𝐌𝐢 𝐃𝐞𝐬𝐭𝐢𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐀𝐦𝐚𝐫𝐭𝐞 | KazuFuyu

Sinopsis

Las vidas de 𝗞𝗮𝘇𝘂𝘁𝗼𝗿𝗮 𝗛𝗮𝗻𝗲𝗺𝗶𝘆𝗮 y 𝗖𝗵𝗶𝗳𝘂𝘆𝘂 𝗠𝗮𝘁𝘀𝘂𝗻𝗼 se entrelazan por un accidente del destino. Ambos provienen de mundos completamente diferentes, pero una noche, tras un confuso encuentro en una fiesta donde algo más que palabras se intercambian, sus vidas quedan unidas para siempre. Kazutora, un alfa que nunca ha buscado una relación seria debido a su caótica infancia, despierta una mañana para descubrir que ha marcado accidentalmente a un omega: Chifuyu, un completo desconocido. Este evento no solo cambia su vínculo químico, sino que también complica las cosas cuando Chifuyu descubre que está embarazado. 𝗞𝗮𝘇𝘂𝗙𝘂𝘆𝘂 | Adaptación By: ©𝘄𝘅𝗸𝗮

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Waka
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

𝐈 | 𝐄𝐥 𝐀𝐜𝐜𝐢𝐝𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐥 𝐃𝐞𝐬𝐭𝐢𝐧𝐨

La música resonaba a lo lejos, una melodía elegante que parecía pertenecer a otro mundo. En el salón principal del hotel Elysian Heights, una fiesta exclusiva reunía a lo más selecto del sector editorial.

Entre risas y copas de champagne, Chifuyu Matsuno, un joven omega de 23 años, intentaba mantener una sonrisa profesional mientras hablaba con su jefe. Su traje negro estaba impecable, y el brillo en sus ojos era resultado tanto de su entusiasmo como de las siete copas de vino que había tomado para relajarse.

Sin embargo, cuando terminó de escuchar la interminable lista de quejas de su superior, decidió que necesitaba un respiro.

— Vuelvo en seguida — mintió, antes de escabullirse por un pasillo iluminado con cálidas luces doradas.

“¿Cómo logré meterme en esta fiesta?” pensó, soltando un suspiro.

Sabía que su posición como editor junior en la editorial lo obligaba a estar presente, pero aquel ambiente lujoso no era para él. Solo quería cumplir con su deber y regresar a casa.

Un error en la dirección lo llevó al ascensor equivocado. Sin darse cuenta, subió hasta el último piso, donde las suites privadas estaban reservadas para reuniones más discretas.

Chifuyu, mareado por el alcohol, apenas reparó en la alfombra roja bajo sus pies o en el eco de sus pasos mientras intentaba encontrar el baño.

En medio de su confusión, cuando abrió una puerta al azar, se encontró de frente con un hombre desconocido.

Kazutora Hanemiya, un peculiar alfa de 28 años, estaba sentado en el sofá de la suite, una botella de whisky reposaba sobre la mesa y una mirada de fastidio resaltaba en su rostro. Había tenido un día infernal.

Entre clientes que no pagaban y problemas con su taller mecánico, lo último que quería era estar en esa reunión. Pero allí estaba, intentando cerrar un trato con un empresario que no paraba de quejarse sobre la “eficiencia de los servicios”.

Cuando la puerta se abrió de golpe, Kazutora frunció el ceño, listo para gritarle al responsable. Sin embargo, lo que vio lo dejó confundido: Un joven de cabello rubio, delgado y evidentemente perdido, lo miraba con ojos grandes y vidriosos.

— Perdón... Creo que me equivoqué de piso...

Antes de que Kazutora pudiera responder, el empresario, molesto por la interrupción, se levantó y se marchó, lanzando una mirada despectiva tanto a Kazutora como a Chifuyu.

El alfa dejó escapar un suspiro frustrado y se pasó una mano por el cabello.

— ¿Quién demonios eres tú?

