El Cobertizo

Sinopsis

Vik ha dicho que prefiere la muerte a continuar con la vida que arrastraba. ¿En serio la prefiere luego de ver lo que se arrastra en otras dimensiones? Hey! sólo es el chico de limpieza. (Scifi, Humor, Homosexualidad, Ligero)

Genero:
Scifi/Humor
Autor/a:
MoussyK
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1: La Despedida

"Deseo vivir sin rumbo a través de las estaciones.

La soledad me debe un abrazo.

La vida es un regalo.

Pero no a tu lado."


--Bueno, tú lo has querido así - empezó Aurus, negando con la cabeza. Estaba acostumbrado al estupor que imponía su presencia. Seguía siendo malditamente hermoso. Totalmente antinatural ¿Cuántos años había existido antes de encontrarme? Ni siquiera yo podía calcularlos. Todo en él era falso. Sus cabellos frondosos y largos, su rostro claro y aquellos ojos dorados y felinos que para algunos eran un sueño y para mi cifraban innumerables pesadillas.

Acababa de entregarle la orden superior donde me ponía a disposición del estado como un recurso. Ya no era de su pertenencia. No había negativa posible. Esperaba que le quedase claro que prefería estar muerto a seguir viviendo con él.

-- ¿Te atreves a irte? -- agregó con cierta nota agria en la voz.

Mi calma lo ofendía. Había perdido demasiado poder. Estaba analizando sus opciones. Ya conocía de sobra su forma narcisista de torcer cualquier situación para que terminase siendo culpa mía, mientras él tenía que "sufrir" beatíficamente las consecuencias. Esperaba cualquier frase de su variado repertorio: "mira lo que me hiciste hacer", "eres tan dramático", "¿nunca pensaste cómo me iba a afectar?"

-- Ajam.

No iba a discutir. Antes, Aurus me lastimaba y gozaba el dominio psicológico que ejercía sobre mí. Siempre terminaba retorciéndome en sollozos, pidiendo perdón y gritando que era una persona horrible. Oh, el salvador Aurus, el ángel bienaventurado de los pobres y oprimidos se entretenía manipulando a un pequeño.

Los años habían pasado y ya no sentía nada. Ahora sólo quería que cerrase el pico.

¿Tenía yo responsabilidad sobre la extinción de los dinosaurios o todavía cargaba sobre mis hombros la peste negra? ¿Clavé al salvador en la cruz o solté la bomba atómica? En este punto no había calamidad histórica que no fuese originada por mí.

Ajusté la tira vieja de la mochila y asentí. Él no podía dejarlo pasar.

-- ¿Quién ha podido ayudarte en esta tontería? ¿Sabes que las misiones acabarán contigo? Podrías anularlo y quedarte.

-- Adiós.

Cero explicaciones. Estaba harto y enfermo. Si alguna vez el cielo había existido entre los dos ya sólo quedaba un espacio oscuro y lleno de líneas contradictorias. Su belleza me molestaba. Era el recipiente vacío de un idiota. Había soportado todas sus estupideces y había creído todas sus promesas. Tuve momentos fervientes de soledad donde pensaba que iba a cambiar, pero se disolvieron cuando la novela empezó a repetirse una y otra y otra y otra vez...

Aurus avanzó con la línea del entrecejo empezando a marcarse. Estábamos en la acera frente a la reja que separaba el jardín de la casa. No podía dañar propiedad del estado sin meterse en un buen lío. Para la cantidad de suciedad que había en sus registros y las actividades ilícitas que practicaba bajo la fachada de una casa respetable era más saludable aceptar que me fuese.

-- ¡Ingrato! - levantó la voz. - ¿Sales como un ladrón de mi casa? ¿Rechazas las bondades que tuve contigo? ¿Cuánto crees que me tomará encontrar a otro y entrenarlo? ¿Sabes que manejar esto es complicado? ¿Acaso no tenemos algo especial? ¿Nuestros lazos no significan nada para ti? ¿No me debes obediencia? ¡Eres mío, maldición! Sólo estás celoso de mis juguetes. ¡Soy el señor, tengo derecho a tener todos los que quiera! Justo te iba a registrar como ciudadano. Lo has echado a perder. Eres pura mierda. Cuando me entere de quién te ayudó...

Pura mierda de segunda.

Claro. El esclavo. Cómo se me ocurría pedir buen trato y una vida digna. El señor no estaba listo ni para lavar los platos. Pero sí para echarse encima a cualquiera que trajese con sus tretas. Era sucio y disoluto. El rey Aurus podía dominar a un menor de edad abandonado pero se asustaba ante un adulto que le pintaba sobre la frente el NO definitivo. ¿Ciudadano? Diez años habían pasado desde nuestro primer encuentro y estaba seguro que en diez años más seguiría siendo VI-K 262.

-- Parece que he perdido la oportunidad de ser feliz. Estoy devastado -. le respondí pausado, haciendo un gesto de despedida con la mano.

Su cara era un poema épico, me estaban dando unas ganas increíbles de reír. Lucía tan ofendido.

-- Maldito marginal hijo de...

Lo observé por última vez. Nada de lo que había en su rostro me era querido. No extrañaría para nada su ropa sucia, su desorden, sus amantes, sus caprichos y su total falta de empatía con la humanidad.

-- Vas a regresar arrastrándote y rogando... mugroso de mierda, - empezaba a resoplar - Yo... yo te saqué de la calle, porque seguro hubieras muerto. Eras un perro sarnoso. Te brindé un hogar... te di todo. Te hice de la nada, pedazo de desperdicio ¿Quién te va a querer? Mírate, ya no eres ningún jovencito y con ese carácter. Si la gente te aceptaba era por mí. Lo mejor que te ha pasado ha sido convertirte en mi lacayo. No tienes vergüenza. Ni una sola pizca de generosidad. Jamás debí haberte recogido. Pero soy tan bueno...

Su voz era cansina. Simplemente ridícula. ¿Generoso? un pedófilo que quería un esclavo gratuito para maltratar. Podía lucir como un señorito, pero sólo eran los tratamientos acumulados en su alma arrugada y pútrida. Era falso desde los cabellos claros hasta la punta de los pies.

-- Ay, Aurus, espero que te vaya bien.

Mi sombra se proyectó larga sobre la suya. Los reflectores cargados de sol iban encendiendo la ciudad en un brillo bohemio.

-- ¿Te dignarás a decirme dónde vas? - su voz se tornó distinta, bajando los decibeles.

-- Olvídalo.

"Ni siquiera estaremos en el mismo plano existencial"

-- ¿Pensarás... en mí... alguna vez? -- sus ojos furtivos buscaron los míos con esperanza.

-- Nunca.

Le di la espalda. El primer paso fue sencillo. Las luces rojas de los transportes alimentadores ya se veían desde fuera. No podía esperar. Salí a la estación. El aire de la noche era jodidamente fantástico, ligero, lleno de posibilidades. No caminaba, volaba. Sin peso, sin arrepentimiento, era yo conmigo y para mí y aunque la perspectiva de empezar nuevamente en condiciones agrestes era de consideración, estaba listo para lo que fuese.

"Muerto y enterrado"

Pensé mientras me lanzaba al vagón pintarrajeado del tren hacia una nueva vida.