Chapter 1
El sonido que hacía el elevador mientras ascendía desde el primer piso hasta llegar al último nivel de ese gran edificio, no era un sonido inesperado o por el cual las únicas dos secretarias en ese piso tuvieran que colocarse nerviosas, así como tampoco lo eran los pasos que resonaban sobre el pulido suelo cuando los visitantes avanzaban a través del impecable pasillo que daba hacia la única oficina que ocupaba en el piso veintitrés. Todo era como cualquier otro día, hasta que pudieron apreciar la figura de uno de los hombres más hermosos que pisaban ese aburrido lugar. El hecho de que precisamente él visitara ese piso justamente ese día las estaba haciendo temer lo peor.
Ya podían comenzar a sentir como el sudor se les formaba en el nacimiento de sus cabellos, y como el pulso se les comenzaba a acelerar. Sus ojos se movían descontroladamente entre ellas mismas, la puerta de la oficina de su jefe y el cuerpo del hombre que cada vez estaba más y más cerca del lugar.
No era por que le tuvieran miedo, eso para nada, todo lo contrario. Verlo era siempre un agrado. Cada vez que lo veían por los pasillos, o en las otras ocasiones que él iba a ver a su jefe la bella sonrisa que les dedicaba junto con su brillante aura hacía resplandecer el lugar.
Pero hoy, sentían que no era el mejor momento para que este encuentro se efectuara.
Cuando él estaba a un par de pasos del escritorio de ellas, se levantaron rápidamente de sus asientos casi botando al suelo sus sillas, mirándose nerviosamente por última vez antes de prestar completamente toda su atención al inoportuno visitante.
Una vez él se detuvo entre ambos escritorios, ambas hicieron una reverencia antes de saludarlo.
- Buenos días señor Hwang- saludaron de forma casi robótica.
Él las miro con su característica sonrisa, paseando sus ojos de una a la otra, notando en sus expresiones el nerviosismo de ambas mujeres, intuyendo rápidamente que algo estaba pasando, pero que decidió pasar por alto.
- Soyeon, Lisa, buenos días.
Les dedicó una pequeña inclinación de cabeza, para después mirar la hora en su reloj. Diez de la mañana indicaban las manecillas mecánicas, demasiado temprano como para lidiar con problemas ¿De qué tipo? Aún no lo sabía, pero la cara de las secretarias no auguraba nada bueno. La verdad es que por él ni siquiera estuviera en ese lugar. Era por lejos el último sitio que quisiera estar pisando, ni hablar de la persona a la que tenía que ver. Para él entre más lejos mejor, pero para su mala suerte necesitaba hablar con él. Aunque si el imbécil le hubiera contestado el celular no tendría que estar ahí. Miró la puerta una vez antes de suspirar y volver a hablar.
- ¿Mi esposo se encuentra aquí?
Una vez más, ambas se dedicaron una mirada cómplice, que transmitía lo incomoda y culpables que se sentían por esta situación.
Lisa fue quien tomó la palabra. Tomó una larga respiración, para luego colocar su mejor sonrisa, la que intentaba que fuera capaz de esconder lo que la repuesta desataría.
- Su esposo está en- tragó la saliva que en este momento se sentía como un montón de espinas- en el cuarto de descanso señor.
Una sonrisa se formó en su rostro, a la vez que negaba con la cabeza. Miró por sobre su hombro la puerta que estaba en la mitad del pasillo. Volvió su cabeza para mirar una vez más a ambas mujeres, las que estaban cada vez más nerviosas al punto de tener sus rostros casi tan blancos como el suelo en el cual estaban parados.
- Ya veo- contestó, con voz monótona- mi pobre esposo debe tener mucho trabajo como para necesitar descansar a estas horas de la mañana- ellas solo asintieron de forma frenética con sus cabezas, casi aliviadas con la respuesta del hombre frente a ellas.
- Señor si quiere una vez que su esposo termine su descanso le decimos que se comunique con usted- esta vez fue Soyeon quien habló. Le rogaba a cualquier entidad que por favor el esposo de su jefe se conformara con esa respuesta y se marchara.