— Nadie importante... — respondió Chifuyu, tambaleándose ligeramente. Intentó dar un paso hacia atrás, pero tropezó con el marco de la puerta y por poco cayó al suelo.

Kazutora, por puro reflejo, se levantó y lo sostuvo del brazo. Fue entonces cuando lo notó: Un suave aroma dulce y cálido que no podía ignorar. Era evidente que Chifuyu era un omega, y no cualquier omega. Su olor parecía diseñado para desestabilizarlo.

— Estás borracho — murmuró Kazutora, con el ceño fruncido.

— Solo un poco... — respondió Chifuyu, tratando de apartarse. Pero el movimiento hizo que perdiera el equilibrio otra vez.

— Genial — Kazutora rodó los ojos, arrastrándolo hacia dentro de la suite. — No puedo dejar que te caigas por el pasillo.

— No necesito ayuda, puedo cuidarme solo — protestó el omega, aunque su tono no era muy convincente.

Kazutora ignoró sus palabras y lo dejó caer en el sofá. Luego regresó por su whisky, dando un largo trago mientras trataba de ignorar el persistente aroma de feromonas que llenaba la habitación.

— ¿Por qué hueles tan fuerte? — preguntó de repente, su tono mezclando irritación y desconcierto.

Chifuyu lo miró con el ceño fruncido, intentando comprender la pregunta. Fue entonces cuando lo sintió: El calor creciente en su cuerpo, la ligera euforia que iba más allá del alcohol. ¿Acaso el alfa frente a él estaba liberando feromonas también?

— No es mi culpa... Quizás eres tú — espetó, sin darse cuenta de que su tono comenzaba a cambiar.

Ambos estaban ebrios, sus sentidos entumecidos por el alcohol y las feromonas que poco a poco llenaban la suite. La tensión en el ambiente se hizo palpable.

El aroma dulce que desprendía Chifuyu llenaba el aire, intensificándose con cada segundo que pasaba. Kazutora intentaba ignorarlo, luchando contra el calor que comenzaba a instalarse en su cuerpo. No era su intención dejarse llevar, pero el efecto de las feromonas del omega, combinado con el alcohol que corría por sus venas, hacía que su razonamiento tambaleara peligrosamente.

Chifuyu, por su parte, notaba algo diferente en el alfa frente a él. Aunque intentaba mantener la compostura, el mareo y el leve hormigueo que sentía en la piel lo confundían. Su cuerpo reaccionaba de manera instintiva, amplificando la atracción química que existía entre ambos.

Kazutora se pasó una mano por el cabello, frustrado consigo mismo.

“¿Qué demonios me pasa? No puedo dejar que esto avance” pensó, dando un paso hacia atrás. Sin embargo, al mirar a Chifuyu, quien estaba recostado en el sofá con las mejillas encendidas y los labios entreabiertos, sintió que su autocontrol se desmoronaba.

— Oye, ¿estás bien? — preguntó, con su voz más ronca de lo habitual.

Chifuyu lo miro, con la vista un poco nublada. Sus labios se movieron para responder, pero antes de que pudiera articular alguna palabra, un suave gemido escapó de su garganta. Se cubrió la boca rápidamente, avergonzado, mientras su rostro se encendía aún más.

— No... no sé qué me pasa... — admitió en un susurro.

Kazutora sintió un escalofrío recorrerle la espalda al escuchar el tono vulnerable del omega. Su instinto alfa rugía dentro de él, instándole a acercarse, a protegerlo, a reclamarlo. Se inclinó hacia adelante casi sin darse cuenta, sus ojos estaban fijos en el cuello expuesto de Chifuyu, dónde podía ver el leve latir de su pulso.

— Tu aroma... — murmuró, acercándose aún más. Sus dedos rozaron la piel del omega en un toque suave, enviando una corriente eléctrica que recorrió a ambos.

— Aléjate... — intentó decir Chifuyu, pero su voz carecía de fuerza. Su cuerpo, traicionándolo, se relajó bajo el toque de Kazutora, permitiendo que el alfa se acerque aún más.

