Aunque no te pueda ver (Toll)

Sinopsis

Escrito con Namyukaulitz. Tom Trümper creía que tenía todo: un novio amoroso, Bill Kaulitz, y una vida feliz. Pero un día, su mundo se desmorona cuando Bill muere en un trágico accidente. Tom se siente destrozado, sumido en una profunda angustia y dolor. Sin embargo, su mundo se ve trastocado cuando se entera de algo al poco tiempo.

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Completado
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18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

—Tom, cariño, ¿dónde estás? —decía Bill mientras buscaba a su novio por los pasillos de aquel departamento, que era su hogar desde hacía ya unos meses.

—¡Estoy en la cocina! —le respondió Tom, sacándose los guantes de cocina en cuanto Bill apareció por el umbral.

—¿Cocinando de nuevo? —Bill sonrió, acercándose a Tom y envolviéndolo entre sus brazos, para luego robarle un beso.

—Encontré una nueva receta y pensé que podría gustarte —comentó, mientras corresponde al beso de su pareja.

—Pues huele delicioso pero, ¿sabes que está más delicioso? —Bill bajó una de sus manos hasta llegar al trasero del contrario para apretarlo ligeramente.

Tom se sonrojó y mordió ligeramente el labio de Bill. —Bueno, tendrás que esperar, porque yo estoy ocupado aquí en la cocina —dijo mientras lo apartaba con una sonrisa maliciosa.

—No creo resistir demasiado, te ves sexy con ese delantal de cocina puesto —reconoció Bill, observándolo sin vergüenza alguna—. Además llevas las trenzas sueltas, es un milagro verte así, guapo.

—Quería descansar un poco de las trenzas, me las haré de nuevo, no te preocupes. —Tom prestó atención a lo que se cocinaba en el horno y tomó el medidor para ver cuánto tiempo le faltaría—. Uhm… Faltan al menos cuarenta minutos —musitó para sí mismo, cosa que fue escuchada por Bill, quien se fue acercando con lentitud hasta agarrarlo por la espalda, tomándolo por sorpresa al cargarlo entre sus brazos.

—¡Hey, Bill! —se quejó Tom, soltando una risa. —¿Qué vas a hacer? —cuestionó, pasando sus brazos alrededor del cuello de Bill para sujetarse mejor.

—Cuarenta minutos son suficientes para nosotros —respondió Bill mientras lo llevaba hasta la sala que estaba contigua a la cocina, recostándose sobre el sofá.

Tom arrugó su nariz, era consciente de que no podría resistirse demasiado al novio que tenía, comenzando a besarse exasperadamente, beso que escaló al punto en el que terminaron despojándose de sus ropas, dejándolas a pies del sofá.

Bill lo besó por el cuello, haciéndolo suspirar, Tom sentía cómo una erección iba formándose contra el cuerpo de su amante, el chico de cabello corto seguía pasando sus labios por su cuerpo, delineándolo con su lengua, se detuvo en su pecho, succionando su pezón, sentía cómo iba creciendo en su boca, succionó con más fuerza, haciéndolo arquearse contra él, consiguiendo que su miembro comenzara a llenarse de preseminal. Luego siguió bajando, besando su vientre, consiguiendo que su piel se erizara, mirándolo con adoración mientras lo hacía, después volvió a subir a su rostro, volviéndole a meter la lengua a la boca, mientras acariciaba su miembro, masajeando de arriba abajo.

—Si sigues así me correré —masculló Tom luego de morderle el labio inferior.

Los ojos de su novio brillaron con lujuria. —No me basta sólo con tocarte… Deja te preparo para mí —avisó para luego levantar sus piernas, y dirigió dos dedos a su boca, los cuales Tom chupó con gula, sabiendo para qué iba a usarlos, lo miró fijamente mientras pasaba la lengua jugando con ellos en su boca, excitando más a su novio con esa escena obscena.

Luego de un rato de estar chupándolos, Bill los sacó, para bajarlos en medio de sus piernas, tocando su entrada caliente, se puso a besar nuevamente a Tom mientras metía el primer dedo, moviéndolo en círculos, sintiendo cómo la apretaba deliciosamente, mientras que Tom lo miraba intensamente, mordiéndose el labio inferior de forma sexy, moviendo las caderas para mayor profundidad.

—Estás tan goloso… —dijo Bill, metiendo otro dedo, curveándolos para darle en su punto de placer.

Tom siguió gimiendo, aferrándose a los hombros de su amante, cuando de pronto Bill metió otro dedo, y chico quería más, se arqueaba para mayor profundidad, deseando más que sus dedos, que estaban estimulándole la próstata, su propio miembro estaba dando botes en su vientre, deseando ser tocado, y Bill, como adivinándole el pensamiento, comenzó a masturbarle mientras seguía penetrándolo con sus dígitos.

Aquello era una demostración de devoción, de amor que sentían el uno por el otro, Bill sacó sus dedos con cuidado, para empezar a introducirse en su interior, con cuidado para no metérsela de golpe, porque no quería lastimarlo, masajeó su miembro para que Tom se relajara un poco más… Abriéndose más para él. Bill siguió empujándose hasta que estuvo por completo adentro, ambos soltaron un suspiro, Tom se sentía tan lleno en ese instante. Bill besó los labios de Tom, buscando relajarlo un poco más, jugó con su glande, rodeando la punta con su preseminal.

—¿Te duele? —preguntó Bill, no queriendo hacerle daño.

—No… Sigue, amor —pidió Tom, para luego besarlo, y aquello hizo que Bill empezara las embestidas, moviéndose dentro suyo, saliéndose para luego a entrar, sintiendo cómo el de cabello largo lo abrazaba con las piernas, mirándolo con adoración mientras compartían esa unión, que era una conexión más allá de lo físico, porque se veían con ojos de amor, y estaban unidos en cuerpo y espíritu ya que eran almas gemelas, algo que lo supieron desde el inicio, porque desde la primera vez que se vieron ya no pudieron fijarse en nadie más, sabían que estaban destinados a estar juntos en esta y otras vidas, porque ambos sentían que se conocían desde antes.

Bill siguió dándole estocadas, con cadencia, mientras lo masturbaba, ofreciéndole una sonrisa llena de amor, para después besarlo, y ambos estaban allí, piel con piel, compartiendo ese ínfimo momento como si estuvieran solos en el mundo, sus cuerpos unidos, el de cabello corto sentía cómo lo recibía, apretando de una manera única su miembro, se salió para volver a entrar, haciendo que Tom se deshiciera en suspiros, iban a correrse pronto. Estrujaron sus manos mientras Bill se hundía una y otra vez en su interior, haciéndole el amor de la manera que a ambos les encantaba, rudo sin lastimarse, Tom se aferraba de su cabello corto mientras gemía lascivamente en su oído.

