La última heredera del reino (omegaverse)

Sinopsis

Una historia de amor y sacrificio en un reino dividido por la guerra. Tn, una joven princesa omega, y Tae, un alfa y príncipe heredero, luchan por la paz entre dos reinos mientras enfrentan desafíos que los ponen a prueba. Con giros inesperados y personajes inolvidables, esta trama nos lleva a un viaje de valentía, esperanza y la promesa de un futuro mejor. Un relato épico donde el amor se convierte en el motor de la paz.

Genero:
Fantasy/Action
Autor/a:
Belu Kim
Estado:
Completado
Capítulos:
10
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capitulo 1

Capítulo 1: La Caída del Reino

El reino de Luminar se desmoronaba ante mis ojo. Mi padre, el rey, había caído en combate, luchando hasta el último suspiro para darme la oportunidad de escapar. Los ecos de su sacrificio resonaban en mi mente, mezclados con los gritos y el caos del ataque. El príncipe Kai, que tanto había deseado mi mano, finalmente había logrado su venganza tras mi rechazo, el era el último heredero de su reino y necesitaba aliarse con el reino de mi padre para tener mas poder.

Con el corazón destrozado y las piernas temblorosas, corrí hacia el pasadizo secreto. Sabía que ya nada quedaba de mi hogar, debía huir. No podía quedarme allí.

Antes de salir, me detuve un instante. No podía ser la misma si queria escapar viva. Tomé una profunda bocanada de aire y, en un parpadeo, mi cuerpo se transformó en el de una loba blanca con toques sutiles de amarillo, mis ojos resplandecían como la luna llena. Corrí a través del castillo, moviéndome con rapidez y silenciosa como la sombra de la noche.

El sonido de mis patas golpeando el suelo era lo único que oía mientras cruzaba por las afueras del reino. La furia, el miedo, y la tristeza se combinaban en mi pecho, impulsándome a correr más rápido, más lejos. Nada podía detenerme.

Finalmente, llegué al bosque. El aire fresco de la naturaleza me llenó los pulmones mientras me detenía a un costado, cerca de un arroyo. No tenía fuerzas para seguir corriendo. Volví a mi forma humana, mi cuerpo agotado y mi mente perdida entre los recuerdos de lo que había sucedido.

Comencé a caminar sin rumbo fijo, como un espectro en medio de la oscuridad. El viento soplaba suavemente, pero nada podía calmar el dolor que sentía.

A lo lejos, una figura se materializó entre los árboles. Un hombre, cubierto con una capa oscura, caminaba en dirección contraria a la mía. Al verlo, me tensé, dispuesta a defenderme.

Él, sin embargo, no mostró sorpresa alguna al verme. Su mirada era tranquila.

— Princesa? Soy un mensajero.—dijo con voz firme pero sin prisa.

Miré sus ojos, buscando una señal de amenaza, pero no encontré ninguna. La desconfianza aún me quemaba por dentro, pero no tenía muchas opciones.

—¿De qué reino eres? —pregunté, tratando de entender por qué un hombre desconocido aparecería aquí en medio de todo esto.

—Vengo del reino de los Kim —respondió, con una seriedad que no dejaba espacio para dudas—. El rey me envió a buscarte.

—¿El rey Kim? —mi voz sonó áspera, como si todavía me costara comprender lo que había sucedido. —No sé qué puede ofrecerme Kim. Todo está perdido aquí. Mi padre, el rey murio.

—Sé que no hay nada que hacer por su padre ya pero el rey de Kim puede ofrecerte protección. Tal vez respuestas. Quizás incluso un futuro.

Aunque la idea de ir a otro reino no me atraía, el vacío de no saber qué hacer era aún más insoportable. No tenía nada más a lo que aferrarme.

—Y si me niego, ¿qué pasará? —pregunté, mi voz ahora más baja, casi susurrante.

—Entonces te quedarás sola en un mundo que ya no es el tuyo —respondió, sin ocultar la verdad que dolía. —Con todo respeto, Kim es su única opción por lo que veo, princesa.

Una punzada de dolor recorrió mi pecho al escuchar la palabra “princesa”, pero me mantuve firme.

—Está bien —dije finalmente, con un tono resignado—. Llévame a el reino Kim.

El asintió y me ofrecio su caballo mientras el comenzó a caminar, guiándo su caballo con migo en silencio mientras el bosque nos rodeaba. No sabía qué me deparaba el futuro, pero sabía que no podía quedarme. Ya no tenía hogar, ni familia, ni reino. Y en ese momento, Kim parecía la única esperanza.