REFUGIO DE PAPEL

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Sinopsis

El amor...... ¿Qué es el Amor?, ¿Cómo se siente el Amor? Son preguntas que muchas personas nos hacemos, el amor a un familiar, el amor a una mascota, el amor a un amigo, el amor a tu pareja, o el principal, el amor hacia uno mismo. Supongo que todas estas formas de amar son diferentes, pero estoy segura de que todas también son dolorosas. Raro ¿no? El Amor es algo lindo. Es como una rosa, tan bella, pero lastima, hasta el punto de hacerte sangrar. Y yo, yo tengo ese concepto del tan conocido "Amor". Por eso y más, yo prefiero vivir en un "Refugio de Papel".

Genero:
Romance/Humor
Autor/a:
Summer
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1

Los rayos del sol se hacían notar entre las ramas del árbol en el que estaba descansado, el clima es cálido, agradable para estos días de verano. Si bien es una estación hermosa, hay algo que odio de esto, o mejor dicho, que casi todos odiamos, y eso es “sudar”.

Dios, me pregunto, ¿Cómo hay días que llegamos a los casi 40 grados?, ¿Nadie se preocupa por el maldito calentamiento global?, ¿Cómo carajos soportan tanto el calor?.

Si, efectivamente siento que el verano tiene algunos puntos en contra, pero también tiene puntos a favor. Como los atardeceres, el cómo hace que los paisajes se vean mucho mejor de lo que ya son, las bebidas frías, las salidas en compañías o solitarias, el mar, y el amor. Hace que el Amor entre aquellas personas desconocidas sea mejor, o, tal vez, ante mis ojos sea así, y no solo hablo de manera romántica, lo hago en general, ya sea una pareja, familiares, amigos o entre un humano y una mascota. Después de todo, “Nadie sabe lo de nadie”.

Pero está estación hace que el tan conocido “Amor” sea bonito, cálido, agradable, a tal punto de desearlo de una manera increíble, pero junto a ello, llega el temor de presenciar y sentir ese amor.

Abrí los ojos lentamente para mirar a mi costado, para mirar a la persona que se encontraba descansando conmigo. La observé y ella hizo lo mismo, una sonrisa es dedicada para mí y dijo.

—¡Hola Bella Durmiente!, ¿sabes que roncas? — soltó una carcajada.

—¿Qué? —alcé una ceja desconcertada.

—Hemos dormido muchas veces juntas, pero está vez lo he notado mucho más fuerte —ladeó la cabeza.

—Debe ser cansancio, supongo —me levanté sobando mi espalda de lo duro que era dormir en el césped.

Ella solo asintió y volteo revisando unas cosas en la laptop que tenía descansando en sus piernas, varios de sus rizos cayeron hacía su cara, dificultando ver aquello que se reflejaba en la pantalla.

Emma es mi mejor amiga desde que tengo 14 años, actualmente tengo 23 años y aún me pregunto, ¿Cómo es que me ha soportado tanto tiempo?, ¿Algún momento le aburrí?, ¿Ha querido dejar de ser mi mejor amiga?.

Mis pensamientos son uno de mis mayores enemigos, estos a veces traicionan en momentos muy importantes e interesantes para decir verdad, aunque a veces no lo hace, y vuelvo a confiar en ellos.

Mi mano derecha se encaminaba a mi frente dándome un pequeño golpe, ella ni se inmuto porque ya me conocía, y sabía que eso es normal para mi, ella lo llama “Golpe para salir del trance”. Miré la hora en mi reloj y este marcaba las “14: 20", la miré para decirle.

—Me tengo que ir, en 10 minutos empieza mi clase —me levanté.— y ese profesor es realmente jodido, así que mejor prevenir que lamentar —.

—Está bien —otra sonrisa fue dedicada para mi.— ¿Nos vemos más tarde?—.

Ahora una sonrisa fue dedicada para ella, asentí, le di la espalda y comencé a caminar en dirección al aula “402”.

