Capítulo único
Tom estaba revisando su celular cuando sintió que Bill lo jaló por el brazo, dejó de ver la pantalla para ver el rostro de su hermano, el cual tenía “esa” mirada, la que siempre hacía cuando quería algo y no podía decirle que no. Suspiró.
—¿Qué quieres, Bibi? —preguntó Tom.
—Compré un regalo… Pero es para ambos, y quería que lo usemos ahora que saldremos a cenar —pidió Bill. El castaño arqueó una ceja, ¿un regalo que usen para salir? ¿Sería una ropa? Sintió su cien endurecerse, pensando que no siempre le gustaba ser vestido por el rubio.
—¿Implica que tenga que ponerme algo? —cuestionó Tom, con expresión de fastidio.
—Sí. Pero no es ropa —masculló Bill, con una fingida inocencia, que no le quedaba para nada conociéndolo.
—¿Es un accesorio ridículo? Bill… Por favor —pidió Tom.
—¡Ni siquiera lo has visto! —se quejó Bill.—Y, aparte, nadie lo verá.
El sonrojo de Tom lo hizo aclararse la garganta. —¿Otra vez quieres que me ponga un anillo en el pene?
—Parecido… Pero no, esta vez quiero prepararte para mí —pidió Bill, con ojos invitantes y seductores que hacían que Tom cayese en un estado de hipnosis donde difícilmente podría negarse. El rubio sacó de su bolsillo una bolsa de tela, de la cual sacó un objeto pequeño con una cola larga, pero el castaño tragó saliva al entender su función.
—Bill, ¿quieres que me meta eso? —interrogó, sintiendo que de pronto toda la ropa le apretaba.
—Sí… Es para ponerle más picor a nuestra relación, vamos. Sé que te va a gustar —comentó Bill, guiñándole un ojo.
Antes de que Tom pudiera responder, Bill lo había lanzado contra la cama, y estaba besándole el cuello, dejándole marcas en la zona que no se dejaba ver por su camiseta.
—Bill… —gimió el castaño, intentando resistirse sin mucho esfuerzo, empujándolo débilmente, por más que era consciente que de un empujón bien dado podía lanzarlo contra la pared sin problema alguno.
Bill siguió bajando por su pecho, levantando la camiseta para entretenerse con sus pezones, luego lamiendo su abdomen, hasta llegar a la mata de vellos que cubría su entrepierna, bajó impetuoso sus pantalones y bóxers, para tomar su miembro con la mano, y comenzar a chuparlo.
—Se nos va a hacer tarde… —reclamó Tom, igualmente no se quejaba porque estar siendo succionado por su hermano era algo que lo tenía en la gloria.
Hasta que lo sintió, no supo en qué momento Bill tenía un lubricante cerca, pero sentía los dedos gelatinosos en su interior, por lo que se arqueó, sin querer profundizando más en la garganta de su hermano. Iba a replicar nuevamente sintió cómo lo abrió con un movimiento de tijeras, y luego se iba dilatando, mientras sentía cómo la cavidad caliente y húmeda de la boca de su hermano lo recibía. Hasta que chilló cuando sintió cómo introdujo el juguete sexual en su entrada.
Sí, estaba muy lubricado, pero igualmente no había pasado con suficiente preparación previa.
Bill se limpió la boca y lo apuró a vestirse. —Esto realmente te va a gustar —dijo el rubio, el castaño de mala gana se vistió, sintiéndose insatisfecho por no haberse corrido.
—Más te vale —pidió Tom, sintiéndose incómodo por tener un objeto en su trasero. Suspiró, lo peor es que no era la primera vez, una vez Bill lo obligó a tener un plug.
…
Caminar con eso no representaba un problema, principalmente porque era un modelo para hombres, según se lo había comentado Bill, y lo entendía, era más estrecho en la punta, y buscaba estimular su punto R, en ese momento no estaba encendido, o no lo sabía Tom, porque todavía no se movía. Entonces entraron al restaurante, y la señorita les pidió el nombre de la reservación, Bill sacó su celular e hizo unos movimientos con su dedo, lo cual Tom sintió por completo, que tuvo que aferrarse a la mesa más cercana.
