Bebé a bordo

Sinopsis

«¡Nunca entenderás la vida hasta que crezca dentro de ti!» El embarazo es un viaje único que pone a prueba la fortaleza física y emocional de todos, no solo de la madre, sino también del padre. Te vuelve vulnerable, explícito y te deja expuesto ante el mundo, solo para que el público cree una lista de lo que debes y no debes hacer. Pero detrás de cada futuro padre o madre, existe un viaje emocional de transformación física y mental. Lo que lo hace hermoso es el final de ese camino, que hace que cada obstáculo valga la pena. Esta es la hermosa historia de Jungkook y su esposo, Taehyung, quienes no solo esperan un bebé, sino que también crecen como familia a través del amor y la paciencia, descubriendo su propia fuerza interior y resiliencia.

Genero:
Erotica/Drama
Autor/a:
koovoobi
Estado:
Completado
Capítulos:
106
Rating
5.0 43 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1

—¿Niño?

—¿Niña?

—¿Niño?

—¿Niña?

—¿Niña?

—¿Niño?

—¿Por qué no se acaba esto de una vez?

El ambiente vibraba de impaciencia. Una mezcla de risas, charlas y susurros alegres llenaba toda la habitación.

Amigos y familiares se amontonaban formando un pequeño círculo alrededor de los futuros padres. Les brillaban los ojos de la emoción. Del techo colgaban adornos en tonos pastel que se mecían suavemente. En una mesa cercana, se veían regalos envueltos con esmero y un pastel decorado con un elegante signo de interrogación.

—¡Venga ya! —metió prisa alguien que no podía aguantarse más—. ¡Ya es hora! ¡Tira de la siguiente cinta!

La futura mamá miró a su pareja con las manos entrelazadas. Compartieron una mirada cargada de nervios y emoción. Ese instante parecía un latido que se alargaba en el tiempo, de esos que hacen que todo se detenga, casi como algo sagrado. Les temblaban un poco los dedos al agarrar la cinta de seda. Era un hilo delicado que separaba el secreto de la gran noticia.

El entusiasmo de la gente creció y las voces se mezclaron en una ola de impaciencia festiva. —¡Esa es! ¡La última cinta! ¡Tira, tira, a ver qué sale! ¿Es niño o niña?

Los futuros padres se miraron por última vez, disfrutando del cariño y el amor que se tenían. Con un tirón suave, la cinta se soltó. En ese momento, una cascada de colores —azules suaves y rosas intensos— se desplegó. Los colores flotaron a su alrededor como confeti en un sueño.

Hubo un silencio breve en el que todos aguantaron la respiración con los ojos muy abiertos. De repente, estalló la alegría al conocerse la respuesta, envolviendo a todos en un ambiente cálido.

—¡Siiií! Niña... sí... es una niña, es una niña.

La multitud rompió en aplausos y los gritos de alegría resonaron en el aire de la tarde. Las risas se mezclaban con los vítores, llenando el enorme jardín con esa calidez que solo da la felicidad compartida.

El sol se ponía justo detrás de los grandes arcos de la mansión. La luz dorada bañaba la escena y hacía resaltar las caras sonrientes de los presentes.

El Sr. Kim, el mayor de la familia, levantó su copa de champán con una gran sonrisa. En su voz se notaba el orgullo y la alegría.

—¡Venga, a beber y a disfrutar de la noche! —exclamó con ojos brillantes. Señaló hacia la zona de comida y bebida que habían montado en una esquina del jardín. Los manteles blancos cubrían mesas llenas de manjares, y las guirnaldas de luces brillaban como estrellas en el cielo.

Los invitados se dirigieron al banquete. Las risas y la charla subieron de tono mientras caminaban por el césped perfectamente cortado.

Con las copas en alto y los platos llenos, compartieron recuerdos y sonrisas. No solo celebraban la nueva vida que venía en camino, sino también el amor y la unión que los mantenía juntos.

La imponente mansión se alzaba elegante detrás de ellos. Era un símbolo del legado familiar que presenciaba otro momento feliz en la vida de quienes vivían allí.

Sin embargo, en las mesas que estaban en la esquina del jardín, el ambiente era distinto. Se sentía algo vacío y frío.

—¿No estás contento? —preguntó Jimin, uno de los yernos de Kim, en voz baja. Miró al pelinegro que estaba a su lado, quien movía distraídamente una copa de vino.

El joven levantó la vista con una sonrisa amable pero algo forzada. —Sí, claro que sí. Al fin y al cabo, se trata de una vida nueva, ¿no? —Su voz sonaba ligera, pero su mirada se perdía en el horizonte, como si estuviera en otro mundo.

—Jungkook —insistió Jimin con tono suave. Jungkook sintió el calor familiar de la mano de Jimin acariciándole los nudillos.

