Capítulo único
La perdición de ambos fue su egoísmo, y no que los dos lo fueran, sino que Bill había conseguido que primara sus decisiones, deseos, caprichos y había dilapidado su relación, volviéndola tóxica y maltrecha, porque sus cimientos no podían sostenerse sólo con Tom cediendo y dando todo de sí.
Ahora sólo quedaban ruinas, de un amor que una vez fue puro y sincero.
Lo único que los unía era ella, Heidi, y se aferraban a la mujer como a un flotador salvavidas.
Sabían que tarde o temprano la inmensidad del océano los tragaría al no haber un barco donde subirse, sin embargo, el placebo, el dulce placebo, los mantenía a flote.