30 de septiembre
Creo que es treinta de septiembre...
mi cielo, sigues nublado.
Los colores de mi libreta
continúan apagados.
La gente sigue caminando,
pegada a sus aparatos.
Ahí es cuando llega el recuerdo:
“Es año dos mil veinticuatro”.
Mal sentado en una triste
banca de concreto gris,
preguntándome de nuevo:
“¿Cuándo toca ser feliz?“.
Pegado, mirando al suelo,
pienso ¿cuántas baldosas
debo contar finalmente
para no pensar más cosas?
El color de las vestimentas
opaca mi estado de ánimo.
No sigo el ritmo de la vida,
mucho menos el del tránsito.
Estoy viendo tantas escaleras
que no llevan a ningún lado;
sólo llevan a una reja azul
que informa que está cerrado.
Aproximadamente
son las diez de la mañana.
No quiero estar en la cama,
ni quiero estar en mi mente.
Mas no existe un sol naciente
que entibie dentro mío,
solamente un hastío
y un clima deprimente.
Pasaron las fiestas patrias,
nada queda dentro mío.
Solamente un clima frío
me hace sentir una rata.