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💔 ✧~𝓜𝓪𝓵 𝓗𝓸𝓶𝓫𝓻𝓮~✧🔥 (𝓒𝓲𝓷𝓭𝓮𝓻𝓪𝓬𝓮 𝔁 𝓗𝓾𝓶𝓪𝓷𝓸)

Sinopsis

Una coneja de fuego y un entrenador dudoso. El arte de la portada no me pertenece, créditos a saltyxodium.

Genero:
Erotica/Drama
Autor/a:
Denisera
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

La coneja paciente y el entrenador monótono

Este es un oneshot que hice entre tiempo y tiempo para calibrar mi escritura, por así decirlo. Toca temas como NTR, solo que inverso (engaño pero a la mujer en vez de al hombre), así que si lo vas a leer, ya sabes por dónde va.

Lee bajo tu propio riesgo, es bastante explícito en el tema.

———

Recuerdo mis días en la adolescencia, cuando aún era un crío irresponsable. Ahora incluso estoy casado, 10 años después de acabar la secundaria y ya con un título universitario. Mi vida no es la de un éxito descomunal ni por el estilo, pero estoy feliz de vivir cómodamente sin tener que preocuparme del dinero; sobre todo estoy contento de poder compartir mi vida con la persona que amo, una bella mujer que conocí en mis tiempos de la universidad.

— ¡Llegue! —hablé en voz alta en la entrada de mi hogar.

Estaba vestido con el típico uniforme de un oficinista, una corbata y un traje gris. Había vuelto del trabajo temprano como siempre; tenía la fortuna de tener un buen puesto en una empresa excepcionalmente buena con sus empleados. Mi horario era respetado, por lo que era raro que hiciera horas extras, lo que me daba tiempo para pasar en mi hogar con mi esposa y mi compañera pokémon.

Una mujer apareció en la sala; tenía unas ojeras que la hacían ver cansada, pero no era más que su apariencia natural. Se encontraba feliz, se acercó a mí y me abrazó; yo le correspondí.

— Te extrañé —dijo con amor restregando su rostro con el mío, en una muestra de cariño—. Hice macarrones con queso; voy a servirte. Ve a cambiarte. —Me dio un beso en la mejilla para luego volver a la cocina.

Tomé aire disfrutando del olor acogedor que ella desprendía y me apresuré a tomar un baño; necesitaba cambiarme rápido para comer junto a ella. Siempre me esperaba para comer juntos, un gesto valioso para mí.

Al subir al segundo piso, en camino a la ducha, me encontré con mi pokémon. Una Cinderace llamada Cindy (bastante original) que me acompañó desde que era solo un niño y ella un Scorbunny, mi inicial; viví mi niñez, adolescencia y ahora mi adultez con ella.

Cada vez que la veía me era inevitable revivir memorias del pasado. Un pasado que se suponía había enterrado, pero que me hacía sentir incómodo últimamente.

Ella me sonrió y habló diciendo el nombre de su especie, aunque sabía de sobra que ella podía hablar como un humano cualquiera perfectamente. Lo había aprendido hace ya muchos años, cuando recién empezaba a salir con mi actual esposa. Lo ocultaba ante todos, solo usándolo cuando estuviera completamente sola conmigo; era muy estricta con ello, incluso haciéndome prometer que no le contaría a mi mujer. Ya fue hace muchos años, pero sigo manteniendo la promesa; no es lo más moral, pero como la pokémon que me acompañó toda mi vida, era lo mínimo que podía hacer.

Pasó a mi costado rozándome con sus orejas, esperando alguna caricia; yo caí en la tentación y toqué sus orejas que mantenían una temperatura agradable, además del pelaje bien cuidado que tenía.

Siguió caminando hacia el primer piso, seguramente para acompañarnos a comer como hacía todos los días.

— …

Aunque me había acostumbrado a convivir con ella, luego de varios años empezaba a sentirse mal, incómodo, como si algo no estuviera bien. En un principio era más fácil, pues ella parecía perdonarme. Pensé que siguiendo adelante y olvidándome de lo que hice con Cindy podría superarlo, pero por alguna razón los pensamientos de nuestra antigua relación empezaban a revivir. Fue muy confuso para mí, pues era la primera vez en años.

Con las dudas en mi cabeza, me apresuré a bañarme; el agua fría me daba claridad para dejar ir esa angustia de la que no podía hacerme cargo en ese momento.

Mi esposa, yo y Cindy, todos comiendo en la misma mesa. Cindy comía con nosotros; pues desde que pasó “eso” se había vuelto más “humana”, por así decirlo, agarrándole el gusto a la comida que se suponía era solo de nosotros. Ya ni siquiera comía los caramelos raros que tanto le gustaban cuando era una Raboot.

Luego de comer, pasé un tiempo viendo televisión junto a Cindy; ella se acurrucaba cerca de mí, esperando mis caricias, las cuales yo le entregaba. Incluso si habían pasado ya tantos años, ella seguía igual de cariñosa que siempre; era como si no hubiera cambiado en nada.

¿Qué pensaría ella de lo que pasó? ¿Siquiera lo recordará aún? —fueron preguntas que no pude responder; su sonrisa genuina mientras veía la televisión, aún pegada a mí, no me daba ninguna respuesta.

Cuando ya era noche, fui a la habitación donde mi esposa se encontraba dormida. Era normal que se durmiera apenas cayera la noche; era el tipo de persona que paraba cansada, aunque también ella me decía que vivir conmigo la hacía sentir segura, el mejor estado para dormir tranquilamente según ella.

No sabría muy bien qué decir de mi esposa; era una chica perfecta, se vea por donde se vea. Era hermosa, de un aspecto refinado; no tenía un cuerpo voluptuoso, pero no lo necesitaba. Con una voz dulce y personalidad amable, era como un sueño tenerla conmigo; endulzaba mis días como el azúcar que apacigua el sabor amargo del café.

La amaba, pero en el fondo me sentía inconforme; ella era muy floja en lo que al sexo se refería, solo lo hacíamos muy de vez en cuando y en un principio intenté hacerlo algo más común, pero luego de ser rechazado algunas veces porque ella no se encontraba con ganas en el momento, empecé a desistir de siquiera pedirlo. Incluso pensé que podría ser que me estuviera engañando con alguien más, pero mis dudas no duraron mucho; ella estaba todo el día en la casa junto a Cindy. Si algo como eso pasara, Cindy me lo diría a gritos; ella simplemente no tenía ganas, sin embargo, yo sí. Era difícil mantenerlo retenido tanto tiempo; me dejaba estresado, pues, aunque tuviera una esposa tan bella, no era capaz de deshacerme de mi apetito sexual, uno que solo hacía más que crecer entre día y día, recordándome las noches que pasé con “ella” tantas veces.