Hasta que Bill se vino en su interior con mucha fuerza, Tom se mordió el labio inferior al sentirse así de lleno, y más porque era la esencia de su novio, y se vino por la sensación de estar repleto, manchando a ambos en sus vientres. Bill se salió con delicadeza, trayendo toallitas húmedas para limpiar a ambos, para que luego se vistieran.

—Creo que la comida se quemó —mencionó Tom, ya vestido, olisqueando el ambiente.

Bill rió. —Siempre podemos pedir delivery —le tranquilizó, para luego dejarle un beso—. Te amo.

—Yo te amo más —respondió Tom, sintiéndose feliz de tenerlo en su vida.

Pasaron unos días desde aquella romántica noche, ambos conviven más enamorados que nunca. Rara vez tenían discusiones en su relación y cuando las había no podían pasar demasiado tiempo enojados con el otro, eran el claro ejemplo de la relación perfecta, cosa que hasta sus propios familiares y amigos se los decían.

Bill se despidió de Tom con un beso esa mañana, como era costumbre, incluso si tenía prisa se encargaba de despedirse bien de su novio. Ese día en específico Tom tenía el día libre en su trabajo, así que se quedó en su hogar, pensando en qué prepararía esa noche para su amado.A las horas su celular comenzó a vibrar escandalosamente, por lo que tuvo que hacer una pausa para poder tomarlo, se acercó a la isla de la cocina y observó la pantalla de su celular, notando que era un número desconocido, pensó en no responder, ya que no solía tomar llamadas desconocidas, pero algo dentro de él le hizo tomar esa llamada.

—¿Hola? —respondió, pegándose el celular a la oreja.

—¿Hola, usted es Tom Trümper? —la voz al otro lado de la llamada se escuchaba seria y casi apresurada.

—Sí, soy yo, ¿qué ocurre? —Tom se sintió extrañado, no tenía idea de cómo podían saber su nombre al otro lado.

—Llamamos del hospital, necesitamos que venga a reconocer el cuerpo de Bill Kaulitz, tuvo un aparatoso accidente y es urgente que venga… ¿Hola? ¿Joven, se encuentra ahí?

Se quedó en silencio, Tom simplemente no pudo asimilar lo que estaba escuchando. Su corazón se aceleró, no de la misma forma en que lo hacía cuando recibía caricias de Bill que lo ponían nervioso, se quedó estático escuchando tan lejana la voz de la persona al otro lado de la línea que preguntaba repetidamente por él, si aún se encontraba ahí.

El tiempo se detuvo y todo se volvió oscuro…No supo cómo, ni en qué momento, pero cuando se dio cuenta de la realidad, de lo que estaba pasando, ya se encontraba en la morgue, con un cuerpo cubierto en una sábana sobre una fría plancha de acero inoxidable frente a él.

Estaba ahí, a menos de un metro del cuerpo, ni siquiera había llorado, era como si sus emociones se hubieran congelado y simplemente su alma hubiera abandonado su cuerpo, su semblante era sin expresión alguna, tampoco emitó ningún ruido, todo estaba en total silencio.

El ambiente era frío, Bill odiaba el frío, pensó Tom, Bill amaba la calidez del verano.El forense al ver a Tom tan estático y ajeno de lo que estaba pasando, decidió dar un paso adelante, para el médico ya era común ver esos escenarios, pero sintió lástima por Tom.

—Es hora de que lo reconozca —indicó, acercándose a la plancha.Tom dio unos cortos pasos y se acercó lo suficiente, hasta estar a tan sólo centímetros de la plancha.—Fue culpa de un conductor distraído, se desvió del carril y chocó directamente con el auto del señor Kaulitz, debido a la velocidad, ambos autos quedaron destrozados, pero quien recibió el mayor impacto fue… —explicó el forense, mientras dejaba a la vista sólo el rostro de Bill que estaba casi intacto, de no ser porque tenía una pequeña y ligera herida en uno de sus pómulos.

Ante el silencio de Tom, el médico soltó un suspiro y se alejó unos momentos para volver con dos cosas en sus manos.

—A pesar de los destrozos del auto, logramos rescatar estas dos cosas intactas —el hombre mayor tomó una mano de Tom sacándolo de sus pensamientos, haciéndolo ser más consciente de lo que estaba ocurriendo.

El forense puso sobre su mano una pequeña caja de terciopelo negro y un papel doblado.

—Lo siento mucho, en cuanto pueda asimilar mejor la situación, podrá venir a recoger el cuerpo para el funeral… —masculló el médico, alejándose para dejarlo solo con el cuerpo unos momentos.

Tom observó la caja de terciopelo sobre sus manos y luego dirigió su mirada al cuerpo inerte de Bill, parecía que estaba tan sólo profundamente dormido, con el rostro relajado, tal y como Tom recordaba que era verlo dormir por las mañanas, cuando dormían juntos.

Tom extendió su mano libre hasta el rostro de Bill, tocando directamente la fría piel de su amado.Bill solía despertar cuando Tom le acariciaba el rostro, pero esta vez no lo hizo. Momento en el que el cerebro de Tom hizo clic ante toda la situación.

—Bill… —le llamó, no hubo respuesta—. Por favor, despierta —pidió, acariciando su rostro con la esperanza de que todo fuera un sueño y que cuando despertara Bill estuviera frente a él.

—Bill, por favor, abre tus ojos y mírame —ante el silencio en respuesta, comenzó a desmoronarse.

—¡Bill, por favor! —dejó caer la pequeña caja junto al papel, poco le importaba en ese momento y se aferró al cuerpo de Bill, llamándolo.

—¡No te vayas, prometiste estar conmigo siempre! —exclamó con lágrimas descontroladas que comenzaban a deslizarse en su rostro, abrazando al cuerpo de quien era el amor de su vida.

Pero Bill simplemente no respondía, y eso le dolía, le destruía por dentro como si hubiera tragado vidrio, incluso un dolor como ese no podría compararse a como se estaba sintiendo en ese momento. Se negaba a asimilarlo, no quería, sacudió el cuerpo con fuerza, pero ni eso fue suficiente.

Se dejó caer al piso, cayendo sobre sus rodillas, momento en el que el forense acompañado del personal médico entraron a la sala para tratar de sacarlo, ante la inevitable crisis que estaba teniendo.

Trataron de alejarlo pero él se resistió, soltándose del agarre de ellos.