Emma estudia Psicología, ya no le falta nada para terminar, está a un paso de ser completamente profesional. Yo estudio Artes, mundos completamente diferentes para decir verdad, pero aún así tenemos una gran conexión. Una conexión que hasta a mí me sorprende.

El camino es corto hasta el salón, ya me encontraba parada en la puerta de este, agarré la manija y la moví para poder abrir está y visualizar lo que estaba adentro. El profesor aún no estaba sentado en su escritorio con los brazos cruzados y esa mirada juzgadora, como si conociera todos tus pensamientos y pecados, pero si visualicé a Kate. Su mirada chocó con la mía y sonrió, llevaba una bermuda de color blanco y un polo manga corta de color azul, que la hacía ver mucho más blanca de lo que era. Le devolví una sonrisa y mis pasos se dirigieron hacía ella, arreglé algunas cosas y tomé asiento a su lado.

—Hoy el clima es cálido —hablé pero mi mirada estaba en el sol que hacía su gran aparición por la gran ventana—.

—Lo es, y estoy agradecida, ayer me bañé 5 veces, ¿Puedes creerlo? —bufó y yo solté una carcajada.

Kate es igual al sol, brilla mucho en todos los sentidos, es alegre, sociable, cariñosa, inteligente, ríe mucho, expresa mucho y a la vez tiene corazón de pollito. Pero a pesar de que la conozco, ella dice que es completamente lo contrario, que no es social, que no le gusta que la abracen o cosas por el estilo, lo cual para mi es una completa mentira.

La puerta sonó, y aquellos pasos eran irreconocibles, el profesor Connor hacía su perfecta y pulida gran aparición al frente de nosotros, esta vez lucía con un traje azul marino y una pregunta rondó por mi cabeza, ¿No se muere de calor?.

Las siguientes horas de clase, fueron divertidas, si bien dije que el profesor es jodido, si, lo es, pero a la vez enseña de maravilla, ama su profesión, ama lo que hace, y eso me hace amar más lo que hago, profesores como él, valen un mundo, pero, menos su actitud. Unos minutos más tarde dio por finalizada su clase, suspiré, y lo hice tan fuerte que los huesos de mi espalda comenzaron a sonar.

—¡Al fin! —comentó Kate estirándose y agarrando su mochila. — Somos libres.

—Preciosa y bella libertad —respondí sonriendo.

—¿Tienes algo que hacer? —me miró. — O ¿nos vamos juntas?

—Si, hoy voy a esperar a Emma, hoy es el único día que podemos irnos a casa juntas—respondí colocando la mochila en mis hombros.

—Está bien, dale mi saludo —salió del salón mientras movía su mano en forma de despedida.

A los segundos salí del aula y me encamine a verme con ella, hacíamos esto en un día específico, nuestros horarios eran muy disparejos, así que no podíamos irnos juntas muchos días. Pero este día es una oportunidad para hacerlo.

El sol ya estaba escondiéndose de todos para darle paso a la gran y hermosa Luna, caminé un poco más y la pude visualizar, con su ropa azul y sus zapatillas blancas, y su rizos bien definidos. Pero no estaba sola, al frente de ella yacía un hombre más alto que ella y la cuál toda su atención estaba en él. Él cabello marrón de la cuál lo poco del sol que quedan lo hacía ver más claro de lo que es, unos lentes negros que parecía que se iban a caer y una sonrisa totalmente brillante dirigida a mi queridísima amiga, y entonces supe que se trataba de Dylan, Dylan Rossi.

No lo conocía, solo lo conocía por las palabras de ella y que una vez me lo crucé y dijo que él sí me conocía, sus palabras fueron “Claro que te conozco, eres Sofía, mejor amiga de Emma”, reí al recordar eso. Ella volteó, y me visualizó entre toda la gente, y asintió para que pudiera acercarme. No deseaba romper su momento.

—¡Hola Sofía! —él fue el primero en hablar y saludar, con la energía que no se de donde saca.