—Jimin-hyung, estoy bien —respondió Jungkook con una sonrisa tranquilizadora antes de terminarse el vino de un trago. La mirada de Jimin se ablandó al verlo, aunque seguía mostrando una preocupación evidente.

Para cambiar de tema, Jungkook se inclinó y acarició con los dedos los pies pequeñitos que asomaban por la manta del bebé que Jimin tenía en brazos. —Bueno, ya basta de hablar de mí. Dime, ¿cómo está la pequeña Soo? ¿Te está dando mucha guerra?

Jimin se rió bajito mientras miraba a su hija con adoración absoluta. —Ah, es perfecta. Pero si su padre es un gato, ella es un búho sin duda. Se queda despierta toda la noche como si fuera la dueña del cortijo.

Jungkook se echó a reír con los ojos brillantes. —Debe de ser agotador, pero también muy emocionante, ¿verdad?

—Desde luego que sí —asintió Jimin con una sonrisa cálida.

—Venga, déjame que la agarre un rato —se ofreció Jungkook extendiendo los brazos con cuidado—. Ve a buscar algo de comer. Conmigo va a estar bien.

Jimin dudó un segundo. Al ver la ilusión en los ojos de Jungkook, le entregó a la bebé con mucho cuidado. Sus dedos se rozaron al hacer el cambio.

Soo se acurrucó enseguida en los brazos de Jungkook con sus rasgos pequeñitos relajados y tranquilos.

Jimin se levantó y le dedicó una sonrisa de agradecimiento. Se dirigió al puesto de comida, pero miró atrás una vez para ver cómo Jungkook mecía suavemente a Soo contra su pecho.


—Ah, aquí estás, Jungkook. —Él se dio la vuelta al reconocer la voz cariñosa de la Sra. Kim. Se acercaba con una gran sonrisa y otra mujer que parecía igual de simpática. Esta última lo miraba con mucha curiosidad.

La Sra. Kim le puso una mano en el hombro al llegar a su lado. —Mira, este es Jungkook, mi yerno más joven —lo presentó con orgullo.

La cara de la mujer se iluminó al reconocerlo. —¡Ah! Es el de Taehyungie, ¿verdad? —preguntó con mucha cercanía. La Sra. Kim asintió orgullosa y miró a Jungkook con cariño.

—Hola, tía —saludó Jungkook con una inclinación respetuosa. Su sonrisa de conejo apareció en su rostro al ver lo amable que era la mujer.

—Es la primera vez que te veo —siguió la mujer con una risita—. Soy Somin, la suegra de la segunda hija del hermano del padre de Jennie. —Su voz sonaba divertida, como si supiera el trabalenguas que acababa de soltar.

Jungkook se rió y asintió con buen humor. —Mucho gusto —respondió volviendo a su postura con una sonrisa amigable.

La mirada de Somin se fue directa al bultito que Jungkook tenía en brazos. Su cara se enterneció al ver la escena. —¡Ay, por Dios! ¿Cuántos meses tiene esta preciosidad? —preguntó con voz muy dulce.

—Solo tres meses —respondió Jungkook bajito. Se le ensanchó la sonrisa al mirar a la bebé y la meció con cuidado sintiendo su calorcito.

—¡Qué cosa más linda! —exclamó Somin acercándose más—. ¿Es niño o niña?

—Es niña —respondió Jungkook con orgullo discreto mientras le acomodaba la manta para que estuviera cómoda.

A Somin le brillaron los ojos al fijarse en la cara de la pequeña. —¡Es adorable! Y te juro que tiene los ojos de Taehyungie, ¿a que sí?

La Sra. Kim soltó una risita algo nerviosa. Miró a Jungkook y luego a Somin, un poco sorprendida.

—Ah, en realidad... no es de Taehyung —explicó la Sra. Kim con una risa suave—. Es la hija de Yoongi.

Somin abrió mucho los ojos por la sorpresa. —¡Oh! Lo siento muchísimo, ¡pensaba que era vuestra! —Se puso un poco colorada al darse cuenta de su error.

Jungkook se rió restándole importancia con su sonrisa de siempre. —No se preocupe, no pasa nada —dijo con amabilidad para que no se sintiera mal.

—Por cierto, hijo, ¿dónde está Jimin? —preguntó la Sra. Kim buscando con la mirada por el jardín.

—Está en la mesa de la comida, sirviéndose la cena —contestó Jungkook señalando hacia donde estaba Jimin.

—Vale, pero... —La Sra. Kim volvió a mirar a Jungkook con las cejas fruncidas—. ¿Y tú, Jungkook? ¿Todavía no has comido nada? Anda, dámela a mí y ve a llenarte un plato —se ofreció estirando los brazos.

Jungkook negó suavemente con la cabeza y sonrió. —Estoy bien, mamá. Comeré más tarde con Tae.