—¡No, no, no pueden alejarme de él, no! —gritó Tom aferrándose a Bill. —¡No puedo dejarlo solo, no, a él no le gusta eso! ¡Déjenme abrigarlo! ¡Bill detesta el frío! ¡Se está congelando! —siguió gritando, con la mirada perdida, sin embargo, lo separaron del cuerpo, dándole sus cosas y sacándolo de allí.

Tom se tomó el rostro con las manos, sintiendo cómo estaba bañado de lágrimas, su cuerpo temblaba, en ese momento sólo sentía desolación. Tuvo que pedir un taxi para llegar a su casa, sólo su casa, ya no su hogar, porque hogar era el que tenía junto a Bill, y eso no volvería a tenerlo jamás.

Se sentó en el sillón, mirando la mesa de centro que tenía encima la caja de terciopelo y el papel. Él… Sabía lo que significaba esa cajita, podía adivinarlo y eso lo hacía más difícil. La abrió para confirmarlo, dándose cuenta que, en efecto, dentro de la caja había un anillo de compromiso.

Ellos… No habían hablado sobre casarse, pero convivían juntos, y sí hablaban sobre estar juntos para siempre, porque no se imaginaban de otro modo, pero Bill iba a proponérselo, probablemente por eso quería llevarlo a comer a un restaurante el fin de semana, le dijo que había hecho una reservación. Una que no podía darse nunca.

Y todo lo que habían formado juntos se les iba de las manos. Tomó el papel, para abrirlo, leyendo lo que decía allí:

“Propósitos de este año:

Pedirle a Tom que sea mi esposo (espero que no me rechace porque de esto depende mi estabilidad mental)

Comprar una casa más grande para nuestros futuros hijos y tal vez alguna mascota (ojalá que Tom quiera un perro grande)

Aprender a nadar (siempre postergo esto, pero quisiera saber para poder enseñarle a nuestros hijos)

Aprender a cocinar (amo la comida de Tom, pero quisiera consentirlo alguna vez, preparándole algo que le guste)

Recordarle a Tom todos los días lo mucho que lo amo, y que es mi alma gemela”

Tom sintió la opresión en su pecho al terminar de leer aquello. Bill quería casarse con él, tener hijos, una mascota, una casa más grande, él quería hacer tantas cosas que sólo quedaron en una hoja de papel.

No volvería a ver a Bill. Aquella realidad le chocó de lleno, sintiéndose un hueco en su pecho, uno que no podría llenar con nada en el mundo.

Fue a su cama, no para dormir, porque realmente se sentía muy ansioso como para hacerlo, sino para oler la pijama de Bill, sintiendo su aroma, buscando calmarse, sin embargo, comenzó a llorar al hacerlo, apretando la tela contra suyo, olía tanto a Bill…

Aquellas prendas estaban llenas de su olor… El mismo que no volvería a tener.

No podría volver a tocarlo, no podría volver a verlo, nunca más tendría su sonrisa frente a él, nunca más sentiría sus besos, sus caricias, el cómo lo hacía suyo con tanto amor… No podía creerlo. Todavía miraba la puerta, a la espera de que entrara Bill diciéndole que fue sólo una broma retorcida, que todavía estaba vivo, y que lo amaba.

Envió un correo a su trabajo, pidiendo las vacaciones que había guardado para disfrutar con Bill, porque no tenía cabeza para ir a trabajar, no tenía fuerzas para nada. Se aovilló en la cama, la cual se sentía tan vacía sin el calor de Bill, el cual era como un hornito en las noches, y Tom siempre se pegaba a él para abrigarse, recibiendo un abrazo y durmiendo así. Pero ahora su cama estaba fría, y por más que Tom se pusiera la colcha, tenía un frío en el pecho, uno que no podía calentar con nada.

¿Cómo seguir así? ¿Cómo seguir viviendo después de que murió el amor de tu vida? ¿Cómo poder hacerlo? Si habían planes que no habían dicho… Pero estaban ahí, ¿cómo seguir respirando? ¿Cómo comer? Ni siquiera tenía ganas de cocinar, Tom lo hacía con la ilusión de ver sonreír a Bill al comer, disfrutando su sazón, pero ahora… No tenía sentido.

Su mera existencia no tenía sentido, él siempre consideró que las personas que se querían matar por terminar con alguien eran tontas, pero ahora Tom estaba pensándolo seriamente, porque no sabía cómo estar sin Bill. Revisó su celular, buscando el chat que tenía con Bill en Whatsapp, volviendo a escuchar los audios que le mandaba… Oyendo su voz, sintiendo cómo su pecho se apretaba aún más, y las lágrimas salían raudas por su rostro.

¿Por qué la vida le hacía eso? ¿Por qué la vida le había quitado a su amor? Él… Él no quería a nadie más que Bill, Tom había perdido a sus padres hacia mucho tiempo, en ese punto no tenía a dónde ir a buscar refugio. Los padres de Bill estaban en el extranjero, por eso sabía que le habían pedido que lo busque y reconozca su cuerpo, porque nadie más vería por él.

Tenía que llamar a Simone a decirle, su suegra debía saberlo, aunque básicamente lo odiara por ser hombre y “haberse llevado a su hijo”, pero no, Bill decidió irse de casa porque lo rechazaban por ser gay, no es que él se lo hubiera llevado.

No tenía ganas de soportarla, así que simplemente le mandó un mensaje con la noticia, sabía que era terrible lo que estaba haciendo, pero no tenía cabeza para decirle más, para fingir cortesía y llamarla, soportando sus insultos o algo, no, él no quería algo así, él sólo quería vivir su duelo, él quería que volviera Bill… Quería que todo esto fuera una pesadilla y que en realidad se despertara y lo tuviera a su lado, besándolo nuevamente con amor. No podía creerlo, no quería creerlo.

Bill fue su primera vez, su primer amor… Su primero y único, aún recordaba las veces que le cantaba One and only de Adele, porque su Bill tenía una hermosa voz.

¿Por qué te fuiste, Bill?, pensaba Tom, ¿por qué me dejaste solo?...

La vida no tenía sentido sin él. Tom no quería seguir viviendo, quería morirse para estar a su lado, para no tener que sufrir esto.

Al día siguiente se dio cuenta que a duras penas había dormido un par de horas, no tenía hambre, pero necesitaba tomar agua, porque podría deshidratarse de tanto haber llorado.

Así que fue a la cocina y se sirvió agua, para luego beberla. Sintiendo cómo volvía a llorar al fijarse que tenía su taza favorita ahí en el lavabo.

