Capítulo 1
El sonido tenue de las cuerdas de un violín, tan lejano como nuestra vista hacia las estrellas, me llevó a abrir los ojos. ¿Dónde estaba? No lo sabía y aquello me abrumaba; un oscuro y sombrío lugar me acechaba hasta las entrañas, calándome los huesos, impidiendo mi movimiento e incluso mi respiración. Me estaba asfixiando, me estaba muriendo.
No podía reconocer absolutamente nada, ni siquiera podía sentir. ¿Estaba acaso en el noveno círculo del infierno? ¿A dónde estamos obligados a existir por toda la eternidad solamente con nuestra mente? Porque, de ser así, estaba muy jodido.
Sería una anécdota terrible, no vivir sino existir, porque si pensás entonces existís como consecuencia. Aún si al pensar lo único que deseas es morir y no volver a repetir aquel ciclo de la vida que es tan aburrido como aquellos comerciales de shampoo, naces, creces, te reproduces y mueres. He ahí donde te preguntas ¿para qué mierda viniste a existir? ¿cuál fue tu propósito? ¿hiciste las cosas bien en su lugar?
¿Te arrepentís de algo? Porque yo sí, de demasiadas cosas. Tantas como cabellos en mi cabeza, pero lo irónico es que soy incapaz de recordarlas. Que estúpido ¿no es así?
Y por supuesto que todo lo que estoy replanteando en este momento sería completamente verídico si la jaqueca horrible que tengo en este preciso instante no se llevara mi aliento de manera tan abrupta. Porque me quita el aliento, me asfixia, me mata sin siquiera intentarlo.
Es por esto que odio pensar, y por consecuencia, odio existir.
Además, por aquellos conocimientos que adquirí alguna vez, en ese círculo no somos capaces de sentir absolutamente nada. Sentí alivio al recordarlo, sí, pero mi cerebro era un caos total.
Es un incendio forestal, incapaz de apagarse, llevándose todo a su paso con aquellas llamas que simbolizan para mí los pensamientos repentinos, y yo, solo soy un espectador, incapaz de hacer algo para frenarlo. Me limito a observar, como si fuera algún personaje secundario en alguna novela, sin trama y sin el suficiente poder o valentía corriendo en su sangre como para evitar que algo pase o deje de hacerlo.
Aquella causalidad me mata, de nuevo.
Una luz ardiente, reflejo de una llama incesante -parecida a la metáfora de mis desastrosos pensamientos-, captó mi atención por completo. Su lugar entre la nada provocó una curiosidad enorme, que solo puede describirse como el sentimiento que los infantes experimentan hacia algo nuevo. Un nuevo juguete, un nuevo color, una nueva canción. Una nueva persona.
Sí, me sentí como un niño y no me avergüenzo de ello; fue por ese sentimiento que fui atraído hacia ella sin darme cuenta de que la nada había sido reemplazada por un blanco puro. Como si en lugar de existir empezara a vivir.
Ese cambio me descolocó completamente. Sabía que las drogas alucinógenas eran terribles, entonces, ¿había consumido sustancias alucinógenas antes de venir a este lugar? Porque, si no, no se explicaba nada de lo que estaba pasando; era lo suficientemente real para ser un sueño y lo suficientemente fantasioso para ser real.
Es entonces donde me pregunto, como fue que, de un negro total, apareciera una enorme llama que abrazaba mi vista y toda mi alma sin tregua y, al seguirlo, éste cambiara el panorama a un blanco lleno de pureza y paz ¿qué clase de droga consumí? ¿fue LSD? Obviamente era algo completamente normal y que le sucede a todo el mundo. ¿Verdad?
¿Dios, acaso eres tú?
Sin previo aviso, una enorme puerta con gruesas raíces verdes decorándola apareció a unos metros de donde me encontraba, y me sorprendí completamente, juraría que se me caía la baba de tan grande que abrí la boca. Lo juro.
Era una linda vista, sin lugar a dudas. Empecé a fijar mi rumbo hacia ella, me sentía atraído y eso no podía negarlo, además de que era lo más sensato; no sabía dónde podría estar, pero tal vez al otro lado de esa puerta podría tener al menos una respuesta a las tantas interrogantes que me surgían sin tregua ni aviso. He mencionado que mi cabeza está hecha un lío ¿no es así?
Aun así, la maldita puerta parecía alejarse con cada paso que daba intentando acercarme. Jodida puerta.
Mis piernas se movieron solas, empecé a correr cuando menos me di cuenta y sentía como si mi cerebro hubiera sufrido un cortocircuito, como si mis neuronas dejaran de hacer sinapsis y como si aquel hombre primitivo que vive en los rincones más profundos de mi ser saliera a flote buscando su única supervivencia. O por lo menos la única clave para saber dónde demonios me encontraba.