—¿Se encuentra bien? —preguntó la señorita.
—Sí-í, es Kau-ulitz —respondió Tom, controlándose para mantenerse enderezado.
—Sí, está bien, es por aquí —indicó la señorita, a lo que ambos caminaron, Bill de nuevo jugando con el celular, haciendo que por momentos tuviera que dejar de caminar.
—Basta con eso —pidió Tom, sintiendo que extrañaba sus ropas de antes, que eran lo suficientemente grandes como para ocultar la erección que tenía en sus pantalones, porque aquel aparato vibraba… Lo suficientemente fuerte como para estimularle la próstata, haciéndole poner los ojos en blanco y sentir lo doloroso que era tener la erección apretada en su ropa.
Ambos se sentaron y Tom tuvo que tomar aire cuando Bill dejó de estimularlo. Podía sentirse por completo sensible, incluso con su miembro botando preseminal.
—Eres una pesadilla, Bill. Es la primera y última vez que me dejo convencer para que hagas algo así —se quejó Tom, mientras que el rubio sólo le sonrió, para luego relamerse los labios.
—¿Estás seguro que va a ser la última? —preguntó Bill, con una voz aterciopelada y que hizo que todo en su interior se removiera, odiaba que su gemelo tuviera ese poder sobre él.
—Bueno… Al menos pondré algo más de resistencia —refutó Tom, viéndolo arquear una ceja y el castaño bufó—. Está bien, no haré un carajo, pero… Realmente es una situación muy jodida la que tengo entre las piernas, no sé si me entiendes —masculló Tom, señalando hacia abajo.
¿Y para qué lo hizo? Si empezó a sentir cómo el pie de su gemelo pasaba lentamente por el interior de sus piernas, subiendo por sus muslos, hasta rozarse la entrepierna cubierta. Tom se tapó el rostro que imaginaba debía estar sumamente rojo, intentando pensar en otra cosa mientras era masturbado por encima de la ropa.
—¿Ya revisaron el menú? ¿Están listos para ordenar? —cuestionó la mesera, haciendo que ambos den un brinco por la sorpresa, Bill se puso el zapato y se acomodó en la silla, tosiendo por los nervios, mientras Tom rogaba que la tierra lo tragase en ese instante.
—Ehmn, sí, quisiera la especialidad de la casa por favor. Y una botella de vino —pidió Bill, sonriéndole a la muchacha.
—¿Y usted, joven? —inquirió la chica, mirando a Tom, el cual se quitó las manos del rostro, las cuales estaban temblorosas, y sujetó la carta.
—Ehmn… Quisiera esto —pidió Tom, señalando la carta—. Y también de entrada esto.
—Muy bien, primero vendré con sus entradas y el vino. También con unas bebidas de cortesía —comentó la muchacha para luego retirarse.
—Bien… No lo usaré, por ahora —musitó Bill.
—En verdad eres un dolor en el trasero, Bill.
—Pésima elección de palabras —masculló Bill, riéndose.
—No duele… Deberías saberlo… Pero es que… En fin. Propongo que la próxima vez seas tú quién lo use —farfulló Tom.
—Tal vez… Todo depende de qué tan listo para mí estés al llegar a la casa —comentó Bill, juguetón.
—Estoy tan listo, que si no fueras un jodido idiota, te diría para que me lo metas en el baño. A ese punto estoy —susurró Tom, viendo aquel brillo en los ojos de su gemelo, los que denotaban excitación—. Pero… Ya te dije… Sólo si no fueras un idiota.
—¿Estás seguro de eso? Porque puedo ser mucho más idiota para ti… —dijo Bill, prendiendo su móvil nuevamente.
—Dijiste que no ibas a usarlo por ahora.