Recordaba las veces que le daba en otra taza, pero no, Bill siempre quería en esa taza, porque fue uno de los primeros regalos que le dio Tom, prestando atención a sus gustos, le había mandado a hacer una taza de Slytherin, la casa a la que Bill le decía pertenecía en el test que se había hecho, ya que era muy fanático de Harry Potter. Incluso Tom, a pesar de no haber leído los libros, había hecho el test, saliendo Hufflupuff, y luego hicieron maratones de Harry Potter y Animales fantásticos, porque era algo que le gustaba a Bill… Y Bill también había hecho maratones con él de The Hobbit y El señor de los anillos, porque a Tom le encantaba.

Incluso tenían un tatuaje en conjunto, donde Bill se había tatuado un ancla que representaba lo que era Tom para él, mientras que Tom se tatuó una brújula, porque su novio había encaminado su vida.

Pero más allá de la tinta, Tom tenía tatuado en la piel a Bill, cada caricia estaba grabada en su cuerpo, porque cada uno de sus recovecos lo había recorrido, cada pliegue tenía sus labios… Se aferró a la encimera, sintiéndose débil. No podía morir, no aún sin haberle hecho un funeral, porque Bill quería que lo cremasen y que se quede a su lado, Tom siempre le había dicho que era un tonto por pensar en la muerte, pero ahora entendía que al menos había servido para saber su voluntad.

Así que debía seguir, al menos hasta que le hubiera hecho una ceremonia a Bill.

Se acercó a la mesita, poniéndose el anillo, sí, era de su talla, lucía más como una alianza, algo masculino, que iba con su estilo, tenía grabado la fecha en que empezaron a ser novios y sus iniciales.

Con el paso de los días, Tom no salía de casa, se la pasaba encerrado, pedía delivery de vez en cuando para comer cualquier cosa porque no tenía ganas de cocinar, ni hacer absolutamente nada. Hasta que su cuerpo lo empezó a resentir, y terminaba vomitando todo lo que comía.

Se miraba al espejo y no se reconocía, tenía ojeras, las trenzas deshechas con el cabello sin peinarse, y la barba formándose en su rostro. No tenía ganas de vivir, así que no le sorprendía cómo lucía. Ya había hablado para hacer el funeral, Simone le había dicho iba a ir de inmediato, al menos por mensaje no sonaba hiriente.

Suspiró, tenía que cortarse la barba y hacerse las trenzas, porque no podía estar luciendo así en la despedida de Bill, a él no le hubiera gustado verlo así de descuidado, no porque luciera mal, sino porque demostraba dejadez en su persona.

Se cortó la barba, no tenía ánimo para ir a la peluquería así que se hizo una coleta, cuando terminó de hacerla es que fue a vomitar otra vez, detestaba enfermarse, y mucho más en estas circunstancias.

Durante el funeral Tom trató de mantenerse fuerte, ante las personas que habían, no eran demasiadas, pero sí las que conocieron a Bill lo suficiente como para estar ahí. Desde el primer momento se mantuvo cerca del cuerpo de Bill, no quería separarse de él, no podía.

—Tom, lo siento mucho —masculló una voz femenina detrás de él, tocándole el hombro.

Tom ladeó su cabeza para ver de quién se trataba, encontrándose con Natalie, la mejor amiga de Bill, una rubia que había conocido en el trabajo y se había hecho muy amiga suya. No supo responder, las palabras simplemente no salieron de su boca, porque sabía que sería aceptar la muerte de Bill, nuevamente, así que sólo asintió, reteniendo sus lágrimas.

Natalie estaba igual de devastada, había perdido a su mejor amigo, pero sabía que Tom había perdido al amor de su vida, no podía compararse, extendió sus brazos para abrazarlo, abrazo que fue bien recibido por Tom, que no soportó más y dejó escapar de nuevo sus lágrimas, sentía sus ojos arder de tanto llorar pero no podía evitarlo.

—Sabes que puedes confiar en mí siempre, no es bueno que estés solo, Tom, recuerda que las puertas de mi hogar siempre estarán abiertas para ti, cuando lo necesites —Natalie trató de darle su mayor apoyo, sorbiendo de su nariz.

—Gracias, Nat —musitó Tom, realmente apreciaba el gesto pero en ese momento sólo quería a Bill.Se mantuvieron juntos un rato más, hasta que Tom pudo estar más tranquilo.

Cuando llegó Simone, acompañada de su esposo, ambos mayores se quedaron atónitos, como si hasta en ese momento fueran conscientes de que realmente ese era el funeral de su hijo, hijo que habían rechazado.

Simone cubrió su boca con su mano, mientras que lágrimas comenzaban a asomarse en sus ojos, se acercó hasta donde estaba el cuerpo de Bill.

—Mi pequeño —dejó salir un hilo de voz quebradizo, en ese momento su rostro reflejó arrepentimiento, pero en ese momento ya no había vuelta atrás, ya no podía pedir perdón a alguien que ya no podría escucharla.

Había dejado ir a su propio e único hijo por su aversión a su orientación sexual, y ahora ya no podría hacer nada para cambiarlo, de qué servía disculparse ahora.

La mayor buscó con la mirada a Tom, quien estaba un tanto alejada de ella, pero manteniéndose cerca del cuerpo de Bill, tuvo la intención de acercarse pero vio como Tom simplemente agachaba la mirada, eso también era culpa suya, por haberlo insultado tantas veces antes, era comprensible que no quisiera verla.

—Tom —le llamó la mujer, haciendo que él levantara la mirada dejando ver sus ojos hinchados y rojizos.

Ella fue la que dio el primer paso, acercándose él, esperaba que no la rechazara pero no podría molestarse si lo hiciera, pero Tom no lo hizo, no se alejó.

—Hola, yo… Yo realmente no tengo cara para estar aquí ahora, y realmente no debería de estar aquí, entiendo si quieres que me vaya, me lo merezco por haber sido tan mala madre… Lamento esto, lamento haberme alejado de mi hijo.

Tom no podía asimilar las palabras que salían por la boca de su suegra. ¿Por qué había tenido que ser necesaria la muerte de Bill para que ella cambiara? ¿Por qué no pudo aceptarlo antes? ¿Por qué hasta ahora, ahora que Bill ya no podía escuchar sus palabras? Pensó Tom, a pesar de los malos tratos eso no le nublaba la empatía, podía lograr entender el dolor de una madre por perder a su hijo.

—De nada sirve disculparse ahora, señora, él ya no podrá escuchar sus disculpas —soltó Tom bajando su mirada al ataúd de Bill—. Pero él quizás la hubiera perdonado…

Incluso con el rechazo de su madre, Bill la amaba, por lo que Tom era consciente de que quizás si ella se hubiera acercado antes, él la hubiera perdonado.

Simone apretó sus labios, asintiendo a sus palabras, pues tenía razón.