Kazutora ya no podía pensar con claridad. Su lado racional se había rendido ante el instinto que lo dominaba. Lentamente, inclinó la cabeza hacia el cuello de Chifuyu, donde el aroma era más fuerte, más embriagador. Su respiración era pesada, y cuando sus labios rozaron la piel suave del omega, ambos se tensaron al unísono.

Entonces, lo hizo.

Kazutora mordió suavemente el cuello de Chifuyu, marcándolo como suyo. La sensación fue instantánea: Un calor abrasador recorrió el cuerpo del omega, mientras que Kazutora sintió una oleada de satisfacción al completar el vínculo. Chifuyu jadeó, aferrándose a los hombros del alfa mientras su cuerpo reaccionaba al acto.

— ¿Qué estás...? — intentó hablar, pero el mareo y el extraño placer que sentía lo dejaron sin palabras.

Kazutora, al darse cuenta de lo que había hecho, se apartó de golpe, con los ojos abiertos de par en par.

— Yo... no sé qué pasó — balbuceó, horrorizado.

Chifuyu intentó levantarse, pero el calor seguía consumiéndolo. Sus feromonas, ahora en un pico máximo, afectaban tanto al alfa como así mismo. Kazutora nuevamente intentó alejarse, pero el aroma seguía envolviéndolo, haciéndolo imposible.

Cuando Chifuyu intentó levantarse, perdiendo el equilibrio, Kazutora lo atrapó antes de que cayera y se lastimara.

— No puedo... no puedo más — susurró el omega, aferrándose a la camisa del alfa con la respiración entrecortada. Kazutora dudó por un momento.

“Debo salir de aquí... pero no puedo dejarlo así” pensó, sin embargo, con una mezcla de culpa e instinto protector, decidió quedarse. Levantó a Chifuyu del suelo, con una delicadeza que no sabía que poseía, y lo llevó con cuidado hacia la cama de la suite.

— Solo... cálmate. Respira hondo — dijo Kazutora, aunque sus propias palabras sonaban débiles.

Chifuyu se estremeció al sentir el aroma del alfa tan cerca. No podía controlarse; su cuerpo actuaba por instinto, atrayendo a Kazutora de manera inevitable. Cuando el alfa se inclinó sobre él para asegurarse de que estuviera bien, sus ojos se encontraron de nuevo, y en ese instante todo dejó de importar.

Kazutora, incapaz de contenerse más, unió sus labios con los de Chifuyu, en un beso cargado de pasión.

La noche transcurrió en un torbellino de emociones y deseos. Ambos, ebrios tanto de alcohol como de feromonas, se entregaron al vínculo que los había unido de manera accidental.


Kazutora despertó con un dolor punzante en la cabeza y la sensación de que algo estaba terriblemente mal. Al mirar a su lado, vio a Chifuyu dormido, enredado entre las sábanas de la cama. Por un momento, se permitió pensar que tal vez todo había sido un sueño, hasta que notó una marca, además de varios chupones, en el cuello del omega.

— Mierda — murmuró, llevándose una mano al cabello.

Chifuyu comenzó a moverse, su rostro mostrando una mezcla de confusión y alarma al despertarse. Se llevó una mano al cuello instintivamente y, al sentir la marca, su expresión se tornó de incredulidad.

— ¿Qué... ¡qué hiciste!? — gritó, mirando al alfa con los ojos llenos de pánico y furia.

Kazutora levantó las manos en señal de rendición.

— ¡Yo tampoco sé cómo pasó! Estábamos borrachos... y luego... ¡No fue intencional!

Chifuyu se levantó de la cama, tambaleándose ligeramente con las sábanas cubriendo su cuerpo. Mientras trataba de procesar lo que había sucedido, un extraño malestar comenzó a crecer en su interior.

— Esto no puede estar pasando... — murmuró, llevándose una mano al abdomen mientras el pánico lo invadía aún más.

Kazutora lo observó en silencio, su propia mente intentaba analizar las consecuencias de lo que habían hecho.