Guardian of the Lost

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Sinopsis

Ash, un demonio que busca la redención de su alma, es enviado al mundo humano. Se le asigna una misión, cuidar de un joven humano cuyo destino es "especial", aunque debe mantenerse en cautela. Deberá aprender a adaptarse a su nueva vida y a su nuevo cuerpo. ¿Podrá salvar al humano y al mismo tiempo salvarse a si mismo?

Genero:
Fantasy
Autor/a:
GGG_book
Estado:
Completado
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1: Nuevo Comienzo

« A los que enfrentan sus dudas y cargan con su pasado, pero aún así siguen adelante.

Porque la redención es posible. Porque confiar en otros puede ser tan difícil como confiar en uno mismo. »

° °

El olor acre a azufre y el resplandor rojo provocado por las llamas inundaba el lugar; era el Infierno, o el Inframundo, como prefieras llamarlo.

  Un joven demonio permanecía arrodillado ante un consejo formado por siete grandes y poderosos demonios. El más imponente de todos se inclinó hacia él, su voz grave y autoritaria resonaba por todo el salón.

  –Ash, el Cielo tiene una misión para ti –dijo, entre cerrando los ojos– Iniciaron un programa para redimir almas; quieren darte una segunda oportunidad.

  Ash levantó la cabeza, incrédulo, con una mezcla de confusión y entusiasmo.

  –¿Cuál es la trampa? –preguntó con frialdad.

  –Tu misión será ser el guardián de un chico humano –respondió el demonio consejero, dejando escapar una carcajada que hizo temblar las paredes del lugar– ¡Qué tarea tan patética! Como si un demonio pudiera proteger a alguien...

  El eco de su risa retumbó por lo que parecieron minutos; o quizá horas, el tiempo era un concepto muy difícil de calcular en ese lugar.

  –Prefiero eso a quedarme atrapado sufriendo la eternidad en este agujero –respondió Ash, mirando al demonio con seriedad que cortaba el aire como una cuchilla.

  –Bien, pues tendré que enviarte enseguida al mudo humano –el consejero lo observó con una sonrisa torcida antes de levantar la mano, dispuesto a chasquear sus dedos. Sin embargo, el joven demonio lo detuvo.

  –Espera. ¿Cómo sabré quién es el humano que debo de proteger?

  –Lo sabrás, cuando lo veas –respondió con indiferencia. Entonces su sonrisa se agrandó con malicia–. Nos vemos, Ash. Espero que fracases.

  Sin más, chasqueó los dedos.

  El mundo alrededor de Ash se desvaneció en una densa oscuridad. Por un instante no había nada más que un vacío, pero pronto una luz cegadora irrumpió con fuerza.

  Ash abrió los ojos lentamente, parpadeando mientras sus pupilas se ajustaban a la tenue luz que se filtraba en el lugar. Se encontraba en medio de un callejón estrecho, rodeado de paredes grises cubiertas de grafitis y contenedores de basura. A lo lejos, el bullicio de la ciudad era apenas un murmullo.

  Empezó a caminar por el callejón, sus pasos resonaban en el silencio. De repente, un escalofrío recorrió su espalda. Algo no estaba bien.

  Las sombras a su alrededor comenzaron a moverse de manera antinatural, como si estuvieran vivas. Ash se detuvo en seco. Frente a él, las sombras se agruparon y tomaron forma hasta que emergió una figura femenina.

  Era el Espíritu del Miedo. Una joven de cabello verde esmeralda que caía en ondas, sus ojos del mismo tono que parecían brillar, o tal vez si lo hacían. Vestía un largo vestido negro que parecía estar echo por la misma noche y fundirse con las sombras.

  –Ash... nunca pensé que te vería aquí –dijo con una sonrisa sarcástica mientras lo miraba de arriba abajo–. Entre estos... frágiles humanos. Siempre fuiste el más fuete de todos.