No podía dormir; mi esposa se encontraba roncando y, además de eso, estaba demasiado excitado como para cerrar los ojos. Necesitaba algo de acción; sin embargo, incluso si se lo pedía a mi esposa, lo más probable es que me dijera que tenía demasiado sueño. Ella ni siquiera tenía alguna condición que la hiciera tener tan pocas energías; simplemente era así.

Pensé en masturbarme en el baño o algo, pero desde que pasó “eso” con Cindy, cosas como la masturbación no eran suficientes para liberarme de mi calentura.

Una esposa tan hermosa, tan dulce, quien me ayuda en la casa mientras voy a trabajar, quien cocina para mí con amor, no debería siquiera quejarme de tener a alguien así a mi lado, pero no podía evitarlo; la lujuria se iba acumulando en mí por cada semana en la que no hacíamos nada más que unos cuantos besos cortos que ella me daba ocasionalmente y que procuraba no forzar porque a ella no le gustaba, alegando que muchos besos quitan lo especial de los mismos.

Siempre fue así con mi amada; en un principio ni le daba importancia porque estaba enamorado de ella, pero los últimos meses se sentía diferente, se sentía como si mi cuerpo se cansara de ella.

Bajé al primer piso; iba a ir en busca de un poco de agua fría que relajara mi cabeza. En el camino encontré a Cindy de espaldas en frente de una estantería, aparentemente buscando un libro, uno de sus hobbies más comunes: leer.

— Hmm…Mmmh —gruñía en voz baja como si cantara algo, sin notarme aún.

Verla en esa posición me causó dolor de cabeza.

Lo recordaba perfectamente, lo que ella y yo hicimos hace tantos años y que yo juré no volver a hacerlo.

Había terminado con mi expareja en ese tiempo; tenía 17 años y estaba destrozado. Mi ex no era una persona realmente importante, solo que era tan inmaduro que pensaba que ella lo era todo para mí, aunque haya sido solo un amor pasajero.

Me sentía deprimido y Cindy estuvo para mí, pero yo, como un adolescente que no podía pensar con la cabeza me aproveche de eso, viendo en ella algo más que un pokémon la tomé esa noche, ella no se resistió y me acepto con cariño, abrazándome mientras revolvía su caliente interior, no pude sentirme más que culpable cuando me di cuenta de lo que hice, me había aprovechado de mi pokémon, usándola como algo con que desahogarme, sin embargo, cuando me arrodille entre lágrimas disculpándome a quien me había acompañado casi toda mi vida, ella se arrodillo conmigo y me beso torpemente, era su primer beso, al terminar me miro con una sonrisa, y aunque dijo nada más que el nombre de su especie entrecortadamente pude entender que no solo me perdonaba.

Era una invitación para hacerlo otra vez.

No pude resistirme; mientras aún vivía en la casa de mis padres, lo hacíamos siempre que ellos salían por algún viaje o reunión de trabajo. Ellos confiaban tanto en mí como Cindy, por lo que ni siquiera sospechaban que tuviéramos ese tipo de relación, donde nos abrazábamos hasta el amanecer, buscando el placer con nuestros cuerpos.

Se suponía que ella era un pokémon, que no era nada similar a una chica humana; sin embargo, mientras más lo hacíamos, era inevitable que empezara a verla como una mujer, e incluso más femenina que otras mujeres humanas, con una cadera ancha y unos pechos firmes sorprendentemente grandes cuando lo veía con detenimiento. Ella era tan atractiva que, cuando pensaba que me había vuelto un psicópata por desear a mi pokémon, mis preocupaciones salían pitando al ver lo sexy que era, justificándome con sus grandes muslos de color rojo, de un pelaje liso que hacía cómodo el penetrarla y unos pechos cubiertos de color blanco, con pezones rosados que sobresalían solo cuando los buscaba.

Ella era simplemente demasiado, nunca había sentido tanto placer, ni tan siquiera con mi esposa, y era una verdad que me costó asimilar en un principio, Aunque en serio amaba a esa persona con la que me casé, mi cuerpo no podía acostumbrarse, y al parecer ya empezaba a notar los indicios de ello.

En mi cuarto, en el baño, en la cocina, ella y yo lo hacíamos todo el día en todas partes, y el eyacular dentro no era un problema (todo gracias a nuestra incompatibilidad como especie), lo que solo aumentaba el placer que sentía. Ella, como si también le gustara, apretaba su coño cuando terminaba, sin dejarme irme hasta que dejara ir todo.

— “Estoy volviendo a divagar…” —Los recuerdos de nuestras noches donde la abrazaba pasaban por mis ojos como si hubieran sido ayer; había sido incapaz de olvidar todo el placer que sentí en esos tiempos.

Era feliz con mi esposa, pero lo sabía, yo era demasiado codicioso como para simplemente vivir de un amor puro toda mi vida.

Yo estaba perdido; vivir como un ser humano respetable ya estaba fuera de mis posibilidades desde que tomé a mi pokémon como mi amante hace ya muchos años.

Me acerqué a Cindy sin que me escuchara y la abracé por detrás; estaba cálida y su retaguardia era tan cómoda como lo recordaba. Con mis brazos toqué su vientre y rocé mi cara con sus orejas, sintiendo su calor tan reconfortante. Ser quien abrazaba se sentía muy diferente a ser quien lo abrazaban.

— ¿Hmm? —gruñó cariñosamente, respondiendo mis toques con más roces—. ¿Qué hace mi lindo entrenador a estas horas? —habló Cindy, su voz era femenina, hacía mucha diferencia con la dulce voz de mi esposa.

No respondí por un momento y me dediqué a olerla; era como pan caliente. Ese olor característico de ella no parecía cambiar incluso luego de tanto tiempo, me hacía emocionarme.

La culpa y el deseo peleaban internamente en mí, pero era más que obvio que el deseo iba ganando; tal vez era por el hecho de no haber tenido sexo ya varias semanas y que el poco sexo que tuviera hubiera sido tan poco placentero.

— Lo siento —me disculpé sin dejarla ir; ella no se apartaba, más bien, lo disfrutaba, meneando su cintura contra mi entrepierna que estaba tan emocionado como yo.

— Sabes que siempre puedes contar con tu pokémon, yo nunca te diré que no~ —dijo mirándome a los ojos, su sonrisa, su voz, todo era demasiado como para que me resistiera.

Ella se acercó a mi cara y, poniéndose de puntillas, me besó.

Me dolía el corazón, como si la culpa me golpeara diciéndome que parara, pero los besos que me daba Cindy eran demasiado placenteros como para parar, nada comparado a mi esposa, seguramente a causa de las tantas veces que compartimos la cama hace tantos años. Su lengua exploraba mi boca, su tacto cálido me provocaba unas cosquillas por dentro, una sensación sin igual que la fría noche solo hacía sentir mejor.

