Candilejas [Meanie/Minwon]

Sinopsis

Jeon Wonwoo y Kim Mingyu llevan en una relación hace aproximadamente cinco años. Quizás no sea la relación más estable, pero si de algo están seguros es del amor que se profesan. Por supuesto, ambos han cambiado desde que se conocieron en sus años universitarios; su trabajo, aunque pareciera el mismo, tiene diferencias notables, ellos mismos tienen grandes diferencias. Sin embargo, Kim está dispuesto a ponerle un cierre a esta situación. Aunque, un "cierre" no sería la palabra adecuada, no cuando lo que tiene en mente constituye la apertura hacia una nueva vida.

Genero:
Romance
Autor/a:
woo_ppy
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Ámame

Y ahí, con espectadores por todos lados, quien fuera el amor de toda su vida le rompía el corazón de la manera más vil que alguna vez pudo imaginar. Sus lágrimas, se escurrían por sus pómulos sonrojados de mil emociones; su voz, no era más que un grito desesperado y hueco; sus manos, al igual que el resto de sus músculos, temblaban sin descanso.


–¿Por qué?¿Por qué justo ahora después de lo felices que fuimos? –se escuchó decir, reteniendo toda la ira que pudo sentir en dos puños ensamblados a sus costados.


Esos ojos tan oscuros como las profundidades marinas, ¡esos ojos que tantos secretos guardaban!, le miraron, mas, en ellos ya no existía la promesa de amor eterno, ahora eran gélidos como las aguas del Ártico.


–¿A qué llamas felicidad?¿A permanecer bajo tu ala para toda la eternidad? No, eso no es la felicidad para mí. ¡Necesito crecer! Necesito salir de esta prisión en la que se convirtió este amor. –gritó entre sollozos quien fuera su mismísimo dueño, aunque él se apoderara de la delgada figura durante las noches de invierno y la reconociera mejor que a  su propia anatomía.


Sin embargo, su desesperación se vio convertida en ira rugiente y devastadora. Alzó su mano contra el más bajo, asiéndose firmemente de la capa que cubría sus hombros y tirando de él hasta que la distancia que separó sus rostros fue casi inexistente.


–No, no pondrás un pie fuera de esta casa, nunca. ¿Decías que era una prisión?¡A partir de hoy conocerás el verdadero sufrimiento!


Vio miedo, lo vio en esos ojos como agua turbia, en el agarre tembloroso de los delgados dedos pálidos. Así, cegado por la violencia, olvidó el puñal en su cinturón. Gran ironía sería morir bajo su propio medio de protección. El carmín traspasó sus prendas, la fuerza de sus músculos se vio reducida y las manos que tantas veces procuraron brindar caricias de consuelo sostendrían el arma causante de su dolor. Pero, en contraste con su máscara de agonía y la débil presión en la herida, se desplomó con una sonrisa: él sería liberado por su víctima, quizás esa fue la mayor de las ironías esa noche.


–Hasta luego, mi amor.


Esas fueron sus últimas palabras hacia la figura horrorizada.


En ese instante, las luces encargadas de iluminar ambos cuerpos, murieron; el telón, se cerraría con un rápido deslizamiento y la multitud detrás de este, aún aturdida, se levantaría de sus asientos para aplaudirles. Fue en esos cortos segundos que pudo levantarse nuevamente para, sin necesidad de alguna iluminación, pasar un brazo por encima de los hombros contrarios y besar la frente pálida, al mismo tiempo que su compañero le abrazaba por la cintura, todavía sosteniendo la utilería.


–Buen trabajo, Jeon Wonwoo –dijo, siendo recompensado por una amplia y cansada sonrisa, a sabiendas de ser poseedor de una casi idéntica.


–¿Qué puedo decir? Estás mejorando, Kim.


Solo pudo responder con un bufido risueño antes de que el telón volviera a abrirse y ambos tomaran sus manos para inclinarse hacia los espectadores, agradeciendo eternamente al viejo teatro que les posibilitaba reencarnar los primeros momentos de sus carreras actorales.


