Obsequio Perverso

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Sinopsis

Un policía, una vida monótona y un asesinato con mucho amor.

Genero:
Mystery/Drama
Autor/a:
Mephisto
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1

La vida de un oficial en los barrios bajos de una ciudad era de todo menos interesante. Christopher sabía, desde el momento en que se le asignó su área, que sus patrullajes tendrían más bostezos que arrestos.

Hoy no era la excepción. Con un ambiente gris y pesado, patrullaba los viejos callejones en busca de jóvenes buscando algo de adrenalina para escapar de sus vidas tristes, ya fuera fumando marihuana en la vía pública o intentando robar un par de cervezas de un establecimiento 24 horas. Aburrido.

Amaba su trabajo, pero constantemente lamentaba el no poder hablar de él de manera tan emocionante como su pareja: un muy lindo médico forense al que conoció al firmar la autorización de la autopsia tras la muerte de su padre. A diferencia de él, Sam siempre traía a la mesa una anécdota fresca, igual o más intrigante que la anterior.

Solicito un 10-38 en mí 10-20. Asesinato a mano armada, hombre de alrededor de 60 años con múltiples heridas de bala—interrumpió el radio, matando el silencio sepulcral al interior de su patrulla. Al parecer, su jornada tendrá un giro más emocionante, y, con suerte, tendrá algo más interesante que contarle a Sam durante la cita de esa noche.

Méndez, Ramírez y Díaz—llamó su superior—. Formen trinomio y acudan al 10-20, esperen el trabajo de los peritos, registren el vecindario y busquen sospechosos.

—10-4, señor.

Después de reunirse con sus compañeros en comisaría y prepararse para la orden asignada, subió al coche con ellos, ocupando el asiento copiloto. Mientras su compañero conducía, el ambiente dentro del vehículo se volvía cada vez más pesado, como si una presión invisible los envolviera a medida que se acercaban a la dirección señalada. Las calles, desgastadas por el tiempo, parecían susurrar advertencias que él no alcanzaba a comprender. Cada fachada, cada esquina, despertaba en él una inquietante sensación de familiaridad que le erizaba la piel. El termómetro digital del tablero marcaba con precisión 25 °C, pero un escalofrío incontrolable recorría su cuerpo, justo como si el frío proviniera del interior.

Un peso incómodo se instaló en su estómago cuando llegaron. Esa casa. Reconocía la fachada. Ahí vivía Sam, y el hombre asesinado parecía ser su padre, aún no se reportaban más víctimas, intentó mantener la calma.

El interior del domicilio era una amalgama de penumbra y abandono. Los tapices que alguna vez adornaron las paredes se encontraban cubiertos de manchas oscuras y grietas ocasionados por aparentes años de humedad. El aire, cargado de un olor pútrido, se hacía más denso con cada paso que daba.

Las pocas ventanas se encontraban cubiertas por largas, pesadas y polvorientas cortinas, dejando entrar apenas un rayo de luz que resaltaba las sombras que se alargaban cuál garras por los rincones de la sala.

La iluminación era casi inexistente. Los pocos focos que quedaban emitían destellos intermitentes que, más que iluminar, proyectaban figuras inquietantes en las paredes. El suelo de la madera que crujía bajo cada paso era el único sonido que rompía el silencio denso que recorría toda la casa.

Irónicamente, Christopher nunca había entrado allí. La mayoría de sus citas con Sam era fuera o dentro de su departamento. Incluso, cuando lo llevaba de vuelta a su casa, su despedida se limitaba a la entrada del jardín.

Sabía de primera mano que Sam mantenía una relación conflictiva con su padre, pero jamás habría imaginado que su vida transcurriera en un entorno tan desolador. ¿Cómo podía alguien siquiera llamar "hogar" a ese lugar?

A medida que avanzaba hacia el centro de la sala, un nudo creciente se formaba en su pecho, robándole el aliento y volviendo su respiración errática.

El cuerpo del occiso yacía desplomado al pie de un sofá desgastado y deslucido, con tres disparos estratégicamente dirigidos a sus extremidades y un tiro de gracia coronando el centro de su frente. Su rostro, ahora rígido en la muerte, conservaba aún una expresión perturbadora, una mezcla de ira desbordada y un terror indescriptible hacia algo o alguien.

—Revisamos todas las habitaciones, oficial, no parece haber nadie más en el domicilio. Sin embargo, la habitación al fondo del pasillo se encuentra completamente destrozada. Creemos que el presunto culpable se dio a la fuga—indicó el perito.

Esas palabras trajeron a su mente un vago y difuso recuerdo. Sam, en algún momento de una conversación banal, le había mencionado algo relacionado con esa habitación, su habitación. En ese instante, aquellas palabras no le parecieron importantes, pero, ahora, regresaban con una claridad inquietante, como un eco que arrastraba consigo algo mucho más oscuro de lo que había imaginado.

—Disculpe, ¿cree que sea posible que vea la habitación registrada?—respondió, su voz apenas un susurro, mientras sus ojos miraban fijamente la herida en la frente del occiso. El joven vestido de blanco asintió, guiándolo hasta el lugar.

Cuando estaba a punto de cruzar el umbral para examinar los indicios de cerca, el sonido repentino de su teléfono lo hizo detenerse en seco. En la pantalla parpadeaba un número desconocido. Dudó un instante, pero sus dedos, casi por instinto, deslizaron la respuesta.

Del otro lado, una voz que habló con una calma escalofriante, le heló la sangre:

Sé cuánto anhelabas tener finalmente un día emocionante en el trabajo. Feliz cuarto aniversario, cariño.