—Sí… Pero me está llamando fuertemente la atención el hacerlo en el baño de este restaurante —farfulló Bill, con deseo en la voz, para luego tragar saliva. Quería incitarlo… Y por eso abrió la app del juguete, relamiéndose los labios, a pesar de que su hermano lo miraba con una advertencia en los ojos.
—No te atrevas, Bill o te juro que te dejo sin sexo por un mes completo —amenazó Tom, y vio el brillo en sus ojos, ese que tenía cuando estaba a punto de hacer una travesura, antes de que pudiera tocar la pantalla, vino la mesera con los tragos de cortesía, poniéndolo uno frente a cada uno de ellos. Bill se giró para ofrecerle una sonrisa y un gracias a la mesera—. Gracias —respondió el castaño, viendo cómo se alejaba.
—Bueno, tal vez lo deje para después —comentó con picardía Bill, dejando su celular a un lado.
—El hecho de que me tengas tan duro como una piedra no quiere decir que perderé los sentidos y sucumbiré a ti como por arte de magia, Bill. También tengo orgullo.
—Já, por favor, Tom. Entre gitanos no nos vamos a leer la mano, sabemos muy bien cómo enloquecer al otro, y que si te la pasas un mes sólo teniendo sexo con Heidi, no vas a quedar del todo satisfecho, incluso con las veces que ella usa un arnés con dildo contigo —comentó Bill, con una sonrisa burlona en el rostro.
—Yo… Yo no tuve la idea de usar eso en la cama. Fue ella. Y, no te quejes de ella cuando precisamente tú tuviste la genial idea de adicionarla a la relación, ¿por qué? Porque le tenías ganas hace mucho tiempo, sólo que ya te aburriste de ella y me dejaste el bulto. ¿No que estabas muy emocionado con la idea de tener tríos? Sólo te duró un tiempo…
—Es que es insoportable… Aparte no es que como no lo hagamos con ella, más o menos lo hacemos una vez al mes, creo. Pero es realmente insoportable y mandona, es decir, ¿mandarme a mí? Por favor —se quejó Bill.
—Claro, porque estás habituado a ser el que siempre dé órdenes, y por eso chocan, porque ambos quieren dominar —respondió Tom, suspirando.
—Te quiere acaparar y es algo que odio que haga, porque eres mío, Tom, y no porque tengan ese matrimonio arreglado quiere decir que le perteneces —comentó Bill con ojos llameando.
—Bueno… Pero sabemos que sólo nos pertenecemos el uno al otro, amor —farfulló Tom, buscando su mano para tomarla por encima de la mesa—. Mírame, Bill…
El rubio miró al castaño, notando que tenía los ojos del mayor fijos en él, en una mirada llena de amor, y le sonrió, dejando de lado el mal rato.
—Sólo disfrutemos el tiempo que tenemos a solas, ¿ok? No pensemos más en la bruja —ofreció Tom.
—¿Entonces sí me vas a dejar hacértelo en el baño? —preguntó insinuante Bill, levantando sus cejas.
—Depende de si no me haces pasar más vergüenza frente a otros, al menos espérate que estemos solos para lo hagas —ordenó Tom.
—Está bien. Le quitas el chiste a todo —se quejó Bill. Tom lo miró con una advertencia en los ojos—. Ya, no dije que no te haría caso…
Después de un poco de charlas, donde Bill sólo tocó un par de veces los botones de la app, sólo para verlo morderse el labio inferior para reprimir sus jadeos, y aferrarse a la mesa con sus escasas uñas, llegó la comida.
—Uhmn, realmente está muy bueno —comentó Tom, comiendo.
—Sí… A ver invítame de lo tuyo, creo que se ve más rico que lo mío —pidió Bill, extendiendo su tenedor para quitarle un poco a Tom.
—Eres un fastidioso. A ver, voy a probar el tuyo —masculló Tom, haciendo lo mismo—. No está mal el tuyo.
—¿Hacemos cambio?
—No, si quieres te dejo la mitad y tú igual —ofreció Tom.
