Capítulo 1

El aire frío de la tarde se enredaba entre los mechones oscuros de Chris mientras ella permanecía inmóvil en la parada de autobús. Sus manos aferraban con fuerza el bastón blanco que se había convertido en su constante compañía durante los últimos dos años. A su lado, Clara, su única amiga cercana en ese momento, le apretó el brazo con suavidad, intentando brindarle algo de calma.
—Todo saldrá bien —susurró Clara con una sonrisa que Chris no podía ver, pero que sentía en la calidez de su voz.
Chris inhaló profundamente, tratando de contener la ansiedad que le atenazaba el pecho. ¿Y si Nay había cambiado demasiado? ¿Y si el reencuentro no era más que un intento fallido de revivir un pasado que ya no existía? No podía negar que estaba nerviosa. Su mente se debatía entre la emoción de volver a ver a Nay y el temor de que aquella amistad que alguna vez fue su refugio ya no tuviera cabida en sus vidas.
Los sonidos de la calle eran su única referencia. El bullicio de la gente caminando, el murmullo de conversaciones lejanas y el rugido de los motores de los autos que pasaban cerca. Entonces, el sonido de un motor potente y suave captó su atención. Un automóvil se detuvo frente a ellas con elegancia. Clara dejó escapar un leve silbido de asombro.
—Definitivamente es ella —murmuró.
La puerta del lujoso coche se abrió, y Chris escuchó el sonido de unos tacones resonando contra el pavimento. Unos pasos se acercaron con calma y determinación. Y entonces, una voz que no escuchaba desde hace más de una década llenó sus oídos.
—Chris...
Era Nay.
La reconoció al instante. Aunque su voz había madurado con los años, sonaba más fría, más distante. Ya no tenía esa dulzura reconfortante que recordaba, sino un tono seco, casi mecánico. Chris intentó sonreír, pero su garganta se cerró. No sabía qué decir. No sabía qué hacer. ¿Debería extender la mano? ¿Abrazarla? Antes de que pudiera decidirse, Nay habló de nuevo, con una calma que rayaba en la indiferencia.
—Ha pasado mucho tiempo.
Sin emoción en sus palabras, Nay no se movió para acercarse más. No la abrazó. No mostró una sonrisa nostálgica. Chris sintió cómo la inseguridad volvía a envolverla. Aunque Nay no era cruel, había un muro invisible entre ellas, un muro que Chris no sabía si podría derribar.
Clara carraspeó, rompiendo el tenso silencio.
—Bueno, supongo que deberían hablar en el camino. —Intentó suavizar el ambiente, pero Nay solo asintió con un leve movimiento de cabeza.
—Vámonos —dijo Nay.
Se dio la vuelta y empezó a caminar en dirección a su coche, pero al notar que Chris seguía quieta, se detuvo y se giró.
—¿Qué pasa? ¿Por qué sigues ahí?
Chris sonrió ligeramente.
—Es que no puedo ver —dijo con una sonrisa.
Nay se giró dándole la espalda, sabiendo que la había cagado. Chris lo notó a través de su silencio, lo que le hizo sonreír más. Nay la escuchó reírse, lo que la hizo girarse para mirarla.
—¿Qué es tan gracioso?
Chris abrió la boca para hablar, pero Nay la cortó antes de que pudiera decir algo.
—No, no, no digas nada.
—Sabes lo que voy a decir.
Nay se sorprendió e intentó negarlo.
—¿Qué? No, no es cierto. Simplemente no tengo tiempo.
Chris sonrió porque sabía que mentía.
Nay suspiró, se acercó y le extendió su brazo para que se pudiera guiar. Al ver que Chris no reaccionaba, Nay decidió cogerle la mano y ponerla en su brazo.
—Yo te guiaré.
Mientras Chris sonreía sin mirarla, Nay se preguntó quién le había hecho eso. Luego de unos segundos, dejó de mirarla.
—Vámonos.
Ya en el coche, Nay tomó el volante mientras Chris se acomodaba en el asiento del copiloto. Nay le lanzó una mirada fugaz antes de encender el motor.
—¿A dónde quieres que te lleve? —preguntó, tratando de sonar casual.
—Donde tú me digas. Por ahora, solo necesito un lugar donde no estar sola —respondió Chris con una sonrisa tranquila.
Nay apretó ligeramente el volante al escuchar eso. Hizo una pausa antes de responder con una voz más suave.
—Siempre puedes contar conmigo... como antes.