- No es necesario, mi visita será breve. Además, ya es momento que el señor deje de descansar. No es justo que mientras ustedes están aquí resolviendo sus problemas- obviamente él se había dado cuenta de las intenciones de ambas mujeres para que él se marchara- él esté...- hizo una pausa que solo hizo que el pulso de las secretarias se dispara aún más- descansando. En esta oficina hay muchas cosas que hacer aún.
Les regaló una encantadora sonrisa antes de girar sobre sus talones y encaminarse hacia la puerta en donde estaba el lugar destinado para que su esposo descansara durante el día.
Apenas les dio la espalda, Soyeon se acercó al escritorio de Lisa, casi como si hubiera tenido un resorte en sus pies que la impulsó de un lugar a otro.
- No puedo creer que su esposo le haga esto, con lo encantador que él es- le dijo a su colega mientras veían como el esposo de su jefe caminaba casi como un modelo por el pasillo hasta la puerta.
- Y hermoso Soyeon, te faltó decir eso. Cualquiera mataría por estar con un hombre como él. Si yo fuera nuestro jefe no miraría otro lugar que no fuera por donde mi esposo camina- ambas suspiraron casi de forma dramática.
- Odio cada vez que tenemos que presenciar la desagradable visita de ese descarado. Lisa- miró a su colega y amiga- ¿Qué crees que pase cuando el señor abra la puerta?
- No lo sé. Sabíamos que en algún momento esto pasaría. Era cuestión de tiempo que los descubriera. Era demasiada suerte que ellos se reunieran sin que en algún momento el esposo del jefe apareciera por este lugar.
Vieron como el hombre introducía una llave en la puerta antes de girar el pomo de la puerta e ingresar de forma silenciosa al lugar y cerrar suavemente la puerta tras él.
- Volvamos a trabajar antes de que la tormenta se desate.
Entró tan despacio como le fue posible, tratando de pisar tal cual lo haría el roce de una pluma. Con cuidado volvió a cerrar la puerta una vez que ingresó completamente. Se quedó un momento parado inspeccionando todo el lugar.
Los mismos pisos blancos que se distribuían en cada nivel y en todas y cada una de las oficinas del edificio del cual él era uno de los dueños. Cortinas de color gris oscuro, las que estaban ligeramente cerradas. Un par de elegantes sofás separados por una pequeña mesa de centro de vidrio.
No era un lugar ostentoso, pero no por eso era menos elegante. Muy parecido al mismo espacio del cual él disponía en su propio piso. Con la diferencia que él disfrutaba más bien de las tonalidades cálidas, a diferencia de su esposo que se inclinaba por las de tono frio.
Lentamente avanzó por el espacio, en el que había estado contadas con dos dedos las veces que entró a ese lugar cuando necesitaba hablar con su esposo y este no se encontraba en su oficina. Por lo que decidía esperarlo en la comodidad de este espacio.
Se aproximó a la puerta en donde estaba el dormitorio, la que estaba ligeramente abierta. Con su dedo índice le dio un pequeño empujoncito a la puerta, casi imperceptible. No es que le importara que su esposo se diera cuenta que él estaba ahí, pero si debía arruinar cualquier cosa que estuviera sucediendo ahí adentro, quería sorprenderlo de verdad.
Tal y como lo imaginaba, ahí estaba su adorado esposo acostado en la cama de costado, con su cabeza apoyada en su blanca almohada, con su torso desnudo y al descubierto, mientras que con la mano libre acariciaba perezosamente la espalda también desnuda de su amante, el que estaba acostado con su abdomen completamente apoyado en el colchón dejando su espalda descubierta para que su esposo tuviera libre acceso para acariciarlo.
No se movió ni un milímetro para poder observar con mayor detalle de la interacción. Y de las palabras que se susurraban como el mayor de los secretos.
