió el peso de esas palabras. Porque algo en su interior le decía que la respuesta sería más complicada de lo que imaginaba.


-Más de lo que crees. -respondió el rubio, su tono suave pero firme. -Soy Mikey. Y él es Kisaki.


Kisaki, el de mirada afilada, dio un paso al frente, pero sus ojos permanecieron clavados en los de Takemichi. -Nos conocimos hace mucho, cuando éramos niños. Pero parece que el tiempo te ha hecho olvidar lo importante.


Takemichi parpadeó, confundido. Esos nombres... esas miradas... Sabía que no estaban mintiendo, pero tampoco podía recordar con claridad. Su vida, desde hace mucho, había sido un intento de reconstruir sueños rotos, esperanzas que nunca llegaron a cumplirse. ¿Cómo podían estas dos personas formar parte de todo eso?


-Siempre te hemos estado cuidando. -continuó Mikey, acercándose lentamente, como si sus palabras pudieran atrapar los recuerdos perdidos. -Incluso si no lo recuerdas, siempre hemos estado ahí.


¿Cuidándome? -repitió Takemichi, incrédulo, mientras retrocedía instintivamente. Algo en sus palabras le causaba un frío indescriptible.


-Las flores -dijo Kisaki, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. -Las lycoris radiata que has estado recibiendo... somos nosotros quienes te las hemos enviado. Son un símbolo de lo que somos para ti, y lo que hemos hecho por ti.


-¿Lycoris...? -Takemichi miró de reojo uno de los ramos rojos que descansaban en la esquina de la tienda. De pronto, su significado adquirió un peso mucho más oscuro.


Mikey asintió lentamente. -La lycoris crece en los campos de batalla, donde la muerte reina. Es una flor hermosa, pero peligrosa. Y la enviamos porque representa lo que hemos hecho por ti.


-¿Qué... qué han hecho? -Takemichi sentía su voz quebrarse. Las palabras de Mikey y Kisaki lo envolvían como un remolino, haciéndolo sentir vulnerable, pequeño.


-Hemos matado, Takemichi -dijo Kisaki con una calma inquietante. -Hemos derramado sangre para protegerte. Porque tú eres nuestra rosa. Y nosotros somos las espinas.


El silencio cayó como una losa en la pequeña tienda de flores. Takemichi intentó procesar lo que acababa de escuchar, pero su mente se negaba a comprender del todo. Las lycoris, con su rojo profundo, no eran solo un símbolo de muerte, sino de un amor tan obsesivo y violento que desbordaba los límites de lo razonable.


-Las espinas siempre están ahí para proteger los pétalos. -continuó Mikey, sus ojos ahora más suaves mientras se acercaba un paso más. -Y nosotros siempre hemos sido tus espinas. Incluso si no lo sabías.