  Ash la observó con frialdad, cruzándose de brazos.

  –No estoy aquí por elección. Tengo una misión que cumplir –respondió con su voz cargada de desdén.

  El Espíritu del Miedo dio un paso adelante, acercándose con lentitud. Su mirada penetrante parecía atravesarlo, buscando algo en su interior.

  –¿En serio? –preguntó con tono burlón–. ¿Un demonio como tú? ¿Rebajado a cuidar de estas... criaturas inferiores? Has caído muy bajo, Ash.

  –Mis asuntos no son de tu incumbencia. Ahora, apártate de mi camino –contestó Ash.

  El Espíritu sonrió, una sonrisa torcida que hizo que sus ojos brillaran con un fulgor siniestro.

  –Oh, pero son precisamente mis asuntos –susurró mientras su sonrisa crecía–. Siempre fui la primera en alimentarse de los sentimientos que provocabas, del... miedo que despertabas en otros.

  Ash no respondió de inmediato. Las palabras del Espíritu resonaban en su mente, trayendo recuerdo que preferiría enterrar. Finalmente, rompió el silencio.

  –Eso es el pasado. He dejado atrás esa vida.

  El Espíritu del Miedo se movió alrededor de él, transformándose en una masa de sombras que se deslizó hasta colocarse al lado de Ash.

  –¿De verdad lo has hecho? ¿O es solo lo que te dices para sobrevivir en este miserable juego? –le susurró al oído–. ¿Crees que puedes cambiar lo que eres? La oscuridad, la destrucción, el miedo... siempre serán parte de ti.

  Ash apretó los puños por un momento, pero luego levantó la mirada con firmeza.

–Tal vez tengas razón –dijo Ash con voz cargada de determinación–. La oscuridad y el miedo siempre serán parte de mí. Pero también puedo elegir cómo usarlos. No dejaré que tú, ni nadie más, me diga que hacer o me arrastre de nuevo al abismo.

  El Espíritu rio suavemente, su forma difusa vibraba con cada carcajada.

  –Veremos cuánto tiempo puedes mantener esa facha de héroe, Ash –respondió con una sonrisa antes de retroceder a las sombras–. Nos volveremos a ver... cuando te canses de jugar. Te estaré esperando.

  Sus palabras se desvanecieron en el aire, y lo último que quedó de ella fueron sus ojos verdes brillando como brazas antes de que también se extinguieran.

  Ash respiró profundamente, mirando el oscuro callejón que acababa de recorrer. Sus pasos reanudaron su marcha, esta vez con una renovada determinación. Pronto dejó atrás la penumbra, avanzando hacia el bullicio de la ciudad.

  Cuando Ash salió del callejón, algo llamó su atención: sus manos ya no tenían el tono gris de su piel demoníaca, sino que eran humanas. Miró hacia su espalda y notó la usencia de sus alas. Su espada, que siempre había sido su compañera, ahora colgaba de su cuello transformada en un simple dije. Incluso su ropa había cambiado; ahora vertía jeans oscuros, una camisa morada y una chaqueta negra que lo hacía parecer más humano.

  –Así que esto es ser humano...– murmuró mientras admiraba sus manos y luego se tocaba el rostro, descubriendo que aún conservaba unos pequeños cuernos y colmillos.

  Al rebuscar en el bolsillo de su pantalón, encontró un gorro de lana gris. Lo examinó con una ceja levantada y murmuró para si– Muy conveniente.

  Se lo puso para cubrir los cuernos, ajustándolo cuidadosamente, y luego miró a su alrededor, intentando entender el entorno. Las calles llenas de ruido, luces y personas apuradas en distintas direcciones. Todo era caótico, pero había un cierto orden que le fascinaba.

  Deambuló hasta llegar a un parque lleno de vida. Familias, corredores y niños jugando le daban al lugar una atmósfera de calma en medio del bullicio. Fue entonces cuando lo vio.

