Capítulo uno.
Me preguntó cuanto veneno puede aguantar mi cuerpo.
¿Serán unos veinte minutos? No lo creo, parece muy poco tiempo. Supongo también que depende mucho del tipo de veneno y la dosis, pero yo diría que aguanto alrededor de unos veintitantos minutos. Tal vez hasta un poco más.
Examino la copa frente a mí y presto atención a las partículas extrañas que flotan en el líquido. Sí, esto está alterado.
Y bueno, ya fue.
Bloqueo mi olfato y de un tirón ingiero todo haciendo caso omiso al extraño sabor.
Una vez alejo el borde de la copa de mis labios anuncio mi veredicto. Esto me va a dejar más drogada que la mierda.
<<Pensá en las vacaciones>> Me repito a mí misma la razón de por qué tomé esta misión <<Hermosas y preciosas vacaciones en Dubái>> Suena hermoso.
Pero primero, ya debería estar haciendo esa cuenta regresiva. Son diez minutos mínimos teniendo en cuenta la gran dosis que ingerí ¿Que tantas cosas se pueden hacer en ese tiempo? Morir drogada puede ser una de ellas.
Desde este momento en adelante el reloj corre amenazándome con cada segundo que pasa.
Hace tiempo había descubierto que tenía una buena tolerancia a muchas cosas como el alcohol, el dolor y demás, también la anestesia, lo cual es horrible. Pero si sabía que todo tardaba un poco más en hacerme efecto, así que calculo que en treinta minutos haré mi trabajo.
Asesinar a Eiji Tanaka
Sabía que él vendría a buscarme luego de haberme visto tomarme el trago alterado que me envió, después de todo no fue ninguna coincidencia jugar al Blackjack en su mesa ni mantenerme cerca de él. Eiji Tanaka creía que yo era la oveja que un lobo como él acechaba, cuando la historia era al revés y tal como lo había planeado en poco tiempo ya estaba frente mío.
—Me pregunto; ¿qué hace una hermosa señorita como usted en una noche de casino?
Conozco a los hombres como Eiji, amaban a las mujeres débiles porque los hacía sentir más fuertes y amaban aún más a las mujeres casadas o en relaciones tristes con hombres abusivos porque les hacía creer que te salvaban cual príncipe encantador cuando en realidad, eran mucho peor.
Ya sabía que tipo de papel debía actuar.
—Mi novio no me trata bien, ya no me demuestra que me quiere como antes —dije con tristeza fingida y haciendo un pequeño puchero que me hizo sentir como una idiota.
—Qué pena—contestó de igual forma poniendo una de sus manos en mí espalda baja dándome un escalofrío—. Una belleza como tú debe ser bien tratada.
—¿Tú crees? —Él asintió bajando un poco más su mano y yo tuve que aguantar las náuseas. Se acerca a mi oído para susurrarme.
—¿Te gustaría que te demuestre cómo un verdadero hombre debe tratarte?
—Me encantaría—Esto es ser una verdadera mentirosa. Debería dar una clase intensiva.
Eiji me llevo de la mano fuera del casino con sus hombres siguiéndonos y un auto lujoso nos esperaba fuera del casino. De camino al hotel todo fueron pequeños toqueteos y estúpidas palabras dulces que no significaban nada.
Cuando llegamos ya habían pasado alrededor de diez minutos según el reloj en su gorda muñeca que él no paraba de ojear, debía estar esperando indicios de que la droga hizo efecto por lo que comencé a actuar como si estuviera bajo los primeros efectos.
—Hace calor aquí, ¿no crees? —Abanique mí rostro tirando mí cabeza un poco hacia atrás y lo peor, es que de verdad lo sentía.
—Tal vez te sientas mejor una vez entremos al cuarto—Él no dejó de tocarme en ningún momento mientras me guiaba hacia el cuarto con sus hombres detrás.
Habré tardado unos minutos en el ascensor y paramos frente una suite, él me dio la llave y se giró hacia mí; — Entra, linda. Iré luego de hablar con mis hombres.
Tomé las llaves con las manos algo temblorosas y entré luego de darle una sonrisa medio atontada. Al cerrar la puerta lo escuché dar indicaciones sobre cómo no debían molestarlo y tal como las demás noches que lo estuve vigilando, él se quedó sin guardaespaldas. Ahora era mi momento.