La expresión de la Sra. Kim se ablandó al oír el nombre de su hijo, aunque puso cara de guasa. —Hablando del rey de Roma, ¿dónde se ha metido? ¿No lo has llamado?

—Sí. Me ha dicho que llegaría en unos quince minutos —respondió Jungkook con dudas mientras se mecía con la bebé, que empezaba a parpadear y a moverse con sueño.

La Sra. Kim soltó un suspiro de resignación. Su sonrisa era cariñosa pero a la vez de hartazgo. —Este chico... ya sabe, Nuna —le dijo a Somin—, ¡Taehyung nunca viene a las reuniones familiares si no es por obligación! Te juro que el único evento en el que estuvo de principio a fin fue su propia boda, ¡y porque no le quedaba más remedio! —Se rió negando con la cabeza y Somin la acompañó divertida.

—¡Jajaja! ¿Y cuánto tiempo hace ya de la boda? —preguntó entre risas volviéndose hacia Jungkook con curiosidad.

—Este año cumpliremos nuestro tercer aniversario —respondió Jungkook con voz nostálgica.

—¿Y niños para cuándo? —preguntó ella con los ojos muy abiertos.

—Todavía no —respondió Jungkook con una sonrisa amable.

La Sra. Kim se rió suavemente y le dio una palmadita en el brazo a Jungkook. —¡Ay, deja que disfruten primero! Ya no es como en nuestra época. Ya tendrán hijos cuando estén preparados. Además, ¡aún son muy jóvenes!

Somin asintió mientras le acariciaba los pies a Soo.

Justo entonces regresó Jimin con un plato de comida. —Hola, tía —saludó con respeto. La mujer le devolvió el saludo con un gesto cariñoso.

Antes de que nadie pudiera decir nada más, una voz conocida interrumpió la charla.

—¡Mamá! ¡Aquí estás! —gritó Jennie, la nuera mayor. Se acercaba con una mezcla de alivio y cansancio, cargando a un bebé de ocho meses que no paraba de moverse. —Mamá, ¿podrías darle de comer a Jae por mí? Mia me ha tenido loca todo el día.

La cara de la Sra. Kim se iluminó de puro amor. —Claro que sí, cariño. Dámelo —dijo cogiendo al niño.

Jennie suspiró agradecida al soltar a Jae. Se puso la mano libre sobre su barriga, que ya estaba bastante redondeada. En la otra mano llevaba un trozo de pastel, un pequeño capricho en medio de la ajetreada tarde.

—Ay, Jennie, cielo, de verdad que deberías tomártelo con más calma —le dijo Somin tocándole el brazo con tono maternal.

Jennie soltó una risita cansada. —Me encantaría, tía, de verdad. Pero es que Jae y Mia no me dan tregua, y con este que viene en camino... uf, mejor ni hablamos. —Se dio unas palmaditas cariñosas en la barriga.

—Jajaja. ¿Pero dónde está Mia? —preguntó la Sra. Kim mientras ya empezaba a mecer a Jae.

—Está dentro de la mansión con la abuela —respondió Jennie sentándose al lado de Jungkook y Jimin, que la miraban sonriendo.

La Sra. Kim le dio una última palmada de ánimo a Jennie. —Bueno, descansa un poco. Voy a ver cómo está —dijo acomodándose a Jae antes de irse hacia la casa. Somin la acompañó riendo.

Jennie las vio alejarse y su rostro se relajó. Se volvió hacia Jungkook y Jimin con una sonrisa cálida, disfrutando de la compañía familiar mientras comía trocitos de pastel.

Los tres se quedaron sentados en silencio un momento. El aire de la tarde estaba lleno de risas, música y charlas tranquilas. Las luces de la mansión daban un brillo dorado al césped y ellos se sentían a gusto estando juntos.

—¿No has probado el pastel, Jungkook? ¡Es de arándanos! Lo encargué en la pastelería de tu hyung —dijo Jennie rompiendo el silencio. Se acarició la barriga con una sonrisa dulce.

—¿Ah, sí? Entonces tiene que estar de muerte. Aunque sigo pensando que su tarta de trufa es la joya de la corona —respondió Jungkook poniéndole bien el chupete a la pequeña Soo—. En fin, luego me comeré un trozo.

Jennie soltó una risita con los ojos brillantes. «Esta vez se me antojó todo lo que sea de arándanos. Cuando esperaba a Jae, era el trufa de chocolate. No tengo llenadera con estos antojos», dijo mientras le daba otro bocado al pastel.

Jungkook la miraba con una sonrisa suave. A su lado, Jimin se rascaba la punta de la nariz, divertido al ver lo mucho que Jennie disfrutaba la comida.