Estábamos en la sala, la televisión seguía encendida con algún programa sobre biología pokémon que no podía interesarme lo más mínimo; el volumen estaba al mínimo, por lo que no me molesté en apagarlo. En cambio, tomé a Cindy desde su culo, sintiendo su cálida suavidad. Estábamos uno enfrente del otro, intercambiando besos. Cindy se había subido a mí, sujetándose con sus piernas, pues su baja estatura no le permitía besarme correctamente, por lo que aproveché en llevarla sin dejar de toquetear su cadera.

Cuando llegamos al sofá, me senté y acomodé a Cindy tratando de separarla de mis labios, pero ella parecía querer seguir en ello, pues se resistió a dejarme. Eventualmente la falta de aire nos dejó a un lado. Ella tenía la lengua fuera, cubierta con mi saliva y un poco de humo; era extraño ver que su lengua tan pequeña fuera capaz de explorar tan abiertamente mi boca.

Cindy cerró sus labios y me miró; sus ojos de color rojo, grandes y penetrantes fijaban su mirada en mí, con expectativa.

— Te extrañé —dijo Cindy, sin dejar de sonreír ante mí.

Sus palabras se sentían profundas, exentas de culpa; en cambio, parecían denotar cariño y nostalgia.

— …

No respondí; la culpa no me dejaba ser libre con mis sentimientos. Quería decirle lo mismo, que extrañé abrazarla de esa manera, pero no era lo correcto, o eso me hacía pensar a mí mismo. Incluso cuando ya había cruzado una línea que no se suponía que debía cruzar, era reacio a dejarme caer por completo.

Ella no pareció sentirse mal por mi falta de respuesta y, en cambio, usando sus manos, bajó un poco el pantalón que tenía puesto; era uno de pijama, por lo que no tuvo que esforzarse en usar sus pocos dedos para apartarlo.

Mi miembro salió disparado; Cindy lo miró con asombro, como si fuera la primera vez que lo viera, aunque así no fuera. Mi miembro tocó su vientre; era cálido, normal en un tipo fuego. Ella lo acarició con sus manos un momento, enfocándose en la punta. Mi miembro tembló ante su toque; estaba tan reprimido que sentía que podía venirme con solo sus manos. Ella pareció notar eso y dejó de tocarme para posteriormente alzar su cadera, acomodando con su mano mi longitud, dejando a pocos centímetros la distancia entre su coño y mi miembro.

Ella puso una de sus manos en mi mejilla y me dijo.

— Aquí también te extrañó~

Y sin aviso, ella se sentó con fuerza engulléndome; la estimulación era demasiado para mí, su cálido interior, tan suave, y su útero, que me succionaba sin querer dejarme ir, me hicieron correr al instante. El repentino placer me hizo querer apartarme, pero Cindy usó sus piernas para abrazarme con ellas, haciéndome incapaz de escapar. Aceptando el placer, la abracé otra vez, enfocándome en correrme. Cindy gemía levemente diciendo “Cinderace”; era evidente que también sentía placer, pues su coño se negaba a dejarme ir y solo se volvía más apretado y pegajoso mientras seguía eyaculando en su interior.

— Ahí… M-me gusta… Cin~ —me dijo al oído cuando aún seguía abrazándola. Ella temblaba sin signos de parar pronto; mi cintura se sentía mojada por lo que intuí que había estado corriéndose junto a mí todo ese tiempo.

Estuvimos un minuto entero en la misma posición, disfrutando del clímax duradero entre besos y caricias, las cuales dejaron algunas marcas en mi cuello; no me di cuenta al momento de las mismas.

Cindy solía dejármelas por todos lados cuando aún seguía en la universidad.

Cambiamos de posición; otra vez ella había tomado la delantera, sentándose en mi miembro de espaldas, dándome la vista completa a su culo rojizo y su característica cola blanquecina. Yo tomaba su cintura con mis dos manos, ayudándola a subir y bajar; mi miembro besaba su cérvix con emoción de terminar una vez más cada vez que ella lo metía por completo. Intentaba aguantar todo lo posible, pero Cindy, dándose cuenta de esto, tenía otros planes, aumentando cada vez más el ritmo, meneando la cadera a la par de los sentones.

— Vente~, vente~, vente~ —exigía mi compañera repetidamente en voz baja.

Cuando estaba a punto de eyacular, Cindy metió mi miembro por completo, meneando sus caderas de un lado para otro para estimular incluso sin tener que moverse demasiado. Esta última acción fue suficiente para venirme a por montones otra vez, incluso más que la primera vez, pues había estado conteniendo tantos orgasmos cercanos que todo salió disparado de una.

Ella se tapó la boca conteniendo el profundo gemido que dio, incluso sabiendo que mi esposa tenía el sueño pesado; ella no quería tomar riesgos. No quería causarme problemas.

Mordí su cuello mientras seguía eyaculando; ella tembló ante el dolor y se vino lo suficiente como para mojar levemente el piso. El humo que desprendía de su cuerpo por el calor ya era fácilmente visible alrededor, pero estaba lo suficientemente acostumbrado a ello como para que no me afectara en nada.

— Cin.. race~ —gimió mientras apretaba su coño, lo que no me permitía salir.

A duras penas logré despegarme; el semen que ahora estaba dentro de ella chorreaba un poco, manchando el piso entre gota y gota. Ella se tocó para tomar algo de mi semilla y se lo llevó a la boca.

Podría ser algo asqueroso para muchos, pero para mí fue algo excitante, lo suficiente como para no dejar que mi miembro volviera a su tamaño habitual.

Gracias a mi reacción, Cindy se arrodilló a la altura de mi miembro; apenas había terminado de correrme luego de estar tan resentido, por lo que estaba algo aturdido. Mi miembro ardía, en un dolor placentero.

*Chu*

Cindy besó la punta de mi longitud, después besó en el medio y en la base. Luego de besarme repetidamente, se lo llevó a la boca donde jugó con la punta; estaba sensible, por lo que no pude evitar soltar algunos gemidos leves, los cuales solo hacían emocionar más a Cindy quien, al acostumbrarse una vez más al tamaño de mi miembro, lo engulló por completo.

Intenté apartarla porque estaba demasiado sensible, tanto que podría sentir que me desmayaría en cualquier momento. Se sentía totalmente diferente a cuando lo hacía con la persona que amo, casi como si fuera un sueño; el placer me volvía torpe y Cindy no me dejaba volver a mis sentidos luego del anterior orgasmo de hace solo unos pocos segundos. Ella se resistió a mis pobres intentos de que dejara mi miembro y, en cambio, me agarró la cintura con sus brazos, abrazándola para no dejarme ir.

