Heaven

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Sinopsis

En un mundo de lujo y privilegios, Pimnara, la futura heredera de Pilot Jet Sky, parece tenerlo todo. Pero detrás de su fachada de riqueza y poder, Pimnara es una joven rebelde y apasionada que solo encuentra verdadera libertad en la compañía de sus caballos. Cuando conoce a Annie, una chica común y corriente, en un atardecer inolvidable, Pimnara se ve obligada a confrontar sus propias emociones y deseos. A medida que su relación con Annie profundiza, Pimnara debe elegir entre su lealtad a su regla y su propio corazón.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Egleys Godoy
Estado:
Completado
Capítulos:
30
Rating
4.7 3 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

El sol de la mañana acariciaba suavemente las colinas de Nashville mientras terminaba de alistarme. Con apenas 18 años, mi vida había tomado giros que ni yo misma había anticipado. A los 8, durante un viaje con mis madres, sentí por primera vez una conexión inexplicable con los caballos. Recuerdo cómo uno de esos majestuosos animales se acercó a mí en un establo local, sus grandes ojos marrones transmitiendo una calma que hasta entonces no había conocido. Fue en ese momento cuando me enamoré de ellos, y también del paisaje que los rodeaba: la amplitud de las praderas, los atardeceres interminables y el olor a tierra fresca. Nashville no era solo un lugar; era mi hogar.

Sin embargo, convencer a Kamon, mi madre, de que este mundo era el mío había sido un desafío. Kamon, siempre tan pragmática, había tenido grandes sueños para mí: una educación universitaria prestigiosa, un título que pudiera abrirme puertas en cualquier parte del mundo. Pero yo había tomado otro camino. A los 16 años, descubrí el mundo de las criptomonedas, y mi talento innato para los negocios me llevó a ganar mi primer millón de dólares en tan solo un año. Era prácticamente una millonaria adolescente, y por si fuera poco, la herencia de mis abuelos en Tailandia me convertía en billonaria.

Pese a todo, el dinero nunca había sido importante para mí. Mi verdadera riqueza era mi granja en las afueras de Nashville, donde podía cuidar de mis caballos y vivir en paz. Era una vida sencilla, pero llena de significado.

“No necesito una universidad para entender el mundo,” le dije a Kamon durante una de nuestras discusiones más acaloradas.

“Ya sé quién soy y qué quiero.”

Hoy, sin embargo, era un día especial. Era el cumpleaños de Isabela, mi otra madre, y yo había organizado todo para recogerlas en el aeropuerto. Kamon e Isabela habían estado de viaje en Europa, y aunque Kamon seguía lanzándome miradas reprobatorias cada vez que hablábamos por videollamada, sabía que me amaba a su manera. Ambas me amaban.

Mientras conducía hacia el aeropuerto, con la suave brisa de la mañana entrando por la ventana de mi camioneta, pensé en lo lejos que había llegado desde que dejé Tailandia. Cumplir 18 había sido más que un cambio de edad; había sido el inicio de una vida completamente mía. Dejé que mis pensamientos divagaran hacia el futuro, mientras en la radio sonaba una melodía tranquila.

La vida había cambiado de formas que nunca imaginé, pero aquí estaba, lista para lo que viniera. Y lo primero en mi lista era celebrar a Isabela como se merecía.

El aeropuerto estaba lleno de gente, pero mis ojos enseguida encontraron a mis madres. Kamon, como siempre, impecable en su porte y con esa mirada que podía atravesar cualquier defensa, e Isabela, tan elegante como cariñosa, con una sonrisa que iluminaba toda la terminal.

—¡Feliz cumpleaños, madre! —le dije a Isabela mientras me acercaba.

Antes de que pudiera evitarlo, Isabela me envolvió en un abrazo.

—Eres hermosa, hija mía. Estás tan grande.

—Mamá, me viste hace tres meses —le respondí, intentando escapar de sus brazos.

—No importa —replicó, apretándome más fuerte— Siempre que te veo, te veo más grande. Eres hermosa, igual que tu mamá.

Kamon se acercó, observando a Isabela con adoración.

—Y tú también eres hermosa —le dijo antes de inclinarse para darle un beso suave en los labios.

Hice un gesto de asco.

—Por favor, ¿podemos ir a comer ya? Tienen hambre, ¿cierto?

—Por supuesto que tenemos hambre —contestó Kamon con una sonrisa— Vamos.

Conduje hacia nuestro restaurante favorito mientras Isabela hablaba sin parar desde el asiento del copiloto. Me hacía preguntas sobre cómo iba mi granja, mis caballos y si había considerado ampliar los establos. Desde atrás, Kamon, con ese tono casual que nunca engañaba a nadie, preguntó:

—¿Ya sabes qué quieres estudiar?

—Lo mismo de siempre: nada —respondí con un tono despreocupado, aunque sentí un nudo en el estómago al ver la decepción en sus ojos reflejada en el retrovisor.

Llegamos al restaurante, y pronto nos sentamos en nuestra mesa habitual. Era divertido estar con mis madres; la dinámica siempre me hacía reír. Isabela y yo hablábamos cinco idiomas, mientras que Kamon sólo tres. Aunque nací en Tailandia, a veces me equivocaba con mi tailandés y lo calificaba como un 60 %. Aun así, era mejor que el tailandés de Isabela, algo que nunca dejaba de sacar a relucir para molestarla.

—Tienes suerte de que no me importe —le dije mientras ella fingía indignación.

—Es mejor que el tuyo. Y lo sabes...

Fue en ese momento cuando una mesera se acercó para tomar nuestra orden. Era joven, rubia, de ojos azules profundos y piel salpicada de pecas que resaltaban bajo la luz cálida del restaurante. Su porte era elegante y confiado, con un uniforme que se ajustaba perfectamente a su figura. Mi mirada la recorrió sin querer: su cabello dorado cayendo en suaves ondas, sus ojos como cielos despejados, y, bueno, también noté su trasero. Me descubrí pensando que aquella chica sería un delicioso postre.

Cuando se volteó hacia mí y habló, su voz era como una música suave que llenaba el espacio.

—¿Qué desea ordenar?

Mi mente divagó por un instante.

—Oh, yo por favor quiero una pasta trofie con pesto de Liguria —dije finalmente, recordando que era mi favorita, un gusto heredado de mi abuela.

Mis madres empezaron a hablar de viajes. Habíamos recorrido el mundo, excepto el país natal de Isabela. Por cuestiones políticas nunca habíamos ido, algo que realmente no me importaba mucho. Sabía que mi abuelo saldría en los libros de historia, pero esas eran historias del pasado.

Isabela me miró con una sonrisa.

—¿Para cuándo tendrás un novio o novia?

—Para nunca —respondí con firmeza—Me aburren las relaciones, y lo romántico me empalaga. Ya deberías saberlo: soy igual que tú.

Isabela se rió.

—Aun así, me enamoré de tu madre.

—No se enamoraron. Ustedes se obsesionaron la una con la otra. Es distinto.

—¡Oyeee! —exclamó Kamon, ofendida— Si no nos hubiéramos enamorado, no estarías aquí.

—Y no habrías...

—¡Dios, no quiero escuchar la historia de cómo nací!

Las tres rompimos a reír, y brindamos por el cumpleaños de Isabela. Mientras nos sentábamos juntas, rodeadas de risas y amor, me sentí feliz. Tenía a mis madres aquí conmigo y, aunque deseaba que dejaran la compañía para unirse a mí en esta vida de campo que tanto anhelo, por ahora, este momento era suficiente.