Chris sonrió, pero su rostro se oscureció por un momento.
—¿Sabes? Es curioso que nos volvamos a encontrar ahora. A veces creo que... todo lo que pasa tiene un propósito.
Nay desvió la mirada de la carretera por un segundo, inquieta. Cambió de tema rápidamente.
—¿Cómo... cómo ha sido para ti todo este tiempo?
Chris soltó una risa ligera.
—Oh, ¿te refieres a después de perderlo todo?
Nay tragó saliva y mantuvo la vista fija en la carretera. Chris no parecía esperar una respuesta y continuó hablando.
—La verdad es que he aprendido a adaptarme. Pero hay días en los que me pregunto... ¿cómo sería si las cosas hubieran sido diferentes?
Nay no respondió. Su rostro mostraba una mezcla de culpa y ansiedad. Su mano apretó el volante antes de hacer un cambio de marcha.
Luego de unos minutos, el coche se detiene frente a una elegante casa moderna, rodeada de un jardín cuidado. Nay apaga el motor, revisa su reloj rápidamente y lanza un suspiro, con la expresión de alguien que siempre tiene prisa. Gira la cabeza hacia Chris.
—Hemos llegado.
Chris inclina ligeramente la cabeza, percibiendo el tono seco de Nay, pero no comenta nada. Nay sale del coche de manera eficiente, abre la puerta del copiloto y le ofrece su brazo sin mediar muchas palabras. Chris acepta.
—Es tu casa, ¿no? Lo puedo sentir. Ordenada, pero... fría.
—No tengo tiempo para decoraciones innecesarias.
Chris sonríe levemente ante la respuesta y sigue a Nay hacia la entrada. Cuando llegan, Nay desbloquea la puerta con un movimiento rápido y preciso.
—Aquí podrás quedarte. Pero no te acomodes demasiado.
Chris arquea una ceja mientras Nay enciende las luces y las lleva a una sala minimalista. De repente, suena el timbre. Nay, claramente molesta por la interrupción, camina hacia la puerta. Abre con firmeza y encuentra a su hermano mayor, Adrian.
—Vaya, qué reunión tan... inesperada —dice Adrian con un tono burlón.
Nay cruza los brazos y lo mira con severidad.
—¿Qué haces aquí, Adrian?
Adrian, con una sonrisa juguetona, mira a Chris con interés.
—Escuché que habías traído a alguien especial. Tenía curiosidad.
Chris, aunque no puede verlo, siente la energía incómoda en la habitación y se queda en silencio, explorando la situación con cautela.
—No tienes que estar aquí. Vete —responde Nay, con frialdad.
Adrian sonríe con diversión y hace una pequeña inclinación.
—Qué seria estás. ¿Ya no te acuerdas de lo que significa ser hospitalaria?
Nay avanza un paso hacia él, bajando la voz pero manteniendo un tono autoritario.
—No tengo paciencia para tus tonterías. Tengo trabajo que hacer y no necesito que interfieras.
Adrian sonríe ampliamente, claramente disfrutando de la tensión. Se acerca más a Chris, inclinándose hacia ella.
—¿Y tú, Chris? ¿Cómo estás? ¿Te sientes cómoda aquí?
Chris frunce ligeramente el ceño, percibiendo el cambio en la atmósfera.
—Estoy bien, gracias. Aunque parece que interrumpí algo.
Adrian suelta una risa baja.
—Oh, no te preocupes. Aquí siempre hay tensión. Es como un deporte familiar.
Nay interviene, colocando una mano en el hombro de Adrian para alejarlo de Chris.
—Ya es suficiente.
Adrian levanta las manos en señal de rendición, pero su sonrisa persiste. Camina hacia la puerta, pero antes de salir, se gira para mirar a Nay.
—Siempre tan correcta, hermanita. Pero no olvides que nadie puede ocultar secretos para siempre.
Nay aprieta los labios, manteniendo la compostura mientras Adrian se va. La cámara se enfoca en su rostro por un momento, mostrando una mezcla de determinación y preocupación antes de que se vuelva hacia Chris.
—Tienes todo lo que necesitas aquí. Si no, avísame.
Chris asiente, pero su expresión muestra que algo le incomoda. Nay, sin esperar respuesta, toma su bolso y camina hacia la salida de casa, dejando a Chris sola para procesar lo sucedido.
Cuando Chris se queda sola, se sienta en el sofá.
—¿Tan mala relación había entre estos hermanos? Que yo recuerde, eran inseparables. ¿Qué pudo haber pasado?