—Hola —saludé, y levanté mi mano en saludo. — ¿Interrumpo algo? —.

—No, claro que no lo haces —ella habló—.

—Claro que no lo haces, le estaba diciendo, o bueno quería decirles que el sábado hay una fiesta en mi casa —sonrió.—Estaría encantado y feliz de que ustedes estuvieran presentes —.

—Bueno, gracias, si ella va, yo voy —comenté y Emma soltó una risa y los 2 la miramos.

—Si ella va, yo voy —ahora yo solté una risa.

—¡Perfecto!, entonces las veo en la fiesta —su mirada se fue directamente a los ojos de la chica de cabello rizado, buscando alguna aprobación o confirmación.

—Sí, nos vemos el sábado —una sonrisa sin mostrar los dientes fue dirigida al chico de lentes, el cuál se fue prácticamente volando de la felicidad.

—Le gustas —la miré.— Hasta un ciego lo puede ver —.

—No le gusto, él, él es sociable, y yo también —me miró.—Nos llevamos bien, solo es eso.

—Como dicen, “No hay peor ciego que quien no quiere ver”, y tú eres la viva imagen de aquello —alcé una ceja.

No recibí una respuesta ante ello, solo me quedé sola, mientras ella avanzaba y tal vez tiraba algunas lisuras al aire.

Dylan hasta el momento me parece un chico agradable, pero debe tomar más tiempo para confirmar esto. Él tiene un año más que nosotras, estudia medicina y lo que sabemos es que viene de una familia adinerada, después de eso no sabemos, o tal vez, yo no sepa. Pero en fin.

De pronto sentí unas grandes manos alrededor de mi cuerpo, no me asusté, por el olor a su colonia, yo ya sabía quién era. Y si no era él, estaba preparada para golpear a alguien.

—Hola Cariño —me soltó para ponerse frente a mi. —¿Qué haces parada cómo si te hubieran abandonado?—.

Aquellos ojos azules como el cielo por la mañana, me miraron pidiéndome una respuesta. Tenía al frente mío a Logan Laurent, mirándome fijamente y sonriendo, con esa gran sonrisa cuadrada que caracteriza gran parte de él.

—No está lejos de ello —comenté caminando.

—¿Qué le dijiste a Emma? —comentó acomodando su cabello.

—Solo le dije que Dylan tiene sentimientos por ella —.

—Ella es la única que no lo sabe —soltó una risa.

—O tal vez no quiere aceptar —hice una pausa. —Ya sabes, lo que pasó con “aja”—.

De pronto todo se tornó en silencio cuando sabíamos que estábamos cerca de Emma. Digamos que no ha tenido tanta suerte en el Amor, o tal vez, nada, nada de suerte. Pero, en este último intento de relación que tuvo, todo salió mal.

No logro comprender a las personas que entran en tu vida, para tratarte de lo más hermoso y perfecto, pero de pronto, solo te dejan, te evaden y te dejan como si uno fuera la culpable. Al punto de llegar a preguntarte, ¿Hice algo mal?, ¿No soy lo suficientemente bonita?, ¿Debería ser mejor persona?.

Emma llegó a ese punto. El cuál Logan y yo nos preocupamos demasiado, no podíamos aceptar que cuestionara su forma de ser, su físico y sus acciones solo por una persona, una persona que no sabe lo que quiere y prefiere lastimar a otras.

Salí del pequeño trance que tuve, y observé a mis únicos amigos que tenía en este país. Emma y yo nos mudamos a los 19 años de edad a Canadá.

—Dylan nos invitó a su fiesta el sábado, ven que nosotras —comentó Emma con una pequeña sonrisa.

—¿Yo no voy a incomodar? —achicó un poco los ojos.

—Claro que no, tal vez, puedas conocer a alguien ese día —dije y le di una mirada coqueta.

—Malos deseos a otro lado ¿sí? —reímos juntos.

