Prólogo
Las guerras no terminan cuando cesan los disparos. Terminan cuando ya no queda nadie que recuerde por qué empezaron.
No importa cómo comenzó.
No importan los discursos.
Tampoco importan los Zhell, esos enemigos invisibles que la Federación convirtió en el rostro del miedo. Criaturas imperialistas, como nosotros, dicen algunos. Dioses del Caos, murmuran otros. Pero, en realidad, solo fueron una excusa.
Porque la guerra nunca fue sobre ellos.
Nunca lo es.
El verdadero enemigo está más cerca. En los pasillos de acero donde se negocian vidas como si fueran recursos reciclables. En las decisiones que se toman en mesas de cristal, lejos del polvo, el hambre y la sangre.
Las colonias ardieron, las ciudades flotantes cayeron, y el vacío del espacio se llenó de escombros... pero eso tampoco importa ahora.
Lo que importa es lo que quedó después.
Los cuerpos que no se contaron.
Las cicatrices que no sanaron.
Las promesas salvadoras que nadie tuvo el valor de cumplir.
Esta no es una historia sobre la gran guerra entre la Federación Humana y los Zhell.
No por ahora.
Esta es la historia de Mara.
De lo que perdió.
De lo que intentó salvar.
Y de las decisiones que la persiguen.
Porque mientras la galaxia Quorad, observa las batallas en el frente, las verdaderas guerras se libran en silencio.
Dentro de nosotros mismos.