Chris permanece en el sofá escuchando algo de música mientras decide esperar a Nay.
Luego de varias horas, Nay llega a casa, se detiene al ver a Chris dormida en el sofá, toma una pequeña manta para taparla y se queda mirándola, algo pensativa. Después de unos segundos, Nay decide ir a su escritorio y continuar con su trabajo.
Horas más tarde, Chris se despierta y decide ir a ver a Nay en su despacho.
Nay estaba concentrada en su trabajo, revisando documentos y tecleando en su portátil con rapidez y precisión. Su expresión era impenetrable, y la seriedad que emanaba de su postura hacía que cualquiera dudara antes de interrumpirla.
Chris entró con pasos cuidadosos, sostenida del brazo por un asistente. Había algo en su actitud que denotaba nerviosismo, pero también una determinación silenciosa. Se detuvo frente al escritorio, y con una ligera sonrisa, casi tímida, rompió el silencio.
—¿Molesto?
Nay alzó la mirada por un breve segundo, su expresión fría y distante, antes de volver a centrarse en los papeles. Con un leve gesto de la mano, indicó al asistente que se retirara. Cuando la puerta se cerró, respondió sin apartar la vista de sus documentos.
—¿Qué necesitas, Chris?
Chris intentó sonar casual mientras tomaba aire.
—Solo quería... agradecerte. Por traerme aquí.
El sonido del teclado cesó. Nay se recostó en su silla y la observó fijamente. Su rostro seguía siendo inexpresivo, pero en sus ojos había un brillo de curiosidad.
—¿Es eso todo? —preguntó con un tono seco.
Chris notó la frialdad en su respuesta, pero no se dejó intimidar. Buscó mantener la calma y sonrió levemente.
—No... también pensé que podríamos hablar un poco. ¿Hace cuánto que no lo hacemos?
Nay cruzó los brazos, observándola con una ceja levantada.
—Si esto es una charla nostálgica, no tengo tiempo. Tengo mucho trabajo, Chris.
—¿Siempre estás tan ocupada? Antes no eras así... Recuerdo que...
—Antes no tenía una empresa que dirigir —la interrumpió Nay, levantando una mano—. Y tú tampoco tenías esta insistencia. ¿Qué es lo que realmente quieres?
Chris pareció dudar por un segundo, pero luego sonrió ligeramente. Decidió no presionar demasiado.
—¿No puedo querer conocerte de nuevo? Han pasado años desde que éramos... amigas.
La palabra pareció incomodar a Nay. Bajó la mirada a sus papeles y los reorganizó sin necesidad real de hacerlo.
—Las cosas cambian, Chris. Las personas cambian.
Chris inclinó un poco la cabeza, su tono volviéndose más suave, casi melancólico.
—Tal vez, pero... no todo tiene que cambiar. Quizás podamos recuperar algo de lo que teníamos antes.
Nay se quedó en silencio por un momento. La expresión de Chris parecía sincera, pero ella estaba alerta, desconfiada. La tensión entre ambas era palpable. Finalmente, Nay suspiró y la enfrentó con la mirada.
—Si tienes algo que decirme, dilo ya. No estoy para juegos.
Chris sonrió, como si hubiera obtenido justo la reacción que esperaba. Pero en lugar de responder de inmediato, cambió de tema con naturalidad.
—Bueno, tampoco pensé que dirigirías un imperio... Siempre eras más de dejar las cosas para última hora.
Nay no respondió enseguida. En lugar de molestarse, pareció dudar, como si estuviera evaluando si Chris realmente hablaba con honestidad o si había algo más detrás de sus palabras. Finalmente, cerró la conversación abruptamente.
—La Nay que conociste ya no existe, Chris. Y si no tienes nada más importante que decir, tengo trabajo que hacer.
Chris dio un paso atrás, comprendiendo que no obtendría más en ese momento. Sin embargo, su sonrisa persistió, como si, de algún modo, ya hubiera logrado su objetivo: sembrar una semilla de duda en Nay.
—Por supuesto. Gracias por tu tiempo, Nay.
Se giró para irse, pero justo antes de salir, se detuvo un momento y lanzó una última frase.
—A veces, recordar el pasado puede ser... útil.
Nay frunció el ceño, pero no dijo nada. Solo observó cómo Chris salía de la oficina. Cuando la puerta se cerró, se quedó en silencio, pensativa. Las palabras de Chris la habían afectado más de lo que estaba dispuesta a admitir.