Realmente amaba este día con todo mi corazón, podía escuchar sus risas, sus voces, contarnos cosas, ponernos al día, y comíamos hamburguesas juntos.

Son de las pocas personas que me aman, que no me juzgan, que nunca me dijeron “oye, como que has subido de peso ¿no?“, “estás más cachetona”, “pobre de la persona que esté contigo”. Aquellas palabras con como un puñal en el pecho, que toma años cerrarse y cicatrizarse. Mi corazón comenzaba a sentirse triste, por eso dejé aquellos pensamientos de lado.

Las horas con ellos, se pasaban como si fueran minutos, risas por aquí, por allá, bocados, miradas, abrazos, hasta que todos llegamos a un punto de cansarnos. Trabajar y estudiar es un gran reto, un reto que cumplimos los 3.

El reloj marcaba las 24:40 horas. Por fin llegó el viernes, el día tan ansiado por nosotros, trabajamos desde la primera hora del día, nos juntamos a almorzar y cada uno va a la clase que le toca, y al final del día, cada uno se iba por separado al departamento.

Sentía mis ojos cansados, mi cuerpo no reaccionaba, eso es lo último que recuerdo antes de que mi alarma sonará, indicando que ya debía iniciar el día.

Abrí los ojos lentamente y me encontré a Logan y Emma mirándome fijamente. Conocía esas miradas.

—¡Oh, no, claro que no! —.

—¡Oh, si, claro que sí! —fue Logan el primero en hablar y siguió Emma.

—Sin querer vi tu —señaló mi ropero. —tu ropero, y déjame decirte que, no tienes ni una camiseta para hoy —.

—Tengo varios polos, camisetas, poleras —fruncí el ceño.

—Para el día a día Sofía, no para una fiesta, así que —.

—¡Día de Compras! —los 2 comentaron al unísono.

—Pero yo —.

—1:00 p.m en punto —Logan demandó dejándome con las palabras en la boca.

—Emm —interrumpió.

—1:00 p.m nos vemos. Hasta luego bonita —.

¿En está casa nunca me van a escuchar?. En fin ya no importaba, ya habían puesto hora, y si no iba. Emma es capaz de buscarme hasta el último rincón del mundo, de eso estaba muy segura.

Las horas realmente pasaron demasiado rápido. Entre a trabajar a la cafetería a las 7:00 de la mañana y salía a las 12:00 del mediodía. Mientras ya me encontraba de salida, en el lugar resonó una linda melodía, “Coffee de BTS”.

El día es caluroso y realmente eso me pone de mal humor, sudar me pone de mal humor y eso significa que hasta la gente a mi alrededor me pone de mal humor. Mis pasos iban al punto de encuentro con Emma y Logan, el cual es, un centro comercial.

Lo que más amo del centro comercial, es su grandioso aire acondicionado, un frío agradable choca contra mi cuerpo, lo cual hace que una pequeña sonrisa se asome en mi rostro. A lo lejos logro visualizar a aquellos chicos que me citaron y ellos se fijan también en mi.

—¡Mira quién decidió aparecer! —bromeó Logan, con su típica sonrisa burlona que nunca podía molestarme.

—¡Yey! —respondí con cero ánimos.

—Anímate, hoy por fin se alinearon los astros. Vamos a poder salir los 3 juntos —comentó Emma mirándome fijamente.

—La última vez que salimos juntos, Logan terminó en el hospital con un brazo roto —le recuerdo a los 2.

—Bueno, eso fue, fue —Logan soltó una risita.—Son cosas que pasan. —

—Y en otra salida que tuvimos, los 3 juntos —Tomé aire.—Terminamos en la maldita comisaría por 6 horas . —

—Aún recuerdo eso como si hubiera sido ayer —Logan y Emma compartieron una carcajada mientras se miraban y yo solo seguí caminando.