—Quiero disculparme contigo, Tom, por haberte tratado así antes, tú no te robaste a mi hijo… De verdad, lo siento mucho —sé sincero la mayor, limpiando lágrimas de su rostro—.Tú eras lo que Bill más amaba en este mundo —mencionó, recordando las tantas veces que discutió con su hijo por su orientación, y cómo este le expresaba lo mucho que amaba a Tom, ella pensaba que era algo pasajero, pero después de tantos años se daba cuenta que era un amor genuino.

Tom no estaba molesto con ella por el trato que le había dado, eso era lo de menos, le daba igual, pero no podía perdonarle el haberle causado tanto sufrimiento a Bill con su rechazo, todas las veces que Bill lloró en su regazo porque le dolían las palabras de sus padres, en especial las de su madre que eran simplemente despiadadas y sin corazón, aún con ese rechazo Bill trataba de hacerle sentir amado, cuando Tom sentía que era el culpable de eso, que incluso cuando recién iniciaban su relación, Tom había considerado dejarlo ir para que ya no tuviera problemas con sus padres.

—Está bien, Simone, como alguna vez me trataste ya no importa, puedes estar tranquila. —Tom inhaló aire y la observó directamente—. Puedo dejarte un par de pertenencias de Bill, si quieres tener algo de él contigo… Ya que no tienes nada de él.

Tan pronto terminó el funeral, Bill fue directamente cremado, aunque fue una decisión difícil tenía que hacerlo, teniendo ahora tan solo una pequeña urna con los restos de Bill.

Para Tom el tiempo se detuvo, pero los días siguieron transcurriendo, ya ni siquiera era consciente del tiempo, se sentía muerto en vida, ahora sólo era un recipiente sin alma que funcionaba en automático.

Sus vómitos continuaron, pero con el pasar del tiempo eso se vio acompañado por dolores de cabeza y calambres en el vientre, cosas él pensaba que le sucedían por su mala alimentación y básicamente pasar en la cama la mayoría del tiempo.

[...]

El timbre sonó por todo el departamento, Tom realmente no quería levantarse, pero al escuchar la insistencia se levantó de la cama, dirigiéndose a la entrada del departamento. Observó por la mirilla quién era el que tocaba el timbre con tanta insistencia, encontrándose con Natalie, no estaba en su mejor aspecto pero poco le importó y decidió abrir.

—Hola —saludó la rubia dándole una ligera sonrisa—. Perdona que te moleste, quería ver cómo estabas y traerte algo rico para comer —dijo mostrando una caja de postres que tenía en la mano.

—Hola, el departamento está un poco desordenado, lo siento —admitió Tom apenado.

Natalie podía notar lo mal que se encontraba Tom, sabía que su luto era el peor que cualquier otro, pero por eso mismo no quería dejarlo solo, ya que era consciente de que ante un dolor así Tom podría incluso tomar una decisión fatal.

—No pasa nada, también estoy aquí para ayudarte un poco con eso —respondió Natalie.

Tom no tuvo el valor para decirle que se fuera, dejándola entrar a pesar del desorden. Se dirigieron a la cocina adonde Natalie sirvió un postre para cada uno, sirviendo a Tom su postre favorito, sabía cuál era porque Bill se lo había dicho en alguna ocasión, en esas que hablaba de él y básicamente demostrando lo mucho que lo amaba.

—¿No te gusta? —cuestiono Natalie al ver que Tom no probaba su postre.

—Sí, es sólo que… Es una tartaleta de frutos rojos —mencionó Tom totalmente disociado, sabía que sólo había una persona en el mundo que pudiera conocerlo tan bien para saber un detalle como ese.

—Oh, sí… Bill lo mencionó una vez, entonces decidí traerte unas cuantas —explicó Natalie con toda la suavidad del mundo en sus palabras, no quería hacerlo llorar, sus ojos mostraban su cansancio de esos días.

Los labios de Tom temblaron, pero ya se encontraba demasiado cansado para seguir llorando, mas eso no hacía que dejara de sentirse mal, simplemente hacía su sufrimiento silencioso. Tomó un trozo de la tartaleta para llevárselo a la boca, pero en cuanto lo tuvo en su boca sintió náuseas, por lo que salió corriendo al baño de inmediato, siendo seguido por Natalie con preocupación.

—Tom. ¿Estás bien? —preguntó asustada la rubia, escuchando cómo el chico devolvía todo.

Tom salió luego de un rato, luciendo avergonzado después de haberse lavado los dientes.

—Lo siento. Tengo problemas para retener la comida. Supongo que es por lo mal que he estado comiendo —se explicó el moreno.

—Pero, ¿has ido al médico? —cuestionó Natalie y Tom negó. —Tienes que ir, Tom. Puede ser una infección, y si no la tratas puede complicarse. ¿Tú crees que a Bill le gustaría que no vieras por ti mismo? Debes cuidarte, cariño —acotó—. ¿Llevas mucho tiempo así?

—Sí —respondió Tom, pensando que la rubia tenía razón, Bill ya lo habría llevado al doctor de inmediato.

—Vamos al médico, por favor —pidió Natalie, apretándole la mano, Tom se sentía deshecho pero no pudo negarse, y asintió.

Natalie limpió un poco mientras él tomaba una ducha, mirando su estómago, dándose cuenta que, a pesar de vomitar casi todo lo que comía, había engordado. Después se secó y vistió lo más presentable que podía.

Cuando salió sintió un poco de vergüenza por ver a la rubia estar limpiando su desastre. Pero ella no le recriminaba nada, de hecho al verlo lo tomó por la mano y salieron de su casa, subiéndose a la camioneta de Natalie.

En el camino Tom miraba por la ventana, en realidad no estaba fijándose en el paisaje, sino tenía la mente en otro lado, disociado pensando en Bill, en cómo él se habría preocupado y lo habría llevado al médico de inmediato, en cómo le habría regañado por esperar tanto tiempo. Era como si aún pudiera oírlo, como si todavía estuviera con él, pero no era real, sólo era su mente imaginándoselo.

Cuando llegaron a la clínica, lo atendieron con rapidez, Natalie lo acompañó en todo momento cuando pasó triaje y luego entró al consultorio.

—Buenas tardes, joven Trümper. Dígame qué es lo que le aqueja —habló el doctor Schäffer.

—Buenas tardes, doctor. He descuidado mi alimentación y estoy con vómitos, náuseas, mareos, dolores de vientre y cabeza. Pese a todo, estoy subiendo de peso, aunque difícilmente retengo algo en el estómago —explicó Tom.

—¿Ella es su pareja? —preguntó el doctor, señalando a Natalie.

—No, soy una amiga —respondió la rubia.