  Un joven de cabello rubio y largo, lentes redondos y ojos color avellanas caminaba distraído con unos papeles en las manos, aparentemente eran de una universidad. Había algo diferente en él. Una energía más brillante, casi luminosa, que parecía irradiar de su ser.

  –Así que tú eres el humano que debo cuidar... –pensó Ash mientras lo observaba con detenimiento, cruzándose de brazos–. ¿Qué tiene de especial protegerte?

  El joven seguía caminando, concentrado en los papeles que sostenía. Ash frunció el ceño al notar que no prestaba atención a su entorno. Entonces, una bicicleta apareció de la nada, avanzando peligrosamente hacia él.

  En un movimiento instintivo, Ash corrió hacia el chico y lo empujó fuera del camino justo a tiempo. La bicicleta pasó de largo, y el chico cayó al suelo, sorprendido. Levantó la mirada hacia Ash, aún confundido por lo que acababa de suceder.

  –¿Estas bien? –preguntó Ash con calma, tendiéndole una mano para ayudarlo a levantarse.

  –S-si... gracias. Creo que me salvaste la vida.

  El joven parecía desconcertado, pero había algo más en su mirada: una conexión que no podía explicar. Ash lo observó en silencio por un momento antes de esbozar una pequeña sonrisa y desaparecer entre la multitud. Sin embargo, continuó siguiéndolo a distancia, intrigado.

  El chico llegó al centro del parque y se sentó en un banco, aún aturdido. Revisaba los papeles, aunque claramente no podía concentrarse. Ash decidió acercarse y, con aparente casualidad, se sentó en el mismo banco, manteniendo una distancia prudente.

  –Bonito lugar para despejar la mente, ¿no crees? –comentó Ash con un tono relajado mientras miraba al frente.

  El joven levantó la mirada de los papeles, un poco sorprendido, pero luego sonrió levemente.

  –Si... es uno de mis lugares favoritos para estudiar. O al menos intentarlo.

  Ash giró la cabeza para mirarlo directamente, con una sonrisa enigmática– Te vi hace un momento. Casi te atropella una bicicleta. Tienes suerte.

  –Supongo que si... –el joven rio nerviosamente, encogiéndose de hombros– gracias por intervenir, por cierto.

  –No hay problema. Parecía que necesitabas una mano –dijo Ash, inclinándose hacia adelante y apoyando los codos en las rodillas–. ¿Te pasa seguido?

  El joven soltó una risa suave, aunque algo incómodo– Más de lo que me gustaría admitir. No sé, a veces siento que atraigo este tipo de cosas.

  –Tal vez, tienes una especie de imán para los problemas... o algo más –Ash lo miró de reojo, con palabras llenas de intención.

  El chico frunció el ceño, intrigado– ¿Algo más? ¿A qué te refieres?

  Ash negó con la cabeza, sonriendo– Nada, solo una teoría loca. Soy Ash, por cierto.

  –Ethan. Mucho gusto, Ash –el joven extendió la mano y Ash la tomó con firmeza. Por un instante sus miradas se cruzaron y mantuvieron el contacto por un rato, más de lo necesario.

  –Lo mismo digo, Ethan.

  –Así que... Ash ¿Vienes a este parque seguido? No recuerdo haberte visto por aquí antes –dijo Ethan recostándose en el banco.

  –Acabo de mudarme cerca –asintió Ash, mintiendo–. Pensé que sería un buen lugar para conocer gente... y parece que tenía razón.

  Ethan sonrió levemente– Es un buen lugar para eso –Ethan sacó un bolígrafo de su mochila y un papel para escribir–. Si necesitas algún consejo sobre la zona no dudes en preguntar –Ethan le entregó a Ash el papel con su número de celular y su dirección.

  –Te lo agradezco, Ethan –dijo Ash mientras tomaba el papel–. Puede que acepte tu oferta... pronto.


° °