—Bien, bien —Logan se colocó al frente mío, evitando que siga caminando. —Te prometemos que hoy no, hoy no terminaremos, ni en el hospital, o comisaría, prisión o en el otro lado del mundo. —

—Bien —suspiré y lo miré dedicando una sonrisa. —Vamos a divertirnos y pasarla de maravilla. —

Si bien es cierto, yo me la paso de lo mejor con ellos, las risas, los momentos divertidos y que siempre van a vivir en mi mente y en las fotografías de mi celular son lo mejor que tengo. Pero, en mi vida me voy a olvidar cuando Logan término con el puto brazo roto en plena fiesta, no voy a olvidar como se quejaba del dolor y el momento en que la ambulancia llegó a recogerlo.

Supongo que tirarse de un tobogán de 3 metros de altura con 5 personas, no es tan seguro. Para suerte, solo fue algo pequeño, necesitaría de un yeso, si, pero solo por un mes y después de eso estaría como nuevo. Esa fue una de las tantas cosas que nos han pasado.

La segunda fue cuando terminamos en la comisaría. Pero, no voy a mentir que eso fue obra de los 3, hasta el día de hoy no me arrepiento de nada. Emma tuvo la idea de hacer un grandioso picnic en un parque en la noche, a todos nos parecía una linda idea, pero no contamos que ese día, íbamos a sufrir un robo.

Y eso no es lo peor, lo peor es que vi a mi hermosa amiga encima de uno de los ladrones jalándole el cabello con una gran fuerza que hacía que el retroceda, mientras el otro ladrón trataba de quitarla de encima y cuando vio que no podía, atinó en meterle un golpe en su espalda. Cosa que ni a Logan ni a mi nos agrado. De lo siguiente que fuí consciente es que ahora yo estaba encima del ladrón que golpeó a mi amiga aplicando una llave mientras tiraba insultos en español y el me miraba aterrado.

—Más fuerte cariño, golpéalo más —escuchaba la voz de Emma.

Logan tenías un pie posicionado en la cara del primer ladrón, mientras sujetaba a Emma por la cintura. Pero tome conciencia de lo que hacía cuando escuche las sirenas de la policía.

Por último resultamos víctimas de un robo y volvimos a casa escoltados por la policía.

Confío que en la fiesta de hoy, todo saldrá bien, o eso espero.

Las horas siguieron pasando rápido, cada uno encontró lo que deseaba, comimos, reímos y nos encaminamos juntos a la universidad. Cada una fue directo a su aula y en esas horas solo podíamos hablarnos mediante mensajes.

La clase fue interesante, divertida haciendo que deseemos que nunca se terminara. Kate está sentada a mi lado, dedicando una sonrisa al profesor de hoy, mientras él nos felicitaba por el gran trabajo que realizamos juntas. Estoy más que feliz con esas palabras de un profesional, como el profesor Hidalgo, alguien que nos ha alentado desde el día uno en el que quedamos a cargo de él.

Lo siguiente que hizo fue dejarnos unos pendientes y despedirse de nosotros. Me despedí de Kate y de algunos otros compañeros de nuestro grupo.

Sabía que hoy debía irme sola a casa. Emma y Logan terminan más temprano que yo, pero estoy equivocada. Los divisó a los 2 afuera de mi salón mirando sus celulares y riendo.

—¿Qué hacen acá? —hablé y ellos dejaron su celular para darme toda su atención.

—Te dije que no revisaría sus mensajes —Logan hizo una mueca.

—Te escribimos un millón de veces, pero no teníamos una respuesta de parte tuya, así que decidimos esperar y tener fe —sonrió sin mostrar los dientes. —Ahora si vámonos, no tenemos tanto tiempo. —

Avancé junto a ellos, y saqué mi celular del bolsillo. Definitivamente, tenía 50 mensajes de Emma y 43 mensajes de Logan, y todas decían “Te esperamos afuera de tu salón”.

Logan era él único que tenía carro, así que es genial cuando compartimos el mismo horario que él. Podíamos llegar rápido y dormir sin que nadie nos grabara. Llegamos al departamento y cada uno tomaba un turno para ducharse. La primera en estar lista fue Emma. Lleva un precioso vestido color negro pegado a su silueta, haciendo que su figura sea impactante para el resto de persona, en su cara está presente un leve maquillaje, pero haciendo que resalte su belleza.