No pude durar mucho y me corrí, soltando lo que sentía que eran litros de semen. Cindy lo tomó todo, sin despegarse ni un segundo desde la base, solo gimiendo ocasionalmente y soltando sonidos que indicaban que se encontraba tragando.

Cuando terminé, me sentía desorientado, sentía las pelotas vacías y mis piernas temblaban por el placer entumecedor.

— Gracias por la comida~ —dijo Cindy, quien tenía mi miembro posado en su cara; lo besaba con delicadeza, aún con algo de semen en la boca que tragaba como podía debido a lo espeso del mismo.

Aún quería seguir, pero mi cuerpo no podía soportar tanto placer en tan poco tiempo.

Me desmayé ahí mismo.

Coger a mi pokémon fue lo más placentero que sentí desde que me casé.

— ¿Amor?

Me desperté con una voz familiar; era mi esposa.

Entré en pánico e instintivamente traté de levantarme, mirando a mi alrededor en busca de señales de lo que pasó ayer. Por fortuna, no había nada extraño, solo mi ropa que estaba sudada.

— ¿Por qué dormiste en el sofá?

Me desconcerté por la pregunta, pero rápidamente tomé aire y me tranquilicé; todo estaba correcto y no había ninguna pista que indicara lo que pasó, incluso el suelo que había estado manchado la noche anterior se encontraba limpio.

— Ah… Fui a tomar agua y el sueño me ganó… —Mentí con una risa fingida al final.

— Mmm, ten más cuidado la próxima, ¿sí? Vas a tener dolor de espalda si duermes en el sofá.

Ella me dio un beso en la frente.

— Ugh, salado —dijo con su lengua fuera en un gesto lindo—, ve a bañarte mientras preparo el desayuno, ¿sí?

Asentí aún aturdido. Efectivamente, no había dormido del todo bien en el sofá; mi cuello me dolía, aún tenía sueño y estaba bañado en sudor.

Me paré para tomar un baño y relajarme de todo lo que había pasado. Mientras daba la vuelta para dirigirme al segundo piso, vi a Cindy sentada en un rincón del suelo leyendo. Cuando se dio cuenta de mi mirada, ella me la devolvió con una sonrisa, sin decir nada, y siguió leyendo.

La culpa era dolorosa, pero el placer de la noche anterior la hacía ver como un dolor necesario.

Fui a tomar un baño largo, tratando de liberar mi mente. Aunque sentía culpa, me daba cuenta de que estaba llevándolo mucho mejor de lo que esperaba. Engañar a la persona que se suponía que yo pertenecía no me hacía sentir tan mal; lo único que me hacía sentir angustiado era el hecho de que me descubriera.

No me estaba gustando la mentalidad que estaba teniendo en ese momento, como si mi esposa no fuera importante para mí. Ocasionalmente intentaba darme razones a mí mismo de haberla engañado, pero no eran más que excusas solo para sentirme menos culpable.

Terminé mi baño y decidí dejar de lado esa cuestión; no era como si pudiera hacer algo, aunque quisiera. No iba a ir con mi esposa y decirle lo que hice, no, no arruinaría más de 5 años de matrimonio así como así.

Era domingo, por lo que no tenía que ir a trabajar, tampoco al día siguiente gracias a ser un feriado. Tenía dos días libres para descansar, aunque no era como si lo necesitara; mi trabajo era muy poco exigente, a tal punto que incluso me gustaría lo contrario. Seguramente me ayudaría a distraerme de todo lo que pasaba un par de horas extras. Ya saben lo que dicen, la gente suele pensar demasiado cuando no tiene nada que hacer.

— …

Disfruté el resto del día con mi esposa. Me había dado cuenta de que tenía algunos chupetones en el cuello, pero por suerte mi amada pensó que eran picaduras de algún bicho (Como si los tipo bicho no fueran gigantes). Y cuando llegó la noche, ni siquiera pensé en tener algún tipo de intimidad con ella; quería estar con Cindy en ese momento, pero sentía que era demasiado descarado hacer algo como eso otra vez. Sí, quería, por la persona que prometí amar por siempre, detener eso y solo dejarlo como algo de una noche.

— Jefe, ¿no me dejará trabajar? —dije casi en súplica.

Al final el estar pensando todo el día en el hogar era muy agobiante. Fui a la empresa a la que trabajo e intenté pedir horas extraslamentablemente, no parecía funcionar.

— Es un feriado por la mañana, lárgate a tu casa, ya trabajas suficiente.

— Por favor, jefe.

— No.

— …

— No.

— Ni siquiera me dejaste pedirlo de nuevo.

— Ve a tu casa, no son tantas vacaciones, es solo un día; mañana podrás volver a hacer tu trabajo aquí, por ahora largo, y ve a pasar tiempo con tu esposa. Deberías agradecer que alguien te cocine; yo tengo que comer en la cafetería.

El jefe me echó de su oficina; no pude hacer nada más que volver a mi casa derrotado. Quería ir a otro lugar y tratar de sacar a Cindy de mi mente. No quería volver a abrazar a mi pokémon de esa manera; sentía que perdía mi humanidad, que me volvía una verdadera mala persona, pues cuando estaba con ella, mi esposa no se volvía más que algo con quien comparar las capacidades sexuales de Cindy.

Verdaderamente algo asqueroso cuando se dice en voz alta.

Llegué a mi casa a los minutos gracias a la estación del tren. Me quedé parado delante de la puerta sin muchas ganas de entrar, pensando si podría hacer alguna otra parada en otro lugar, pero no sabía si era la mejor idea; mi esposa podría sospechar que algo andaba mal. Antes de que pudiera seguir con mi lluvia de ideas, escuché el rechinar de la puerta abriéndose; era Cindy quien aparentemente había notado mi presencia desde dentro. Al verme, me dio una sonrisa y me abrazó con fuerza.

Sentir su suave pelaje y su temperatura tan agradable me había puesto de humor demasiado rápido; la culpa desaparecía y unas ganas de tocarla brotaban de mí. Correspondí al abrazo acariciando sus orejas e cintura y, cuando me decidía a tocar más abajo, una voz me sacó del trance.

— Cariño, te dije que no te dejarían trabajar; tu jefe es muy estricto con cómo deberías pasar tu tiempo.

La repentina calidez de su voz me aturdió; sentía miedo. Si hubiera llegado más tarde, podría haber empezado a sospechar de mí.

Ella al parecer notó mi cara de angustia, pues me miró curiosa, sin la típica sonrisa que siempre me daba.