Era como si estuviera huyendo de algo o alguien. Los latidos inundaron por completo mi cerebro, y casi podía escuchar mi corazón con cada fibra de mi ser. Mis ojos estaban inundados por miles de lágrimas y no sabía la razón; lo único que sabía era que quería escapar e ir a casa.
Aunque no sabía con certeza si es que poseía una en primer lugar.
Me detuve completamente al sentir un ardor insoportable en mis ojos. Por instinto, los protegí con mi antebrazo izquierdo esperando que todo dejara de doler. Fue ahí cuando todo se nubló.
Luego de unos cuantos minutos, la luz se detuvo y pude entreabrir los ojos, acostumbrándolos al ambiente actual. En ese pequeño lapso de tiempo me di cuenta de que una puerta grandísima vestida de oro y decorada con granitos y dioritas estaba a casi nulos centímetros de mí. Era una vista lindísima.
¡Parecía sacada de un maldito cuento de hadas! Ante esa afirmación solo pude abrir la boca en señal de asombro. Malditos brownies, seguro estuvieron buenísimos.
La observé hasta sentir un leve toque en mi hombro que me obligó a girar y dar un manotazo. ¿Me había asustado? Obviamente. Fue lo peor, encima, ¿quién iba a saber que alguien más estaba en este lugar? Parecía más abandonado por Dios que estudiantes de ingeniería y medicina en parciales.
—Uy, lo siento, señor —le ofrecí la mano luego de casi arrancarle la suya, haciendo que su dorso adquiriera un tono rojizo para nada normal. Realmente lo había arruinado ni bien apareció una persona en este lugar—. Me disculpo por eso. En mi defensa, me asusté a causa suya.
Aquel sujeto, quien no parecía tan viejo (quizá unos años menor que yo), me sonrió de una forma tan amable que me hizo sentir realmente mal por darle un manotazo - y casi arrancarle una mano- hace unos minutos. Vaya suerte que tenía ese tipo.
ㅡSiguiendo con la conversación, ¿Quién eres y por qué siento que te conozco? no, mejor dime donde estamos, siento que me pegue un viaje tremendo y quiero rectificarlo.
El contrario sonrió con diversión, el mayor decía cosas que le lograban sacar una verdadera sonrisa después de todo.
ㅡSe podría decir que es un tipo de limbo, donde las personas que fueron asesinadas de una forma injusta vienen y pueden ser felices, algo que en vida no pudieron ser.ㅡme regalo un chocolate con una hermosa sonrisa, que buen tipo.
Comiendo el chocolate, procesé lo que dijo ¿me morí? o bueno ¿me mataron? ¿por qué mierda me pasaba lo peor? no entiendo.
ㅡNi siquiera quiero saber porque me mataron así que ¿dónde mierda vamos a ir?ㅡel chico sonrió de nuevo y abrió la puerta, dejando ver otro espacio en blanco, pero con la diferencia de que en el centro se encontraba una mesa de cristal con varios objetos encima de ella.
El que parecía menor a él se acercó a esa mesa y señalo los objetos.
ㅡToma uno, será un comunicador neuronal y lo usarás en caso de que quieras saber sobre tu vida terrenal. Usarlo no es obligatorio, pero elegirlo y portarlo siempre si, así que elige el que tu desees.
Solo seguí sus órdenes, parecía divertido así que ¿por qué no?
Encima de la mesa habían demasiados objetos: piedras, collares, anillos, cucharas, camisetas, cartas.. espera ¿ese era un dildo? tantas cosas extrañas como esas y ni siquiera quería saber cómo usarían el dildo para ver sus recuerdos, seria... extraño, pero no imposible.
Solo elegí un oso de peluche, parecía desgastado y le faltaba un ojo, pero me transmitía paz de alguna forma, le ganó al dildo solo por eso, aunque aún me estaba replanteando esa decisión. Mire de vuelta al que yo creo es menor y este solo asintió.
Se acerco a mí y toco mi frente con su dedo índice, recitó algo en un idioma que ni siquiera conocía ¿hablaba latín? ¿o algún otro que tenía como raíz al latín? no lo sabía con exactitud, de repente una enorme somnolencia inundo mi cuerpo y solo pude escuchar un “lo siento” de su parte ¿por qué lo sentía? después de todo estaba ayudándome... o eso creo.
ㅡEspero que encuentres tu lugar de maravillas Park Jiminㅡhablo con voz lastimera mientras observaba como su cuerpo se volvía pequeños pétalos y lo llevaba a su propio lugarㅡEspero y seas felizㅡlo último lo susurro para desaparecer de ahí sin dejar rastro.
Porque todos merecemos un lugar donde seamos felices.