Corría casi media década desde que los dos jóvenes habían pisado el mismo tabloncillo, ya bastante gastado, con los nervios comunes entre los artistas recién salidos de escuela y que por primera vez dejaban su título de "estudiante de artes escénicas". Por aquellos años sería el primer de muchos libretos que memorizarían y representarían como figuras principales y la única obra en la que ambos convergerían. Tal vez por eso era tan especial para ellos.


Ya en el camerino que compartían y con gran parte de su maquillaje eliminado, Mingyu se acercó a su compañero abrazando la espalda erguida, y besó la suave mejilla a su alcance.


–Estaba pensando que, si no estás muy cansado, podríamos celebrar, después de todo, debes irte a grabar tu serie y me dejarás solo, tan, tan solo, Jeon Wonwoo, candidato al actor del año.–dijo con cierto dramatismo, pero profundamente orgulloso de su pareja, quien al contrario suyo, había preferido desviar su rumbo hacia las grandes cámaras y las luces de estudio.


No podía negarlo, esa decisión favorecería su carrera y ganaría más reconocimiento en el público, puesto que las artes televisivas en estos años habían desplazado el interés de los consumidores que antes preferían la actuación en vivo, justo frente a sus ojos, sintiendo los matices de los personajes en carne propia. Incluso si él era consciente de ello, no podía apartarse de la magia del teatro. Esto se debe, supone él, a los nervios que provoca el telón abierto, la responsabilidad de llevar una buena puesta en escena en la que los errores debían ser mínimos o nulos, al no poder cortar y volver a reproducir, la dicha de escuchar los aplausos y de reencarnar un mundo diferente cada día. En cambio, memorizar líneas hasta que perdieran sentido, llevar a la vida a personajes regidos por un mercado, desvirtuaba su concepto de arte. Aunque, por supuesto, ese tema fuera tirado bajo el tapete junto a todas las cosas que provocaban grandes diferencias profesionales y personales entre su pareja y él. "El respeto ante todo", es lo que suelen decir.


La risa de Wonwoo lo sacó de su ensimismamiento, haciéndole sonreír cuando los delgados pero definidos brazos de su amado le rodearon y sus ojos alegres se posaron en los suyos.


–¿Estás diciendo, a tu muy tonta manera, que me extrañarás? Eres todo un bebé, solo serán unos pocos días, para el resto de la grabación me tendrás en casa, muy cansado y esperando esos masajes que aprendiste por nuestro último aniversario –dijo con un tono burlón, sin perder la seducción que se denotaba en la mayoría de conversaciones íntimas compartidas; a lo que Mingyu hizo un suave sonido, fingiendo cabildar la idea.


–Quince días con mi sol fuera de la cuidad, de nuestro hogar, de nuestra cama, perdiéndome en el trabajo mientras  multitudes de adolescentes se lanzan hacia ti será un infierno y si por eso debo ser tildado de bebé, cariño, soy un bebé, es más, soy el mayor de ellos.


Entre risas cómplices, cambiaron sus ropas, por supuesto, luego de haber limpiado de sus cuerpos el sudor y todo rastro de maquillaje de sus pieles. En cambio, lo que el protagonista de la pantalla grande no sabría, era de la muy elaborada puesta en escena que su pareja preparaba a sus espaldas, mientras le entretenía con besos dulces y frases llenas de coquetería. Le había tomado gran parte de su última semana acordar todos los cambios necesarios con el director del viejo teatro y algunos de sus amigos más cercanos, todo para que, al recordar esta noche, no existieran más palabras que "magia" en la memoria de su novio.


Por suerte, y como parte de un infantil juego, cubrió los ojos de su amado antes de darle un último vistazo al escenario con la excusa de despedirse del lugar en el que compartieron tantos momentos. Esto, sin dudas, fue la mejor decisión dado a que ahora, en el tabloncillo elevado, reposaba una mesa redonda, cubierta con un fino mantel de seda, y acompañada por dos sillas, una copa de vino blanco y algunos entremeses. Queriendo un mejor toque, se encargó previamente de que las velas se instalasen sobre una base de porcelana y rodearan el resto de los objetos creando patrones enramados. Al mismo tiempo, la iluminación sepia era ayudada por un tenue reflector y la música preferida por su novio llegaba desde el sistema de audio anticuado.