«¿Ya se durmió?», preguntó Jennie, estirando la mano para acariciar la manita de Soo. Su mirada se ablandó al ver la carita tranquila de la pequeña envuelta en mantas. «¿Te deja dormir por la noche, Jimina? Te apuesto a que hoy va a estar bien despierta con todo lo que está durmiendo ahora».

Jimin soltó una carcajada silenciosa y asintió. «Sí, ahorita está recuperando fuerzas. Al rato le va a tocar su turno nocturno», bromeó.

Jennie se rió con una chispa de complicidad en los ojos. «¡Ay, la vida de madre! Es agotador. La verdad te envidio, Jungkook. Tú siempre estás tan libre, sin pañales ni noches en vela», dijo con una sonrisa pícara mientras comía más pastel.

La sonrisa de Jungkook flaqueó un poco, aunque mantuvo la calma. «Un bebé no es un cansancio, Nuna. Puede que ahora no tenga esas tareas, pero eso no significa que no tenga mis rollos. Y...», dudó un momento, suavizando la mirada. «No veo el tener un hijo como una carga».

Jennie soltó una risa ligera. «Dices eso porque todavía no tienes uno, Jungkook».

Sus palabras se quedaron flotando en el aire. Jimin miró a Jungkook. El calor habitual de su sonrisa desapareció y dejó una expresión vacía. Intentó sonreír de nuevo, pero se vio muy forzado, apenas una sombra de su gesto normal.

Antes de que el silencio fuera más incómodo, la mamá de Jennie llamó desde la mansión. Su voz se escuchó por todo el jardín: «¡Jennie, hija! ¡Ven un momento!».

Jungkook y Jimin se miraron con alivio cuando Jennie se levantó con cuidado. «Sigan platicando. Voy a ver qué quiere», dijo ella, agarrándose la panza con un suspiro dramático. Se dio la vuelta para recoger el plato vacío.

«Oh, deja el plato aquí, Nuna», ofreció Jungkook rápido, viendo que le costaba agacharse. «Yo me lo llevo con los otros trastes».

«Gracias, Jungkookie», dijo Jennie, dándole una sonrisa agradecida antes de entrar a la casa.

En cuanto se fue, Jimin sacudió la cabeza riendo suavemente. «Vaya que es una reina del drama. De verdad admiro la paciencia que le tiene Seojoon hyung».

Jungkook rió por lo bajo. «A veces me pregunto si lo hace a propósito para presumir. Siento que me lo echa en cara. Apenas tuvo a Jae hace un año y ahora ya viene el otro...». Su voz se apagó con una sonrisa agridulce. «Parece que a algunos les llueven las bendiciones, mientras que a otros... nos toca de a poquito».

Jimin se quedó quieto con el tenedor en el aire al notar la tristeza en los ojos de Jungkook. Jungkook trató de mantener la cara en alto, pero se le notaba lo que sentía por dentro.

Sin decir nada, Jimin le apretó el hombro con cariño. Sus ojos lo decían todo; era un consuelo silencioso que llenó el ambiente entre los dos.

~

Las horas pasaron y de pronto un rugido profundo se escuchó por el barrio. Una Harley Davidson negra y elegante se detuvo frente a la gran mansión, llamando la atención de todos.

La moto se detuvo suavemente y el motor se apagó. Un hombre de cabello castaño se bajó, viéndose imponente bajo la luz del atardecer. Se quitó el casco, dejando ver su cabello oscuro un poco despeinado, y se pasó la mano para acomodárselo con estilo.

Se detuvo a mirar la escena. El jardín estaba decorado de lujo, bañado por luces doradas y plateadas que daban un toque mágico. En el centro, un letrero rosa y azul que decía «Baby Shower» lucía orgulloso, rodeado de flores y listones.

Con una sonrisa cálida, caminó hacia sus conocidos cerca de la entrada. Vio a Hobi entre ellos, quien lo saludó con la mano y una burla en los labios.

«¡Ey, Tae! ¿Vienes directo del estudio?», preguntó Hobi con mucha confianza.

«Hola, Hobi-hyung», respondió Taehyung con su clásica sonrisa cuadrada mientras le daba la mano. «Sí, acabo de terminar una sesión. Me vine volando».

«Pues llegaste a tiempo», rió Hobi, y luego bajó la voz fingiendo seriedad. «Pero escucha bien, hagas lo que hagas, no te acerques a mi tía por ahora. No está muy de buenas».

Taehyung soltó una carcajada. «¿Ah, sí? ¿Y ahora qué hice?».

«Esta vez no fuiste tú», dijo Hobi sonriendo. «Es solo que... ya sabes cómo se pone en estos eventos». Se acercó más y susurró: «Pero buena suerte intentando calmarla».

Taehyung negó con la cabeza riendo. «Mmm, entonces tengo chamba por delante», respondió. Su mirada se dirigió a su hermano mayor, Seojoon, que estaba a unos pasos con una copa de champaña y los miraba divertido.