El segundo fue Logan, lleva unos jean claros, un polo blanco manga corta y encima una camisa la cual está remangada hasta el límite de su codo. Un reloj adorna su muñeca derecha, en el aire se puede oler el agradable aroma de su perfume. Y la última soy yo. Llevo un jean color azul claro, unos botines en punta color negro, haciéndome ver mas alta, y un polo maga larga que deja al descubierto mi cuello y hombros.

Estoy terminando de colocar algunos accesorios, como un cinturón color marrón con la hebilla dorada, unos aretes, y algunos anillos en mis dedos. No llevaba mucho maquillaje, solo llevaba una crema para hidratar mi piel, y un delineado haciendo que mis ojos se vean achinados, y un rímel doblegando el largo de mis pestañas. La puerta sonó, desviando mi atención.

—Te ves, realmente preciosa —Emma entraba con una sonrisa.

—Si tú lo dices —reí volviendo mi atención al espejo.

—Y yo también lo digo —esta vez era la voz de Logan. —Te ves espectacular, a tus ojos no serás así, pero a los míos si. —

—Debemos irnos, es tarde —comenté desviando la conversación y agarrando una cartera color negra pequeña.

Salí primero de la habitación y ellos me seguían, nos aseguramos de mantener todo cerrado y seguro. Lo siguiente fue que bajamos para tomar un taxi, si bien podíamos irnos en el carro de Logan, no deseábamos eso, él disfrutaba tanto de bailar, tomarse algunos tragos y entre muchas cosas. Así que solo tomábamos taxi de ida y de regreso.

El trayecto fue un poco largo, la luna se mostraba más hermosa de lo que ya era, las calles estaban repletas de personas que van a divertirse, repleta de parejas, de amigos, de familiares que hoy podrían tener un tiempo para divertirse. Ya sea bailando, tomando algunos tragos cortos, saliendo a cenar, o simplemente a caminar. Pero también pienso en las personas que simplemente desean dormir, llegar a casa y descansar. O las personas que se encuentran leyendo, disfrutando de una bella y atrayente lectura. Algo que estoy segura que la otra semana haría.

Llegamos después de una hora y media de viaje. Le pagamos al conductor y volteamos para visualizar la gran casa de Dylan. Nos miramos entre nosotros y caminamos. Nuestros nombres eran unos de los primeros en la lista, así que no hubo mucho problema en ingresar. Lo primero que logramos visualizar al entrar por completo, es a Dylan nervioso, el cual al mirar a cierta persona, su rostro cambió de uno nervioso a uno maravillado. Aquellos ojos brillantes y una sonrisa agradable se dirigían a nadie más que a la hermosa chica que tengo a mi lado, él se acercaba a grandes pasos, hasta llegar a nuestro punto.

—Hola, yo pensé que no vendrían —jugaba con sus manos demostrando lo nervioso que estaba y miraba maravillado a Emma.

—Solo nos atrasamos un poquito —sus ojos se posaron en mí y me dio una sonrisa.

—Si, pero ya estamos aquí —un pequeño tartamudeo salió de Emma, haciendo que Logan y yo nos lancemos una mirada fugaz.

—Nosotros nos vamos adentro —sujeté a Logan del brazo mientras él sonreía y le guiñaba el ojo a Emma.

Ella solo soltó una sonrisa y escuchamos a Dylan decirle “Te ves preciosa, mucho más de lo que ya eres rulitos”. Y él no mentía, tenía toda la razón, el día de hoy, bajo la preciosa Luna, Emma se ve como una Diosa y él lo estaba apreciando.

El interior de la fiesta es muy agradable, todo estaba decorado, pero de una manera agradable, las personas reían, hablaban, bebían, y compartían muchos secretos, de eso estaba segura. Pero, noté algo raro, mientras más nos adentramos a esta casa, la rigidez de Logan era muy evidente. Así que le solté del brazo y hablé.