—Entiendo. ¿Usted es homosexual? —inquirió el doctor, mirándolo analítico, el moreno frunció el entrecejo, eso era el colmo, que lo buscaran discriminar por su orientación en la clínica.

—¿Eso qué tiene que ver? —cuestionó con fastidio Tom.

—Pues que si lo es, y tiene vida sexual activa tendríamos que hacerle unos exámenes para descartar alguna afección —mencionó el doctor con tranquilidad.

Tom se fastidió aún más.

—¿Vida sexual activa? —rió con amargura.—Mi novio murió —soltó con el corazón hecho pedazos, haciéndolo más real al decirlo.

—Lamento mucho su pérdida, pero si la muerte ha sido reciente, significaría que sí tuvo vida sexual activa, por lo que podría ser lo que estoy sospechando. Déjeme hacerle unos exámenes, por favor —exclamó el doctor, apuntando en una hoja.

—¡No tengo VIH! —soltó enojado Tom, odiaba que lo encasillaran de esa forma, pensando que porque era gay ya podía estar enfermo, pero no, Bill y él se habían hecho las pruebas ya que su método anticonceptivo era que él tomaba pastillas y no usaban condones, ambos estaban limpios.

—Señor Trümper, mis sospechas no son de que usted pueda tener VIH —masculló el doctor.

Natalie empalideció al darse cuenta lo que aquello implicaba.

—¿Entonces? —farfulló Tom, luciendo confundido.

—Sus síntomas podrían corresponder a un estado de gestación, para tener una confirmación de ello tendríamos que hacerle un examen de sangre —comentó el doctor y Tom se quedó en blanco.

Pero si él… Él había tomado pastillas. Dejó de hacerlo cuando Bill murió, sin embargo, Tom se cuidaba antes.

—Yo usaba pastillas… Yo me cuidaba con eso —soltó Tom en un resuello.

—Pues ningún método es cien por ciento eficaz, siempre hay un margen de error. Por eso hay que descartar aquella opción —dijo el doctor.

Natalie acompañó a Tom al laboratorio donde le tomaron muestras de sangre, aún estaba en un estado de shock, no pensando que eso podía estar sucediéndole justo ahora.

Ambos se sentaron en la sala de espera, Tom miraba a la nada. Natalie le apretó la rodilla.

—¿Cómo te sientes con eso? —preguntó la rubia.

—No sé cómo sentirme —se sinceró Tom—. Bill quería que tengamos hijos, lo sé porque tenía un papel con sus propósitos, entre ellos estaba el pedirme la mano, tener una mascota, hijos y una casa más grande —contó—. Pero esto no fue planeado, no sé si realmente estoy… Embarazado, sin embargo, tampoco sé que hacer.

—Tendrías la opción de abortar —susurró Natalie, hablando con suavidad y Tom la miró aterrado, posando las manos en su vientre.

—No —soltó con determinación. No era que Tom fuera una persona provida, sin embargo, si es que sí estaba embarazado, no podría hacer eso, porque sería lo único que le quedaría de Bill, la fusión del amor que se tenían.

Cuando el doctor lo llamó, volvió a pasar, sintiendo un nudo en la garganta.

—Pues, sí, señor Trümper. Estos niveles altos en su sangre indican que está embarazado. Tendría que derivarlo para que le brinden atenciones para el cuidado de su embarazo, quizá con vitaminas y algunos medicamentos podrá ser más tolerable las náuseas. Igualmente si quiere interrumpir el embarazo podemos programarle una intervención —explicó el doctor, acomodándose las gafas.

—No, quiero tenerlo —verbalizó Tom, tocando protectoramente su vientre.

—Muy bien, entonces puedo darle una cita para que pida sus vitaminas. Y recetarle algunas medicinas para las náuseas y demás malestares. De igual modo tiene que venir por una ecografía en un mes, y hacer un seguimiento —explicó el doctor y Tom asintió.

Cuando salieron del consultorio, Tom se sentía conflictuado. Si Bill hubiera estado a su lado, seguro estaría gritando de felicidad, porque quería tener hijos junto a él, pero ahora estaba solo.

—Si quieres puedo acompañarte a pedir tus vitaminas y a la ecografía, Tom —ofreció Natalie.

—Yo… Sí, gracias —musitó el moreno, y ambos salieron del establecimiento.

En el viaje de regreso, es que Tom iba pensando que debía hacer cambios en su vida, debía cuidar su alimentación para que su hijo se desarrollara bien. Quería cuidar sumamente ese embarazo, comenzó a llorar mirando a la ventana.

Bill seguía con él, su sangre corría dentro suyo, en el bebé que iba formándose en su vientre.

Cuando llegaron, Natalie le cocinó una sopa de verduras y pollo a Tom, para que pudiera comer algo nutritivo, arregló un poco más, mientras lo veía observar la urna de Bill.

—Vas a ser papá, mi amor. De algún modo cumpliremos uno de tus propósitos, así no estés a mi lado —masculló Tom, acariciando la urna, con lágrimas en los ojos.

Tom sentía que ya no podía dejarse morir, tenía que luchar, tenía que vivir por su bebé.

A pesar de que la noticia de su embarazo le daba un pequeño rayo de esperanza, ya que eso significaba tener una parte de Bill en él, no podía ocultar el hecho de que estaba asustado y al mismo tiempo taciturno, ya que tendría que cuidarlo solo, Bill no estaría en esos momentos importantes para su hijo, su nacimiento, cumpleaños, etc. ¿Qué pasaría cuando el pequeño fuera lo suficientemente consciente como para entender que su padre había muerto antes de que naciera, que nunca pudo conocerlo? ¿Qué diría Tom en esos momentos?

De cualquier forma no podía bajar la cabeza y dejar pudrirse en una inevitable depresión, era un gran choque emocional para él, perder al amor de su vida y al mismo tiempo enterarse de que estaba embarazado, fueron dos cosas que con el pasar de los días asimiló.

Al principio fue difícil, tratar de mantener una rutina estable en la que no sólo se limitará a extrañar a Bill en silencio, acostado en su cama. Con el conocimiento de su estado, Natalie se encargaba de ir a verlo seguido, al punto que era casi como si viviera con él, apoyándolo en lo que pudiera, sabía que el embarazo tenía sus complicaciones y que a cualquier percance no debía estar solo, eso trajo que algunos de sus vecinos llegaran a pensar que Tom había superado la muerte de Bill en cuestión de semanas, pero poco le importó lo que pensaran los demás, su único amor siempre sería Bill, la idea de conocer a alguien más no podía tan siquiera asomarse a su cabeza.

No hubo un día en donde no se pusiera a conversar con Bill, era consciente de que una urna no tenía sentido de audición, pero Tom esperaba que de cualquier forma Bill pudiera lograr escucharlo.