—Ya —estuvo de acuerdo Bill, comiendo hasta que vio que el castaño cerraba los ojos, realmente demostrando que estaba más que disfrutando la comida, así que sonrió y sacó abrió la app, decidiendo que le iba a hacer sentir doble placer, provocando que casi se atorase con la comida por empezar a removerse por las vibraciones que le recorrían. Vio cómo Tom apuraba un vaso con agua, para luego cubrirse la boca, callando los gemidos que pugnaban por salir de su boca—. Es que eso era una prueba… Para ver cuánto me quieres —bromeó.
—Entiendo… Te dije que estuviéramos a solas, sólo que me tomaste por sorpresa —dijo Tom luego de que Bill dejara de jugar con su celular.
—Sabes, hay una funcionabilidad que podríamos intentar en otro lado, donde no importe que haya ruido.
Tom arqueó una ceja, confundido.
—Es que vibra al ritmo de una canción. ¿Te imaginas que suena una de nuestras canciones y se mueve a ese ritmo? —interrogó Bill emocionado, como un niño en una juguetería, evidentemente no iba acorde lo que estaba diciendo.
—No sé si pueda aguantar que se mueva dentro por cinco minutos sin que termine por correrme, haciendo que evidentemente se vea mal porque pensarían que me oriné o algo así —musitó Tom.
—Bueno… Pero podríamos intentarlo en casa —refutó Bill.
—Algo que hubiera sido mucho mejor, pero no, te gusta usarlo aquí, a vista y paciencia de todo el que voltee a vernos, preguntándose si me cayó mal la comida o tengo algún problema —se quejó Tom.
—Ay… No es para tanto, Tomi. Aparte, te quejas mucho, pero por lo que siento —mencionó Bill, volviendo a tocarle la entrepierna con su pie—, estás mucho más que contento aquí abajo —terminó de decir con aire juguetón, para luego guiñarle un ojo.
—Más te vale que me lo compenses… —comentó Tom, con el ceño fruncido.
—Terminemos de comer y averigüémoslo en el baño —ofreció Bill. Así que siguieron comiendo, mientras el rubio de vez en cuando sacaba el celular y lo presionaba por debajo de la mesa, viendo cómo se retorcía por el placer, haciendo que no pudiera ocultar su gemido de lo sorpresivo que fue. Pero eso no sólo estimulaba a Tom dándole en su punto mágico, sino también a Bill, al verlo enrojecerse, y sentir con su pie lo mucho que estaba excitado, por lo que también tenía un bulto en sus pantalones.
Pagaron la cuenta y fueron a los servicios, primero uno y luego el otro para no levantar sospechas.
Dentro del baño había un señor que se encargaba de brindar jabones y perfumes, así que Bill le dio un billete de cien dólares para que se retirara y cerrara la puerta. Terminó por darle otro cuando quiso negarse, así que se retiró y tenían todo el baño a su disposición.
—Ponte contra el lavabo, yo me encargaré de sacártelo —ordenó Bill, viendo cómo Tom tomaba los bordes y veía su reflejo en el espejo, mientras el rubio estaba detrás suyo, sin dejar de sonreír, bajándole los pantalones y los bóxers, lo tomó por la cadera, haciendo que se empinase más, para mostrarle más el trasero.
Entonces sintió cómo el menor introducía su dedo hasta dar con la colita del juguete, jalándolo con suavidad, hasta que salió por completo, de su bolsillo, sacó una bolsita de tela, en donde lo metió, suponía que en casa ya lo lavaría, porque se lo volvió a meter en el bolsillo, de donde volvió a sacar algo, que descubrió era lubricante en sobre, lo vio morderlo, abriéndolo y dejando que el líquido cayera entre sus nalgas, para luego introducir sus dedos, dos de ellos haciendo movimientos de tijeras, aunque estaba más que dilatado por todo el juego previo con el juguete. Se abrió los pantalones y bajó sus interiores, dejando al descubierto su hinchada erección, si él había sufrido con la suya en sus pantalones no quería imaginar lo que habría pasado Bill ya que su ropa era más ajustada, lo presionó contra el lavabo, sonriéndole y apoyándose en su espalda, podía sentir su pecho con sus piercing de pezón contra sí, y luego vio cómo Bill se acercaba a su oreja, para morderle el lóbulo, hecho que hacía que estremeciera aún más.