Mingyu sonrió al descubrir los ojos de su novio, también lo hizo cuando rodeó la estrecha cintura, cuando dejó un beso en su hombro, un beso tan delicado como las melodías de piano que llegaban a sus oídos. Le llevó hacia la silla, sirvió ambas copas con el vino, sin perder, ni por un segundo, la noción del peso de la pequeña caja dentro de uno de sus bolsillos. Wonwoo, encambio, no pronunciaba palabra alguna, pero su expresión de asombro, junto con el océano lleno de vida en medio de la noche en el que se habían convertido sus ojos, era suficiente.


–Mi amor, –pronunció tomando las manos de su amado y besó los delgados nudillos– sé que siempre has tenido aspiraciones mucho más altas que las mías. También, que como pareja tendremos que seguir sobrellevando diferencias, cambios, ausensias, cansancio. Ambos lo sabíamos desde que decidiéramos darnos una oportunidad.


Lentamente, su rostro buscó encontrarse a la misma altura del contrario; su mano, quiso ser caprichosa y presionar sobre la pequeña arruga entre las oscuras cejas, acariciar la tersa piel aporcelanada; sus labios, rogaron por posarse sobre los otros, aunque, por más que estos lo exigieron, no era el momento, "solo un poco más" tuvo que repetirles varias veces. Debía continuar con el discurso, apenas ensayado.


–En esta noche, solo nuestra, quizás la última que tendremos hasta dentro de varios meses, yo, Kim Mingyu, tú Mingyu –aclaró–. Me inclino a tus pies y te pido que compartas el resto de tu vida conmigo, porque yo quiero que nos casemos.


Dicho esto, sacó de su bolsillo la pequeña caja y la abrió, a partir de ese instante, los anillos plateados en su interior se convirtieron en los verdaderos protagonistas.


—Entonces, ¿aceptas?


Solo entonces su amado cobró vida otra vez. La silla quedó olvidada mientras se abalanzaba sobre el moreno, al que rodeó con sus brazos como si fuese un náufrago aferrándose a su última esperanza de vida. El rostro que tantas veces admiró en las noches de vigilia, quedó escondido en la curvatura de su cuello, donde la afilada nariz y las largas pestañas de su novio, provocaban cosquillas. Más tarde, sintió la humedad propia de las lágrimas derramadas sobre su piel, así como el cálido aliento acompañante de los fallidos intentos de palabras que Wonwoo susurraba.


Tras un agarre aún más firme en su ropa, casi como expresando su encadenamiento a este amor, Wonwoo levantó la cabeza. De sus ojos todavía brotaban pequeñas lágrimas y de sus labios se hacía dueño un tierno puchero inconsciente. Mismos labios que procuraron besar el lunar en la mandíbula del moreno y que permanecieron largos segundos acariciando este lugar.


–Sí, casémonos, Kim –pronunció débilmente, porque sabía que el destinatario de sus palabras lo escucharía mejor que nadie, incluso las estrellas serían testigos de dicha declaración.


Mingyu, sin poder resistirse, estalló en carcajadas de pura dicha y amor; apesar del temblor de sus manos logró colocar el pequeño aro en el anular izquierdo de su novio y esperó pacientemente hasta que su propio anillo le fue entregado con una solemnidad que seguramente se duplicaría el día de su ceremonia de bodas. Ambos jóvenes compartieron un abrazo que destilaba emociones en su más puro sentido, tanto así, que Mingyu no pudo soportar el peso de los dos en su muy pequeño punto de apoyo y terminó de espaldas sobre la madera gastada, protegiendo a su prometido encima de su pecho.


Su prometido; casi no podía creerlo, pero los hechos no podían negarse. Y allí estaba él, justo entre sus brazos, acurrucado contra su calor como si no existiera nada más, aunque para Mingyu tampoco existía algo más importante en esta noche.


Así los podría ver cualquiera, compartiendo besos y caricias, amándose, con diferencias, con profesiones que no les permitirían mucho tiempo a solas, con errores e imperfecciones, pero amándose y luchando por ello, luchando por ellos, sin que importara nada más.