- Ya no quiero tenerte a escondidas. Quiero que podamos ser libres de amarnos- escuchó que hablaba el amante de su esposo, con la voz temblorosa, seguramente por la frustración de la situación.
- Sabes que no puedo hacer nada. Estoy atado de manos- su esposo le decía a su amante mientras seguía repartiendo caricias en su espalda. El otro hombre suspiró con cansancio y con el corazón adolorido.
- Es tan injusto todo esto. No entiendo porque tienes que seguir casado con alguien que no amas- su voz se elevó un poco debido al enojo de saberse el amante del hombre que ama.
- Por favor Yongbok, hemos hablado de esta situación un montón de veces. Te he explicado cómo funciona esto y porque no me puedo divorciar de Felix- suspiró ya harto de la situación. No solo de los constantes reclamos del hombre que quería, si no por tener que vivir una vida completamente falsa, en donde debía mostrar en público que estaba locamente enamorado de su esposo, cuando lo único que realmente quería era poder librarse de él y no volver a verlo- Además, no es como si él también lo quiera.
Yongbok se giró de forma brusca para mirarlo con el ceño fruncido. Para este punto Felix se había recargado en la pared del pasillo con sus brazos cruzados, mirando casi como si estuviera viendo el mejor de los k-dramas. Incluso tenía una ligera sonrisa por lo divertido de la situación.
- ¿Lo estás defendiendo? ¿No que lo despreciabas? - su cara estaba deformándose por la ira y los celos.
- No lo estoy defendiendo, solo te estoy aclarando una vez más la situación.
- Sabes Hyunjin, un día de estos me cansaré de esta situación. No voy a esperar para siempre por ti.
- ¡¿Y qué quieres que haga?! ¡¿Me divorcio para perderlo todo?! ¡¿Eso quieres?! - no quería hablarle así pero ya estaba en su límite. Se sujeto el puente de la nariz, respirando más lentamente para calmarse. Llevó su mano para acariciarle el rostro, suavizando su mirada- Lo siento, pero por favor intenta comprenderme. No puedo dejar que la empresa de mi familia se vaya a la mierda. Son años de trabajo.
- Familia que te vendió cuando aún estabas en las bolas de tu padre- movió su cabeza negando completamente frustrado. En cambio, Felix ya estaba que iba a buscar palomitas para seguir disfrutando del espectáculo.
- Pero aun así son mi familia- apoyó su frente con la otra- disfrutemos lo que podamos, no peleemos más. Yo también quisiera poder salir libremente contigo, estoy tan cansado como tú.
- Mátalo- esas palabras hicieron que Hyunjin se separara de él para mirarlo a los ojos para ver si estaba jugando, pero por su expresión estaba hablando totalmente enserio. Felix se descruzó de brazos y se alejó de la pared en donde estaba apoyado. Casi que estaba sintiéndose mal por ese pobre hombre. Casi, hasta que dijo tremenda barbaridad.
Una cosa era que dijera un montón de estupideces, que lo maldijera si quería, pero ¿Hablar de matarlo? Eso era otra cosa. Se quedó quieto un poco más para saber que contestaría su esposo. Si él estaba de acuerdo con eso, debería correr y alertar a su padre de la situación.
- ¿Estás loco? - no podía creer que estuviera hablando enserio- Si, no quiero estar casado con Felix, pero no por eso voy a hacer eso.
- Entonces no me amas lo suficiente.
Ya estuvo bueno, era momento de frenar esa estupidez. Tomó del suelo unos pantalones que supuso eran del amante de su marido y antes de que siguiera hablando estupideces se lo lanzó a la cara, asustando a los dos hombres que estaban en la cama.
- Toma tus cosas y lárgate- habló con voz calmada pero autoritaria. Con un tono tan filoso que sería capaz de atravesar el metal.
- ¿Qué mierda haces aquí Felix?- Hyunjin lo miraba con rabia.
- ¿Quién te crees para correrme de aquí? Tú eres el que se tiene que ir.
- Soy el dueño de todo esto por si no lo sabías- movió sus ojos para mirar a Hyunjin- Necesito hablar contigo urgentemente.