Bill sacó sus dedos de su interior, para comenzar a guiar la cabeza de su miembro, con la otra mano masturbando a su gemelo, viendo cómo tenía desencajada la expresión por el placer, sus labios estaban entreabiertos al igual que sus ojos, vio cómo brillaba la virilidad de su gemelo contra el espejo por estar bañada en preseminal, empezó a meterse en su interior, viendo cómo Tom formaba una perfecta “o” con su boca, entró con facilidad hasta meterse al fondo, punto donde le daba a la próstata, así que tomó con su mano su cadera y empezó a embestirlo, viendo cómo se aferraba al borde del lavado, gimiendo sin contenerse en esta oportunidad, no había nadie y tenían privacidad por al menos veinte minutos.
Siguió las estocadas, presionando ese punto en su interior que lo enloquecía, haciendo que Tom pusiera los ojos en blanco, y Bill buscara debajo de su camiseta para tocar su pezón, el cual estaba erecto por todo el placer, sentía lo caliente que estaba el castaño y cómo lo apretaba mientras sus testículos daban tirones, avisándole que se correría pronto.
Tom se mordisqueó el labio inferior, sintiendo cómo sus piernas estaban flaqueándole por todo lo que sentía, la electricidad recorriéndole toda la columna vertebral, el sentir el trozo de carne que latía en su interior, el cómo su hermano golpeaba su pelvis contra su trasero, eran sensaciones apabullantes que lo tenían con la cabeza en las nubes. Demasiado para él, pronto se correría, porque también veía el bamboleo de la muñeca de Bill contra su erección, cómo jugaba con la cabeza, presionando su pulgar en ella, rodeándola y se la metía al ritmo de las jaladas, no podría aguantarse más a ese paso.
—Bill… Voy a venirme —avisó el castaño, sintiendo que iba a explotar con la forma en que su gemelo le lamía y mordía el cuello. Que ambos se vieran hacerlo era la viva imagen del erotismo puro… El cómo Bill lo comía con los ojos mientras estaba haciéndolo, el cómo gruñía frunciendo su ceño, los movimientos de cadera… Era demasiado para ambos.
Bill sintió que Tom lo apretó tanto en sus paredes que se corrió profusamente en su interior, y sentía su mano manchada de la esencia de su gemelo, se había venido en su mano. El rubio lamió un dedo y luego relamió sus labios.
—Muy buen sabor, eh —halagó Bill, para luego lavarse las manos y subirse las prendas.
Le ayudó a limpiarse el trasero, y luego Tom se subió los pantalones, para lavarse las manos y refrescarse el rostro. —Diablos, tenemos caras de recién follados.
—¿Nosotros? ¿Un par de hermanos en un restaurante conocido? No, para nada, sólo tuvimos una fuerte discusión en el baño, y por eso necesitábamos privacidad —respondió la mentira Bill con total naturalidad.
—Eres un maldito —comentó Tom, sonriéndole.
—Sí, bueno, ¿la continuamos en la casa?
—Eso ni se pregunta… —masculló Tom para tomarlo por la nuca y besarlo—. Lo malo de esa posición es que no pude probar tus labios… —se quejó Tom, besándolo nuevamente, enredando su lengua con la contraria, para luego chupar su lengua.
—Si sigues así tendré que pagarle otra vez al señor del baño…
—No, no, ya tenemos que irnos. No quiero atraer más atención de la debida —farfulló Tom, separándose de Bill, y dejándole un beso corto en los labios—. Te amo.
—Y yo más.
Salieron del baño y el señor les dio una reverencia para luego entrar.
Se subieron a su automóvil y durante todo el camino estuvieron tocándose los muslos, con afán de masturbarse en el camino para seguir jugando en casa.