[...]

—¡Bill! —exclamó Tom con emoción en la voz entrando al departamento con prisa, con cuidado, ya que, ya tenía cinco meses de embarazo, debía seguir siendo cuidadoso.

Se dirigió con prisa hasta donde estaba la urna con una foto de Bill al lado, siendo básicamente un pequeño altar que había hecho, en donde solía pasar largas tardes hablando con Bill o simplemente llorando. Se puso a la altura de la urna y sacó un sobre que le mostró.

—Te dije que hoy sabría el género de nuestro bebé, pedí que fuera sorpresa y me entregaran el resultado en un sobre, quería que tú y yo fuéramos los primeros en saberlo —explicó, mientras abría el sobre—. Estoy realmente nervioso —soltó una risa pequeña risa nerviosa y tomó aire, sacó el resultado y lo leyó en silencio.Tom se quedó en silencio unos minutos, y luego levantó su mirada a la fotografía de Bill.

—Es una niña… vamos a tener una niña, Bill —anunció con una sonrisa, sonrisa que se desvaneció en cuestión de segundos, sus ojos se cristalizaron, no se molestó en evitarlo y agachó su vista.

Por supuesto que estaba feliz, pero el no poder compartir esa felicidad escuchando la voz de Bill, o sus muy probables gritos de emoción sabiendo que tendría una hija, lo hacía sentir solo. Sollozó un poco en silencio, tratando de calmarse de inmediato, no debía arruinar ese momento con su tristeza.

—Lo siento… —se disculpó, sorbiendo de su nariz y volviendo a mirar la fotografía—. Es sólo que, hay veces en donde me siento realmente solo sin ti, hay momentos en los que incluso vuelvo a tener esos pensamientos sobre que sin ti no puedo seguir, Natalie está conmigo la mayoría del tiempo, incluso… —hizo una pausa, sonriendo a pesar del dolor—. Incluso tu madre. Simone sabe que será abuela, se lo conté hace un mes, no ha parado de llamar para saber cómo estoy, hasta envió algunas cosas para nuestra hija. ¿Sabes? No pensé que le emocionara el ser abuela, pero creo que es tierno, nos llevamos mejor… Sé que te hubiera encantado eso…

Tom supo cómo manejarlo, emocionado con su hija, no perdió el tiempo y comenzó a preparar las cosas que eventualmente necesitaría su hija, cosas que lograba con la ayuda de Simone y Natalie que le hicieron regalos a la bebé, tenía todo listo en cuestión de poco tiempo.

Por más que tenía todo y su vida comenzaba a tener un rumbo más estable siempre le hacía falta lo más importante, Bill.Los meses no se detuvieron, su vientre siguió creciendo, conforme se acercaba la fecha del parto, Simone se comunicó con él, diciéndole que llegaría para acompañarlo si él estaba cómodo con eso, Natalie iba a estar a su lado, pero, a decir verdad, quería el apoyo de su suegra en un momento así.

Cuando menos se dio cuenta Tom, nueve meses habían pasado, nueves meses desde la muerte de Bill, casi un año, con eso también llegó la tan ansiada fecha del parto.

En cuanto empezó a padecer contracciones, Natalie lo llevó al hospital para que todo fuera más seguro. Tom se sentía ansioso y asustado, volvió a llorar por Bill, de la misma forma en la que lo había hecho el día que se enteró de su muerte.

—Está bien, Tom, todo va a estar bien, ¿si? —consolaba Natalie, tomando su mano.

—¡Quiero a Bill, necesito a Bill aquí conmigo! —exclamó Tom con lágrimas en los ojos, sintiendo el dolor de las contracciones cada pocos minutos.

—Mi hijo está contigo, Tom, no te preocupes, él no te ha abandonado en ningún momento —masculló Simone con cariño, acariciando la frente y haciendo que la viera—. Todo saldrá bien.

Tom apretó sus ojos llorosos antes las caricias de su suegra.

—Pero yo lo necesito, lo necesito aquí conmigo, necesito que esté para ver a su hija.

No era que no valorara la compañía de su suegra y Natalie, que a ese punto ya era como una hermana para él, muy protectora, pero su corazón deseaba a Bill, poder sentirlo y escuchar unas simples palabras…“Todo va a estar bien, cariño, yo estoy contigo”.

—El ritmo cardiaco del bebé está disminuyendo, hay sufrimiento fetal —masculló la doctora, y Tom se alteró aún más.

—¿Mi bebé? ¿Qué pasa con mi bebé? —preguntó aterrado Tom.

—Señor Trümper tendremos que hacerle una cesárea —soltó la doctora. Tom miró asustado a Natalie y Simone—. Sólo una de ustedes nos puede acompañar en la sala de operaciones —acotó, y la mayor los siguió.

Antes de que Tom entrara en una crisis de nervios le pusieron la anestesia, por lo que se adormeció, sintiendo una calma que no percibía hacia mucho… Vio a Simone antes de perder la consciencia, su suegra estaba con bata y una cofia en la cabeza.

Después de sentir que estaba entre nubes, pudo escuchar el llanto de su bebé, tenía unos pulmones fuertes, lo cual le hacía pensar en Bill, y la capacidad que tenía para cantar.

—Bill… —soltó aún adormecido.

—Estoy contigo, mi amor, es hermosa. Tiene tus ojos, pero lo demás es igual a mí —dijo Bill, y Tom sintió cómo sus ojos se llenaban de lágrimas, era su novio, estaba ahí frente a él, mirándolo con dulzura.

—¿Cómo es que estás aquí? —farfulló Tom, sin poder creérselo.—¿Acaso me morí? ¿Dejé sola a nuestra bebé?

—No, mi amor. Sólo que vine un rato a verte, en realidad todo el tiempo estoy contigo, pero ahora que estás un poco inconsciente es que puedes observarme como yo a ti, jamás me perdería el nacimiento de nuestra hija —soltó Bill, para tomarlo por la mano.

—Yo te amo, Bill, quisiera que estés conmigo para criarla juntos —expresó Tom, sintiendo que era un bálsamo el poder verlo nuevamente, y sentir su mano.

—Yo te amo más, bebé, y estaré en cada momento a tu lado, así no puedas verme —le aseguró Bill—. Los estaré cuidando a los dos.

Tom lloró más, y pudo sentir cómo Bill se acercaba a su rostro, dejándole un beso en los labios, y el de trenzas se aferró a ese gesto, sintiéndolo tan etéreo.

Cuando recobró el sentido, Simone estaba con él.

—¿Y Bill? —preguntó Tom con el corazón apretado en el pecho.