- Él no irá a ningún lado contigo. Déjanos en paz y lárgate al infierno.
- Ya basta Yongbok por dios- finalmente Hyunjin se levantó de la cama después de haberse colocado una bata. Con pasos firmes se acercó a su marido para enfrentarlo, dedicándole la mirada más asesina que pudo- Lárgate de aquí Felix y no vuelvas a entrar sin mi permiso.
Se miraron directamente a los ojos, casi sacando chispas. Si él creía que Felix iba a retroceder por como lo miraba y le habló, estaba muy equivocado. Ni siquiera le importaba ser más bajo que él. Su padre no lo crio para ser un cobarde ni bajar la mirada ante nadie. Ante todo, él era un Lee, y ellos jamás se someterían a nadie.
- Cuida tu tono conmigo, mi amor. Tú no eres nadie para darme ordenes- lanzó las palabras con veneno- dile a tu amante que se vaya si no quieres que lo denuncie por amenazarme de muerte- le hablaba sin despegar sus ojos de los de su marido.
- No te he amenazado y no soy el amante de Hyunjin. Él me ama a mí y estaría casado conmigo si no fuera por tu maldita existencia.
Hyunjin giró apenas la cabeza para pedirle con sus ojos que se callara.
- ¿No eres su amante? - se río casi divertido. Cualquier compasión que había sentido momentos antes se fue a dar un paseo sin retorno- Lamentablemente el que tiene el anillo en el dedo anular soy yo, no tú- le mostró la mano en donde brillaba su anillo de matrimonio- y será así por el resto de nuestras miserables vidas así que supéralo.
- Felix ya cállate y vete. Después me dices lo que querías, pero ahora lárgate por donde entraste.
- No, no me iré. No tengo por qué hacerlo, esta es mi empresa y si tu...- escaneo a Yongbok, quien aún estaba en la cama- amante no se levanta en diez segundo voy a llamar a seguridad para que lo saquen.
- No te atrevas, te lo advierto- habló entre dientes, con su paciencia casi al límite. Tomándolo con fuerza del brazo para intentar sacarlo él mismo de ahí.
- Que se vaya Hyunjin. Le quedan cinco segundos. Y suéltame- se zafó del agarre con un movimiento brusco, acercándose un poco más a su esposo mientras lo apuntaba con su dedo índice- Nunca más me pongas una mano encima Hyunjin, también es una advertencia.
Miró una última vez a Yongbok antes de girarse. Pero antes de salir del dormitorio, inclinó a penas su cabeza para hablarle a su esposo.
- Te espero en la sala, de ser posible vestido- con eso salió dando un portazo.
Hyunjin se quedó mirando la puerta por donde salió su esposo. La cabeza le estaba comenzando a doler por culpa del estrés de lo que estaba pasando. No sabía de lo que Felix realmente era capaz de hacer, no lo conocía como para adelantarse a sus acciones, pero no quería ni podía exponer a su amor. Si lo sacaban los guardias sería humillante para su hermoso amante.
- ¿Dejarás que me hable como lo hizo?
Lentamente se giró para mirarlo. Suspiró audiblemente, para luego acercarse a la cama y sentarse junto a Yongbok. Tomó sus manos entre las suyas y se las llevó a sus labios para besarlas.
- Mi amor, te lo pido, no sigas discutiendo. No quiero estar mal contigo. Te amo, tienes mi corazón y mis pensamientos ¿No es suficiente para ti? - vio como sus ojos se llenaban de lágrimas- Y antes de que digas algo más. No, no lo defiendo, pero también ponte es su lugar Bokkie. Ambos estamos atrapados en esto.
- Lo siento Hyun, yo...- con sus manos tomó el rostro de Hyunjin- me encantaría poder ser quien lleve ese anillo y tu apellido. No es justo que él lo haga y por eso no puedo evitar odiarlo. Por qué él tiene la vida que yo quiero a tu lado- le dio un suave beso en los labios.