Lo espere sentada en la cama intentando verme atractiva cuando en realidad estaba comenzando a sentirme un poco mareada. Creo que la dosis fue más fuerte de lo que pensé.
—Muy bien, linda—A penas noté cuando entró al cuarto—¿Cómo te sientes ahora?
—Algo caliente—Las palabras me salieron algo atropelladas y mi respiración se agitaba de a poco.
Esto ya no puede esperar.
Me levanté para tirar de su mano para que se siente en el centro de la cama y me subí arriba de él. Había planeado miles de formas de matarlo y había encontrado la perfecta, pero para eso, necesitaba su cuello al descubierto y con tanta ropa no podía encontrarlo.
—¿Y tú? ¿No tienes calor? —Comencé a quitarle el saco, para luego pasar a remover la corbata a medida que hablábamos.
—Estoy ardiendo—Su tono debió haber sido seductor, pero solo me causó repulsión.
<<Estás haciendo esto por tus vacaciones, Zoe. Piensa en las vacaciones>>
Hice que se recostara en la cama y fui desabotonando su camisa sin querer ver lo que había debajo y una vez listo me saqué la horquilla del cabello dejando que caiga libre. Acerqué mí rostro al suyo sintiéndole el aliento a alcohol y aproveché que tenía los ojos cerrados para asustarlo.
—Eiji Tanaka, encargado de la tercera subdivisión de Ichii. Un idiota que se cree invencible —Él abrió los ojos de par en par asustado y yo le sonreí—. Te encontré, bastardo.
La horquilla de metal que tenía sosteniendo mi cabello era lo suficientemente puntiaguda para herir a alguien, la había conseguido hace tiempo, pero no la había usado hasta ahora. Sentí que hoy era una ocasión especial para estrenarla.
Pasé el filo por su cuello, más específicamente en la yugular con un corte preciso y mortífero. La sangre que salía de su cuello manchó una parte de mí cara, mis manos, el pelo y demás, también manchaba las sábanas blancas del hotel, pero eso ya no era mi problema.
Eiji Tanaka fue asesinado en menos de un minuto y su muerte me trajo algo de satisfacción, solo un poco.
Me levanté de la cama alejándome del cuerpo, sentí otro mareo esta vez más fuerte y supe que tenía que correr a refugiarme, ya estaba a contratiempo.
Salí rápido del cuarto sin importarme como me veía porque iba a salir por la puerta trasera de emergencia y nadie iba a verme. Corrí tan rápido que casi termino vomitando cuando sentí el aire fresco.
Creí que estaba a salvo, que nadie me había visto, pero al salir del callejón en la puerta del hotel estaban los guardias del muerto que dejé en el hotel. No quise hacer ningún ruido para no llamar su atención, lástima que mis zapatos decidieron romper su tacón quitándome el balance, me agarré del poste de luz más cercano que tenía para sacarme los tacones y ellos se giraron en mí dirección al escuchar todo el ruido que hice.
Nos miramos un minuto hasta que se dieron cuenta de que estaba llena de sangre y cuando logré quitarme el calzado salí corriendo, volteando solo para ver qué tan cerca de mí estaban. Calculé que había perdido veinte minutos en total, solo me quedan diez minutos para solucionar esto y aun así no creía llegar.
Corrí como loca siendo perseguida por unos seis guardaespaldas que eran el doble de mí tamaño. Me choque con un montón de gente intentando escapar o perderlos de vista.
<<Mierda. Mierda, Zoe>> Pensé entrando en desesperación al sentir que todo daba vueltas << ¿Por qué te tomaste esa bebida?>> Me regañaba ahora.
Me metí entre calles que nunca había escuchado o pasado en mí corto tiempo en Tokio y me mezclé con la gente que pasaba. Espero que esto sirva. La cabeza me da tantas vueltas que no podía pensar tan claramente como antes, aún que dudo que haya pensado con inteligencia el haberme tomado esa bebida.
Detrás de mí escuché un estruendo de gente y unos disparos salir de la nada, encontrándome con los guardaespaldas de antes que se acercan cada vez más.