«¡Tae, lo lograste! A ver... ¿qué crees que sea esta vez, niño o niña?», preguntó Seojoon con una sonrisa, brindando al aire.

Taehyung rió pensando su respuesta. «Mmm... niña», adivinó con ojos brillantes. «Pero no me molestaría que fuera sorpresa».

Seojoon asintió orgulloso. «¡Le atinaste, es niña! La princesita número tres», anunció.

Taehyung echó la cabeza hacia atrás riendo. «Pobre de nuestro Jae, va a ser el único guerrero en un castillo lleno de princesas. Se las va a ver negras», bromeó mirando hacia la casa, donde un pariente cargaba a su sobrino.

Seojoon le ofreció una copa, pero Taehyung no aceptó. «Gracias, pero tengo que manejar de regreso. Necesito andar al cien».

Seojoon asintió y le dio un trago a su propia copa.

«Bueno, sigan en lo suyo. Voy adentro a ver cómo está el terreno», dijo Taehyung con una sonrisa traviesa.

«Jajaja, sale. Ve directo con mi mamá para que te ponga una buena regañada», dijo Seojoon riendo con Hobi.

«Pues recen por mí», gritó Taehyung mientras caminaba hacia la casa, saludando a los invitados que pasaban.

El murmullo de las pláticas, las risas y el olor a flores con pan dulce lo envolvieron como un abrazo. Todo el lugar brillaba con amor y alegría.

Al cruzar la puerta principal, vio a su otro hermano, Yoongi. Estaba con un grupo pequeño; se veía tranquilo pero sus ojos se iluminaron al ver a Taehyung.

«¡Yoongi-hyung!», saludó Taehyung con una reverencia respetuosa.

Yoongi asintió con una leve sonrisa. «Qué bueno que viniste, Tae».

«Sí. Deja voy a saludar a mi mamá».

Taehyung respiró hondo y miró a su alrededor, disfrutando de ver a toda la familia reunida en esa fiesta tan bonita.


Mientras tanto, en una recámara acogedora de la mansión, Jimin le limpiaba los labios a su bebé con un paño suave después de darle de comer. Miró a Jungkook, que estaba sentado cerca con cara de preocupación.

«¿Viste al doctor, Jungkook?», preguntó Jimin con voz suave pero preocupada. Acostó a Soo en la cama y empezó a cambiarle el pañal.

Jungkook asintió mientras le pasaba una toallita y un pañal limpio. «Sí, fui».

«¿Y?», insistió Jimin, levantando la vista mientras le ajustaba el pañal a la niña.

«Lo de siempre. Que no tenemos nada malo. Que los dos estamos bien y que sigamos intentando y tomando las vitaminas», dijo Jungkook con un suspiro, pasándole el mameluco limpio. «A lo mejor no es el momento», murmuró, como queriendo creerlo.

«Tal vez», aceptó Jimin, metiendo con cuidado los bracitos de Soo en la ropa. «No tienes que presionarte tanto. Cuando toque, va a pasar. No hay prisas», dijo apretándole la mano a Jungkook para darle ánimos.

Jungkook suspiró mirando a la pequeña Soo, que pataleaba feliz en la cama.

«Lo sé, hyung», susurró. «Pero siento que falta algo. Ya ni me acuerdo de la última vez que Tae y yo hicimos el amor de verdad. Ahora solo es s.x por compromiso. Además, cuando estamos en eso, me pongo a pensar en el bebé y Tae se da cuenta. Se enoja porque no le respondo como él espera». Jungkook se pasó la mano por el pelo, frustrado. «No sé, hyung. Mi cabeza no me deja en paz. Siento que estoy arruinando todo y no sé cómo parar».

Jimin escuchó en silencio con una sonrisa compasiva. «Te entiendo, Jungkook. Pero por eso mismo deberías olvidarte del bebé por un tiempo. Enfóquense en ustedes, vuelvan a disfrutarse. Cuando se relajen, lo demás llegará solo».

Antes de que Jungkook dijera algo, se oyó una voz conocida en la puerta.

«¿Qué hace mi bebé Soo?» La voz cálida de Taehyung llenó el cuarto. Jimin y Jungkook sonrieron al verlo recargado en el marco de la puerta con una mirada traviesa.

«¡Jajaja, sí viniste!», rió Jimin. «¿Pudiste esquivar a tu mamá?».

«¿Crees que me iba a arriesgar a verla llegando tarde?», dijo Taehyung con una mueca burlona, sentándose en la cama junto a Soo.

«La alcancé a ver en el comedor, así que me vine a gatas desde la sala para que no me viera. Por suerte estaba muy entrada en el chisme y ni cuenta se dio», añadió riendo mientras le hacía cosquillas a la bebé, que le agarró el dedo feliz.