Aunque sentí terror por ello, intenté ocultarlo y actué con normalidad, sentándome en la sala de mi hogar para distraerme con la televisión. Cindy se había acurrucado junto a mí, atenta a la pantalla; yo apenas podía despegar mis ojos de ella, pero la presencia de mi esposa me hacía entrar en razón. Ya que nos acompañaba sentada en otro sofá.

Ella era reacia a tirarse al sofá como si fuera una cama, cosa que a mí y Cindy nos encantaba.

— Hoy voy a salir en la noche.

¿Qué?, ¿tan de repente?

— ¿Saldrás? ¿A dónde?

Incluso Cindy se sorprendió por lo que dijo. Ella no salía casi nunca, pocas veces invitaba a alguna amiga a la casa para cocinar algo y ver algunas películas de romance hechas en Paldea, pero eso era todo.

Por alguna razón me sentía aliviado, un sentimiento que solo me hacía sentir culpable, pues sabía el porqué.

— Con una amiga… —dijo alegre, haciendo una seña con su mano.

Normalmente pensaría un poco más antes de responder, tratando de saber los detalles, pero no tenía las ganas para eso; en el fondo realmente quería que se fuera, quería estar a solas con Cindy.

— ¡Genial! Solo ten cuidado si salen de noche, y llámame cualquier cosa; también recuerda mandarme tu ubicación por celular, como yo siempre hago cuando voy al trabajo.

— Sip, lo haré, te mandaré fotos cuando esté con ella también.

Le di una sonrisa mientras acariciaba las orejas de Cindy; estaba emocionado.

Ah, otra vez.

Realmente sentía que algo rompía al antiguo yo.

El día pasó con rapidez, sin nada que hacer más que ver televisión y comer frituras. La noche ya había caído; mi esposa se fue como dijo, me besó y me dijo un último “te amo” antes de irse.

Eso había hecho que volviera en mí.

¿Qué me estaba pasando? El amor que sentía por ella, que tanto tiempo había presumido ante el mundo, parecía romperse ante mis ojos por una sola noche donde reviví pasiones pasadas con mi pokémon. Para cualquier persona sería nada más que repugnante y, sin embargo, para mí era emocionante; hacía que sudara y temblara levemente, con miedo y excitación.

Me encontraba de camino a mi cuarto; pensaba encerrarme en mi habitación mirando algo en mi celular, esperando dormir hasta que mi amada volviera. Sin embargo, me fui interrumpido por Cindy que me abrazó por detrás.

— Cindy… —Me dirigí a ella.

Ella había empezado a tocar mi entrepierna con sus manos; se sentía extrañamente bien, no al punto de correrme, pero sí lo suficiente como para ponerme de humor rápidamente.

Pero, si lo hacía una vez más, tenía miedo de perderme en algún lugar que no debía.

— ¿Crees que no te vi?, mirando mi trasero incluso con tu amada aún en la casa; eres un pervertido, en-tre-na-dor~ —habló Cindy sin dejarme ir.

— Yo…

¿Había sido tan evidente?

— ¿No me quieres abrazar una vez más? Incluso si está mal, no tiene por qué saberlo nadie. Yo siempre estaré a tu lado; después de todo, soy tu pokémon, incluso si solo me usas para calmar lo que tu esposa no puede~

“A la mierda”, me dije a mí mismo y tomé a Cindy hacia mi habitación, la habitación que compartía con mi esposa, donde los dos dormíamos. Ella gimió diciendo “Cinderace” como ya era costumbre, cuando la tomé de sus muñecas y la tiré a la cama.

Ella me ayudó a desvestirme encima del mueble; ella estaba boca arriba, con sus piernas abiertas dejando ver su coño, de un color rojizo con labios del mismo color correspondientes al de sus muslos.

Por un momento capté el olor de mi esposa en las sábanas y el dolor en el pecho se hizo presente; yo cerré los ojos un momento.

¿Qué estoy pensando?

Haciendo esto como si fuera algo normal.

Tirando a la basura todo el amor que tenía hacia ella, hacia la persona que amo.

Tenía muchas dudas, miedo también, miedo de caer tan bajo que no podría volver a subir, pero el hecho de que podría volver a sentir el placer que ella me daba me hacía no querer parar de bajar.

Cindy notó mi cese de movimiento y con su pata derecha tocó mi mejilla; a ese punto ya era algo propio de ella.

— ¿Por qué dudas tanto? Soy solo tu pokémon, deja ir esas dudas sin sentido; ya lo hiciste una vez, hacerlo dos o tres no cambiará nada.

— Pero… —Intenté hablar, tratando de darme alguna razón para retractarme de lo que iba a hacer.

Antes de que pudiera continuar, ella me tapó la boca.

— Shhh… Un pokémon siempre debe estar con su entrenador, en las buenas y las malas, así que déjame hacerte sentir bien por hoy, ¿sí?, si tanto te disgusta, entonces que sea la última vez.

La palabra “última vez” me hizo temblar.

¿Sentía miedo de que en verdad fuera la última vez?

Ella me abrazó con sus piernas alrededor de mi cintura; mi miembro se encontraba encima de su coño, rozándolo levemente.

— Ven, toma mi mano y abrázame; no te juzgaré por más que tú mismo lo hagas. Hemos estado juntos desde siempre, y seguirá así. Por más que me lastimes, yo te abrazaré con tanto amor como siempre lo he hecho.

La miré por un momento; mi cerebro se sentía gracioso, como si un golpe de felicidad me invadiera, una felicidad que no sabía la razón, tal vez sus palabras me habían tocado mucho más de lo que podía darme cuenta y no a mi corazón, sino a mi cuerpo.

La imagen delante de mí era de ensueño: Cindy alzando sus brazos, esperando un abrazo, con ojos grandes llenos de expectativa y emoción, susurrando palabras cariñosas a las que ya no prestaba atención.

Me apresuré en entrar dentro de ella; su coño me saludó con espasmos inesperados. Cindy gimió el nombre de su especie, aparentemente corriéndose por solo la inserción.

Aun corriéndose no me dejó ir y en cambio puso más fuerza en el agarre de sus piernas; estaba mucho más intensa que el día anterior, moviendo sus caderas junto conmigo, buscando que besara su cérvix repetidamente como tanto le gustaba. Parecía que ya se había venido varias veces; con una cara feliz, cerraba sus ojos y se reía entre gemidos, parecía una extraña combinación entre lujuria y felicidad.

En cuanto a mí, intentaba embestirla con todo lo que tenía; su interior era escurridizo, permitiéndome entrar y salir con facilidad, normal, después de todo mantenía la forma de mi miembro por todas las veces que lo habíamos hecho anteriormente.

Cuando estaba a punto de venirme, ella no dejó que siguiera embistiendo y, en cambio, me abrazó con sus piernas con todas sus fuerzas, agarrando con desesperación mis manos que yacían unidas a las de ella.

