Capítulo 1
Es una noche lluviosa, fría, oscura y tenebrosa en Puerto Totora, el ambiente es lúgubre, neblinoso y de presencia hasta paranormal.
—¿Estás seguro de esto? —exclamó un casi veinteañero Samuel Milco.
Muchacho que no lucía nada especial, sus jeans azules, camiseta con cuello marrón vieja y una casaca impermeable negra empapada por la fuerte lluvia y humedecida por la fuerte niebla del puerto sur de la ciudad lo hacían ver bastante simple, delgado y algo despeinado, con las manos en el bolsillo de la casaca hablaba con tono inseguro a su compañero.
—¡Que sí, carajo! No empieces de nuevo. Tú me llamaste, ¿quieres enojar a Vialpando? —replicó, visiblemente furioso, Jaime. De tez notablemente más clara que Samuel, tenía el cabello rubio muy corto. Llevaba puesta la capucha de una sudadera bajo una casaca de cuero negro que, combinada con sus jeans azul oscuro y sus botas militares, le daba a su delgada figura la apariencia clásica de los moteros de antaño.
Ambos se encontraban escondidos en la oscuridad de unas viejas cajas en el puerto vacío, sin más ruido que el mar y los ruidos citadinos externos a su contexto.
—Ahí está, prepara el rifle —ordenó Jaime en un tono seco y carente de sentimiento, al observar una embarcación mediana de pescador acercarse.
—¿Un... un pescador? ¿Ese es el objetivo de Vialpando? —preguntó Samuel, visiblemente confundido, solo para recibir un leve golpe en la parte trasera de la cabeza por parte de su compañero.
—Obvio no, idiota. Si fuera un simple pescador, Vialpando no lo habría mandado a “dormir con los peces”… ¿Entiendes? Es pescador, dormir con los peces. —decía un risueño Jaime en tono bajo.
—Como sea, acabemos con esto rápido antes de que me eche para atrás —respondió Samuel.
Acto seguido, abrió una mochila de guitarra, donde estaba escondido un rifle con mira infrarroja de largo alcance.
—Mierda, Jam, ¿De dónde sacaste esto? Es demasiado sofisticado
—Vialpando es un pez gordo de PT. Puede conseguir estos juguetitos si se le da la gana, Sam. Deja de llorar y prepárate.
—Joder… —replicó Samuel mientras apoyaba el gran rifle sobre unas cajas y comenzaba a apuntar—. ¿Qué tan necesario es usar algo así de grande? El objetivo no está tan lejos, esto le destrozará el cráneo.
—Deja de preguntar huevadas y apúrate, antes de que se acerquen demasiado y nos vean
—Hay cinco personas en el barco, y con esto solo puedo ver el calor que irradian —indicó Samuel.
—Carajo, ¿no hay alguno que parezca calvo? —inquirió Jaime con impaciencia.
—No seas idiota, Jam —respondió Samuel en tono de reproche, sudando y visiblemente estresado.
—Ya sé, ya sé —replicó Jaime rápidamente—. Busca una fuente de calor en forma de caja y dispara a eso.
—¡¿El motor?!
—Noo —respondió Jaime en tono burlesco—. A tu vieja. ¡Al motor, pues, huevón! Y deja de replicar, no quisiera deshacerme de ti.
—¿Disculpa? —dijo Samuel, volteando a ver a Jaime con seriedad.
—Tú dale —respondió Jaime, mientras lo giraba de vuelta hacia el rifle.
Samuel, en silencio, se giró y se preparó. Estiró y movió los dedos con los que sostenía el gatillo, apuntó al motor que irradiaba calor y disparó.
El disparo fue seguido por una explosión ensordecedora proveniente del barco, cuyo estruendo fue tan intenso que hizo tambalear a ambos. Samuel y Jaime cayeron levemente al suelo por el impacto; Jaime terminó de espaldas, abrazando con fuerza el gran rifle.
—Mierda, eso va a alertar demasiado. Pronto caerá la guardia distrital. Será mejor irnos cagando, Sam, levanta —dijo Jaime mientras ayudaba a Samuel a ponerse de pie.
—Dame eso —exigió Jaime, ya que Samuel seguía fuertemente abrazado al rifle, sin permitir que su compañero lo tomara para devolverlo al maletín de guitarra.
La tormenta se había encrudecido, los más alejados vecinos confundieron la estruendosa explosión con un trueno. La noche seguía igual de lluviosa, oscura y con niebla. Al poco tiempo, se escucharían las sirenas de las fuerzas del orden, que rápidamente entraron al puerto. Jaime y Samuel ya se habían ido para cuando todo eso sucedió.