«Mi mamá estuvo preguntando por ti mucho tiempo», dijo Jungkook, viendo cómo Taehyung jugaba con la manita de Soo.

Por un momento, todo pareció estar en paz. Las risas y el calor de la familia sirvieron de medicina para la angustia de Jungkook.

Jimin lo miró con comprensión y Jungkook sonrió, sintiéndose más ligero. Pensó que tal vez Jimin tenía razón. Quizás solo debía soltar las penas y disfrutar de esos momentos tan bonitos.

Pero justo cuando Jungkook empezaba a relajarse, un grito retumbó en la habitación y lo sacó de sus pensamientos.

«¿De veras crees que te me puedes escapar así de fácil? ¿Eh?», tronó la voz de la señora Kim. Estaba en la puerta con las manos en la cadera, mirando a Taehyung como solo una madre sabe mirar cuando descubre un truco.

«¡Aish!», se quejó Taehyung, aunque con una chispa de juego en los ojos. Se dejó caer boca abajo en la cama y se tapó con una almohada para «esconderse». Pero su mamá no se iba a quedar tranquila.

«¡Ah, conque escondiéndote!», exclamó la señora Kim, caminando directo hacia él.

Se cruzó de brazos mirándolo seriamente. «¿Cuántas veces te he dicho que estés en casa cuando hay fiesta familiar?». Y le dio unos nalgadas leves pero firmes: primero en el brazo derecho, luego en el izquierdo y al final en la espalda.

Taehyung se asomó por debajo de la almohada con una sonrisa de pena. «¡Ay, mamá, es que tuve una sesión muy importante! Por eso llegué tarde. ¡Pero mandé a Jungkook temprano! ¿A poco no? Él vino en mi representación», dijo sonriéndole a Jungkook como si esa fuera la mejor excusa del mundo.

La señora Kim negó con la cabeza, desesperada. «¿Representación? ¿Es en serio?», resopló. «Él está aquí porque es mi yerno, pero tú, jovencito, eres mi hijo. Tú tenías que estar aquí, no andar mandando gente en tu lugar». Su mirada dura se suavizó al ver la cara de bromista de Taehyung, pero no se la iba a dejar pasar tan fácil.

—Además, ni siquiera ha comido todavía. Te estaba esperando.

A Taehyung le brillaron los ojos con picardía. Le sonrió a su madre y luego miró a Jungkook. —Este es mi esposo lindo, siempre esperándome. ¿Ves, mamá? No deberías tener celos —bromeó. Se acercó a la cama y levantó con cuidado a Soo. La arrulló mientras ella le balbuceaba con alegría.

La señora Kim puso los ojos en blanco, pero una pequeña sonrisa asomó en su rostro. —Tú y tu labia —murmuró, aunque se notaba que lo decía con mucho cariño—. Ya basta de cumplidos. Vamos a cenar. Tu padre y yo también esperamos, ¿sabes? Sentémonos todos juntos.

Miró a Jimin, que seguía observando todo con una sonrisa divertida. —Jimin-ah, ve a llamar a los demás. Diles que nos vemos en el comedor.

—Sí, mamá —respondió Jimin alegremente, saliendo de la habitación con un gesto de cabeza.

Cuando la señora Kim se fue, Taehyung miró a Soo. La pequeña agarraba sus dedos con sus manitas y lo miraba con ojos curiosos. Sintió una ola de ternura al verla.

La sostuvo con delicadeza, levantándola un poco. —Soo, bebé... ¡chiu chiu! —le decía con voz juguetona. Le dio un besito en la frente y sonrió al oír sus gorgoteos. Ella estiraba sus manos para tocarle la cara.

—¿Cuándo llegaste? Vi tus llamadas perdidas, pero estaba cansadísimo y no pude ni contestar —dijo Taehyung. Miró a Jungkook, que estaba medio recostado en la cama. Se veía relajado pero algo agotado por el viaje.

Jungkook soltó un suspiro suave y estiró los brazos sobre la cabeza. —Mmm... creo que fue como a las cuatro o cinco de la tarde. Esperé un rato por ti, pero al final tomé un taxi.

Taehyung asintió pensativo, recorriendo a Jungkook con la mirada de arriba abajo. —¿Y ese conjunto que traes puesto? —preguntó con curiosidad y admiración—. Creo que no te lo había visto antes.

Jungkook bajó la vista y se alisó la ropa con la mano. —¿Esto? —Se rió y miró a Taehyung con una sonrisita de orgullo—. Lo compré por internet el otro día. Pensé que ya era hora de renovar el armario. ¿Te gusta?

A Taehyung le brillaron los ojos y asintió. —Mmm, me encanta —respondió con calidez, mirándolo un poco más—. Sobre todo cuando usas camisetas sin mangas. —Le lanzó una mirada de arriba abajo muy sugerente. Jungkook no pudo evitar reírse, sintiéndose un poco tímido por la atención.