La adrenalina del momento me hizo despertarme un poco pero no lo suficiente para lograr esquivar todas las balas en mí dirección. Me toqué el lado izquierdo del estómago sintiendo una punzada en la zona y como de esta salía sangre. El dolor era horrible, se intensifica cada vez que me movía más rápido, pero me mantenía despierta lo suficiente para alejarme fuera de su vista.
Entre tanto quilombo no me di cuenta de que la persecución terminó y mis pasos se volvían pesados, perdiendo poco a poco el control de mí cuerpo.
Con los pies descalzos, al cabello desordenado y una mano sosteniendo la zona herida lo más lejos que pude llegar fue el centro de Roppongi.
Las calles estaban ocupadas, pero todos estaban en sus propios mundos como para darse cuenta de que una extraña estaba desangrándose y solo pude caer rendida en un callejón detrás de unos comercios esperando que mí destino sea decidido por Dios.
<< ¿Es así como voy a morir?>> Pensé inhalando y exhalando para calmarme.
Nunca había sido creyente de nada, ni tampoco creía en el perdón, pero ahora lo busco desesperada. Ahora entiendo a Lara cuando se pone a rezar antes de una misión. No debí haberme reído de ella.
—Dios, sé que no he sido una buena persona y que merezco este final, pero, por favor, concédeme tu perdón—murmuré perdida con misericordia mirando el cielo oscuro.
<<Solo eso, un perdón>> Pienso mientras espero y espero una respuesta que no llegará <<La vida no da segundas oportunidades, al menos no a mí>>
Desde pequeña no había tenido un buen comienzo, mi vida había sido una mala decisión tras otra mala decisión sin saber hacia dónde apuntar para tener un buen final, normalmente siempre solía hacerlo de la manera contraria que luego me llevaban a situaciones como estas.
El trabajo había terminado y era una lástima que no pudiera disfrutar de mi paga o mis vacaciones que yo misma decidí darme.
Durante todo este tiempo en Japón me había imaginado las cosas que haría con ese dinero; una casa en Italia, ropa de lujo, un nuevo teléfono, lo que sea, estaba todo a mí alcance. Lástima que no podía pedir una vida nueva.
Lo material no era un problema para mí de conseguir, podía chasquear los dedos y frente mío tendría un banquete de los delicatesen más codiciados alrededor del mundo y aun así eso no era suficiente para saciar el molesto sentimiento de vacío que experimentaba de forma constante en mi vida.
La vida no ha sido justo conmigo, nacer en un hogar sin experimentar el amor de unos padres que pronto no dudaron en dejarme a la merced de nadie para ir cada quien por su lado es una demostración clara de que estaba en una pelea muy importante con el destino por ver qué tanto podía aguantar.
Nacer en un lugar abundante en pobreza dificulta aún más las cosas y sin dinero, amor, ni alguien que me guíe, ya estaría muerta si no fuera por la única ayuda que me ofrecieron.
Trabajar para una mafia desde una edad muy temprana no era lo ideal para una niña, pero es mejor que cualquiera que los destinos alternativos que pudieron haber ocurrido si no aceptaba el trabajo.
No había estado nunca en Japón, fue una suerte que haya caído allí por trabajo y una desgracia tener que estar al borde de la muerte en un callejón sabiendo que la probabilidad de que salga viva de aquí era difícil de ver, como la hermosa vista de las calles ocupadas de Roppongi que se desvanecía poco a poco a medida que la sangre dejaba mí cuerpo.
Sentía la respiración cada vez más ardua y supe que moriría allí, recostada contra la pared de un negocio del que ni me molesté en mirar, en la calurosa noche de un viernes en Tokio.
Mis ojos se estaban cerrando del cansancio, no podía ver nada con la vista desenfocada y sin cuidado alguno dejo caer mi cabeza hacia un lado, por un momento creí estar alucinando cuando frente a mí se posó una mano.
Parpadeo un par de veces creyendo que se esfumaría, pero la imagen no flaqueó.
<<¿Era Dios?>>
Curiosa sobre a quién le pertenecía, seguí la vista desde los dedos pasando por la muñeca donde mis ojos le prestaron más atención a los tatuajes que recorrían los brazos de la persona que me miraba desde arriba, pero estaba tan desorientada y fuera de mí misma que no alcanzo a ver el rostro de la persona que tenía frente a mi antes de caer inconsciente.