- Lo sé amor. El próximo fin de semana te recompensaré, lo prometo. Nos iremos a la playa o donde tú quieras para que estemos tranquilos ¿Te gustaría? - preguntó con una gran sonrisa.
- Me encantaría- le regaló una pequeña sonrisa antes de besarlo de nuevo- Creo que es momento que me vaya- se levantó de la cama para empezar a vestirse, como también estaba haciendo Hyunjin, quien sacó unos pantalones y una camisa del armario que tenía ahí.
Después de salir del dormitorio caminaron de la mano por el corto pasillo hasta la sala en donde estaba Felix sentado revisando su celular.
- ¿Nos vemos a la noche?
- Si mi...
- No- los interrumpió Felix sin levantar la mirada del celular- tenemos una cena familiar esta noche, así que tendrán que verse otro día.
- No sabes cuanto te detesto- dijo Yongbok, logrando con eso que Felix levantara su mirada.
- El sentimiento es mutuo cariño. Si ya terminaste de hacerte la victima cierra la puerta por fuera- volvió a bajar la mirada a su celular.
- Ya, está bien Bokkie. Cuando termine la cena iré a tu casa. Vete amor- le dio un ligero beso en los labios.
- Te amo Hyunjin- le lanzó una mirada asesina a Felix, quien ni siquiera estaba interesado en mirarlo, para después marcharse.
- ¡¿Me puedes explicar que mierda tienes en la cabeza?! ¡No te permito que le hables así! ¡Primera y última vez Lee! - aunque Felix compartía su apellido hace ya dos años se rehusaba a reconocerlo, mucho menos en momentos como estos.
Felix se levantó del sofá con la delicadeza que lo caracterizaba.
- Metete tus amenazas por el culo Hwang. Si no quieres que le digan nada a tu Bokkie- dijo el apodo con falsa dulzura- enséñale a mantener el hocico cerrado. Aunque no nos guste, somos maridos, que conozca su lugar. Y esta será la última vez que lo metes a la empresa para follártelo. Me cansé de quedar como un cornudo. Y si no querías que viniera al menos contesta el maldito celular. No es como si verte y escucharte sea mi actividad favorita en el día.
Por la forma en la que se miraban, era como si quisieran desatar la tercera guerra mundial. Ninguno pestañeaba, se rehusaban a dar sus brazos a torcer.
- Ni modo, ya estás aquí y ya me arruinaste la mañana. Dime a que venías.
- Me llamaron de la oficina de Norte América para decirme que había un problema grave de contabilidad. Han habido movimientos extraños en los últimos tres meses.
- Que hagan un sumario ¿Para qué tenemos un encargado si no es capaz de hacerlo el mismo? - ahora si que ya su paciencia se había terminado.
- ¿Crees que soy idiota? También tengo cerebro, fue lo primero que les dije, pero el problema es que algunos socios supieron y están un poco preocupados de que en la empresa hayan negocios ilícitos - él mismo también se sentía sin paciencia para lidiar con esto tan temprano- Por lo mismo nuestros padres quieren vernos en la noche, así que, si esperabas ir a follar, lamento decirte que no será posible.
- Tú también deberías hacerlo de vez en cuando, para que se te quite lo amargado y desagradable.
Se quedaron mirando una vez más, hasta que Felix le regaló la típica sonrisa encantadora con la que deslumbraba a todos en las reuniones sociales. En donde sus ojos color cielo brillaban como dos grandes faroles.
- ¿Y quién dice que no lo hago? La diferencia es que yo si sé ocultarlo y mis amantes no me hacen escenas ridículas- le dio dos palmaditas en el pecho antes de rodearlo para irse- Nos vemos en la casa de tu padre una vez termine el horario de trabajo. Adiós querido esposo.
Se fue dejando a un callado Hyunjin. Quien realmente estaba considerando asfixiar a Felix con una almohada mientras este dormía.
¿De verdad dijo “mis” amantes? Vaya, vaya, su pequeño esposo era una caja de sorpresa.