—Tom, sabes que mi hijo murió —mencionó la mayor con una expresión dolida—. Pero, mira a quién tenemos aquí, tu hija, mi nieta —acotó, levantando a la recién nacida, llevándola en dirección a Tom, el cual extendió los brazos para sujetarla.

No había sido un sueño, la bebé en efecto, tenía sus ojos, pero por lo demás era el digno retrato de Bill, su mismo cabello oscuro, su nariz respingada, su color de piel. Le revisó de pies a cabeza, contando sus deditos y fijándose en cada marca que tenía su pequeña, para asegurarse que estuviera bien.

—¿Cómo se va a llamar esta hermosa pequeña? —cuestionó Simone.

—Bella —respondió Tom al seguir observándola, fijándose en su carita pequeña y cómo suspiraba de gusto en sus brazos, como reconociendo su aroma. No había pensando en los nombres, pero sólo podía ocurrírsele aquel al verla, un nombre con B como Bill, porque era su copia, y algo que representaba lo que era, ya que era hermosa.

Tom se sentía tranquilo, porque sabía que Bill no lo había dejado, que sea como fuese, su novio estaba cuidándolo, y era feliz de ser padre, tal y como lo había deseado. Bella sujetó con su manita uno de los dedos de Tom, mirándole con fijeza.

Aún sentía dolor por la operación, sin embargo, al ver su bebé, y también el haber visto a Bill, hacía que el de trenzas se sintiera pleno.

Natalie ingresó luego de un rato, observando cómo Tom acariciaba a su recién nacida.

—Es hermosa —musitó la rubia.

—Lo es —cedió Tom, sin poder quitarle los ojos de encima, era como si hubiera quedado enamorado de su hija, tenía un amor en todo su cuerpo, al haber tenido una conexión con Bella cuando estuvo en su vientre, sin embargo, ahora que había nacido, sintió un cariño único, y muchas ganas de aferrarse a la vida para estar con ella, protegerla, y verla crecer.

Sabía que sería un reto, que sería complicado, duro, sin embargo, también sabía que no estaría solo. Bill estaba con ellos, e incluso Simone le ayudaría en todo lo posible, y era más que evidente que Natalie sería la madrina.

Tom no pensaba en volver a enamorarse de alguien más, porque su corazón se lo llevó Bill al morir, sin embargo, sí tenía amor para darle a Bella, porque era la unión de ambos. Y siempre le repetiría a su hija lo mucho que su papá la amaba, que así no estuviera cuerpo presente, él siempre estaría a su lado.

Las lágrimas comenzaron a llenarse en su rostro nuevamente, pero esta vez tenía esperanza. En que su nueva meta era hacer a su bebé feliz, tal y como Bill habría querido. Cuando estuviera más estable adoptarían un perro, para seguir cumpliendo los propósitos de su novio, así que ya no estuviera vivo.

Y, conforme fue pasando el tiempo, Bella escuchaba todo sobre su papá, por lo que siempre lo quiso, aunque nunca lo hubiera conocido. Aunque de pequeña a veces podía verlo, principalmente antes de irse a dormir, era tal cual lo había observado en la foto de su urna, y entre sueños siempre le decía lo mucho que la amaba.

Tom nunca dejó de hablar con él, así no pudiera responderle. Por momentos lo sentía a su lado, aunque no lo pudiera ver.

[...]

—¡Feliz cumpleaños, Bella! —vociferó Tom con una gran sonrisa en el rostro.

La menor se removió en su cama ante el ruido, abriendo sus hermosos ojos avellana de par en par, sonriente y soñolienta al ver a su padre con un obsequio en manos.

—Papá es muy temprano —habló dejando escapar un bostezo.

—Lo sé, pero es tu cumpleaños número quince, princesa —masculló Tom, sentándose sobre la cama y poniendo el oscuro cabello de su hija detrás de su oreja.

—Gracias —sonrió Bella, acercándose a él lo suficiente como para abrazarlo con cariño—. ¿Puedo abrirlo? —preguntó curiosa y emocionada por el obsequio de su padre en sus manos.

Tom asintió con una gran sonrisa y le extendió el obsequio, en cuanto estuvo en manos de Bella se apresuró a abrirlo.

Bella se quedó en silencio, totalmente atónita al ver el regalo que le había hecho su padre, levantó lentamente su cabeza en dirección a Tom con la boca abierta en una gran sonrisa, para luego abalanzarse sobre él.

—¡Papá, te amo, te amo, eres increíble! —gritó Bella apretando a su padre en un abrazo, que fue bien recibido por Tom que igualmente la apretujó entre sus brazos.

—¿Te gusta? —preguntó, como si no fuera obvia la emoción de la menor.

—¿Bromeas? ¡Me encanta! —respondió con emoción.

Tom le había regalado un disco de su banda favorita, Green Day.

—¿Papá, cómo lo conseguiste? —indagó Bella, pues ella con anterioridad había buscado ese mismo disco, pero al ser de tantos años atrás y de una banda como Green Day, simplemente estaba agotado o era muy codiciado.

—Era de tu padre. —Tom sonrió con nostalgia, ya no lloraba al hablar de Bill, mas le seguía doliendo, había logrado sobrellevar su muerte con el paso de los años—. ¿Recuerdas las remodelación que le hicimos al departamento hace un año? —la menor asintió ante su pregunta. —Tuve que mover algunas cosas al ático, y encontré una vieja caja, que era de Bill, tu papá, habían muchas de sus bandas favoritas en la adolescencia y encontré ese disco.

Bella sonrió con melancolía, incluso si no había sido capaz de conocer a su padre, no le hacía falta, deseaba con todas sus fuerzas haberlo conocido, pero lo llegó a conocer a través de las historias que le contaba Tom.

—Así que era de papá —musitó, ahora el valor del disco subía para ella, pues había sido una pertenencia de su difunto padre en algún punto, sintió cómo las lágrimas se acercaban a sus ojos, dejando deslizar unas por sus mejillas.

—Yo sé que a él le hubiera encantado que tú lo tuvieras —consoló Tom, abrazando a su hija y depositando un casto beso sobre su cabeza.

Ambos se quedaron en ese abrazo, mientras observaban la foto que tenía Bella sobre su mesa de noche, una foto en donde estaban Bill y Tom, y como adicional una foto recortada de ella, algo que había hecho Bella con sus propias manos cuando tenía trece, pues quería una foto junto a sus padres, así sea con una foto recortada, para ella ya significaba mucho.

—¿Puedes contarme de nuevo la historia de cómo se conocieron? —preguntó la menor.

—Por supuesto, cariño —era una historia que contaba siempre desde el primer momento en el que Bella le preguntó por su padre, siempre iba a estar feliz de contar cómo había conocido al amor de su vida.