Taehyung notó algo distinto y ladeó la cabeza. —Espera... ¿te cortaste el pelo?

Jungkook se pasó la mano por el flequillo para acomodárselo. —Solo las puntas —respondió con naturalidad—. Quería verme bien antes de venir para acá.

Taehyung sonrió y asintió aprobando el cambio. —Te queda muy bien, de verdad. Te hace ver más guapo —bromeó. Estiró la mano para apartarle un mechón de la frente.

Luego miró a Soo, que balbuceaba feliz en sus brazos, y le dio un pequeño saltito. —Vámonos ya. Hay que ir al comedor antes de que mamá venga a buscarnos otra vez. No le hace mucha gracia que ande por aquí escondido —dijo guiñando un ojo.

Jungkook sonrió y caminó a su lado por el pasillo. Puso su mano suavemente sobre la espalda de Taehyung.

Desde el comedor llegaba el sonido de las risas y la charla de la familia reunida. Era uno de esos momentos sencillos y valiosos. Se sentía el calor del hogar, las miradas cómplices y esa intimidad de estar con personas que son tu verdadera familia.

Pronto, la familia se acomodó a la mesa. Los invitados se habían ido yendo poco a poco, dejando la casa en esa calma acogedora que queda después de una fiesta.

Seojoon se dejó caer en una silla y miró el montón de comida que quedaba. —Ya casi todos se fueron, mamá. Deberías haberles dado algo de esto para llevar. Nosotros no vamos a poder con tanto.

La señora Kim lo miró con una sonrisa paciente. —No te preocupes, hijo. Las empleadas se están encargando. Ellas se llevarán comida a sus casas —aseguró mientras servía las raciones en los platos.

Taehyung se inclinó con una sonrisa y miró a Jennie, que estaba frente a él. —Felicidades de nuevo, Nuna, por darnos otra princesita —dijo con cariño.

Jennie soltó una risita. Su rostro brillaba con la felicidad de ser madre otra vez. —Gracias, Taehyungie, pero debiste llegar antes. Te extrañamos —dijo con un tono de reproche cariñoso.

Taehyung puso cara de pena, sintiéndose algo culpable. —De verdad quería venir, Nuna. Pero el trabajo no me dejó. Lo siento —respondió con sinceridad. Mientras hablaba, le sirvió ensalada a Jungkook. Sus padres notaron ese pequeño detalle.

El señor Kim se recostó en su silla y miró a Taehyung con atención. —¿Se van a regresar esta misma noche?

Taehyung asintió de inmediato. —Sí, tengo que hacerlo. Mañana tengo una sesión de fotos importante y todas mis lentes están en el apartamento.

—Quédate esta noche, Tae —sugirió el señor Kim con tono afectuoso—. Hace mucho que no duermes aquí. Puedes irte mañana.

Taehyung dudó y miró a Jungkook. Este le dio un suave empujoncito con el codo. —Me quedaré este fin de semana sin falta. Pero la sesión de mañana es muy grande —explicó Taehyung, pasándose los dedos por el pelo.

La señora Kim miró de Taehyung a Jungkook. —Entonces deja que Jungkook se quede unos días. Debería pasar tiempo con la familia.

Taehyung se quedó helado. Se rascó la frente y miró a Jungkook con nerviosismo. —N-no... o sea, sí, si él quiere —tartamudeó. Sintió otro codazo de Jungkook y trató de actuar normal.

La señora Kim se rió y puso los ojos en blanco. —Déjalo que se quede, Tae. Jimin y Jennie también están aquí.

Taehyung se mordió el labio, buscando una excusa para llevarse a Jungkook. —Lo haría, pero su escuela queda cerca de nuestra casa. Y ya saben cómo es él con su rutina del gimnasio.

Jennie levantó una ceja con una sonrisa pícara. —Mejor di que no aguantas estar en el apartamento si él no está cerca.

Taehyung se rió y se rascó la nuca. —Está bien, me atraparon. Es verdad. Seguramente terminaría con la casa patas arriba sin él.

La señora Kim sonrió con ternura y le palmeó la mano a Taehyung. —Entonces ven este fin de semana y quédate más tiempo, ¿vale? —Taehyung asintió, animado por la insistencia de su madre.

Después de un momento, la señora Kim miró a Jungkook con dulzura. —Jungkook, cielo, ¿fueron a ver al médico que les recomendé? El que les pasé por mensaje.

Jungkook tragó saliva. Miró nervioso a Taehyung y luego a ella. —N-no... todavía no, mamá. Quizás la próxima semana —respondió. Trató de sonar tranquilo y forzó una sonrisa.

La señora Kim entrecerró los ojos y miró fijamente a Taehyung. Su tono se volvió serio. —¿Es él quien está dando largas? Si es así, dímelo. Mi chancla puede ser una buena motivación.