—¿Te encuentras bien? —levanté una ceja mirándolo.

—Yo, si, yo —soltó con nerviosismo mientras miraba atrás mío y alguien más habló.

—Logan, es bueno volver a verte —.

Los grandes ojos azules de Logan mostraron tristeza, amor, odio, y muchos sentimientos más que desconocía. Así que di media vuelta para verificar de quien se trabaja.

Me encontré con un chico mucho más alto de lo que es Logan, sus ojos verdes están mirándome fijamente mientras frunce el ceño y trata de adivinar quién soy. Lo observo un poco más y noto un tatuaje en su brazo derecho y recuerdo cuando Logan nos contó de su primer e imposible primer amor.

Por instinto mi mano se acerca a la mano de Logan, apretandola y reconfortando a aquel chico que yacía pálido en mis espadas, y escucho la voz de Logan que sale como un hilo.

—Ethan, ¿Cuándo volviste? —se escuchaba sorprendido y nervioso.

—Ayer, volví ayer Logan —sus ojos verdes miraban a mi amigo, lo miraban de una manera que yo no descifraba. Lo único que sabía era que estorbaba entre estos dos.

—Logan —dije volteando, e interrumpiendo aquella conversación y miradas llenas de tensión, me acerqué a su oído y le dije en un susurro. —Los dejaré solos ¿si?.

—No, claro que no, no pienso dejarte sola —mientras su agarre en mi mano, me acariciaba.

—Estaré bien, pero creo que los dos tienen cosas de qué hablar —solo suspiró y me dió un beso cálido en la mejilla y me dio las gracias.

Aquel chico de ojos verdes carraspeó cuando los labios de Logan tocaron mi mejilla, le dediqué una última sonrisa a Logan y me alejé. Logré ver como Logan lideraba la salida y el chico más alto lo seguía sin rechistar.

Mis ojos visualizaron una salida, al final de esta salida mostraba una gran piscina y un gran jardín alrededor de esta. Todas las personas estaban gozando dentro de la gran casa, y algunas estaban afuera, conversando, riendo tímidamente, dándose una que otra caricia o compartiendo una miradas muy curiosas y llenas de sentimientos.

Miraba todo a mi alrededor, pero no notaba aquella mirada que iba dirigida hacía mi. No la notaba, hasta que escuché por primera vez, aquella melodiosa voz.

Sus ojos negros me atraparon desde el otro lado del jardín. Era como si el tiempo se detuviera solo para darme espacio a mí de sentir el aire cambiar. Cuando habló, su voz era suave, pero resonó como un eco en mi pecho.

—Hola. No te había visto antes —dijo, inclinándose ligeramente hacia mí.

Mi garganta se secó. Era extraño, ese tipo de miedo que se siente justo antes de saltar al vacío. Tal vez no era miedo, sino algo parecido.

—Creo que te he dado un susto —soltó una pequeña risa y estiró su mano en mi dirección.— Soy Lucas, Lucas Matthew. —

—Sofía. —Eso fue todo lo que logré decir mientras su sonrisa se ampliaba y yo aceptaba su saludo.

Él asintió, como si mi nombre ya dijera mucho más de lo que yo estaba preparada para admitir.

Entonces lo vi oler el aire y cerrar los ojos para disfrutar aquel olor que lo ha cautivado, después de unos segundos, los volvió a abrir para hablarme.

—Cerezas, hueles a cerezas —su mano no soltaba la mía.

Su mirada se ha vuelto más suave, su sonrisa se ha agrandado y tuve miedo, un miedo entró a mi cuerpo.

Y recordé un libro, un libro que decía que las emociones de enamorarse son muy parecidas a las emociones de tener miedo. Y por primera vez, comprendí, comprendí lo que esa frase quería decir.

Lucas, un chico que por primera vez conozco, me ha provocado aquellas sensaciones.