Capítulo 1- ¡¿Mi pareja?!
Caminaba con la cabeza baja mientras apretaba el dobladillo de mi vestido desgastado. Me movía por la casa de la manada evitando a los guerreros que hablaban entre susurros. Hoy era la cumbre anual, un día que me daba pánico desde que tengo memoria.
El Alpha King Xander Black estaba por llegar.
Solo escuchar su nombre me daba escalofríos. Todo el mundo lo conocía por ser un guerrero sin igual. Era un gobernante tan temido que hasta los Alphas más rudos agachaban la cabeza ante él. Además, su familia fue destruida por una traición que mancharía mi apellido para siempre.
La hija del traidor. Maldita. Un estorbo.
Los chismes me seguían a todos lados, igual que las miradas de desprecio y las muecas de asco. Aprendí a vivir con eso y a volverme invisible. Pero hoy, el peso de su odio me asfixiaba.
Me obligué a concentrarme en mi trabajo y acomodé los platos ceremoniales en la mesa del banquete. El Alpha King y sus mejores guerreros se sentarían aquí a beber vino y hablar de política para decidir el destino de lobos como yo. Solo necesitaba pasar la noche sin llamar la atención.
Pero el destino nunca se ha portado bien conmigo.
De pronto, un silencio absoluto cayó sobre el salón y me puso los pelos de punta. No hacía falta voltear para saber qué pasaba. El aire se puso denso, cargado de dominancia y de algo mucho más peligroso: poder.
Había llegado.
Las puertas se abrieron de par en par y el eco de unas botas pesadas retumbó en el suelo de mármol. Tragué saliva, pero mi cuerpo me traicionó con un escalofrío que me recorrió toda la espalda. Cada lobo en la habitación agachó la cabeza, pero yo me quedé congelada con el corazón a mil por hora.
Podía sentirlo.
El momento era sofocante, como si una fuerza invisible me aplastara los huesos. Me atreví a levantar la mirada.
El Alpha King Xander Black estaba en la entrada. Era un hombre de hombros anchos e imponente, con unos ojos plateados que escaneaban todo el lugar. Su abrigo negro apenas ocultaba la fuerza letal de su cuerpo. Tenía cicatrices en el dorso de las manos, señas de mil batallas ganadas.
No podía dejar de mirarlo.
Y entonces, pasó.
Sentí una chispa. Fue un tirón tan fuerte que me robó el aliento.
¡Mate! ¡Es mi pareja!
Mi loba aulló en mi cabeza y sentí que el mundo daba vueltas. Todo desapareció y solo quedamos nosotros dos. El vínculo invisible se cerró con la fuerza de una cadena forjada en fuego.
No. No, no, no.
Retrocedí tambaleándome y me agarré de la mesa para no caerme. Esto no podía ser verdad. El destino era más cruel de lo que imaginaba. El Alpha más poderoso del mundo, el lobo que tenía todas las razones para odiarme, era mi pareja predestinada.
Xander se quedó quieto y su cara se ensombreció, como si él también lo hubiera sentido. Sus ojos plateados se clavaron en los míos. Por un segundo, vi algo confuso en su mirada: sorpresa y reconocimiento.
Pero eso desapareció rápido y lo reemplazó algo frío como el hielo.
Odio puro.
Nadie en el salón se atrevía a respirar mientras Xander caminaba hacia mí, imponente como una tormenta a punto de estallar. Sus labios se torcieron con asco.
—Tú —dijo con una voz llena de veneno—. ¿Tú eres mi pareja?
No podía hablar ni respirar. Toda la manada nos miraba en un silencio total.
Entonces, hizo algo impensable.
Xander estiró la mano y me agarró la barbilla, obligándome a mirarlo. En cuanto me tocó, sentí un chispazo eléctrico que me quemó los nervios. Pero no fue un toque cariñoso; fue cruel y dominante.
Sus ojos se clavaron en los míos, llenos de desprecio.
—Esto es un error —susurró con voz muy baja y peligrosa—. El destino me ha jugado una broma pesada.
Me dolía el pecho, pero no iba a dejar que viera mi sufrimiento. Apreté los puños a los costados para no temblar.
Xander me soltó con brusquedad, como si mi sola presencia le diera asco, y estoy segura de que así era. Se dio la vuelta hacia la multitud y su voz resonó con autoridad.
—Ella es mía —declaró, y por un microsegundo, sentí una pequeña esperanza.
Hasta que siguió hablando.
—Pero no porque la quiera. —Me lanzó una mirada fría—. Me la llevaré conmigo. Y en la próxima luna llena, la rechazaré frente a todo el reino.
Se escuchó un grito de sorpresa general en todo el salón.
Sentí que el mundo se caía a pedazos bajo mis pies.
Xander dio media vuelta y se fue a zancadas. Me dejó allí parada: humillada, odiada y marcada por un hombre que despreciaba mi existencia.