Ella soltó un gemido largo y yo gruñí mientras eyaculaba en su interior; su cérvix parecía envolverse en mi glande, lo que solo hacía ampliar el orgasmo tan largo que teníamos en conjunto.

Cuando volví en mis sentidos me sentía débil; Cindy no me dejaba y me di cuenta de que algo de saliva salía de mi boca. Me había quedado con una cara de tonto mientras me venía, era algo que no me había pasado con anterioridad.

Cindy me veía directamente a los ojos, ponía presión en su vagina por momentos, recuperándose del orgasmo. Ella volvió a darme una sonrisa y dijo.

— Guardaste mucho para mí~ —dijo en tono dulce entre suspiros.

No podía evitarlo, necesitaba cogerla, no quería despegarme de su interior que siempre guardaba una calidez que nadie era capaz de comparar.

El placer hizo que me olvidara de todo lo demás y continué hasta que no pude más. Cuando eso pasó, Cindy se encargó de limpiarme y abrazarme hasta que me quedé dormido.

Por alguna razón, cuando estaba con ella, me daba sueño, mientras que con mi esposa siempre tenía energías.

Era extraño.

— ¡Sorpresa!

Mi esposa me había cocinado un pastel de bayas dulces, mi favorito.

Había venido en la tarde; ni siquiera me había dado cuenta de que se había ido por tanto tiempo, pues cuando desperté limpié lo más rápido que pude las sábanas y dejé que el olor a conejo asado se fuera por las ventanas.

Por suerte no parecía sospechar nada; en cambio, estaba feliz de traerme postres que había hecho junto a su amiga el día anterior.

— Te vi un estresado estos días, así que decidí hacerte una pequeña sorpresa… —dijo con una risita genuina al final—, traje varios postres y alguna que otra sorpresa.

— … Amor —le dije con una sonrisa.

Empecé a llorar.

— No… ¿No te gusta? —ella se preocupó e intentó secarme las lágrimas.

Cindy veía desde lejos sin alguna expresión en particular.

Me sentía terrible; mientras que ella preparaba un regalo para mí, yo me revolcaba con mi pokémon en nuestra cama.

— No es eso, me gusta mucho… —Intenté calmar la situación con unas risitas forzadas y un abrazo para mi esposa; ella entendió y, pensando que solo me sentía conmovido, no exploró más las razones de mis lágrimas.

Todos comimos juntos los postres que mi esposa trajo, incluida Cindy quien estuvo muy pegada a mi esposa, seguramente por notarme mucho más tocado por lo que habíamos hecho. Ella era tan dulce; entendiendo mi estado de ánimo, no me presionó.

En serio, era una gran compañera.

Me había decidido a no volver a hacer eso, no volvería a tener sexo con mi pokémon, no era lo correcto, era aborrecible, lo había entendido o eso quería creer.

De todas maneras, me lo prometí ese día, no podía desechar tantos años de amor solo porque querría deshacerme de mi lujuria, ni siquiera tenía días de celo como algunos pokémon lo tenían, no había excusas para mí.

Sí.

Era la última vez.

La última vez.

¿Verdad?

La noche cayó otra vez; los días pasaban muy lentos últimamente y no podía recordar cosas importantes que pasaran, además del hecho de que tuve que pedirle a mi jefe que me diera el día libre esa mañana.

Estaba cambiándome cuando mi esposa salió del baño aparentemente desnuda; me di cuenta al poco tiempo de que tenía una lencería poco propia de ella; me tomó por sorpresa.

— ¿Cariño? —pregunté.

— Mi amiga dijo que podrías estar algo estresado por no haberlo hecho en mucho tiempo. Hoy dormí por la tarde unas horas, por lo que no tengo mucho sueño; podríamos, hoy… —dijo jugando con sus dedos, nerviosa.

Entendía a qué se refería.

Hice caso a su proposición, pero me sentía incómodo. Mientras estaba encima de ella y me preparaba a entrar, las memorias de lo que hice con Cindy en esa misma cama el día anterior se sobreponían en mi visión; a veces incluso podía ver por momentos a Cindy en vez de a mi esposa, una de las razones por las que mi miembro se encontraba tan duro.

Mi esposa lo miraba con asombro; aunque ya lo hicimos muchas veces, ella no solía verlo tan grande, sobre todo porque nunca llegaba a excitarme lo suficiente, pero ahora que Cindy no dejaba de aparecer en mi cabeza, eso ya no era un problema.

— Cierto, los condones… —dije mirando a mi alrededor.

— ¿Podríamos no usarlos? —preguntó sin verme directamente, con un sonrojo evidente.

— Pero…

— Solo por hoy, incluso si pasa algo, sé que los dos podemos tomar la responsabilidad…

Siempre había querido un hijo; ella lo sabía y correspondía a mi deseo. Aunque hasta el momento no lo habíamos decidido seriamente; en otras ocasiones eso que había dicho me habría hecho feliz, pero en ese momento no sentía más que culpa.

Intenté tragarme la culpa para no preocupar a mi esposa. Con una sonrisa y un beso largo entré en ella; era estrecho y no podía meterlo por completo, aunque su estatura fuera superior a la de Cindy su interior era notablemente más pequeño que el de ella.

Mientras intentaba entrar un poco más, ella me sujetó con sus brazos, envolviéndome en un abrazo.

— Te amo tanto —me susurró al oído.

Me sentí cálido, pero era una calidez diferente a la que Cindy me hacía sentir, una que calmaba mi corazón únicamente.

Continué moviéndome lentamente; ella mantenía sus piernas abiertas sin abrazarme con ellas, no como Cindy solía hacerlo. No se movía y, en cambio, me abrazaba y daba pequeños besos por toda mi cara; era lindo, pero no se sentía del todo bien, no sentía el suficiente placer como para llegar al orgasmo; en cambio, intenté que ella llegara a uno, logrando fácilmente al separarme de su abrazo y toquetear su clítoris aún dentro de ella.

Ella sufrió algunos espasmos en su cuerpo y siguió susurrando frases bonitas. Cuando su orgasmo paró, alzó sus brazos en una posición conocida.

Era la misma posición que Cindy había tomado la noche anterior; sentí náuseas, sobre todo porque no pude evitar excitarme más de lo que ya estaba. Cerré mis ojos y la abracé, hundiendo mi cara en su cuello para no verla directamente. Cada vez que la embestía, volvían las memorias de lo que había hecho la noche anterior, llenándome de culpa y llevándome cada vez más cerca al orgasmo.

Aunque intente contenerme, no pude y finalmente me corrí dentro de mi esposa. Ella reaccionó al instante y agarró mi espalda con fuerza mientras gemía casi a gritos que me amaba; sus uñas dejaron rasguños en mi espalda.