—¡Mamá! —se quejó Taehyung, sobándose el brazo con una sonrisa apenada—. ¡No soy yo, lo prometo! Iremos. Es que he estado ocupadísimo, eso es todo.

El señor Kim soltó una carcajada y miró a Yoongi. Este intervino con una sonrisa calmada. —¿Cuál es la prisa? Dejen que disfruten su vida y que se asienten cuando estén listos.

—Exacto —asintió el señor Kim—. Deben poder hacer las cosas a su propio ritmo.

Jungkook asintió agradecido, aliviado de que le quitaran la presión. Empezó a comer un trozo de lechuga en silencio. Pero al mirar su plato, se le fue el hambre. Se quedó con una mezcla extraña de sentimientos.

Tras la cena, la familia se reunió en la entrada. La señora Kim le dio a Jungkook varias bolsas con recipientes de comida. —Toma, guarda el kimchi en el refrigerador —le indicó con una sonrisa llena de amor materno.

Jungkook asintió al ver lo pesadas que estaban las bolsas. Taehyung soltó una risita y negó con la cabeza. —Vaya, parece que voy a comer kimchi toda la semana.

La señora Kim bromeó con él. —No, cómetelo en dos días si puedes. Este chico apenas se cuida, así que deja que descanse de la cocina unos días —dijo mirando a Jungkook con cariño.

Taehyung se acomodó el casco bajo el brazo y se acercó a despedirse. —Bueno, nos vemos el fin de semana, hermano —le dijo a Jimin. Se inclinó para darle un beso tierno a Soo en la frente.

Luego se agachó para darle un beso en la mejilla a Mia. Ella se rió y, con mucha emoción, le devolvió un beso en la mandíbula. Taehyung sonrió con el corazón contento.

Jungkook miraba la escena con orgullo y mucho amor por Taehyung.

Taehyung le despeinó el pelo a Jae y le dio un beso en su manita. —Nuna, cuídate mucho —le dijo a Jennie, quien le sonrió.

Cuando Taehyung se puso el casco para irse, Yoongi se acercó. —Conduce con cuidado, Tae. Avisa cuando lleguen a casa.

Taehyung levantó el pulgar. —Lo haré, hyung —prometió.

Mientras tanto, Jungkook hizo una reverencia respetuosa a sus suegros. —Mamá, papá, cuñados, buenas noches —dijo con sinceridad. Luego caminó hacia Taehyung, que lo esperaba sobre la Harley.

Se subió atrás y miró a todos por última vez. Sus caras sonrientes se veían bajo las luces de la casa. —¿Nos vamos? —preguntó Taehyung. Su voz sonaba algo apagada por el casco.

Jungkook rodeó la cintura de Taehyung con un brazo y sujetó bien las bolsas con el otro. —Sí, vámonos —respondió con un sonido suave, agarrándose con fuerza a él.

Taehyung se despidió con la mano, aceleró el motor y salieron a la noche tranquila. Mientras avanzaban por la carretera, Jungkook sentía el aire fresco en la cara. El calor de la espalda de Taehyung lo hacía sentir seguro; era como una promesa silenciosa de que siempre estarían juntos de camino a casa.

—Agárrate fuerte, Jungkook. ¿No tienes frío? —preguntó Taehyung al salir de la mansión.

—Sí, te tengo —respondió Jungkook. Se acercó más y apoyó la mejilla en la espalda de Taehyung para sentir su calor.

El aire de la noche estaba helado y le calaba en la piel, pero estar con Taehyung era suficiente para sentirse bien.

—Debiste traer el coche —se quejó Jungkook, acomodando las bolsas.

—Pero amo la moto —respondió Taehyung sonriendo. Bajó una mano y le dio un apretoncito cariñoso en el muslo. Siguió conduciendo con una mano mientras le hacía círculos con los dedos en la pierna.

—¿Y eso por qué? —preguntó Jungkook un poco desesperado, agarrándose más fuerte.

—Para poder sentir tus b..bies cerca de mí, justo aquí en mi espalda —susurró Taehyung en tono juguetón.

Jungkook resopló y puso los ojos en blanco. —Como si no los sintieras todos los días —bromeó con una sonrisa. Antes de que pudiera decir nada más, Taehyung le dio un pellizco en el muslo que lo hizo saltar.

—¡Oye! ¡No hagas eso! Vamos a terminar en la zanja si sigues jugando —lo regañó Jungkook, aunque no podía ocultar que le hacía gracia. El corazón le latía rápido, pero se relajó cuando Taehyung volvió a poner las dos manos en el manubrio.

—Está bien, está bien. Lo primero es la seguridad de mi linda esposita —dijo Taehyung riendo. Se inclinó sobre la moto y se concentró en el camino.


..continuará..