Baño imposible

Sinopsis

Cómo todo elfing travieso, Legolas se resiste a un baño, lo cual se convierte en una divertida persecución.

Genero:
Humor/Adventure
Autor/a:
Sele
Estado:
Completado
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Chapter 1

El baño imposible



Las puertas del gran salón se abrieron de golpe y una sirvienta, con el cabello enmarañado y la túnica empapada, entró tambaleándose. Se apoyó en una columna, respirando agitadamente, mientras otros dos elfos llegaban detrás de ella, igualmente mojados y con expresiones de derrota.


Thranduil, quien revisaba unos informes en su trono, levantó la vista con lentitud. Parpadeó al ver el estado deplorable de su personal.


—¿Qué ha ocurrido? —preguntó con voz calma, aunque sus ojos ya reflejaban sospecha.


La sirvienta intentó hablar, pero solo consiguió soltar un suspiro exasperado antes de dejarse caer sobre un banco. Fue el segundo elfo, un joven ayudante de los baños, quien se atrevió a dar la noticia.


—Mi señor… es su hijo.


Thranduil cerró los ojos con resignación.


—¿Otra vez?


El tercer elfo, todavía escurriendo agua, asintió con un estremecimiento.


—No quiere bañarse.


El rey suspiró y dejó los pergaminos a un lado.


—¿Y cómo es posible que tres elfos adultos no puedan bañar a un niño?


Hubo un silencio incómodo. Finalmente, la sirvienta, con los ojos llenos de la desesperación de alguien que había visto demasiado, dijo en un susurro:


—Mi señor… es un torbellino.


Thranduil se frotó el puente de la nariz. Sabía que Legolas podía ser difícil cuando se lo proponía, pero esto estaba alcanzando niveles insólitos. Se levantó con elegancia, acomodándose la capa, y miró a los tres elfos con severidad.


—Muéstrenme.


Los elfos dudaron. No porque no quisieran obedecer, sino porque no estaban seguros de que el rey estuviera listo para lo que iba a presenciar.


Pero Thranduil ya avanzaba por los pasillos con el porte digno de un monarca que no se dejaba amedrentar por nada… ni siquiera por un elfing rebelde que se negaba a bañarse.


Cuando llegaron a los baños reales, Thranduil se detuvo en la puerta y observó la escena.


El suelo estaba cubierto de agua y espuma, las toallas colgaban de las lámparas y una cubeta yacía volcada en un rincón. Una de las cortinas estaba desgarrada, como si alguien hubiera intentado escalar por ella. Y, en medio del caos, un pequeño elfo de cabellos dorados, completamente sucio de barro y con mechones enredados, estaba de pie dentro de un barreño, sujetando una esponja como si fuera un arma.


Legolas miró a su padre con una sonrisa inocente… demasiado inocente.


—¡Ada! ¡No esperaba verte tan pronto!


Thranduil cruzó los brazos.


—Legolas.


El pequeño tragó saliva.


—Mira, sé lo que estás pensando… pero tengo una muy buena explicación.


—¿De verdad? —inquirió el rey, arqueando una ceja.


Legolas asintió con entusiasmo.


—Sí. Verás… ¡MIRA, UN HALCÓN!


Señaló hacia la ventana con dramatismo.


Los sirvientes ni se molestaron en mirar. Pero Thranduil apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que su hijo saltara del barreño y echara a correr.


El rey cerró los ojos un segundo, conteniendo la irritación. Luego, con la paciencia de alguien que estaba a punto de perderla, ordenó:


—Cierren todas las salidas. Que no escape del ala este.


Los sirvientes corrieron a obedecer.


Thranduil se desabrochó la capa y la dejó caer sobre un banco.


—Muy bien —murmuró para sí mismo, con los ojos entrecerrados—. Vamos a ver cuánto dura esta pequeña resistencia.


Y, con pasos firmes, salió en busca de su hijo.


(Continuará…)

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