Correrme mientras pensaba en Cindy se sentía bien, demasiado bien. “Quería volver a tener sexo con ella”, era lo que pensaba mientras aún estaba dentro de la persona que amaba.

Ella ya estaba muy cansada y se durmió ahí mismo; yo seguía con una erección, pero no había nada que hacerle, así que solo intenté dormir como podía.

— ¿T-te vas? —dije con sorpresa ante las palabras de mi esposa.

Me había dicho que iba a ir a visitar a su madre debido a que su hermana iba de paso también y quería aprovechar para que toda la familia se reuniera. Se iría una semana entera, empezando ese mismo domingo por la tarde; ya había comprado su boleto, era un viaje hasta Kanto.

— Tengo que visitar a mi madre, mi hermana está con ella y está embarazada, hay mucho que conversar —dijo ya con sus maletas.

Ya me lo había dicho de antemano, pero la idea de que se fuera me ponía nervioso.

Me había prometido no volver a ponerle una mano encima a Cindy, pero era imposible para mí no pensar que algo podría pasar si ella se iba tanto tiempo.

Sinceramente, no quería que se fuera.

“No te vayas”, “Por favor”, “Si te vas… yo” eran algunas palabras que querían salir de mi boca, para detenerla de que se fuera, para que así no vuelva a caer en el mismo tabú.

— …

Cerré la puerta de mi hogar, la traté como siempre, con una sonrisa y un beso de despedida, los cuales fueron correspondidos con el amor que siempre me da.

Cindy estaba mirándome curiosa, sin dejar ir esa sonrisa suya; luego se fue a leer en un rincón, su hobby.

Pensé que ella haría algo más, pero no fue así; solo tenía que aguantar una semana hasta el próximo lunes. Entonces mi esposa volvería y ni siquiera tendría oportunidad de intentar hacer algo con Cindy.

O eso esperaba; su sueño era pesado, después de todo.

Ah, ¿qué estoy diciendo?

— …

Me quedé pensativo; Cindy no hacía ningún movimiento en mí ni me hablaba como humano, en cambio usaba su habla, repitiendo “Cinderace” de vez en cuando para indicarme algunas cosas simples, como que le pasara un plato de comida o le trajera un vaso de agua.

Los siguientes días fueron más de lo mismo, solo que ahora ella me recibía en mi hogar al llegar del trabajo e incluso cocinaba, talento que no sabía que tenía. Era particularmente buena en las comidas picantes que eran superiores a los que mi esposa preparaba; también me abrazaba regularmente, en la mañana al despertar, en la tarde al llegar del trabajo y antes de dormir.

No me acompañaba en la misma cama y en cambio parecía esperar que lo pidiera, pero yo no lo hacía y decidía dormir solo; ella se iba sonriente, pues siempre me dejaba excitado, meneando su cadera cuando estaba a espaldas de mí y presionando sus pechos en mi abdomen cuando me abrazaba.

O tal vez en realidad ni siquiera lo hacía, pero mi mente me hacía creer lo contrario.

Era difícil aguantar; me daban ganas de abrazarla por detrás y volverla a tomar entre mis brazos, quería volver a sentir su interior y saborear la calidez de su boca, pero siempre que pensaba eso, mi esposa volvía a mi mente, con palabras dulces que no me decían más que ella estaba enamorada de mí y que, justo como la pareja de esposos que éramos, deberíamos ser leales el uno al otro.

Pero, detenerme en ese punto no era más que una tontería.

Siempre había estado al fondo del abismo y solo unos 4 días después de que mi esposa se fuera, busqué a Cindy en la noche, en el pequeño cuarto del primer piso que ella había bautizado como su habitación desde que compré la casa.

Entré y la vi tirada ahí; tenía una cama amplia que había comprado para que se sintiera cómoda, pues su comportamiento tan humano también se expandía a sus gustos en donde dormir, siendo reacia a dormir en el sofá o en su pokebola, la cual seguía guardada en el ático guardando polvo.

Tenía mi pijama puesta, mi plan era dormir, pero tenía tantas ganas de sentir a Cindy que no podía hacerlo y en la madrugada de un jueves ahí me encontraba, encima de mi pokémon, preguntándome en qué momento llegué a convertirme en eso.

Si en el pasado fui un fracasado como entrenador, ahora lo era como esposo.

En algún momento Cindy se despertó y, haciendo a un lado sus sábanas de pelotas de fútbol, otra vez tocó mi mejilla, mirándome feliz.

— Ummh, ¿entrenador? ¿Qué haces aquí? —preguntó moviendo uno de sus dedos para sentir mi rostro.

Puse mi mano encima de la suya; su calor era reconfortante y hacía olvidarme momentáneamente de todo el estrés que mis propias acciones me provocaban.

— Lo siento —me disculpé—, soy un tan mal entrenador.

Ella soltó unas risitas ante lo que dije, intuyendo a lo que venía.

— ¿No te lo he dicho? Soy tu pokémon, y estaré contigo como siempre ha sido… —Ella abrió sus piernas y, haciendo a un lado mi pantalón, sacó mi miembro ya erecto; poco a poco lo insertó, abrazándome nuevamente con sus piernas y asegurándose de que todo entrara.

Gruñí por el placer; ya estaba empezando a olvidarme de todo y dejándome llevar.

— Déjame hacerte sentir muy bien, tu inicial va a mimarte mucho, no como alguien más…

Entendí a quién se refería, pero me sentía tan bien que no me molesté en regañarla; en cambio, me dejé llevar.

Iba a ser una noche larga; no iba a ir al trabajo mañana. Usaría un día de mis vacaciones pagadas.

La habitación que carecía de ventanas se llenó de un olor salado; era nuestro sudor que, combinado con el calor corporal de Cindy lo hacía expandirse parcialmente en forma de humo. Ella no me había dejado despegarme de ella ni una sola vez y, cuando llegué al orgasmo tantas veces y aún no bajaba mi erección, ella me ayudaba moviéndose por ella misma mientras aún recuperaba mi cuerpo del placer.

En algún punto ella tomó la delantera, dejándome boca debajo de ella. Cindy saltaba, así como un conejo, haciendo uso de la fuerza en sus muslos. El sonido viscoso de la entrada y salida de mi miembro en su coño estaba presente ya desde hace varios minutos, culpa de todas las veces que ya había terminado dentro de ella; parte de mi semen salía a gotas de su interior, pero las embestidas que Cindy forzaba no dejaban que mucho del mismo saliera fácilmente.

Había eyaculado más de 6 veces hasta entonces y Cindy se negaba a dejarme ir; no podía sentir mi cadera porque ella se había pasado con la fuerza en la que daba sus sentones, algunas desventajas de ser naturalmente más fuerte que un humano. Mi miembro ardía y no solo por el calor; era doloroso y al mismo tiempo placentero.

Apenas pudiendo mantenerme despierto, Cindy volvió a hablarme, dejando de gemir como hacía unos pocos momentos.

— Escúchame —me ordenó agarrando mis orejas con sus patas, dándose cuenta de que estaba aturdido por haberme corrido tanto; yo hice caso.

— Cindy… no puedo más —dije en voz baja. Ella no se detuvo y, en cambio, empezó a saltar con más rapidez, yendo desde la punta hasta la base, besando repetidamente su cérvix que abrazaba mi glande sin intenciones de dejarlo ir, como si quisiera que la impregnara.

— Hehe… —soltó una risita fingida y continuó, sin despistar sus movimientos—. Te amo.

Y me besó, sin dejarme decir nada; yo no entendía del todo lo que acababa de decir, incluso aunque hubiéramos tenido noches así, tantas veces jamás había dicho eso, ni una sola vez.

— Te amo, te amo, te amo, te amo —repitió en los pocos momentos que tomaba aire mientras me besaba—; yo debía haberme casado contigo, yo debí ser quien te hiciera feliz.

Ella…

— Ella solo es una chica linda —intenté decir algo, pero ella me calló a punta de besos que solo dejaban aturdida más tiempo mi boca—. Yo siempre estuve para ti, desde que éramos tan solo unos pequeños; te protegía de los demás, de que te hicieras daño con cualquier cosa.

Cindy sintió como mi miembro temblaba y dejó de embestir; en cambio, engulló toda mi longitud y empezó a menear su culo de un lado para otro, permitiendo que besara su cérvix por todas partes.

— Soy tu pokémon, te pertenezco, estuve contigo cuando lloraste de tristeza y felicidad; aun así, la elegiste a ella, una forastera que solo te pareció linda.

— Aun cuando yo te conocía mejor, aun cuando yo te amaba mucho más, incluso cuando me dolía tanto lo que tú hacías, yo aún te amaba, te amaba muchísimo más de lo que cualquiera podría.

— Quise decírtelo hace tanto tiempo, incluso aprendí a hablar como tú solo para eso.

— Pero ya era tan tarde… Está bien.

— Ella pudo haberte robado el corazón, pero tú siempre volverás de rodillas ante mí; tu cuerpo recuerda a quién le perteneces, y aunque ella deje sus marcas en ti, solo tengo que dejar las mías encima.

Dejando ir mi boca, besó mi cuello con fuerza, usando sus manos para rascar como podía mi espalda.

— Puedes dejarlo salir todo, lo tomaré, cada pizca de lo que tu querida esposa no puede, pues tú eres…

“Mi querido entrenador”.

Terminé una vez más; aunque ya había llegado al orgasmo 6 veces, sentí que me había venido más que todas las anteriores. Cindy lo notó y siguió meneando sus caderas para que mi orgasmo durara unos pocos segundos más, lo que fue suficiente para que perdiera la conciencia.

No tuve tiempo para pensar en lo que había dicho.

Solo sabía que yo era un mal hombre.

No tenía salvación, así que… Me dejaré caer en el camino de la depravación.

Lo siento, amor, incluso cuando alguien más me hace sentir más placer que tú, sigo amándote. No te quiero dejar ir, aunque todo en mí me dijera que lo haga, pues yo no te merezco.

Yo aún quiero que seas parte de mi vida, pero al mismo tiempo…yo…





Mi entrenador y yo pasamos unas noches agradables; esperé mucho tiempo para volver a tener sexo con él.

Tenía pensado que nunca más sería capaz de experimentarlo luego de que se casara con esa mujer; por suerte mi paciencia rindió frutos y fue cuestión de tiempo para que volviera a mí. En el fondo tenía miedo de estar equivocada, pero por fortuna no fue así.

Mi cuerpo estaba hecho para él; me había dado forma con todo lo que habíamos hecho hace ya muchos años y eso no lo excluía a él, que no podía satisfacerse con el debilucho cuerpo de su amada. Pude notarlo a los pocos años: en un principio su vida sexual era saludable, pero la pobre participación de esa chica no hacía más que aburrirlo, algo muy diferente a como yo lo hacía con él, tomando la delantera siempre que pudiera, para hacerlo sentir como él lo merecía.

Estaba feliz, incluso cuando delante de mí podía ver a mi entrenador junto a “ella”; estaban abrazados, hablando de algo que entendía a la perfección. Parece que, aunque su cuerpo fuera tan débil, aún era una mujer saludable; ahora esperaba un hijo de mi entrenador.

Mentiría si dijera que no me dolía; quería tanto estar en su lugar, tener el corazón de mi entrenador y hacerlo verdaderamente feliz. Pero no había nada que pudiera hacer, no era más que un pokémon que era demasiada unida a su entrenador.

Pero está bien, los miré desde lejos; la chica lloraba de felicidad y mi entrenador se encontraba sorprendido, feliz, eso sí, era lindo verlos así, tenía que agradecer a esa chica de todos modos, yo nunca podría darle un niño.

Sí, así es mejor. Tal vez ella tenga tu corazón, pero tu cuerpo me pertenece y solo yo podré hacerte sentir bien, solo yo. Y aunque sigues amando a tu esposa, eventualmente volverás de rodillas hacia mí, y yo estaré ahí para hacerte sentir como lo mereces.

No te lastimaré como tanto tú hiciste conmigo, porque soy tuya y te protegeré, aunque tengas que ocultar el hecho de que engañas a tu tan amada chica conmigo; guardaré el secreto y compartiré la culpa junto a ti, porque yo verdaderamente te amo y nunca dejaré de amarte.

Y así, mirándolo con una sonrisa, esperé expectante las noches donde necesitara de mi calor, pues yo estaría siempre para él.

Siempre para él.

———

Extras.


Daré unos pocos datos de los personajes.


Cindy decía “Te amo” cuando solo era capaz de hablar diciendo “Cinderace”, cuando aprendió a hablar como una persona quería volverlo a decirlo pero las repentinas salidas de su entrenador con una nueva chica hizo que se retractara.


Cindy y su entrenador habían intentado hacer combates pokémon pero no les llego a gustar.


La esposa del protagonista no tiene nada malo solo es quisquillosa al recibir mucho afecto físico y emocional, le incomoda, y eso es, no es nada genético ni por el estilo, es su personalidad.


Eso sería todo, gracias por leer y ya que estamos les daré mi usuario de discord por si quieren entrar a mi grupo, no es lo más vivo pero si buscas una pequeña comunidad donde solo hablan cuando aparezco ese es el lugar.

Nombre de Disc: deniseraoneform


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